Antonio Manuel, hizo alquimia con la palabra y la convirtió en alma y arte | Real Academia de Antequera

«Un foráneo en el paraíso» | ChLL para atqmagazine
(Breve crónica en espera de publicar mi entrevista al autor de La huella morisca, con mayor profundidad y que próximamente subiré a este blog de ciudad)

Llevo tres años en Antequera y he tenido la feliz experiencia de asistir al noventa y ocho por ciento de las conferencias impartidas en los distintos foros de nuestra ciudad. Nunca había visto una sala entera con todo el público en pie ovacionando entusiastas y escuchando ‘Bravo’, tal y como se le aplaude a un artista en un concierto.

Y no estoy comparando, porque las comparaciones son odiosas, y porque me rindo y me quito el sombrero ante cada conferenciante (estupendos-as) a quienes he escuchado, la mayoría sabios y sabias. Solo constato un hecho: el público al final de la conferencia nos levantamos en pleno, aplaudimos y se escucharon muchos ‘Bravo’. Y eso no va en detrimento de nadie, al contrario… es una muestra de que el tema, el tiempo medido de la ponencia, y la sabiduría y la oratoria del ponente consiguen efectos que llegan también al alma.

Y es que Antonio Manuel dio una conferencia que nos supo a arte, a concierto de voz cantada con su alma y su memoria, contagiando de poesía y verdad las nuestras.

La Real Academia de Nobles Artes de Antequera vivió la tarde del miércoles 19 de noviembre, una de esas veladas interesantísimas que quedarán grabadas en la memoria colectiva de Antequera. La institución acertó de pleno al traer hasta nuestra ciudad a Antonio Manuel, escritor, profesor y uno de los grandes pensadores contemporáneos sobre la identidad andaluza. Y el público lo percibió desde el primer minuto, bastaron apenas unas palabras para que la sala quedara conquistada por su presencia, su voz y su oratoria envolvente.

El director de la Real Academia, José Escalante, presentando el acto. Un acierto absoluto, desde mi punto de vista, con protagonismo de la Real Academia de Nobles Artes para Antequera y de Sebastián del Pino Cabello, Académico que gestionó la ponencia. Un regalo de palabra y memoria para todos los que estuvimos allí y para los que quieran escucharlo en el vídeo que Rafael Gallardo Muriel, subió en streaming al canal de vídeo de la Institución (enlace al final del artículo).

Con su tono pausado, cargado de cadencias antiguas, Antonio Manuel hizo de la conferencia un espacio casi litúrgico donde cada idea parecía un eco de nuestra historia profunda. A cada frase le devolvía cuerpo, aroma y resonancia poética. Se notaba que no recitaba un discurso, que compartía una verdad que lleva tiempo olvidada.

El eje de su intervención fue un viaje lúcido por tres pilares que articulaban su pensamiento: identidad, olvido y memoria. Y desde ahí, desplegó su conocimiento sobre esa Andalucía que nos mira desde los siglos, la que fue frontera, cruce, refugio, expulsión y renacimiento; la que todavía hoy habla, sin saberlo, la lengua de aquellos moriscos silenciados; la que guarda en sus tradiciones los restos vivos de un mundo que no terminó de desaparecer.

Habló de la palabra, esa herramienta ancestral que nombra, construye y salva, del peso simbólico de nuestro lenguaje cotidiano, de las metáforas escondidas en el habla campesina, marinera o cofrade. Recorrió los pliegues de nuestras costumbres, de las músicas que suenan en la sombra, del flamenco como herencia mestiza, morisca, gitana y africana. Y lo hizo con la misma solvencia del jurista que domina el dato, que del poeta que entrega la emoción.

A ratos parecía un profesor, otros un trovador, otros un cronista de almas olvidadas… pero en todos ellos, en la sala permanecíamos en silencio reverencial, como quien escucha una historia que llevaba tiempo esperando ser contada.

La Real Academia de Nobles Artes de Antequera demostró una vez más su sensibilidad y compromiso cultural al invitar a una figura imprescindible para entender la Andalucía contemporánea. Fue un acto que engrandece no solo la programación de la institución, también la vida intelectual de la ciudad, que supo acoger con entusiasmo, respeto y cercanía a uno de los pensadores más singulares del panorama andaluz actual.

Como digo, la noche terminó entre aplausos prolongados, conversaciones emocionadas y la sensación general de haber asistido a algo que fue muchísimo más que una conferencia. Una ceremonia de reencuentro con lo que somos, con lo que fuimos y con lo que aún podemos llegar a ser.

Antonio Manuel es autor de «La huella morisca», de «Flamenco. Arqueología de lo jondo» o «Tu nombre mío», entre otros.