14 leyendas antequeranas con referencias de autoría | reunidas por José Enrique Ramos Vidaurreta

LEYENDAS DEL CALLEJERO ANTEQUERANO

En la sana práctica del “andar antequerano” nos podemos encontrar en sus calles, plazas y edificios, innumerables comentarios sobre cada uno de los rincones, siendo en la mayoría de los casos acompañados de personajes de recuerdo y de leyendas en su caminar.

¿Quién siendo antequerano informado o visitante de la Ciudad no se ha referido en alguna ocasión a …?la Peña de los Enamorados, la Menga, el Señor de Belén, la Virgen de Santa Eufemia, la Virgen de Santiago, Cristo de los Avisos, Llaves de la Ciudad, Escultores Prodigiosos, la Epidemia de la Peste, Arco del Nazareno, Obelisco de San Pedro o el Remedio de Antequera.

Leyendas que constituyen en sus distintas versiones, parte del Patrimonio Cultural de la Ciudad. Nos venimos a referir a ellas, con la sana intención de poner en valor su conocimiento, valioso tesoro que nos llega a través de los grandes historiadores que han estudiado y escrito sobre nuestra Ciudad.  |
José Enrique Ramos Vidaurreta

1.- LOS ENAMORADOS DE LA PEÑA.

Son distintas las versiones orales y los manuscritos escritos que recogen esta Leyenda de los Enamorados (Tejada Páez, Lorenzo Valla, García de Yegros, Juan de Vilches, Fabián de Nebrija, Pedro de Padilla, Rodrigo de Carvajal, Francisco de Cabrera, Francisco de Tejada Nava, Manuel Fernández y González, Manuel Solana, Serafín Estébanez Calderón, Trinidad de Rojas, Ángel Lasso de la Vega,..), la del joven cristiano Tello prisionero en Archidona y la bella Tagzona hija de Ibrahim Abad alcaide de Archidona.

Nos referiremos para la ocasión en lo publicado en Nueva Revista en agosto de 1932, por el cronista Narciso Díaz de Escovar.

“En la plaza de Archidona su alcaide Ibrahim tenía una hija bellísima, en quien cifraba su padre todos sus amores y los archidoneses su admiración. Como quiera que sus amores estaban dirigidos hacia el joven cristiano Tello, cautivo en la Ciudad, su padre era contrario a estos amores, pero ni consejos, ni violencia, hacían fuerza en el corazón de la hermosa doncella. El caso fue que una tarde pidió Tagzona permiso para bajar con sus damas a la llamada Fuente de Antequera, sitio delicioso que muchas veces tenía el placer de contemplar a la falda de la sierra donde Archidona levanta su altivez.

Ya sea por previo acuerdo o por sorpresa, apareció de pronto el joven enamorado, jinete en brioso alazán. Mediaron pocas palabras y puesta a la grupa la linda archidonesa, el jinete dirigió a su cabalgadura por el camino de Antequera. Al llegar a la Peña, bien para descansar un rato, bien para beber agua en la corriente del Guadalhorce que por allí cruzaba bajo dosel de verdes álamos y cercado de frondosos arbustos, se bajaron los amantes y en grata conversación dejaron pasar algún tiempo.

Cuando las doncellas de Tagzona, llorosas y llenas de temor ante la venganza del feroz Ibrahim, volvieron a la fortaleza, contaron lo sucedido y pidieron piedad al altivo Alcaide. Este mando reunir sus huestes, preparar los caballos y sin perder hora, perseguir a los fugitivos. Al notar los amantes la polvareda y gritería que alzaban sus perseguidores, a cuyo frente iba Ibrahim, escalaron la Peña y llegaron a la cúspide donde existía un pequeño llano, que todavía viste la primavera de verdes plantas y tapiza de flores silvestres.

Ibrahim con un grupo de los suyos, intentó asaltar el peñón para dar muerte allí mismo a los amantes, según expresaban sus destempladas voces y su rencor nada disimulado. Entonces Tagzona y su amante, comprendiendo que la resistencia sería vana y sangrienta, que la ira del Alcaide no era fácil de aplacar y que al menos la muerte del mancebo era segura, tomaron un enérgica determinación. Se unieron ambos en un estrecho abrazo, unieron sus labios en ardiente beso y desde la cumbre se arrojaron al valle, por el lado del peñón que más profundidades ofrecía a la vista. Ibrahim solo recuperó los destrozados cadáveres de aquellos enamorados, y se asegura que mandó sepultarlos al pie de aquella Peña, testigo mudo de la romántica tragedia”.

Libro La Peña de los Enamorados. Trinidad de Rojas. Libro Antequera de Washington Irving. Antonio Parejo. Página 75 Libro Leyendas. Eugenia Acedo. Página 47 Patria Chica. 10 Mayo 1914 Revista ATQ-PSA. Abril 1930. J.M. Bremón. Nueva Revista. Agosto 1932. Narciso Díaz de Escovar. Revista de Estudios. N.º 7-8/1996. M.ª Isabel Jiménez Morales. Revista de Estudios. N.º 9/1997. Manuel Fernández y González.


2.- CUADROS DE LOS ENAMORADOS DE LA PEÑA.

Año 1610. Grabado Alemán Anónimo. Siglo XVI. Museo de Antequera.

Año 1809. Grabado Francés del pintor Alexandre de Laborde. Los amantes ocupan un segundo plano en el dibujo.
Archivo Narciso Díaz de Escovar.

OLEO DE LOS ENAMORADOS DE LA PEÑA. Año 1880
Oleo de la Peña de los Enamorados en el Ayuntamiento de Málaga. Encargo del Ayuntamiento de Málaga al pintor palenciano Serafín Martínez del Rincón, presentado en la Exposición Nacional de Pintura del año 1881, obtuvo una medalla y con lo que se popularizo la leyenda por todo el país. Su estancia y su trabajo en Málaga como profesor de la Escuela de Artes y Oficios y como académico de San Telmo desde 1875 a 1883, propiciaron que el pintor palentino se inspirara en dicha leyenda.

CUADRO LOS ENAMORADOS DE LA PEÑA. Año 1881. Serafín Martínez.
Ayuntamiento de Málaga.

Existe una copia del pintor malagueño Eduardo Lucas Moreno en el Museo de Antequera del año 1885, y una pintura de Antonio Reyes Machuca del año 2006.

CUADRO EDUARDO LUCAS MORENO. Año 1885.
Museo de Antequera.
CUADRO ANTONIO REYES MACHUCA. Año 2006

PINTURA DEL ANTEQUERANO JOSÉ CONEJOS Y MATAS.
Pintor natural de Antequera y discípulo de la Escuela de Pintura de Málaga. Año 1896.
Ayuntamiento de Antequera.

3.- MENGA LA LEPROSA.-

Cuenta la leyenda que vino a residir en Antequera, un apuesto caballero a quién acompañaba una enlutada dama cubierta de un tupido velo. Se alojaron en un caserón de calle Nájera, mansión que llevaba varios años cerrada.

Los antequeranos bien pronto se habituaron a convivir en sus calles y plazas con el nuevo vecino, que se hacía llamar don Juan y que pronto adquirió fama de galanteador de damas, sembrando con su desafiante insolencia no pocas querellas. A la dama que con él vivía jamás se le vio en la calle, aseguraban los vecinos el haberla visto en las noches de luna paseando por el jardín de la casa, pero siempre con el rostro velado.

MENGA LA LEPROSA. Litografía de Juan Comba del año 1885 con motivo de la visita del rey Alfonso XII.

Sucedieron las semanas en que nadie vio a don Juan, al igual que en el caserón se mantenían cerradas puertas y ventanas, llegando a escucharse tristes lamentos procedentes de las estancias interiores.

Puesto en conocimiento del Señor Corregidor, con premura se presentó a las puertas del viejo caserón, forzando la puerta de acceso al jardín y penetrando en su interior seguido de una bulliciosa multitud. Llegando a una lujosa alcoba, en el centro un lecho en que yacía el cadáver del caballero y a sus pies de rodillas, la dama que con él convivía en su enlutado velo negro.

Tras unos primeros momentos de inicial desconcierto, ante los requerimientos del Corregidor, la dama manifestó que su nombre era Dominga y que no podía descubrirse ya que la lepra se había apoderado de ella. En esto que, salieron prestos los presentes y solo el Corregidor le indicaron que abandonase sin demora la casa y la población.

Deambulando por las calles y saliendo por el camino que llevaba a Archidona, se refugió en una cueva que al paso encontró vacía. Los que por allí pasaban le dejaban a diario alimentos en una vieja cesta que ella había colocado a las puertas de la cueva, junto a una débil lámpara de hierro. Hasta que llegó el día en que no se encendió la lámpara y la dama a la que llamaban Menga, fue hallada muerta al fondo de la estancia. Desde entonces aquella cueva lleva el nombre de Cueva de Menga, la leprosa que la habitó.

Leyenda de Menga, La Leprosa. Pinceladas de Manuel Rodríguez García. | En Revista El Genil. Año 1874. Trinidad de Rojas. En Revista El 79. Año 1879. Javier de Rojas.


4.- EL SEÑOR CAÍDO DE LA IGLESIA DE BELÉN.-

Relata la leyenda en torno a la imagen del Señor Caído de la Cofradía de Servitas de la Iglesia de Belén, obra la imagen de José de Mora y el cuerpo de Andrés de Carvajal, el cual venía a ser cuidado y venerado por la religiosa Filomena de la Congregación de las Clarisas.

Era costumbre efectuar su limpieza al caer la noche, cuando la iglesia se encontraba cerrada y la luz se empequeñecía. La religiosa Filomena comentaba como al estar la imagen en su camarín, se le veía poco la cara y ella exclamaba: “Qué bonito eres y nunca voy a poder verte”.


El caso fue que en una rutinaria limpieza, en una noche escucho la respuesta: “Ay del mundo, cuando a mí se me vea la cara”.

Leyenda del Señor Caído. Francisco González Rodríguez.


5.- APARICIÓN DE LA VIRGEN AL INFANTE DON FERNANDO.-

Al inicio de la Campaña contra el reino nazarí de Granada, el Infante Don Fernando se encontraba en Córdoba a la espera de adoptar junto con sus capitanes, la ruta más adecuada para su comienzo. En esto que una noche (10 de abril de 1410, según se cuenta en las Crónicas de Juan Segundo) se le aparece una joven dama (Santa Eufemia) rodeada de ángeles y leones que le indica el inicio de la campaña militar hacia Antequera, sirviéndole el lema de que “Nos salga el Sol por Antequera y que sea lo que Dios quiera”.

Libro Poema del Asalto y Conquista (1627). Rodrigo de Carvajal.
Libro Tiempos Heroicos. Fermín Requena Díaz. Página 12
ABC. 2 Diciembre 2014. Salga el Sol por Antequera.
SOL. 25 Enero 2020. Aparición de la Virgen Al Infante.


6.- CUADRO DE LA APARICIÓN DE LA VIRGEN AL INFANTE DON FERNANDO.-

La mártir Santa Eufemia de Calcedonia, será elegida Patrona de la Ciudad de Antequera el 16 de septiembre tras su conquista por las tropas del Infante.

El pintor local Antonio Reyes Machuca pintó un lienzo alusivo a la aparición y que sirvió de cartel en las Fiestas de Santa Eufemia del año 2008, en la actualidad se puede contemplar en el Museo de la Iglesia de Santa Eufemia.


7.- VIRGEN DE LOS TRABAJOS DE LA IGLESIA DE SANTIAGO.-

En los tiempos de las epidemias de cólera que asolaron la Ciudad de Antequera y siendo por el año 1679, unos devotos de la Virgen de la Iglesia de Santo Domingo, con la intención de preservar la imagen de los efectos nefastos de la epidemia y sus consecuencias en la desinfección, que por lo general terminaba en la hoguera con todos los enseres de los domicilios afectados. El caso es que decidieron los cofrades, en aras de salvaguardar la imagen, depositarla en el domicilio particular de una señora de la calle Galdopar.

Pasaron los días, llegó la enfermedad y la señora murió, con lo que todas sus pertenencias en un carromato se encaminaron hacia un muladar a la afueras de la Ciudad. El hecho fue que al llegar a la plaza de Santiago frente a la Iglesia, los

animales se pararon en seco y no se consiguió que siguieran. En un principio se creyó que fuera a consecuencia del excesivo peso del carromato, pero al descargarlo siguió la parada, hasta que al bajarle la imagen de la Virgen se pudo proseguir el camino.

Los que por allí estaban, entendieron que la Virgen se habría de quedar a la Iglesia y allí se quedó, para veneración del barrio de Santiago. Con los años, era costumbre pedir a la Virgen trabajo para sus fieles en tiempos de escasez, con lo que se le vino a llamar como Virgen de los Trabajos, esta imagen que vino de la Iglesia de Santo Domingo.

Leyenda Virgen de los Trabajos. Francisco González Rodríguez.


8.- EL CRISTO DE LOS AVISOS.-

Se sitúa la leyenda en la Antequera del año 1607, en donde el hidalgo Don Tomás de Santisteban desde su casa señorial en la cuesta de Barbacanas, todas las noches salía a visitar a una dama deseada. Amores que tenía que comprar o los había de robar según cuentan.

Una noche desde la calle Carrera camino de una “casa de bien” por la calle Obispo, escuchó una voz que le decía: “No sigas esa vida, no vayas a dónde vas”. Al volverse no encontró a nadie tras él, repitiéndose las voces hasta tres noches consecutivas. Así fue como en la oscuridad de la tercera noche, una certera puñalada le llegó directa al corazón. Envidias, rencores ó deshonor cualquiera de ellas buenas razones son.

Con el fondo de los cantos desde el Convento de las Descalzas y cerca del lugar donde se encuentra la hornacina del Cristo de los Avisos, cayó el infortunado hidalgo.

Noche de Asombros. Ramón López Reina.
Pincelada. Manuel Rodríguez García.


9.- LAS LLAVES DE LA CIUDAD.-

La Familia Narváez gobernó en Antequera durante sesenta y dos años, sucediéndole en la alcaldía la Familia Aguilar hacia el año 1472. No obstante hacia el año 1470 y en el mes de mayo, se tiene constancia de la visita del rey Enrique IV “El Impotente” acompañado de Alonso de Aguilar y con la intención de dejarle en sus manos el gobierno de la Ciudad, al igual que había hecho con anterioridad en Écija donde el rey depuso sin motivo ni razón, a su alcaide Don Martín de Córdoba en favor de Fabrique Manrique.

La leyenda cuenta que el alcaide Don Fernando conocedor de las intenciones del rey, al salir a recibir al rey en la puerta de la Ciudad solo permitió que le acompañara a su interior un grupo de quince caballeros, acampando el resto de la tropa en los arrabales. Luego que penetró la comitiva en la plaza, echaron los antequeranos el rastrillo y condujeron al rey Enrique a la Iglesia de San Salvador, en el patio de armas de la Alcazaba.

Se tenía preparado en el interior de la Iglesia una escenografía fúnebre para la ocasión y no la esperada con colgaduras, flores y armonías. Colocado en el centro el féretro del primer alcaide Don Rodrigo, rodeado de ocho cirios, descubierto el consumido cadáver y depositado en sus manos las llaves de la Ciudad, fue rodeado el sepulcro de varias mujeres enlutadas que alteraban el silencio de aquel recinto sagrado con sus llantos, lágrimas y gemidos, junto a un mayor número de varones envueltos también en negros ropajes.

El rey Enrique no pudo por menos que conmoverse y recibir una fuerte impresión a la vista de este espectáculo, junto al ser reclamado el que Infante Don Fernando hermano del abuelo del rey, le había entregado las llaves a Don Rodrigo padre del actual alcaide y que si era su voluntad arrebatarle las llaves de la Ciudad que se las pidiera al héroe difunto. El rey Enrique IV no dudo en declarar que consideraba como alcaide a Don Fernando, a no ser que renunciase voluntariamente.

Al llegar la noticia al campamento de Alonso de Aguilar este amenazó con apoderarse de la plaza, en esto que los antequeranos efectuaron una rápida salida que les cogió por sorpresa y en un primer envite se apoderaron de la artillería que colocaron en la Torre del Homenaje. A tal punto llegaron los enfrentamientos que obligaron al rey Enrique a Intervenir y disgustado por las desavenencias, se marchó a Archidona donde había concertado reunirse con el Gobernador de Málaga.

Don Fernando después de treinta y cinco años de gobierno de la Ciudad murió en el año 1472, fue considerado hombre de gran reputación, de gran valor y amor a su patria, solo empañado por el triste recuerdo del desastre en la Peña de los Enamorados y la pérdida de gran número de sus acompañantes.

Libro Historia de Antequera. Cristóbal Fernández. Páginas 228 al 230 Libro Historias y Leyendas. José L. Sánchez-Garrido. Página 37 Revista ATQ-PSA. Agosto 1924
Leyenda las llaves de la Ciudad. Manuel Rodríguez.
Leyenda las llaves de la Plaza. Andalucía Información.


10.- LOS ESCULTORES PRODIGIOSOS.-

Nos sitúa la leyenda en la Antequera del 1500, en el arrabal de San Juan y en la calle Palomos, donde vivían dos hermanas solteras en una de las casas, de amplio patio y con tres grandes cipreses. Una noche de fuerte viento, fueron derribados los cipreses y su madera guardada en una sala baja y espaciosa.

Pasado un tiempo llegaron a la casa tres jóvenes solicitando hospedaje, las hermanas les atendieron amablemente y los jóvenes agradecidos, solicitaron poder utilizar la madera de los cipreses, disponer de la sala en donde se guardaba la madera y no ser molestados hasta culminar su empeño.

Trascurrido el día y la noche, a la mañana siguiente una de las hermanas entró en la habitación. Los jóvenes se habían marchado, habiendo dejado en su lugar tres bellas esculturas en madera, labradas durante la noche. Representaban a Jesús crucificado (Cristo de la Salud y de las Aguas en la Iglesia de San Juan), Jesús con la cruz a cuestas (Dulce Nombre de Jesús en la Iglesia de Santo Domingo) y a la Virgen María (Virgen del Socorro en la Iglesia de Santa María de Jesús). Todo ello rodeado de un gran misterio que jamás pudo explicarse, pero que si ayudo a la devoción y culto de estas imágenes por los vecinos.

Sol de Antequera.18 mayo 1919. José Romero Ramos.
Antequera en la Historia. Juan Campos Rodríguez.


11.- LA EPIDEMIA DE LA PESTE.-

La Epidemia de la Peste fue una de las grandes amenazas para la salud pública de las poblaciones durante el siglo XVII. Importante fue la acontecida en la Ciudad de Sevilla, entre el mes de abril y el mes de julio del año 1649. Así como la de la Ciudad de Antequera, entre el mes de mayo y el mes de junio del año 1679.

En Antequera sus efectos llegaron a alcanzar altas cifras de mortandad entre la población, a la vez del daño que supuso en lo material por la utilización del fuego como elemento purificador. Todo se daba por perdido en aquellos días del mes de junio, hasta que en la noche del 17 de junio tras cesar una proverbial tormenta, se decide por el Consistorio sacar en procesión a la Virgen del Rosario, desde la Iglesia de Santo Domingo hasta el Hospital de la plazuela de San Bartolomé.

El número de defunciones comenzó a disminuir y el Ayuntamiento en sesión del 23 de junio nombra a la Virgen del Rosario como patrona y protectora de la Ciudad, a la vez de considerar la fiesta y procesión para el siguiente 8 de octubre. Días más tarde, el 25 de junio nuevamente sale en procesión acompañada de una blanca paloma, señal que representó como el final de la terrible epidemia y la recuperación de la salud en la Ciudad.


En memoria de este memorable hecho nos quedó el cuadro en óleo, fechado en el año 1732 y de autor Anónimo, en la Iglesia de Santo Domingo junto al camarín de la Virgen. Se representa los estragos de la enfermedad, la procesión de la Virgen del Rosario y el milagro de la salud. Al pie, la leyenda de su proclamación como patrona y benefactora.

En cuanto al Cuadro de la Epidemia en Antequera es una obra anónima fechada en el año 1723, depositado en la Iglesia de Santo Domingo junto al camarín de la Virgen del Rosario.

Aparece en la parte superior izquierda la Virgen del Rosario como parte de la religiosidad en la Ciudad, a la derecha el arcoíris símbolo de la misericordia de Dios y en el centro la lluvia de flechas que representa la peste sobre la Ciudad. En la parte inferior distintas escenas cotidianas, las curas médicas junto al Hospital de San Juan de Dios, los carros transportando los cadáveres a las fosas y los quemaderos donde se destruían los enseres del contagio. Al pie, la leyenda de su proclamación como patrona y benefactora.

El autor viene a representar la tragedia de la peste, sus implicaciones en la vida y sociedad antequerana, así como sus connotaciones en la mentalidad religiosa de la época.
(Publicaciones de Milagros León Vegas).


12.- EL ARCO DEL NAZARENO.-

Nos situamos en torno al año 1680 en la Ciudad de Antequera, con la figura de Don Luis de Zayas, personaje de buena posición y bien conocido por su vida aventurera de joven que casa con una prima Doña Gregoria de Zayas, joven rica y hermosa de grandes virtudes.

Con el pasar de los tiempos, sus deberes como esposo no le hacen cambiar su actitud. Iniciando nuestro relato en una mañana de domingo, cuando Don Luis asistía en compañía de su esposa a la misa dominical en la Iglesia de la Encarnación de las Religiosas Carmelitas Calzadas de Clausura, coincidiendo con la toma del hábito de religiosa de una joven bellísima, poco conocida en la Ciudad y de la que queda prendado.

Valiéndose de múltiples artimañas y de la ayuda de no muy recomendables amistades, consigue Don Luis acercarse a la joven novicia y convencerle para poner en marcha juntos, su huida hacia otros lugares.

Acuerdan ambos para ello, una cita a media noche en el jardín del Convento y emprender la huida. Don Luis acude con la ayuda de un criado de confianza que le espera junto a los muros y con las caballerías preparadas. Salta por el muro al jardín pero no encuentra a la joven citada, sube por las escaleras, abre las puertas, hasta que al final de un pasillo da con una puerta entreabierta y en su interior, la joven en un estado de soñolencia.


Con no poco esfuerzo consigue reanimarla, pero la joven al salir al corredor y pasar ante la imagen de la Virgen María, quedó paralizada. Don Luis en la desesperanza y ante el ruido de voces próximas, sale al patio, salta el muro y corriendo se lanza por la calle. Atraviesa la plaza y en la esquina con la calle Nueva, sus fuerzas le faltaron y cayó desvanecido.

Al amanecer es conducido Don Luis a su casa y al recobrar la noción de los hechos vividos, confiesa a su esposa Doña Gregoria lo vivido y como en su delirio se le apareció la imagen de Jesús con la cruz sobre sus hombros que le hacía ver la gravedad de lo acontecido, solicitándole su perdón y la promesa de una nueva forma de vida.

En su arrepentimiento mandó Don Luis construir a la entrada de calle Nueva, un arco llamado del Nazareno, al colocar una imagen de Jesús alumbrada por seis luces, de igual forma que su aparición. Se cuenta que desde entonces, fue persona de piedad y caridad, y como al caer la noche vestido de toscas ropas de nazareno, recorría la Ciudad socorriendo a familias y personas necesitadas.
(Versión F. Barrero Vaquerizo, Trinidad Rojas y Victorina Sáez de Tejada).


13.- EL OBELISCO DE LA PLAZA DE SAN PEDRO.-

En torno a los hechos ocurridos en la madrugada del 27 de diciembre del año 1840, el joven Antonio Robledo Checa y algunos amigos había trascurrido la noche anterior de amoríos y desventuras por el barrio de San Pedro en Antequera, lugar de poca reputación por aquellos años.

De regreso hacia sus domicilios se pararon en el atrio de la cercana Iglesia de San Pedro, sin darse cuenta de que de repente de entre las sombras apareció un desconocido envuelto en una capa que les preguntó: ¿Quién de vosotros es el señorito Antonio?. Sin pensarlo el joven se plantó y exclamo: ¡Yo soy¡. Al instante notó la respuesta a su exclamación, en forma de un sable que le entró por el pulmón izquierdo junto al corazón, atravesándolo de parte a parte.

Ante el asombro de los presentes y con la ayuda de un coche de caballos que le aguardaba, se dio a la fuga. Ninguno pudo aportar testimonio válido del suceso. El sable desapareció, junto con su dueño, y ahí acabo la historia.

En su memoria siendo el año 1843, sus padres Vicente Robledo Castilla y María de los Remedios Checa Navarrete, sufragaron el coste del Obelisco de la plazuela de San Pedro, monumento funerario sin carácter de mausoleo.

(Libro un Trienio en la Sombra. Antonio Jesús Pinto Tortosa).


14.- EL REMEDIO DE ANTEQUERA.-

La leyenda en torno a la llegada de la imagen de la Virgen a Antequera, más tarde bajo la advocación como Virgen de los Remedios, cuenta con preliminares dignos de mencionar.

Se inicia este relato con las penurias de un pastor de Antequera, quién decide marchar a tierras cordobesas en busca de fortuna. En su andar, hace una parada en el Santuario de Villaviciosa de Córdoba, contemplando una bella imagen de la Virgen depositada en el altar, imagen de gran devoción y seguimiento por las gentes del lugar y que venía acompañada de alegrías y bienestar a sus devotos. La imagen había sido depositada por un pastor antes de morir y la cual, había sido sustraída a unos trabajadores, que a su vez la habían encontrado cavando en unas viñas lejanas.

El pastor antequerano cuyo nombre no se menciona, no duda en un momento de ansiedad, el sustraer la imagen trayéndola consigo de regreso a su domicilio. Apreciando como el bienestar y el trabajo no le falta, manifestando como señal de arrepentimiento su decisión de entregar la imagen al cercano Convento de los Terceros Franciscanos en el paraje denominado de los Remedios Viejos.

Los franciscanos bien pronto se dan cuenta de que la imagen de la Virgen entregada por el pastor, corresponde a la hurtada en su día del santuario cordobés, lo ponen en conocimiento de las autoridades religiosas y de la mano del Deán del Santuario, se hacen cargo de la imagen y de su traslado.

Con la marcha de la imagen el convento franciscano y su capellán Fray Martín de las Cruces, imploran por el vacío en que se deja a sus fieles, solicitando una pronta respuesta a sus peticiones.

Pasados unos días, llega a las puertas del convento un hidalgo sobre un caballo blanco, en una mano una cruz roja, en la otra una imagen. Solicita la presencia de su Prior Fray Martín y le hace entrega de una imagen de la Virgen, acompañada de estas palabras:

“Aquí tienes el remedio de tus fatigas y el remedio para Antequera”.

Con los años se identificaría al caballero como el Apóstol Santiago, solicitando el Consistorio el poner bajo la advocación de la Virgen de los Remedios esta nueva imagen de la Virgen, siendo muchos los fíeles y devotos que se acercaban al convento para su rezos y suplicas, por lo que la Comunidad por el año 1607 decidió trasladarse a un lugar más cercano en la Ciudad.

Revista Gibralfaro. Esther María Sánchez Padilla. Semanario Sol de Antequera. Lorena Sánchez. Diario Málaga Hoy. Mar García.


José Enrique Ramos Vidaurreta (Antequera) es divulgador de la memoria histórica y social de la ciudad. Formado académicamente en Antequera y Málaga, desarrolló su vida profesional en el sector bancario, compaginándola con una intensa actividad sindical. Tras su jubilación, regresó de manera activa a la vida cultural antequerana, dedicándose a investigar, recopilar y transmitir la historia cotidiana, los personajes y las costumbres que conforman el llamado andar antequerano. Sus escritos destacan por el rigor, la cercanía y el profundo amor por su ciudad.

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