«…Un susurro nos dice que llega octubre. Y que Tú siempre vuelves, Rosario»

«Un foráneo en el paraíso» | ChLL para atqmagazine

Crónica de un foráneo que entró en Santo Domingo sin ser cofrade y salió maravillado de ver una acuarela preciosa de la Virgen del Rosario, cuando se anuncia octubre.

El viernes 18 de septiembre entré en la iglesia de Santo Domingo, de Antequera. Se celebraba la presentación del Cartel que anuncia los actos conmemorativos de la Archicofradía del Rosario.

Fui casi uno de los primeros en llegar. Me pasa a veces que hay lugares y momentos a los que uno, sin saber muy bien por qué, siente que debía llegar pronto.

Estaba invitado. Y conviene decirlo porque no soy cofrade, no frecuento  presentaciones de carteles si no me invitan a ello, no tengo hábito de acudir a actos de hermandades y tampoco quiero fingir un fervor religioso que no se corresponde con mi comportamiento cotidiano. No formo parte de una comunidad religiosa con devoción, compromiso y participación activa en la vida espiritual y social de ninguna cofradía.
Tengo, eso sí, mi alma en mi almario, como casi todo el mundo, y un profundo respeto por aquello que otros viven con sinceridad.

Fui porque soy un admirador del arte de Carmen Sánchez Parejo, joven arquitecta pero muy experta, genial escritora y deslumbrante pintora. Y fui también porque hay invitaciones que no se pueden rechazar cuando vienen acompañadas de tanto afecto y de mi admiración familiar por sus padres, por ella y por su hermano.

No sabía que iba a salir de allí sintiéndome, de algún modo, menos foráneo. No porque me hubiera convertido en cofrade. Ni porque de repente comprendiera todos los códigos de una tradición que pertenece a otros. Sino porque la belleza y el arte, cuando están bien contados, tiene la extraordinaria capacidad de abrir una puerta y decirte: pasa, mira, esto también forma parte de nuestra ciudad.
Y en la iglesia de Santo Domingo aquella tarde se abrieron muchas puertas. Te cuento, lector, lectora, algunas de las que me abrieron a mí:

La presentación de Carmen Parejo García me emocionó. ( Siempre digo cuando la escucho, que tiene un duende en la garganta que pone melodía a lo que dice ). Pero no es solo cómo lo cuenta, sino lo interesante y bonito que cuenta. Comenzó con poesía. Inmejorable forma para empezar algo tan bello.

Y de repente aquella mujer que había sido presentada por Antonio J. Palomo con un curriculum propio de altísimas aportaciones a la sociedad sanitaria y social, pasó a ser solamente la madre de la artista. Era una madre hablando de su hija. Y eso cambia las cosas. Porque al margen del discurso institucional, aunque sumamente respetuosa de las autoridades, de los tratamientos, de los hermanos mayores, de las corporaciones y de la tradición, había algo mucho más sencillo, el orgullo de una madre que ha visto crecer un talento objetivo en su hija.

Contó que … Carmen comenzó muy pequeña. Que a los siete años ….
Bueno, mejor que te lo cuente ella en este entrañable discurso

Palabras de Presentación del cartel y de la autora, por parte de su madre Carmen Parejo García

Se disfrazó la rosa con tu nombre,
Y un pincel guiado con esmero
dibujó con el alma en acuarela
los rasgos inefables de tu rostro.

Y resultó un cartel,
un anuncio, una llamada.
una promesa, una esperanza,
un susurro que nos dice que llega octubre.
Y que Tú siempre vuelves.


Reverendo Padre consiliario,
Excelentísimo Señor Alcalde y Autoridades Civiles,
Hermano Mayor de la Pontificia y Real Archicofradía de Nuestra Señora del Rosario,
Señor Presidente de la agrupación de Cofradías de la Semana Santa de Antequera,
Hermano Mayor de insignia y Junta de Gobierno de esta Real Archicofradía
Estimados Hermanos Mayores y representantes de las corporaciones hermanas
Queridos familiares, amigos, devotos y cofrades de la Virgen del Rosario…»
Buenas tardes. 

Es un honor tomar la palabra bajo las naves históricas de esta Iglesia de Santo Domingo. Un templo que custodia entre sus muros mudéjares la memoria viva de nuestra ciudad, el murmullo de generaciones que nos precedieron y el palpitar ininterrumpido de una de las devociones más arraigadas e históricas de nuestra tierra: la Santísima Virgen del Rosario

Venimos hoy a descubrir un fragmento de arte que se hace mensajero del próximo mes de octubre; una obra nacida de la sensibilidad que se convierte en el espejo donde Antequera se reencuentra con su historia y su patrimonio. 

Es imposible explicar la identidad Antequerana sin la tradición de sus cofradías, una identidad que lejos de estar fragmentada, recoge por un lado la sobriedad, solemnidad y fuerza de las cofradías de Pasión, mientras que por otro mantiene encendida la luz y alienta el encuentro entorno a la Madre de Dios y el Señor como ocurre con las cofradías, hermandades y asociaciones de Gloria.

Aquí hay buenos amigos y familiares por los que sé que cuando esos días llegan, un cofrade siente que hay un Rostro que guarda todos sus silencios, que cura sus heridas sin palabras y que le da sentido a toda una vida. Un Rostro que es el hilo invisible que une su memoria con las manos de sus padres, de sus abuelos y de sus raíces.

Este encargo nació de la fe y confianza de un cofrade de corazón Joaquín Gallego, que conocedor del trabajo de la autora, se mostró presto a guiarla en esta aventura. Fue a través de su mirada fotográfica y de la sinceridad de su devoción y respeto, que aprendió a mostrar la belleza de la Virgen trascendiendo el encuadre y la técnica. 

Detrás de este mantón se encuentra el trabajo de mi hija Carmen. 

Desde muy pequeña destacó por sus aptitudes en el campo artístico y literario. 

A los siete años, y gracias a la mentoría de su tío-abuelo Manuel Lebrón García, artista amateur figurativo, que se podría decir “supo reconocer el talento en un cuerpo tan pequeño”, asistió a las clases de adultos del maestro antequerano Felipe Sánchez Torres.  

Cuando apenas tenía 10 años la Hermandad del Rocío de Antequera la invitó a pintar la imagen de la Virgen para su primer camino, dibujo que aún se expone en las paredes de la Casa Hermandad.

En paralelo a su formación pictórica, Carmen también desarrolló un singular gusto por la escritura que encontró expresión en sus años viviendo en el Sudeste Asiático y que compaginó con su profesión como arquitecta. 

Estas influencias se materializan tanto en sus dibujos de paisajes de pintura alla prima, como en el de relato corto y ensayo publicados en su blog personal “barriochino” y posteriormente seleccionados para la revista digital atqmagazine. 

Como madre, es inevitable que me sienta orgullosa de mi hija cuando sé que en su caso los intereses y dones se acompañan de empeño, dedicación y una búsqueda insaciable por mejorar y ese espíritu de superación la lleva a seguir formándose. Es por eso que una evolución artística en esencia humilde como la de ella, le ha permitido con esfuerzo llegar a alcanzar un objetivo tan grande: dar testimonio gráfico de la historia de esta Archicofradía. 

En nuestra familia hay un referente excepcional al que debo y quiero rendir un tributo de gratitud y memoria esta noche. Una mente brillante que tanto amó y estudió las raíces de esta tierra:  el añorado historiador Antonio Parejo Barranco.

Cuando Antonio se enfrentó al desafío de condensar siglos de nuestro devenir en una de sus obras cumbre, Historia de Antequera, tomó una decisión que no fue estética, sino espiritual y             metodológica. No opto por un plano de la ciudad, ni un frío escudo heráldico. Eligió como portada el cuadro de La Epidemia de 1679. 

Al colocar esta pieza de arte religioso y popular en la antesala de su estudio, nos dejó una lección magistral antes incluso de abrir la primera página: la historia de la ciudad no se construye solo con grandes batallas o datos económicos, sino a través de las mentalidades, el fervor colectivo y el sufrimiento de sus gentes que buscan refugio en este caso bajo el manto protector de la Virgen del Rosario

Estoy convencida de que si Antonio pudiera estar aquí celebraría este honor con nosotros. 

Señoras, señores: ha llegado el momento de que la luz inunde este templo y las miradas se encuentren con el anuncio de nuestro octubre. 

Invito al Señor Alcalde de la ciudad, al Señor Hermano Mayor y a Carmen a desvelar el cartel de la Virgen del Rosario para este año 2026. 

Hay obras que necesitan que alguien explique su importancia. Otras, como esta, primero te miran, y te cautivan. Este es un cuadro bonito. Una acuarela preciosa. | ChLL

Y continuó diciendo Carmen Parejo…

Este cartel tiene por lienzo el papel de algodón y como técnica la acuarela aplicada en un estilo naif. Ambos, soporte y medio, transmiten transparencia y delicadeza que son dones propios de esta talla y que, de alguna manera, reflejan el cuidado y respeto con que debemos acercarnos a lo sagrado.

Cuenta Carmen (Sánchez Parejo) que durante la sesión de fotografía se hicieron distintas pruebas de encuadre, en la mayoría de las instantáneas se buscaba entre otras, la difícil tarea de evitar que la figura del niño tapara la cara de su Santa Madre. Este histórico hándicap, inevitable y reincidente, se acentuaba con la iluminación que además entorpecía la escena con inoportunas sombras. Entonces se le ocurrió una idea: ¿Y si en lugar de observarla desde la perspectiva divina, nos acercamos a un plano más humano? ¿Y si lo que le pasa al niño, “como a todos los niños del mundo”, es que solo quiere un poco de atención? Cogió la escalera, con la osadía de quedar a la altura de la talla y se puso de frente al pequeño, le pidió la cámara a Joaquín y sacó el retrato. 

Hay quien diría que fue por obra divina que surgió una oportunidad única en lo que parecía impedimento. 

Así es como Rosario, como cualquier madre, serena y complaciente, se relega a un segundo plano para dejar que su hijo sea el protagonista del cartel. 

 El niño-Dios, se representa con una mirada limpia, despierta, cargada de una ternura que cautiva. En sus manos menudas sostiene el Santo Rosario, cuyas cuentas caen con naturalidad invitando a la contemplación y conectando de inmediato con el observador a través de su inocencia. 

Detrás de Él, sirviendo de trono y cobijo, emerge la figura de Nuestra Señora del Rosario. ¡Qué prodigio de calma ha logrado la autora en las facciones de la Virgen! Es un rostro que transmite paz, un remanso de equilibrio en un mundo de prisas. Su mirada es una lección de dulzura: entornada, compasiva, majestuosa.

Ella se nos presenta aquí como Reina, proclamada por la soberbia ráfaga y la corona que enmarcan su silueta, recordando el fastuoso joyel que el pueblo le ha ofrendado a lo largo de los siglos. Pero, al mismo tiempo, es la viva imagen de la Madre. Su mano sostiene el cetro con la elegancia de quien custodia una tradición centenaria.

Esa tradición se plasma en el color de sus vestiduras donde la pintora rinde el más alto tributo a la historia de nuestra ciudad. Carmen ha querido revestir a la Virgen con el emblemático manto púrpura de Copatrona. Al elegir esta histórica pieza, la obra se tiñe de la solemnidad y el amparo con los que Antequera siempre ha buscado el refugio de su Madre en los momentos más difíciles. Esos vestidos morados, enriquecidos con bordados en oro y plata son ejecutados con una minuciosidad admirable, envuelven la escena en una atmósfera de gran suntuosidad. La autora ha logrado representar la densidad del brocado y la delicadeza del encaje con la ligereza del agua, transformando la materia en pura poesía visual y en un homenaje explícito a su patronazgo sobre nosotros.

Para el fondo, se ha elegido el verde, el color complementario del manto buscando que realce así su majestuosidad y presencia. Con este gesto se evoca la sobriedad de nuestra tierra, de nuestra vega. Y sobre ese tapiz vegetal brotan con una ligereza casi etérea las azucenas de Antequera que son la viva representación de nuestro escudo heráldico, el símbolo de la pureza y la identidad de una ciudad que se rinde históricamente a las plantas de la Virgen del Rosario.

Esas azucenas blancas, elaboradas en un acrílico tornasolado parecen flotar alrededor de las imágenes, aportando frescura, luz y un aroma visual que inunda toda la composición.

En el cartel del pasado año la artista Eva Escobar supo acertadamente reconectar la tradición con el cambio generacional en una fantástica aportación contemporánea. Este año Carmen ha querido seguir la misma línea intencional trabajando desde el respeto a la imagen, regalando a sus cofrades un retrato que muestra rigor pictórico a la vez que frescura 

El lienzo que se nos desvela es una obra sin artificios ni elementos efectistas, que pretende mostrarse fiel a los rasgos únicos que caracterizan a esta Santísima Imagen y que la hacen reconocible a los ojos de quien la venera. 

Esta acuarela ya no pertenece a nuestra casa; desde hoy es de la Archicofradía y de Antequera. Deseo de corazón que cuando los antequeranos la miren, sientan la misma paz y la misma emoción que nosotros hemos experimentado al verla nacer en las manos de Carmen sobre el papel. 

Quiero agradecer profundamente a todos los Hermanos la confianza depositada en mi hija. Gracias por darle la oportunidad de pasar a formar parte de la historia de esta Pontificia y Real Archicofradía. Y gracias a todos ustedes, autoridades, amigos y familia, por arroparnos hoy aquí. 

Hermanos de la Archicofradía, vecinos de nuestra ciudad. Las puertas de Santo Domingo ya vislumbran el discurrir de un nuevo octubre. 

Nuestro deseo es que esta pintura sea el preludio de los Solemnes cultos y de una hermosa y brillante procesión por las calles de nuestra monumental Antequera. Los sones de la música, el andar de los horquilleros, el trasluz de los faroles antequeranos, las mujeres y niñas de mantilla, los campanilleros, monaguillos y personajes celestiales empiezan a dibujarse en la imaginación de todo un pueblo gracias a este anuncio gráfico.

Y termino como empecé:  Esto no es solo un cartel.  Es una promesa.  Es una esperanza.  Es un susurro que nos dice que Ella siempre vuelve. 

«SUB UMBRA ALARUM TUARUM PROTEGEME REGINA»  «Bajo la sombra de tus alas protégeme, Reina» 
Que la Virgen del Rosario nos bendiga a todos. Muchas gracias.  

     Carmen Parejo García

Esa bonita explicación hizo que yo, que había llegado como un foráneo, empezaba a comprender que aquella presentación no iba únicamente de una Virgen ni de una cofradía. Ni de un cuadro. Iba de memoria.
Entendí que no era casual. Que fiel al oficio de artista, Carmen no traza porque sí… Las azucenas blancas remiten a Antequera, a su escudo, a su identidad. El púrpura evoca el histórico manto de Copatrona. El verde conjuga el manto con la tierra. Carmen no había pintado simplemente una imagen religiosa. Había intentado pintar una relación. La de una ciudad con una imagen que forma parte de su memoria.

Esta acuarela, que a mí me conmueve particularmente, no parece querer imponerse. No grita. No necesita efectismos. No pretende deslumbrar por exceso. Tiene la delicadeza del agua sobre el algodón y esa apariencia aparentemente sencilla que, cuando uno se acerca, descubre llena de trabajo.

El púrpura del manto, los bordados, los encajes, las pequeñas riquezas de la vestimenta. La corona. El cetro. El rostro sereno de la Virgen. Y ese verde que, a veces me parece oliva suave y otras menta también refinada y de apariencia exquisita; y que, lejos de ser simplemente un fondo, convierte toda la composición en algo aún más entrañable…

Palabras de la autora del cuadro: Carmen Sánchez Parejo

Buenas tardes: Cuando asistí el año pasado a la presentación del cartel de Eva, y le confesé a Enrique mi deseo de poder, algún día, tener el honor de pintar a la Virgen, aún no era consciente de la enorme responsabilidad que suponía este encargo. Por eso, vuestro aplauso de hoy no es solo un regalo; es el mayor premio al esfuerzo y al trabajo hecho desde el corazón, con un profundo respeto a la Pontificia y Real Archicofradía del Rosario, a la Santísima Virgen y a todos los que con tanta fe la veneran.

Ya solo me queda dar las gracias:
En primer lugar, a mi amiga Ana Gallego porque jamás dudó de que estaría a la altura del proyecto. Gracias, Ana por ser para mí, familia y mecenas.
A Joaquín, su padre y fiel cofrade del Rosario por su confianza infinita, por enseñarme a mirar a la Virgen a través de su devoción y por haber sido el mejor guía en este viaje.

A mi tía Pilar Parejo, por abrirme las puertas de su casa y prestarme ese espacio para convertirlo en mi taller. Entre sus paredes, Rosario, ella y yo hemos compartido confidencias y silencios en cada sobremesa; gracias, Bobo, por ser también mi crítica de arte más sincera y generosa.

A la Floristería La Gardenia, por su delicada selección de azucenas antequeranas. Un tesoro botánico único, que he tenido la inmensa suerte de inmortalizar en el papel.

A CL, por su colaboración incondicional y por ser un altavoz cultural fundamental.

A Lourdes Castro, que desinteresadamente nos ha regalado su música, robándole horas al descanso y a su bebé para engalanar esta presentación.

Gracias a Aníbal, mi pareja, por quererme tanto y tan bien. Cuando las fuerzas flaqueaban fue aliento hasta el final del proceso.

Y por último gracias a mis padres, imprescindibles, raros, genios. Porque son inspiración y objetivo a alcanzar. Por enseñarme a apreciar la belleza, a entender que la educación es la herencia más valiosa y la cultura un tesoro a cultivar y preservar.

En un momento tan frágil para lo artesano, donde todo es prisa y urgencia, donde lo minucioso pierde importancia a favor de lo inmediato; apostar por la tradición, por el tiempo y por el arte es un ACTO REVOLUCIONARIO.

Gracias de corazón a la Archicofradía del Rosario por abrir las puertas a estas iniciativas y permitir que los artistas amateurs tengamos, un sitio en la historia y en la fe de nuestra maravillosa ciudad. Muchísimas gracias. | Carmen Sánchez Parejo

La tarde todavía guardaba otros regalos:

El violín de Lourdes Castro. El templo, que hasta entonces había hablado con palabras, decidió callarse. Y en su silencio aparecieron las notas del Adagio de Albinoni y otras entrelazadas con las palabras de Carmen Parejo que Lourdes envolvió sobre las naves de Santo Domingo con esa mezcla de fragilidad y fuerza que tiene la música cuando el arco de Lourdes acaricia las cuerdas de su violín.

Y todavía hubo algo más. Otra puerta abierta. La generosidad de la Archicofradía me permitió conocer una realidad que probablemente muchos de los que estábamos allí no conocíamos  suficientemente: La Casa de la Espera, un lugar que acoge a jóvenes embarazadas en situación de desamparo.
Me pareció un gesto especialmente hermoso. Porque también una tradición demuestra lo que es, no solamente cuando conserva su patrimonio, sino cuando pone su patrimonio, su visibilidad y su capacidad de convocar al servicio de quienes necesitan ayuda. Aquello también formó parte de la tarde. Y me alegro de que así fuera.

He de decir que cuando salí de Santo Domingo seguía sin ser cofrade. No había cambiado de vida. No había descubierto de repente una fe asociativa espiritual que no tenía. Pero había descubierto algo que me parece interesante, la posibilidad de acercarme respetuosamente al mundo de los demás y valorarlo sin necesidad de apropiármelo.

Uno puede no sentir una determinada forma de vivir la espiritualidad y, al mismo tiempo, admirar profundamente la emoción de quienes la viven. Puede no pertenecer a una hermandad y emocionarse ante el trabajo paciente de quienes llevan generaciones construyendo memoria.

Puede mirar una imagen religiosa desde fuera y aún así descubrir belleza, arte, historia, ternura y humanidad.

Yo entré en Santo Domingo como un invitado. Y salí agradecido. Sobre todo a Carmen, por haber  pintado una Virgen que no necesita que nadie crea para resultar hermosa. A su madre, por haber sabido hablar de ella y de su obra con esa mezcla tan poco disimulada de orgullo, poesía y amor. A la Archicofradía de Ntra. Sra. del Rosario, por abrir sus puertas y mostrar algo que va más allá de un cartel. A Antonio Jesús Palomo, por conducir la ceremonia convirtiéndola con sencillez en un rato de ternura y calma. A Lourdes Castro, por regalar al silencio la belleza de su música. Y a esta ciudad que tiene la extraña costumbre de esconder historias en sus iglesias, en sus mantos, en sus cuadros y en sus calles.

Tal vez por eso, la tarde del viernes, siendo foráneo en el paraíso, me sentí, aunque solo fuera durante unas horas, un poquito de casa.
                                                                                                                 

CURRICULUM ARTISTICO CARMEN SANCHEZ, autora del cuadro.

Antigua alumna del Colegio María Inmaculada de Antequera, Carmen Sánchez Parejo es Arquitecta por la Universidad de Granada, profesión que complementa desde su infancia con una gran pasión por la pintura y la escritura. 

Desde niña, asistió a clases del maestro antequerano Felipe Sánchez Torres, donde desarrolló sus inquietudes en las técnicas de grafito, carboncillo y sanguina. En la escuela de Arquitectura, destacaron sus dibujos a lápiz color y tinta para el Proyecto De Documentación Monográfica de la Facultad de Derecho y del Palacio de Carlos V en Granada. Actualmente asiste a clases de la artista consagrada Ana Matías en el “taller con tinta roja” en Marbella, especializándose en el retrato, dibujo al natural y en las técnicas de acuarela y óleo. 

Tras concluir sus estudios universitarios, consiguió ser becaria en Tokyo en la oficina de Go Hasegawa y, con un fuerte carácter emprendedor, se trasladó a Singapur, donde ejerció la arquitectura durante seis años en CPG Consultants, antiguo Departamento de Obras Públicas del país y posteriormente en el departamento creativo y de desarrollo de negocio de Hitachi Aqua-Tech Engineering, que la llevaron a realizar proyectos en países como Malasia, Taiwan, la India y Dubái entre otros. Especializada en el ámbito sanitario, cuenta además con un Máster en Arquitectura Hospitalaria dirigido por Mario Corea en 2017 en Barcelona.

En 2021 regresó a España, incorporándose al reconocido estudio Maíz y Díaz Arquitectos en Marbella, participando en el diseño de promociones inmobilarias de gran lujo y escala. Ahora ejerce su profesión en EIDO Arquitectura en Benalmádena, como Directora de Obra y coordinadora del Departamento de Ejecución. Toda esta riqueza multicultural, su dominio técnico de los espacios y su sensibilidad artística se funden ahora para dar vida al cartel de la Virgen del Rosario de este año.