Rocio Testa, psicóloga y escritora, nos regaló su terapia poética en la presentación de «Poemas de amor para sanar»

«Un foráneo en el paraíso» | ChLL para atqmagazine

…Era la tarde del 9 de abril, la ciudad andaba inmersa en el reposo posterior al bullicio e intensidad de semana santa; aunque coexistían (como ocurre cada semana, afortunadamente en una ciudad que quiere estar viva) distintas actividades que enriquecían la vida cultural antequerana en la tarde noche del mismo día, y del día siguiente y del otro…

Nuevamente la Biblioteca Municipal San Zoilo de Antequera dejó de ser únicamente un espacio de lectura y consulta, para convertirse en un lugar de encuentro profundamente humano.

Rocío Testa Álvarez presentó Poemas de amor para sanar, un libro inspirador. Y sucedió que fue mucho más que una presentación literaria, fue una experiencia compartida, casi íntima, donde la palabra se convirtió en refugio.

Al sentarse a la mesa de la sala, Rocío rompió cualquier expectativa convencional. “Si creéis que voy a hablar de libros…”, deslizó con una media sonrisa dulce, acogedora (es psicóloga y sabe calmar las preocupaciones) antes de comenzar a tejer una historia que no era solo suya, era para todos. Es la historia de la vida cotidiana llena de sentimientos y de emociones que a veces nos aprietan el alma.

Su voz, cercana y entrañable. Su tono, envolvente y animoso nos condujo por un recorrido emocional donde el dolor, el miedo, la ansiedad o la pérdida… aparecían sin dramatismo, y con una honestidad desarmante.

Hay en Rocío Testa una manera muy particular de enhebrar la palabra. No escribe (ni habla) desde la distancia del escritor que observa, lo hace desde la implicación de quien ha pasado por aquello que nombra. Su formación como psicóloga no se percibe como un discurso teórico, llega como una mirada profundamente humana que atraviesa cada frase.
Cuando se define ella y a los demás como “una especie de diamante”, no hay en ello pretensión alguna, ni ego subido. Es una invitación a reconocer ese brillo interior que, como ella misma sugiere, solo aparece tras el desgaste de la vida.

Su manera de expresarse rehúye lo impostado. A veces es dubitativa, a veces espontánea, pero se le notó auténtica, Rocío convirtió esa aparente fragilidad en una fortalezas al proyectar la credibilidad ante quienes escuchábamos. No nos entregó la perfección formal, nos regaló su verdad emocional. Y es precisamente ahí donde su propuesta adquiere una fuerza singular, en la defensa de una poesía que no aspira a impresionar, que solo pretende acompañar.

A su lado, Soledad Rodríguez Cedano, Ángel Torres Sanzo y Rocío Jiménez Testa no actuaban como meros acompañantes, eran cómplices de ese relato vital, mientras ella hilaba su historia (como he dicho una metáfora muy bien colocada del ser humano como “diamante” que necesita ser pulido por la vida),. ellos ponían voz a los poemas, encarnando cada emoción con una sensibilidad que nos conmovía al público.

Ángel Torres Sanzo

Soledad Rodríguez Cedano,

Ese diálogo entre voces reflejaba, además, una dimensión esencial que Rocío ha hecho cotidiana, según nos contaron algunos asistentes del Taller de Escritura que dirige: su vocación colectiva. Rocío no concibe la escritura como un acto aislado, sino como una experiencia compartida.
Su implicación en los talleres de escritura creativa se dejaba entrever en cada gesto, en cada mirada cómplice hacia sus compañeros, en esa manera de nombrarlos desde el afecto y la admiración. Hay en ella una voluntad clara de construir equipo y lazos a través de la palabra, de abrir espacios donde otros también puedan reconocerse y expresarse…

Hubo momentos con algunas notas sobrecogedoras… Cuando habló del insomnio. “Ojos cerrados, mente encendida”, O cuando abordó la ansiedad, el juicio interno o la sensación de pérdida de identidad… la sala entera pareció contener la respiración, sus palabras resonaban como un eco reconocible en cada persona que estábamos allí. Y, sin embargo, lejos de caer en la «oscuridad», cada herida encontraba su contrapunto en un verso, en una imagen, en una invitación a la ternura hacia uno mismo.

Especialmente reveladora fue su manera de abordar el sufrimiento sin culpabilidad. “No te enfades contigo”, parecía decirnos entre líneas, desmontando esa tendencia tan humana a convertirnos en nuestros propios jueces. En su discurso, incluso los momentos más difíciles, el insomnio, la ansiedad, las rupturas, el miedo, se integran como parte de un proceso, no como fallos. Esa mirada compasiva, casi pedagógica, es una de las claves que sostienen su propuesta poética. Y es emocionante escucharlo.

La propuesta escénica, dinámica e interactiva, fue uno de los grandes aciertos de la tarde. No era una presentación al uso, era una conversación constante entre experiencia y poesía, entre relato y emoción. Rocío lo explicó con sencillez: la poesía no tiene por qué ser únicamente amor romántico o tristeza; puede ser, y debe ser, una herramienta para entendernos, para sanar.

Hubo belleza en la imperfección de lo que no estaba planeado, verdad en cada pausa, y una calidez colectiva difícil de describir. Rocío defendió una idea que flotó durante todo el acto: escribir, al igual que hablar, es terapéutico. “Expresar un problema es casi tener la mitad resuelta”, y nos lo recordó, conectando así su vocación literaria con su formación como psicóloga.

También resultó especialmente interesante su reivindicación de una poesía cotidiana, accesible, casi oral. Lejos de los artificios o de un lenguaje hermético, Nos dijo que apuesta por una escritura que nace de lo vivido, de lo inmediato, de aquello que “necesita salir”. En ese sentido, su concepción de la poesía son como “canciones escritas” que conectan con una tradición popular que devuelve al género su dimensión más cercana y compartida.

El cierre, entre agradecimientos y sonrisas, dejó una sensación serena, casi reparadora. No se trataba de salir con respuestas, sino con algo quizá más valioso… la certeza de que el dolor compartido pesa menos, y de que la poesía, cuando nace del corazón, puede ser también un bálsamo.

Fue, en definitiva, una tarde muy bonita. Inspiradora. Y yo… marché feliz por haber estado en ella.
Un grupo de asistentes al acto quisieron arropar a la escritora. También tuvo ese mismo detalle el concejal responsable del Área de Cultura y Patrimonio Histórico, José Medina Galeote, de quien depende el Taller de Escritura que dirige Rocío.