«Un foráneo en el paraíso» | ChLL para atqmagazine
Acaba de comenzar el curso en la Escuela Municipal de Música de Antequera (EMMA) y son casi 600 alumnos y alumnas los que este año poblarán sus aulas.
Charlamos, (como si tomando un café), con su director, Joaquín Castro Rojas.
Lo primero que me dice cuando entro por la puerta al hall principal, me gusta: «Aquí no hace falta ser Mozart. Ni saber solfeo. Ni haber empezado de niño. En la EMMA caben el que sueña con dedicarse a la música, el adolescente que quiere montar un grupo y el adulto que lleva veinte años diciendo que algún día aprenderá guitarra…»
Basta acercarse una tarde a la calle Herrezuelos y mientras vas llegando por las calles aledañas puedes comprobar este ambiente alegre e inspirador de la EMMA a la que yo llamo «La caja de música».
Por allí entran niños que todavía no saben muy bien qué es un pentagrama, adolescentes con una guitarra a cuestas, adultos que han decidido aprender por fin aquello que llevan veinte años diciendo que les gustaría aprender y músicos que van de un aula a otra con la naturalidad de quien ya conoce todos los rincones de la casa.
La EMMA empieza este curso con una previsión de casi 600 alumnos. La cifra tiene algo de estadística y algo de argumento. Porque cuando una escuela municipal consigue reunir a bastantes más de medio millar de personas alrededor de la música, ya no estamos hablando solamente de enseñanza, estamos hablando de una pieza importantísima de la vida cultural de una ciudad. | ChLL
Y estamos hablando, además, de una escuela que no se ha quedado quieta. La Asociación Amigos de la Música y la Danza de Antequera gestiona la EMMA desde 2011 y, en estos años, aquel proyecto ha ido ensanchándose acercando la música a todos los públicos, impulsando el talento local y creando espacios donde compartir y disfrutar de la música en vivo.
Hay formación desde los primeros meses de vida, música y movimiento para los pequeños, piano, violín, guitarras clásica, eléctrica y flamenca, bajo, batería, ukelele, cajón flamenco, instrumentos de viento, canto, cante flamenco, lenguaje musical, danza y distintas agrupaciones… Este año se incorpora, además, la banda de cornetas y tambores.

Pero si hubiera que quedarse con una sola palabra mimética para explicar qué hace especial a la EMMA, quizá no sería «instrumentos«. Yo diría que la palabra que la define es «juntos«.
Aprender a tocar y aprender a escuchar. Joaquín Castro lo explica sin necesidad de ponerse solemne.
La escuela quiere que los alumnos puedan tocar en orquestas, combos y agrupaciones. No solamente aprender su instrumento durante una hora y marcharse a casa, también comprobar la maravilla que ocurre cuando el sonido propio tiene que convivir con el de los demás. Es una diferencia enorme.
Uno puede aprender durante años dónde está un «do»…, cómo se hace un acorde o qué tecla corresponde a determinada nota. Pero tocar con otras personas invita a aprender cosas que no vienen siempre en cuadernos de música: escuchar, esperar, entrar a tiempo, dejar espacio, equivocarse sin venirse abajo, seguir a otro, sostener a quien se ha perdido…
Y, sobre todo, descubrir que la música deja de ser una experiencia únicamente individual cuando aparece alguien con quien compartirla, alguien que transforma lo que escuchamos en algo que también podemos sentir, recordar y vivir juntos.
La EMMA cuenta actualmente con combos de folk, rock y pop, jazz y blues, coro de góspel y banda de música. Este curso además van a recuperar el proyecto de orquesta y hacer crecer la nueva banda de cornetas y tambores. No es un adorno de la enseñanza. Es parte de ella.
Este director aún siendo muy joven también es sensato y lo tiene bastante claro: hacer música no consiste solamente en hacer sonar un instrumento; consiste también en tocar en compañía, compartir emociones y crear comunidad.

¿Cómo se presenta este nuevo curso en la Escuela Municipal de Música?
Con mucha actividad y, sobre todo, con una demanda que se mantiene y crece. Estamos aproximadamente en 600 alumnos, además de algunas personas que se quedan en lista de espera. Este año, como siempre, prácticamente todas las actividades que hemos propuesto están completas.
Nos gustaría seguir creciendo, pero también tenemos una limitación física, el edificio no es ilimitado. Por eso estamos intentando crecer de otra manera, potenciando las agrupaciones y haciendo que los alumnos que ya están en la escuela puedan participar más en orquestas, combos y otros proyectos colectivos.
Buen camino escogido, me dije a mí mismo, a veces las mejores ideas son las que, una vez dichas, parecen obvias.
¿Qué novedades trae este curso?. He oído que el Bajo pide paso.
La principal novedad es la incorporación de un profesor específico de Bajo. Cada vez se está apuntando más gente a este instrumento y hasta ahora las clases las llevaba el profesor de guitarra. Como además tenemos mucha demanda de guitarra eléctrica, hemos incorporado a una persona que se encargará específicamente del Bajo.
Y después hay proyectos que ya empezamos el año pasado y que queremos consolidar. Por ejemplo, la orquesta. Intentamos ponerla en marcha, pero por diferentes problemas no conseguimos terminar las piezas ni ofrecer ningún concierto. Este año intensificaremos que salga adelante y poder hacer un concierto con ella.
¿Y qué ocurre con las agrupaciones que ya funcionan, como los combos o el gospel?
Queremos que haya más. Ahora tenemos grupos de diferentes edades, niños, adolescentes y adultos, y muchas veces hay personas interesadas a las que tenemos que decir que el cupo está completo. Si hay demanda suficiente, nuestra intención es abrir más horas y crear nuevos grupos.
Joaquín me dice algo durante la conversación que podría servir como pequeño tratado sobre educación. Algo así como que los profesores aprendieron y tienen siempre presente la difícil asignatura del entusiasmo.
Pienso que tiene razón.
Él continuó diciendo: «Se puede saber muchísimo de música y no conseguir que un alumno quiera volver a clase el martes siguiente. Se pueden dominar escalas, armonías, técnicas, métodos y repertorios. Pero si el profesor no consigue transmitir que aquello merece la pena, todo lo anterior puede quedarse en una colección de conocimientos bastante poco emocionante».
Joaquín cree que el alumno tiene que venir contento a clase. Y que el profesor tiene que conseguirlo. Incluso cuando él mismo no tenga el mejor día.
¿Así de tajante y así de fácil?
Parece fácil hasta que uno recuerda que enseñar consiste, muchas veces, en prestar a otro durante un rato las ganas que uno tiene de hacer algo.
Tal vez por eso sus palabras resulten especialmente interesantes para un espectador como yo, viniendo de alguien que ha hecho de la música su profesión sin haber perdido del todo la condición de alumno. Porque Joaquín sigue aprendiendo. Y quizá ese sea su pequeño secreto. Cuando necesitan la incorporación en un combo y no tienen a nadie que conozca el instrumento, él entra en juego y aunque no conozca el instrumento se pone a ello hasta lograrlo y poder acompañar al grupo.

Imagino que muchos peques que se inician aquí despiertan sus ganas de seguir después en el Conservatorio.
También pasa, ese fue mi caso, sin ir más lejos. Pero no todo tiene que acabar en un conservatorio y la EMMA tampoco pretende ser lo que no es. El conservatorio y una escuela municipal cumplen funciones diferentes. Hay alumnos que quieren simplemente tocar por placer. Otros descubren una vocación más seria. Algunos necesitarán prepararse para continuar estudios profesionales.
Joaquín me lo explica muy bien. La escuela puede ser ese primer lugar donde alguien descubre que quiere ir más lejos. Y también puede ser el lugar donde otro descubre, sencillamente, que tocar una canción con sus amigos después de trabajar es una manera bastante buena de pasar la semana. No todo conocimiento tiene que desembocar en una profesión.
Hay cosas que aprendemos para ganarnos la vida. Y otras para vivirla mejor.
¿Y qué relación tenéis actualmente con el Conservatorio?
La verdad es que en mi tiempo aún no he hecho ningún acercamiento y ellos tampoco. Pero lo veo como algo muy interesante. Dos instituciones que podrían parecer destinadas a vivir de espaldas y que, sin embargo, tienen mucho que decirse. La escuela puede servir como puerta de entrada para quien quiera profesionalizar su formación. Y el Conservatorio puede ser también un punto de retorno para quien necesite otra forma de vivir la música. Un alumno puede llegar a la escuela cansado de una enseñanza excesivamente reglada. Otro puede descubrir aquí que quiere ir más lejos. No hay contradicción. Hay caminos diferentes. Y una ciudad musicalmente saludable debería tener muchos.
Son dos formas diferentes de sostener la música y creo que pueden complementarse. Será bonito restablecer puentes.
He oído mucho y muy bonito sobre lo que estáis haciendo también con la Musicoterapia. Pienso que es una labor enorme. Cuéntanos.
La dimensión de nuestra Escuela tampoco termina en nuestras aulas convencionales. La música también puede ser una forma de cuidar. Eso es, precisamente, lo que buscamos entregar con este proyecto que venimos desarrollando desde 2022, ‘Música para tu Salud’, orientado a mejorar la calidad de vida de personas con distintas patologías mediante la aplicación terapéutica de la música. Ofrecemos un programa de música como una herramienta terapéutica capaz de favorecer la expresión, la comunicación, la interacción con los demás y el bienestar emocional.
Es nuestra forma de entender la música que siempre ha ido de la mano del compromiso con las necesidades de la ciudad. Con este programa llevamos trabajado junto a asociaciones como AFENES, ADIPA, Autismo Antequera, Parkinson, AFEDAC, EDAU, FAISEM o FIREUMAS… llevando los talleres allí donde eran necesarios y adaptándolos a las características de cada grupo.
El proyecto, impulsado por nuestra Escuela junto a Corazones Solidarios y con la colaboración del Ayuntamiento, nació con la intención de hacer llegar los beneficios de la música a personas que quizá no habían encontrado en ella únicamente una afición, sino también un espacio de bienestar, conexión y alegría.
¡Qué forma más bonita de labor callada que hace la EMMA: conseguir que la música salga de las aulas, llegue a otras vidas y demuestre que también puede servir para acompañar, unir y cuidar!. Me quito el sombrero ante vuestra iniciativa.
Es otro de esos trabajos que no siempre hacen ruido, pero que nos hacen sentir orgullosos de la labor que hace nuestra Escuela. Tenemos el orgullo silencioso pero profundamente arraigado, convencidos de que la Música también sirve para cuidar, que nuestro programa está aportando mucho a la sociedad
¡Ole tú!
Hablando de paredes, la EMMA tienen una sala de eventos y mantiene una actividad cultural que va más allá de sus clases. Conciertos, exposiciones y distintas propuestas que convierten el edificio en algo más parecido a un pequeño centro cultural que a una escuela convencional.
El propio Ayuntamiento destaca esa dimensión de espacio de encuentro, y la asociación que gestiona el centro lleva años vinculando formación y actividad cultural. Han sido inventores de cosas preciosas relizadas dentro de estas paredes y fuera de ellas en las plazas de la ciudad.

Aparece en ese momento de la conversación con Joaquín mi propia nostalgia cuando recuerdo aquellas actividades en las calles y plazas … y tanto bonito que he vivido como espectador en los últimos años gracias a vuestras iniciativas. Ojalá no paréis nunca y podáis regalarnos todos los proyectos tan interesantes que tenéis en mente y que aún no podéis desvelar, pero que serán muy buenos para nuestra Antequera.
Me decías cuando entré en el hall que aquí se puede empezar a cualquier edad y que no hace falta haber sido un niño prodigio. Ni entrar sabiendo solfeo.
Tampoco hace falta tener una familia de músicos. Ni siquiera… hace falta ser niño.
Nuestra oferta está pensada para todas las edades y la escuela mantiene precisamente esa vocación abierta. Hay formación para bebés desde los 0 hasta los 36 meses, música y movimiento para los pequeños y una larga oferta instrumental y vocal para jóvenes y adultos.
Un adulto puede llegar a los cincuenta y decir que quiere aprender guitarra. Perfecto. Otro puede descubrir que quiere tocar el piano. También. Y puede que alguien piense que ya es demasiado tarde. Ahí le decimos que está equivocado, que la música tiene una ventaja estupenda sobre otras muchas cosas: nadie llega tarde a ella.


¡Qué ambiente más bonito hay en la EMMA!. Cuando uno entra allí tiene la impresión de que la música no empieza en las partituras, sino bastante antes: en los pasillos, en las conversaciones, en el ir y venir de profesores, padres, alumnos y algún instrumento que todavía no ha encontrado del todo su sitio. Hay algo de colegio, algo de asociación cultural, algo de taller y bastante de hogar.
Joaquín Castro Rojas no llegó desde fuera con una carpeta de proyectos y un máster en dirección de centros educativos. Ha ido haciendo el camino entero por dentro. Eso tiene sus ventajas. Conoce lo que significa sentarse al otro lado de la mesa. Sabe lo que supone dar clase. Sabe lo que significa estar en un grupo. Y sigue estando allí, no como figura decorativa, sino tocando, enseñando y dirigiendo.
Tú has sido alumno de la escuela, eres profesor y desde hace un año también director. ¿Existe una línea de continuidad?
Sí. El espíritu siempre ha sido el mismo. El núcleo de personas que estamos al frente ha ido cambiando, pero más o menos seguimos siendo los mismos y ese espíritu se ha mantenido. Eso no significa que no haya cambios. Siempre estamos probando cosas nuevas. Hay ideas que necesitan uno o dos años para comprobar si funcionan. Si dan frutos y cuajan, se quedan; si no, se descartan y probamos otra cosa. La idea original se va perfilando con el tiempo.
Es algo bastante habitual en la trayectoria de la escuela: probar cosas, ver cómo funcionan y decidir después si merecen quedarse. No todo sale a la primera.
(Y tampoco parece que tengan demasiado interés en fingir lo contrario. A mi modo de ver esto también les hace grandes).
¿Qué significa para ti dirigir ahora la escuela después de haber sido alumno y profesor?
El cambio es notable. Como profesor estás centrado en tus clases y en tus alumnos. Como director tienes que tratar con todos los profesores, con las familias, con personas de fuera, con el Ayuntamiento… y yo soy una persona bastante reservada.
Me ha complicado la vida, claro, pero también me está sirviendo para aprender y desarrollar otras herramientas necesarias. Se aprende mucho.
He de decir que es cierta esa imagen que Joaquín proyecta de sí mismo, un hombre reservado. Pero cuando lo vas conociendo y, sobre todo, cuando haces seguimiento de sus acciones, su forma de estar te va convenciendo más y compruebas que es una persona estupenda y entregada a la bonita misión que realiza. Además de eficaz, se hace entrañable y se vislumbra en él otra de sus virtudes menos evidentes: no parece entender la dirección como un punto de llegada, sino como otra forma de aprendizaje y una forma de entrega.

Cuando le pregunto cuál es su sueño para la escuela, reconoce que todavía no lo tiene del todo definido. Sabe que detrás de la EMMA hay muchos años de trabajo de la Asociación Amigos de la Música y la Danza, muchas personas, profesores, familias y alumnos. La asociación gestiona la escuela desde 2011 y ha ido construyendo un proyecto que hoy forma a más de medio millar de personas y que cuenta con cerca de veinte profesionales. Su tarea, por tanto, no consiste en inventar la rueda. Consiste en conseguir que siga girando. Y hacerla mejor, si puede.
¿Y cómo funciona el equipo que dirige la escuela?
Somos un grupo bastante compacto. De hecho, uno de nuestras características es que nadie quiere alzar la voz por encima de los demás. La maquinaria puede ser un poco lenta porque no existe eso de «esto se hace así y punto». Todo se debate, todo se habla y esperamos a que todo el mundo dé su opinión y establezcamos consenso.
Eso hace que las cosas sean más lentas, pero también más democráticas, más de todos y con ello a la larga, más eficaces.
¿Qué papel desempeña actualmente la dirección de la escuela?
Yo soy el director musical de la escuela. Rafa es el tesorero y Lourdes la jefa de estudios. Detras está la Asociación de Amigos de la Música y la Danza con Víctor como presidente a la cabeza. Al final todos hacemos un poco de todo.
El anterior director, ya jubilado, decía siempre que «Un día sin música es un día desaprovechado»
Así es y aunque él ya esté jubilado, sigue apoyando y estando muy presente. Fue fundador de la Asociación y la EMMA es su semilla que ha dado este fruto con un valor de excelencia difícil de olvidar.
Lo corroboro. Me parece que ha logrado con la Asociación, con sus equipazos de profesores y lógicamente con el respaldo del Ayuntamiento, hacer una de las mejores Escuelas Municipales de Música de España. (Yo tengo alguna perspectiva para afirmarlo tan rotundamente)

La filosofía de la escuela parece ser muy abierta y vocacional.
Sí. Importa el ritmo individual de cada alumno o alumna, pero la idea es que sean grupos de iniciación y que cada persona vaya evolucionando según sus posibilidades. También depende mucho del tipo de música. El blues o el jazz requieren determinados conocimientos y no puedes incorporar a alguien que lleva un año tocando sin más. En cambio, en el pop-rock es más fácil empezar desde un nivel muy básico y avanzar rápidamente.
De hecho, eso ha ocurrido con nuestro grupo de pop-rock. Empezaron prácticamente desde cero y, gracias también a la motivación que genera el propio grupo, han avanzado muchísimo. Hay chavales de 14 o 15 años que ahora tocan realmente bien.
Aunque también hay alumnos con mucho talento.
Así es y estamos muy pendientes de detectarlos. Cuando vemos un talento especial, intentamos orientarlo y derivarlo hacia la clase o el itinerario que más le pueda ayudar. La idea es que ese talento pueda desarrollarse y disfrutarse lo mejor posible.


Además de director, eres profesor de piano y de combos. ¿En qué consiste tu trabajo con los combos?
En mi caso trabajo con un combo de pop-rock de jóvenes. Es un grupo con batería, bajo, guitarra y voz, y yo me encargo de llevarlo.
¿Qué es lo más importante a la hora de enseñar música?
Hacer que la gente ame la música. Creo que esa es la clave y también lo más difícil. El entusiasmo no nace de la sabiduría. Puedes estudiar mil horas y eso no significa que automáticamente tengas entusiasmo.
El alumno tiene que venir contento a clase y tú tienes que transmitirle eso. Y si tú no estás contento, también tienes que aprender a transmitirlo. Conseguir que el alumno esté motivado es complicado, pero es fundamental.
Otra de las claves de esta Escuela es que sus profesores son muy buenos: no solo enseñan lo que saben, les encanta conseguir que quieras saberlo tú también. | JCR
Pienso que quizás haya algo bonito en que todavía Joaquín no tenga completamente decidido su sueño. Porque alguien que ha llegado hasta aquí pasando por todas las etapas, alumno, profesor, músico y finalmente director, parece entender que dirigir una escuela de música no consiste tanto en tener todas las respuestas como en saber escuchar qué necesita cada momento.
En muchos lugares octubre significa volver a empezar. En esta «Caja de Música» que es la EMMA, este mes que empieza consiste, básicamente, en comprobar que nunca se había terminado y que todo sigue avanzando con mucho entusiasmo.








