Con cabellos de plata y voces de oro | Han nacido nuevas estrellas eternas en Antequera

El pasado día 22 de mayo, el Conjunto Arqueológico Dólmenes de Antequera celebraba el Día de los Museos con otro acierto en su programa. El concierto «Patrimonio en compás: folclore de nuestra tierra».

Invitaron para ello a la recién nacida Agrupación Musical «La Calzada», que interpretaron un repertorio de canciones populares del folclore antequerano y andaluz, contribuyendo con ello a la preservación y difusión de la transmisión oral del patrimonio inmaterial para que no se pierda el arraigo de la tierra y continúe siendo custodiado en memoria viva como siembra de nuestra identidad .

Sí, así es, como digo en el titular, muchas y muchos de los componentes peinan cabellos de plata, fruto de su entrenada juventud; y sus voces son de oro, como también lo son las manos que juegan con las cuerdas, del grupo Pulso y Púa, recientemente distinguidos con el Premio Efebo de Antequera.

Nacida en el seno del Centro de Participación Activa de Antequera, esta formación es un coro popular bendecido con una fuerza emotiva y una verdad bien cantá que quita el sentío (o más bien, nos lo devuelve). Compuesto por mujeres y hombres, como digo, de una «juventud entrenada» que ya peinan canas y superan los cincuenta, constituyen un ensamble artístico magistralmente arropado por el compás generoso y el pulso maestro de las cuerdas del grupo de Pulso y Púa

El programa ya advertía en sus líneas una declaración de intenciones que despertaba el corazón. El deseo sincero de compartir la alegría y la ilusión que la música aporta a las vidas de nosotros los mayores. Lo que vino después fue un viaje antropológico y sentimental perfecto, desgranado tema a tema con un orden y un mimo exquisitos.



Fue como un viaje en cinco tramos para recorrer parte del el mapa de nuestras raíces. El recital se abrió con un bloque dedicado a la tradición oral del folclore antequerano de los años 40. Rompieron el hielo con «Zapatilla», seguida inmediatamente por el emblemático «Fandango de Antequera» y la alegría rítmica de «Feliciano». Escuchar estas piezas en la caja de resonancia del museo del conjunto arqueológico, con el eco de sus piedras milenarias, confirmó lo que ya se rumoreó en abril en la presentación de esta agrupación musical durante su aplaudido paso por el III Festival Literario «Las cosas del campo». Ya dijimos entonces que estábamos ante un proyecto de una autenticidad desbordante.

El segundo bloque nos adentró en el terreno de las múltiples versiones y las identidades cruzadas del sur, tal y como nos presentaba una de las componentes en cada pausa explicativa.

Sonaron los «Cuatro Muleros», quizás la pieza más célebre del repertorio cuya estela de grabaciones se remonta también a los años 40. Le siguió «Tienen las malagueñitas», una malagueña tradicional nacida por y para el baile, y «En la Macarenita», una preciosa composición que entrelaza la frescura del agua con el universo del toro. Las mujeres y hombres de la agrupación cantaban con un arte infinito, con la verdad arrolladora de quien canta por pura afición, con el alma expuesta.

La emoción se volvió casi mística cuando el grupo abordó parte del legado de Federico García Lorca. Interpretaron «Anda Jaleo» y el hipnótico «Zorongo gitano», piezas populares recopiladas por el poeta granadino en los años 30, cuando él mismo trazaba las partituras y acompañaba al piano a La Argentinita. El respeto reverencial con el que las cuerdas de Pulso y Púa recrearon esos compases erizó la piel del aforo completo que abarrotaba el recinto, mientras en perfecta armonía las voces entraban al unísono en corazones y cabezas de los que allí escuchábamos entregados.

Sin dar tregua a la melancolía, el concierto abrazó la figura de Carlos Cano. Primero, con las notas reivindicativas de «Verde, Blanca y Verde» (preciosa y emotiva), un canto temprano del cantautor al orgullo y la identidad andaluza; después, con la sobrecogedora «María La Portuguesa» («pa» morir), ese fado hecho copla que narra la historia real de amor, contrabando y tragedia a orillas del río Guadiana.

«Verde, Blanca y Verde»

«María La Portuguesa»

Para el cierre, la agrupación guardaba un broche de oro local. «Maravilla de Antequera», un pasodoble de finales de los años 50 que ensalza a la mujer antequerana y las fiestas de la localidad, una guinda que desató la nostalgia colectiva de una generación que creció bailando esa melodía en los festejos del pueblo.

«Maravilla de Antequera»,

Detrás de este engranaje en formación, de este bellísimo paso de gigante para el mantenimiento de la cultura local, hay nombres propios. Es de justicia alabar con mayúsculas el esfuerzo, el tesón y la valentía de este grupo de mayores que contagian alegría y felicidad con su entrega.
Y hay que rendirse ante la figura de Coqui Martín. Ella es el alma creadora, la mente y el corazón que agita muchas de las actividades del Centro de Participación Activa de Antequera y que ha sabido levantar este ensamble artístico con la integración del grupo de Pulso y Púa, canalizando la ilusión y la magia de sus integrantes para rescatar en viva voz un patrimonio inmaterial que de otro modo tendría menor visibilidad.
No son voces «académicas», son un coro popular que tiene la fuerza, la pasión…, que comunican vida y nos llegan al alma como nadie. La música les sale de dentro. ¡Qué bonito lo hacen, Dios mío!.

Las canciones que flotaron en el aire de Los Dólmenes traían consigo esa mezcla tan esquiva y maravillosa como son la nostalgia limpia del recuerdo y la alegría desbordante de saber que las raíces siguen vivas. A algunos jóvenes que asistieron al acto, se les veía embelesados descubriendo un tesoro en el «desván» de su ciudad; a los mayorcitos como yo, el canto nos devolvía las vivencias y los sonidos que revoloteaban en nuestra infancia y que hoy, por el ritmo, las canciones y el recuerdo… exprimen en nuestros ojos algunas lágrimas de amor.

Lo vivido fue un triunfo rotundo de la memoria y el folclore popular. Yo tengo la absoluta certeza de que el recorrido de esta agrupación no ha hecho más que empezar.

Muy pronto, las televisiones llamarán a la puerta de este coro para mostrar su asombrosa autenticidad al mundo en su labor de rescate de la tradición oral. Mientras tanto, a Antequera le puede quedar el orgullo de saber que esta faceta de su cultura se sigue cuidando con el amor con el que este grupo la rescata y la canta.