El arte de entrevistar | Las preguntas que Carlos Torres hizo a David Uclés

«Un foráneo en el paraíso» | ChLL para atqmagazine

A veces uno busca respuestas y acaba encontrando preguntas

Recuerdo aquella entrevista. Fue hace unos meses, era mayo, en el Festival Letras B de Benalmádena. David Uclés estaba allí para hablar de literatura, de La ciudad de las luces muertas y, inevitablemente, de ese fenómeno editorial y lector en el que se había convertido La península de las casas vacías.

Al otro lado estaba Carlos Torres, uno de los mejores editores del panorama literario actual. Y hay algo que conviene decir de entrada: Carlos Torres sabe preguntar.

No es una cuestión menor. Entrevistar a un escritor no consiste en pedirle que explique su novela, ni en recorrer obedientemente el camino que marca la promoción editorial. Una buena entrevista literaria tiene que hacer algo más, debe encontrar primero su estilo y luego las grietas por las que entrar en un libro y, si es posible, llevar al autor hasta un territorio en el que ni siquiera él tenga preparada la respuesta. Confieso que yo esto no lo sé hacer, pero admiro a quien lo hace bien.

Hay veces en que uno se queda pensando en una conversación que ocurrió hace meses.
No porque recuerde exactamente todo lo que se dijo (ojalá mi memoria…), sino porque, pasado un tiempo, algunas preguntas empiezan a resonar de otra manera.

Me ocurrió con la entrevista que Carlos Torres, (editor con bagaje de miles presentaciones públicas de libros y escritores), hizo a David Uclés en el Festival Letras B de Benalmádena. Y por eso vuelvo ahora sobre ella. Por el placer de leer. Acabo de leer la novela de David y me he vuelto a acordar de la entrevista tan interesante que le hizo Carlos Torres.

No tengo aquellas respuestas de aquella tarde de David. No sería honesto reconstruirlas, adornarlas ni poner en boca de David Uclés lo que no recuerdo bien que dijo. Pero sí tengo las preguntas de Carlos Torres y cuando las conocí me impresionó su maestría entrevistadora. Se las he pedido al recordar el momento tan bueno que fue. Y, al volver a leerlas, pensé que merecen este rato de reflexionar para aprender.
…Porque una buena pregunta también es literatura. A veces incluso es una forma de leer.

…Y Carlos Torres, que conoce mejor que nadie el oficio editorial y las herramientas con las que se construye una novela, aquel día no se quedó en las preguntas previsibles. No preguntó solamente por el éxito, por la inspiración o por la historia que había detrás de La ciudad de las luces muertas. Fue a buscar algo más profundo: qué hay debajo de las imágenes, qué se sacrifica para construir una novela, qué relación mantiene un escritor con sus propios personajes y, finalmente, qué ocurre con el escritor cuando el éxito empieza a convertirlo en personaje.

Me parece que merece la pena detenerse en ellas. Te las cuento, lector, lectora, por si te produce, como a mí, placer de aprender. Voy de vez en cuando al Taller Antequerano de Escritura Creativa con el mismo afán.

La primera pregunta ya anunciaba por dónde iba a discurrir aquella conversación. Una casa puede ser muchas cosas. Carlos Torres preguntó:

En la novela las casas no parecen solo escenarios: son restos, testigos, refugios, tumbas, memoria material. ¿Llegaste a pensar cada casa como si tuviera una conciencia propia, o la imagen de la casa vacía nació más bien como una metáfora de España después de la guerra?

Qué buena manera de preguntarle a un escritor por «sus casas». No por la decoración. Por el alma. Porque una casa vacía puede ser simplemente una casa sin habitantes, pero también puede convertirse en la imagen de un país después de una tragedia: habitaciones donde ya nadie habla, objetos que han sobrevivido a quienes los utilizaron, paredes que parecen saber cosas que los hombres prefirieron callar.

Después vino una pregunta todavía más delicada. Cuando la realidad necesita de la fantasía. Cuando se cuenta una violencia histórica tan real, el realismo puede acabar siendo insuficiente. Incluso puede resultar obsceno si convierte el dolor en espectáculo.

Carlos Torres quiso saber:

Cuando se narra una violencia histórica tan real, el realismo puede volverse insoportable o incluso obsceno. ¿La fantasía y lo mágico fueron para ti una forma de exagerar la realidad, o una forma de protegerla, de no mirarla de manera demasiado directa?

Aquí aparece una de las cuestiones que más me pueden interesar de la literatura de Uclés. La fantasía no como evasión, sino como otra manera de mirar. A veces hay realidades tan terribles que necesitan una puerta lateral para poder ser contadas. Y quizá la imaginación, cuando está bien utilizada, no aleja de la verdad, nos permite acercarnos a ella sin quedar cegados.


Luego llegó una de esas preguntas que un escritor probablemente preferiría no contestar demasiado deprisa. Sobrevivir al propio libro. La península de las casas vacías había sido una novela enorme en todos los sentidos. Muchos años de trabajo, una voz propia, una repercusión extraordinaria.
Y después hay que sentarse ante el folio en blanco y empezar de nuevo.

Carlos Torres preguntó:

Después de escribir durante tantos años una novela desmesurada, familiar y casi fundacional como La península de las casas vacías, ¿qué parte de ti tuvo que traicionarse para escribir después? Es decir, ¿qué tuviste que abandonar de ese libro para no convertirte en prisionero de él?

Esta pregunta me parece especialmente apropiada porque habla de algo que pocas veces vemos desde fuera,  la necesidad de traicionar un poco al libro anterior para poder escribir el siguiente.

El éxito puede ser una jaula si uno intenta repetirlo. Quizá la verdadera libertad de un escritor consista en atreverse a no parecerse demasiado a sí mismo.

Ya dentro de La ciudad de las luces muertas, Carlos, magistralmente puso el foco en otra característica de la escritura de Uclés: la imagen. Una imagen puede ser tan poderosa que termine ocultando aquello que pretendía revelar. Por eso preguntó:

En tus novelas suele haber una tensión entre la imagen fulgurante y la emoción de fondo. ¿Qué imagen de La ciudad de las luces muertas te da miedo que el lector recuerde demasiado, porque pueda tapar lo que de verdad querías contar?

Me gusta mucho esta pregunta porque contiene una pequeña lección de escritura. No basta con encontrar una imagen hermosa. Hay que preguntarse qué hace esa imagen dentro del libro. Si alumbra. Si distrae. Si acompaña a la historia o termina comiéndose la historia. Y eso nos lleva directamente a otra de las preguntas de aquella conversación.

Uclés ha definido en alguna ocasión La ciudad de las luces muertas como una especie de catálogo de imágenes, más que como una suma convencional de historias.

Carlos Torres aprovechó esa idea para formular una pregunta que cualquier escritor debería hacerse alguna vez:

¿Hay algún personaje o episodio que sacrificaste porque era literariamente bueno, pero rompía el ritmo del conjunto?

Aquí aparece el escritor artesano. El que sabe que escribir no es solamente añadir. También es quitar.
Hay personajes estupendos que pertenecen a otra novela. Escenas maravillosas que llegan demasiado pronto. Párrafos que uno quiere conservar por puro amor a la frase, aunque sabe que perjudican al conjunto. Un buen libro también está hecho de todo aquello que su autor tuvo el valor de eliminar.

Después, la conversación dio un salto entre las dos novelas. ¿Resucitar el pasado o demostrar que nunca murió? Y Carlos Torres formuló quizá la pregunta que mejor resume en mi opiniñón ese viaje:

Vienes de escribir una guerra civil familiar y telúrica en La península de las casas vacías, y ahora una Barcelona donde conviven épocas, muertos, artistas y fantasmas culturales. ¿Qué te interesa más: resucitar el pasado o demostrar que nunca se ha terminado de morir?

Hay preguntas que son casi títulos. Y esta podría podría serlo. Porque puede que la literatura no resucite a los muertos. Pero talvez simplemente demuestra que nunca se fueron del todo. Mientras alguien lea a un poeta, contemple un cuadro, vuelva a una novela o pronuncie un nombre, algo de esa persona continúa aquí.


Y llegamos a otra cuestión especialmente interesante. En La ciudad de las luces muertas aparecen numerosos artistas y, según ha explicado Uclés, ningún político. Carlos Torres no dejó pasar el detalle:

¿Eso nace de una fe en el arte o de una desconfianza radical hacia la política como forma de memoria?

Otra pregunta que parece hablar de una novela y termina hablando de nosotros. ¿Quiénes queremos que permanezcan? ¿Quiénes regresan cuando una ciudad recuerda? ¿Los que gobernaron o los que crearon? ¿Los que tuvieron poder durante un tiempo o los que consiguieron dejar una obra capaz de sobrevivirles? En una novela poblada de fantasmas culturales, no parece una cuestión menor.

Carlos no paraba, quedaba la última, tal vez fue la más íntima. David Uclés había pasado por una exposición pública extraordinaria. El éxito, los premios, las entrevistas, los lectores. Y también la necesidad, expresada por él mismo, de recuperar cierta vida lejos del foco. Carlos Torres le preguntó:

Has vivido una exposición pública muy fuerte, hasta el punto de anunciar que quieres desaparecer un tiempo para volver a vivir. Cuando escribas desde ese anonimato buscado, ¿qué David Uclés crees que va a sobrar en la página: el autor premiado, el personaje público o el escritor que quería ser antes del éxito?

Y si te fijas bien, lector, lectora, ahí la pregunta deja de ser literaria para convertirse en humana. ¿Qué queda de un escritor cuando se apagan los focos? ¿El que ganó el premio? ¿El que aparece en las fotografías? ¿El personaje que los demás han construido? ¿O aquel muchacho que un día empezó a escribir porque necesitaba hacerlo y todavía no sabía que algún día alguien querría entrevistarlo?
No sé qué respondió David Uclés. recuerdo algunos trazos de su respuesta pero no voy a intentar reconstruir. Mi objetivo en esta reflexión no son las respuestas de Davis sino las preguntas tan bien puestas de Carlos Y, precisamente por eso, no voy a inventarlo.

Insisto en que una buena pregunta también es una forma de homenaje. Han pasado unos meses desde aquel encuentro en Letras B y, curiosamente, ahora me interesa más aquella entrevista que el mismo día en que ocurrió. A lo mejor es porque el tiempo permite leer de otra manera, o porque es ahora cuando acabo de terminar de leer la novela de David. O puede que sea porque después de conocer mejor La ciudad de las luces muertas, algunas de aquellas preguntas adquieren nuevas capas.

Carlos Torres hizo algo que parece sencillo y no lo es. Preguntó desde dentro de los libros. Preguntó por las casas, aunque ahora estoy seguro de que estaba preguntando por la memoria. Preguntó por la fantasía, y ahora pienso que estaba preguntando por la verdad. Preguntó por las imágenes, pero me da la sensación de que estaba preguntando por la emoción. Preguntó por los personajes sacrificados, pero estaba preguntando por el oficio. Preguntó por los muertos, pero estaba preguntando por aquello que permanece. Y terminó preguntando por David Uclés, el hombre que queda cuando desaparecen el premio, la fotografía, el foco y el personaje público.

Carlos Torres es gigante en muchas facetas relacionadas con la Literatura y con el mundo editorial, y en esto de preguntar se nota que es mucho más que oficio.

Te preguntarás, lector, lectora, por qué no he hablado de las novelas de David o de él mismo siendo como es un escritor increíblemente bueno como él es. La respuesta por mi parte está en que los libros de David Uclés no se necesita nada más que leerlos para que se vendan solos.

Con los libros de David Uclés, además de disfrutar de su excelente forma de escribir, he aprendido mucho más que a leer. De Carlos Torres aprendo algo diferente, su faceta desconocida por mí hasta ahora del arte de preguntar. A veces uno busca respuestas y acaba encontrando preguntas. Me suele pasar … ¡Qué mejor manera de terminar una buena lectura que seguir pensando en ella cuando el libro ya se ha cerrado!.
Algunas preguntas, como algunos buenos libros, merecen que uno vuelva a ellas después de un tiempo.