«Nocturno antequerano», es el título de la exposición de fotografías inspiradoras del polifacético Salvador Rivas.
Está compuesta por una treintena de imágenes, la mayoría de ellas impresas en gran formato, con los cielos del municipio como gran referencia. Luna, Vía Láctea y rastros de estrellas son las tres derivaciones principales de la exposición.
Se exhibe en el frontal interior del Centro La Verónica en Antequera y es la primera muestra de fotografía nocturna que se exhibe en Antequera, y es además la primera con escenarios antequeranos como protagonistas.
El fotógrafo malagueño-antequerano Salvador Rivas, conocido no solo por su talento tras la cámara, también por su faceta literaria y cultural, como lo demuestra la fundación del colectivo Alas de Papel y otras aventuras artísticas literarias, presenta ahora en el Centro Comercial La Verónica su exposición “Nocturno Antequerano”.
Esta muestra constituye otra de sus facetas vinculadas con el arte, uniendo la mirada poética de la fotografía con su sensibilidad narrativa, y ofrece al público la oportunidad de redescubrir Antequera bajo la luz de la noche.
El Centro Comercial La Verónica, (que dicho sea de paso también tiene un programa cultural a lo largo del año muy interesante), se convierte dentro de esa programación este mes en un punto de encuentro para los amantes de la fotografía con la exposición
Se puede visitar desde el 21 de enero hasta finales de febrero, y reúne una cuidada selección de imágenes tomadas en los últimos tres años, capturando la esencia de la ciudad bajo la magia de la noche.
Salvador Rivas, cuya trayectoria artística ha estado estrechamente vinculada a la vida cultural de Antequera, se ha consolidado como uno de los fotógrafos locales destacados, gracias a su habilidad para transformar escenarios urbanos cotidianos en paisajes poéticos de luz y sombra. Su trabajo, expuesto anteriormente en espacios como el Hospital Comarcal de Antequera y en el Cambayá Club, combina fotografía nocturna, urbana y documental, ofreciendo al espectador una mirada única sobre el entorno que nos rodea.
“Nocturno Antequerano” invita a redescubrir la ciudad desde otra perspectiva, con imágenes que expresan desde la arquitectura histórica hasta el cielo estrellado sobre el paisaje urbano, revelando detalles que a menudo pasan desapercibidos durante el día.
La exposición está ubicada en el pasillo central de la planta baja bajo la cúpula del centro comercial, y puede visitarse en el horario habitual del centro, de 9:00 a 22:00 horas.

Con esta muestra, Salvador Rivas reafirma su compromiso con la fotografía como vehículo de expresión cultural y su dedicación a resaltar la riqueza visual de Antequera. Una cita imprescindible para quienes deseen disfrutar de la poética de la noche y la mirada artística de uno de nuestros fotógrafos más talentosos.
Sobre el autor…

Hace algún tiempo hablé con él, me cautivaron muchas de las cosas que me hablaba.
El propio tiempo puso meses de por medio hasta que hoy puedo sentarme en la oportunidad de hablar un poco sobre él, mucho menos de lo que su autenticidad y mi admiración por él merece.
Nunca es tarde, (…lo dice hasta Bond, James Bond).
Funcionario público en Antequera, ha sido responsable de prensa municipal y ha trabajado en la Biblioteca. Hoy preside el comité de empresa y ejerce la representación sindical con la misma sobriedad que aplica a la cultura, sin ruido innecesario, pero sin eludir el compromiso.
Lleva más de treinta años residiendo en Antequera, más tiempo del que pasó en su Málaga natal. Se siente de aquí. No por épica, sino por cotidianidad. Sabe que no todo el mundo puebla el lugar que desea; él, en cambio, encontró arraigo en esta comarca intervenida, modelada por la mano humana, donde el paisaje es diálogo constante entre naturaleza y acción.
Durante quince años fue uno de los impulsores del colectivo Alas de Papel, nacido de un taller literario. Sin sede fija, sin subvenciones holgadas, sin más infraestructura que la voluntad y los cafés donde se reunían, levantaron una programación cultural constante y honesta. El final no fue abrupto, fue consciente. Los ciclos se agotan, las energías cambian y la retirada del apoyo institucional ( no siempre el apoyo es económico) fue interpretada como una señal. Parar, entendió, también es una forma de respeto hacia lo construido. Su legado está además de en los archivos, en el camino que abrió para colectivos más grandes y mejor dotados.
Escribir y fotografiar, para él, son dos formas de contar. La literatura exige concentración y tiempo; la fotografía permite una inmediatez que hoy se ajusta mejor a su ritmo vital. No me habló de bloqueo creativo, sino de “paradas biológicas”, de etapas en las que la vida impone otras prioridades. Las ideas nunca dejan de aparecer, pero no siempre hay espacio para desarrollarlas. En la fotografía, la de calle o la nocturna, encuentra una modulación posible del esfuerzo. Defiende que el 80% de la creatividad sucede en el instante del disparo; la edición posterior es más mecánica, compatible con lo doméstico.
Su ética es clara. Rechaza la denuncia subrayada, tanto en literatura como en imagen. Cree que la sobreinformación ha vuelto innecesaria la insistencia. Comparte una metáfora reveladora: subrayar la denuncia es como una película que no deja de marcar con música lo que el espectador ya entiende. Confía en la inteligencia de quien mira o lee. Por eso le incomoda el uso de la cámara para exhibir la miseria ajena en redes sociales; fotografiar indigentes para “concienciar” puede convertirse, advierte, en otra forma de violencia simbólica.
Cuando aborda el territorio y el cambio climático, evita imágenes del apocalipsis. Prefiere lo cotidiano: gente en manga corta en otoño, calles vacías por el calor, cauces secos. Me cuenta que la Estética, debe acompañar al mensaje para que el espectador se reconozca en la escena. Defiende una comunicación ambiental que no paralice, que explique beneficios tangibles, que ofrezca esperanza porque sin esperanza no hay acción.
Se siente cómodo en la prosa narrativa. Admira la poesía, como admira el retrato fotográfico, pero reconoce en ambas una precisión técnica que no considera propia. No hay frustración en esa renuncia, solo honestidad.
Es, en definitiva, un creador sin estridencias. Cree en la cultura como disfrute, en la sutileza como forma de inteligencia y en el tiempo como aliado. Su mirada, literaria y fotográfica, no busca convencer: invita, simplemente, a mirar mejor. | ChLL








