El tiempo escrito por el sol | Antonio Madrona redescubre los relojes solares en Antequera

«Un foráneo en el paraíso» | ChLL para atqmagazine

En nuestra vida cotidiana estamos acostumbrados a los relojes digitales y a teléfonos móviles que marcan cada segundo con precisión atómica. Así que detenerse a observar la sombra que proyecta el sol, puede parecer un gesto casi poético.
Lo es para el arquitecto técnico antequerano Antonio Madrona Sánchez, además de una forma de conocimiento.

Este viernes 13 de marzo, la Biblioteca Municipal de San Zoilo acogerá la inauguración de una exposición dedicada a sus investigaciones y experimentos en torno a los relojes solares, una disciplina donde se encuentran la ciencia, la arquitectura y la memoria del tiempo.

La muestra, que abrirá sus puertas a las 18:30 horas, con una charla explicativa como inauguración, reúne una serie de maquetas, diseños y estudios geométricos con los que Antonio Madrona explora el funcionamiento de distintos tipos de cuadrantes solares. Bajo el sugerente título “Salga el sol por Antequera y nos marque la hora solar”, la exposición invita al visitante a redescubrir una tecnología ancestral que durante siglos organizó la vida cotidiana de pueblos y ciudades.

Antonio Madrona no procede del ámbito de la astronomía ni de la relojería tradicional. Su formación como arquitecto técnico ha sido, precisamente, el punto de partida de esta investigación. La construcción de un reloj solar exige comprender la orientación de los edificios, la inclinación de los muros y la relación entre la latitud del lugar y el movimiento aparente del sol. En otras palabras, el reloj solar convierte el propio espacio arquitectónico en instrumento de medición.

En ese cruce entre geometría, cálculo y sensibilidad estética ha encontrado Antonio un campo de experimentación especialmente fértil. Sus maquetas muestran cómo una simple varilla y una superficie bien orientada pueden transformar la luz solar en un sistema de lectura del tiempo. Cada modelo creado por él proyecta precisión matemática y diseño visual, recordando que estos dispositivos fueron también elementos ornamentales habituales en fachadas históricas.
Es la arquitectura del tiempo…

Pero también es una tradición milenaria. Me cuenta Madrona que los relojes solares forman parte de una tradición científica que se remonta a la antigüedad. Civilizaciones como la egipcia, la griega o la romana desarrollaron sistemas cada vez más sofisticados para interpretar las sombras proyectadas por el sol. Durante siglos, antes de la generalización del reloj mecánico, estos instrumentos fueron la referencia cotidiana para organizar el trabajo, las celebraciones religiosas y la vida pública.

En ciudades históricas como Antequera aún pueden encontrarse ejemplos de estos cuadrantes integrados en muros, conventos o edificios civiles. Sin embargo, muchos de ellos pasan desapercibidos para el transeúnte contemporáneo. La exposición de Madrona pretende precisamente reavivar la curiosidad por estos artefactos silenciosos, capaces de recordar la relación íntima entre el ritmo humano y el ciclo solar.

Uno de los objetivos de la muestra es explicar, de manera didáctica, cómo funciona realmente un reloj solar. Las piezas expuestas permiten observar diferentes configuraciones: cuadrantes verticales, horizontales o inclinados, cada uno adaptado a la orientación y características del lugar donde se instalaría.

Si vas a la presentación, pregúntale que es un reloj solar no declinante.

A través de estos modelos se comprende que medir la hora solar no es un simple juego de sombras. Requiere cálculos precisos basados en la latitud, el ángulo del eje terrestre y la trayectoria aparente del sol a lo largo del año. Esa dimensión científica convive, en el trabajo de Antonio, con una voluntad divulgativa que busca acercar estos principios al público general. Ciencia accesible.

Durante las próximas semanas, los visitantes podrán recorrer la muestra y detenerse ante cada maqueta como quien observa un pequeño laboratorio de luz. Cada pieza es, en cierto modo, un recordatorio de que el tiempo, antes de convertirse en cifras digitales, fue una sombra que se desplazaba lentamente sobre la piedra.

Los relojes solares nos obligan a recuperar un gesto casi olvidado, levantar la vista hacia el cielo para comprender qué hora es. Ese gesto conecta al ser humano con un ritmo mucho más antiguo que cualquier tecnología.

La exposición de Antonio Madrona propone precisamente esa pausa. Una invitación a mirar cómo el sol, el mismo que iluminó las plazas y campanarios de Antequera durante siglos, continúa escribiendo la hora sobre la tierra. Y a recordar que, antes de que los relojes midieran nuestro tiempo, era el cielo quien lo hacía por nosotros.

Los concejales María Sierras y José Medina, y el propio autor de la exposición, Antonio Madrona, presentaron el pasado martes en rueda de prensa esta muestra.
«Es una interesante propuesta que se suma a la amplia programación cultural de la ciudad y que busca explorar nuevas disciplinas», apuntó María Sierras en su intervención.

La muestra se podrá visitar del 13 al 31 de marzo de 2026 en el patio claustral de la Biblioteca Municipal de San Zoilo. En horario de lunes a sábado, coincidiendo con el horario habitual de apertura de la biblioteca (lunes a viernes de 08.30 horas a 21.00 horas y sábados de 09.00 horas a 14.00 horas). La entrada es libre y gratuita para todos los públicos.