Otra noche interesante en la Real Academia de antequera en la que se tendió un puente de poesía sobre el Estrecho

La Real Academia de Nobles Artes de Antequera acogió anoche 6 de febrero un acto de fe en la palabra como lugar de encuentro.

Las antologías poéticas Matria y Almenara llegaron a la ciudad no como objetos editoriales, sino como puentes tendidos sobre el Estrecho, pruebas tangibles de que la poesía sigue siendo una forma eficaz y silenciosa de diplomacia cultural.

Desde el inicio, los antólogos José Sarria y Francisco Morales dejaron claro que se trataba de desactivar el relato de la separación. La intervención de ambos situó ambas obras en ese territorio donde la cultura deja de ser ornamento para convertirse en herramienta. Matria y Almenara fueron presentadas como antologías hermanas. Una centrada exclusivamente en la poesía escrita por mujeres; la otra, en el diálogo poético entre Andalucía y Marruecos, sin exclusiones ni jerarquías.

Actuó como anfitrión de la Institución, Miguel A. Fuentes, Presidente de la Sección de Arte y Coordinador de Actividades de
la Real Academia de Antequera.

Cuando se habló de Matria, la palabra “utopía” apareció pronto, aunque no como abstracción, sí como resultado. Lo dijo tajante José Sarria, es posible la utopía. Esta antología nació de un gesto mínimo: regalar cuadernos de poesía a quienes cruzaban en barco entre España y Marruecos. Dieciséis cuadernos ilustrados por mujeres, escritos por mujeres, pensados para viajar. De aquel tránsito simbólico surgió un libro que hoy es material didáctico obligatorio en los once centros educativos españoles en Marruecos.

Matria es una obra coral y deliberadamente plural. En ella conviven ocho lenguas (castellano, gallego, euskera, catalán, francés, árabe, darija y amazigh) todas traducidas, todas escuchándose. No hay lengua dominante ni voz subalterna. Solo un tejido paciente de palabras que se reconocen. Una demostración práctica de que lo imposible suele fracasar solo cuando se acepta de antemano como tal.

Pero Matria no es solo un mapa lingüístico. Es, sobre todo, una casa de acogida. Un territorio simbólico construido por mujeres que escriben, ilustran y traducen sin pedir permiso, situando la identidad lejos de las fronteras físicas y más cerca de la memoria, la emoción y la resistencia cultural.
En tiempos de intemperie moral,
afirmó Sarria, estas antologías son como una brasa bajo la nieve.

La presentación de Almenara trasladó el foco desde la identidad femenina a la memoria compartida. Francisco Morales Lomas habló de Andalucía y el norte de África como un espacio sentimental antes que geográfico. Un lugar donde se superponen herencias visigodas, andalusíes, bereberes, sefardíes y árabes. No como restos arqueológicos, sino como capas vivas de una misma experiencia humana.

Esta antología nació de una dificultad: cómo elegir sin traicionar la diversidad. El resultado, explicó, es un conjunto heterogéneo de voces que escriben en español, francés, árabe y darija, traducidas por un amplio equipo, y que desmontan con naturalidad los estereotipos sobre la poesía marroquí y andaluza. Hay tradición y ruptura, poesía popular y verso libre, compromiso y exploración íntima. No un canon, sino un campo de fuerzas.

En ese diálogo, las afinidades no se buscan en la uniformidad, sino en la convivencia de diferencias. Generaciones distintas, estéticas dispares, trayectorias que a veces se rozan y otras se contradicen, pero que comparten una misma confianza en la palabra como forma de conocimiento.

Cuando hablan los poetas

El acto alcanzó otro momento memorable cuando cesó la explicación y comenzaron las lecturas. Rafael Ballesteros, Balbina Prior, Cristóbal Borrero, Laura Gutierrez, Aurora Gámez e Isabel Torné pusieron voz a los textos… Y entonces ocurrió lo anunciado: la razón se retiró discretamente y apareció la poesía.

Entre poema y poema se hizo evidente que no hay un “otro” al otro lado, solo otra manera de nombrar lo mismo. Que el Estrecho no separa, resuena. Que la poesía no traduce culturas, que las pone en contacto.

Y al cerrar el acto, Sarria volvió a citar a Paul Bowles: “Tánger es el lugar donde termina la razón y comienza el sueño”.

Ayer, en Antequera, la poesía hizo exactamente eso… suspender por un instante la lógica del miedo y abrir un espacio donde la palabra, todavía, sigue siendo capaz de imaginar un mundo habitable.

Puedes ver el desarrollo del acto en el vídeo subido en streaming por Rafael Gallardo: