«Los mejores abuelos» | Por     Carmen Menjíbar

Aquel día gris, en el que se escuchaba el viento como una sinfonía de susurros, crujidos y silbidos al pasar entre las ramas de los árboles y arrastrar las hojas secas, sentí un frío aterrador que invadía mi menudo cuerpo mientras por mi mente un mal presagio revoloteaba.

 Llegué cansada del hospital, bañé a mis pequeños, preparé una cena ligera y, en cuanto llegó mi marido, nos acostamos. Estuve toda la noche inquieta, nerviosa, preocupada. Me levanté varias veces y, cuando concilié el sueño, tuve una pesadilla atroz; veía a mi abuela en peligro. Me desperté sudando y temblando a la vez. Me acerqué al cuarto de los niños y comprobé que dormían plácidamente. Me vestí apresurada, escribí un pósit a mi marido y se lo puse en el despertador, pidiéndole que llevase a los niños al cole; me iba a acercar a casa de mis abuelos, que vivían en el campo a cuatro kilómetros de la ciudad.

  Al llegar, abrí la puerta de la cochera con el mando, aparqué mi coche y entré en la casa. El silencio y la oscuridad reinaban en ella; encendí la luz y subí al cuarto de mis abuelos. Mi abuelo Juan roncaba, la cama de mi abuela estaba desecha y vacía. La llamé varias veces, la busqué por todos lados, pero solo escuchaba el eco de mi propia voz. Salí al jardín con una linterna y distinguí unas huellas en el suelo que se dirigían al gallinero. Me acerqué corriendo y allí estaba, tendida en el suelo, su cuerpo casi congelado y una palidez cadavérica se extendía sobre su hermoso rostro curtido. Comprobé que aún respiraba, la cubrí con el abrigo largo que llevaba y llamé a emergencias pidiendo una ambulancia mientras la reanimaba.

 Cuando llegó la ambulancia, mi abuelo con las luces se despertó, se puso los audífonos y bajó rápidamente. Lo calmé y le expliqué  lo que había pasado. Ambos la acompañamos al hospital.

 Mi abuelo no paraba de rezar pidiéndole a Dios que la salvase, mientras yo le daba ánimos. La tuvieron que operar de cadera. Cuando salió del quirófano y pudimos hablar con ella, nos comentó lo sucedido.

─Juan, esto no es culpa tuya, sentí una puerta golpear en la noche, como estabas tan dormido, no quise despertarte y bajé a cerrarla. Pensé que nuestra hija volvía después de treinta años o que un depredador pudiese comerse las gallinas y, al cerrarla, sentí un dolor muy fuerte en la cadera y caí al suelo; creo que me desmayé. Cuando me desperté, estaba en el hospital.

─Ya hace tiempo que debería haber vendido las gallinas; ya no estamos para cuidar animales. Contestó enfadado el abuelo.

─No lo hagas mi amor, con sus huevos, el queso que hacía de la cabra y cosiendo para la gente junto con nuestras paguitas de jubilados hemos contribuido a criar a nuestra nieta y darle la carrera de medicina; ya solo me quedan las gallinas y con sus huevos ecológicos también ayudamos a que coman más sano nuestros biznietos.  

─Cómo eres abuela, siempre pensando en los demás. En cuanto te den el alta, nos iremos todos a vivir a tu casa de campo y os cuidaremos a vosotros y a las gallinas.

─Gracias tesoro, desde el día que te sostuve en mis manos sabía que ibas a ser nuestro ángel.

                                      Carmen Menjíbar

                        Dedicado a todos los abuelos.

Nacida en Archidona (Málaga) en 1969, Carmen Menjibar, ha residido en Cuevas de San Marcos durante más de cuarenta años y desde 2021 vive en Antequera.
Mujer emprendedora, tenaz y sensible, es diplomada en Filología Inglesa y se considera maestra de vocación. Imparte clases en el CEIP Ciudad de Belda, donde disfruta enseñando y orientando a sus discentes. Pertenece al ‘Taller de Escritura Creativa’ y al ‘Club de Lectura de Antequera’.
 Desde su infancia ha escrito en la intimidad familiar y más tarde como didáctica para su alumnado, recogiendo historias de su abuela y experiencias de la vida misma.
En 2010 abre su alma al mundo participando en un concurso con un poema que quedó finalista y fue publicado en la antología poética Amanecer solitario. 
En 2023 publica al ser seleccionada en varios concursos de la editorial Diversidad Literaria.
Su primera incursión en el género novelesco vino de la mano de la obra, Huellas del Genil, que ofrece a los lectores una historia de principios del siglo XX centrada en una familia, un cortijo y un misterio.
Recientemente ExLibric ha publicado su segunda novela El eco de tus pasos