Jose Sarria nos encantó en la presentación de sus libros «Tiempo de espera» y «Elogio del tiempo», en la Real Academia de Antequera


«Un foráneo en el paraíso» | ChLL para atqmagazi

La Real Academia de Artes Nobles de Antequera vivió el 4 de diciembre una de esas veladas que justifican, por sí solas, la existencia de las instituciones culturales. Un encuentro donde las palabras no se limitaron a sonar, nos emocionaron.

Fue un acto que combinó emoción, pensamiento y una belleza de poesía en prosa y en verso que se fue desplegando en capas sucesivas.

El director de la Academia, José Escalante, abrió la sesión con un saludo entrañable. Agradeció la presencia de José Sarria y de Sebastián Gámez, celebrando «los fructíferos vínculos que la institución mantiene con ambos».
En un tono cercano, habló en indefinido al público, de proyectos que pronto verán la luz y que, según anunció, “no dejarán indiferente a nadie”.

Sus palabras fueron un reconocimiento a la tradición cultural que la Academia heredó de los siglos XVI y XVII, pero también una declaración de intenciones, la de situar a la institución en un nuevo espacio, más abierto y expansivo.

Al presentar a los intervinientes, Escalante remarcó que, más allá de los currículos (que ya no necesitan ser repetidos) lo importante son las personas y aquello que tienen que decir.
“Ellos tienen mucho que decir”. Y con esa frase entregó la palabra a quienes seguidamente convertirían el acto en un acontecimiento único.


Lo que Sebastián Gámez ofreció a continuación no fue, como señalaría más tarde un asistente, un prólogo, sino un preludio de belleza propia. Su intervención fue un recorrido lúcido por la obra, la trayectoria y la poética de José Sarria, una introducción profunda que combinó la erudición de este admirable Doctor en Filosofía, con una enorme sensibilidad en el relato.

Sebastián Gámez

Habló de la traducción como la lengua del mundo, recordando que los grandes textos universales nos llegan gracias a ella. Reflexionó sobre la literatura como palimpsesto, sobre las voces que resuenan en la obra de Sarria (de Valente a Kavafis, de Borges a la memoria sefardí) y sobre la construcción identitaria que atraviesa su poesía.

Con una precisión analítica y un afecto intelectual, Sebastián Gámez situó Elogio del tiempo como una antología que recoge un cuarto de siglo de escritura, estructurada en seis partes que revelan las obsesiones del autor: la memoria, el agua, la raíz, la espera, el viaje y el otro; como lugar esencial del yo.

Sus palabras fueron la antesala perfecta para lo que vendría después. Un silencio lleno de expectación, un público dispuesto a escuchar compartiendo pensamiento y poesía..

Ambos libros editados por Valparaíso | Tiempo de espera  (finalista del Premio Nacional de Poesía y del Premio de la Crítica). Elogio del tiempo, (antología bilingüe que viajará próximamente a universidades de Estados Unidos y Argentina).


José Sarria reivindicó la poesía como territorio de la “inmensa minoría”. Nos contó con una serenidad contagiosa, lentitud, pausa, silencio… algo así como que la poesía necesita que nos detengamos ante el acontecimiento para disfrutar de la vida.

Desde ahí introdujo el tema central de su obra: el tiempo. Tiempo detenido, tiempo que mira, tiempo que espera. Luego algunos de sus poemas. Tiempo de espera, donde el yo se nombra y se revela; Yo soy el Oriente, una declaración identitaria anclada en la pluralidad; Sidi Bou Saïd, nostalgia del Sur;  La infancia, santuario del que nunca nos alejamos del todo; El color de la memoria, un inventario del alma que resonó en toda la sala.

Disfruta, lector, lectora, ahora escuchando, Yo soy el Oriente…

No me pude contener de la emoción de lo que escuchaba y le interrumpí con mi aplauso.
(Fue maleducado por mi parte, pero verdadero, auténtico: me había tocado el alma)

Emoción tras emoción… su talante, su autenticidad, su verdad; su serena forma de expresar el sentimiento… fue encantando al público.
Sarria recordó a los pueblos que sufren sin aparecer en las noticias y leyó Los Nadies, de Galeano, como gesto ético y poético.

En el turno de preguntas, ante las alabanzas del público, José Sarria agradeció profundamente y explicó que su obsesión, como escritor e investigador, es emocionar.
María Ramos Galindo, asistente frecuente a todos los actos culturales de la ciudad, entre el público, intervino y contó que conocía muchos de los lugares mencionados en los poemas, pero que, escuchándolos aquella noche, los había recorrido de nuevo “de otra forma, con otra gratitud”.
Sarria respondió que ese es el verdadero fin de toda obra de arte: despertar el sentimiento dormido. La poesía, afirmó, tiene la capacidad de germinar lo más hermoso de nosotros y terminó diciendo algo así: “Desde la palabra poética se despierta el lugar secreto de las emociones. Es un pequeño milagro.”

Volvió a tomar la palabra para hacer una síntesis final, Sebastián Gámez, que cerró la sesión con una reflexión filosófica sobre la emoción y la razón. Recordó a Kant, a Locke y a la neurociencia contemporánea, contando que las emociones sin razón son ciegas y la razón sin emociones, coja. ( No recuerdo a quién atribuyó este pensamiento)

Terminó diciendo que el arte nos enseña a “saber sentir”, a valorar, a discernir, a situarnos ante lo importante. Y citó una frase de Cervantes: «Lo que se sabe sentir, se sabe decir«.

La Infancia



El Sur