La plaza del Coso Viejo: histórica y monumental

18 sept/23

Aquellas personas que por primera vez vengan a visitar la ciudad del Torcal quedarán impresionadas con una plaza céntrica y deslumbrante como es la plaza del Coso Viejo. Una plaza flanqueada por el convento de Santa Catalina de Siena (Convento de las Catalinas) a un lado, y el Palacio de Nájera, sede del Museo Municipal de Antequera, al otro; conformando un espacio arquitectónico que hace brillar la monumentalidad de la misma. Presidida en el centro por la imponente escultura ecuestre del infante don Fernando “el de Antequera”. La plaza, vista desde la calle Encarnación, crea una bella estampa, fusionando la Antequera Alta y Baja en una sola imagen, con la Alcazaba, el mirador Almenillas y el Arco de los Gigantes elevándose en el paisaje antequerano.

La funcionalidad que ha tenido la plaza ha ido cambiado a lo largo de su historia. En el siglo XIX, estuvo dedicada al comercio al aire libre, de ahí el nombre que mantuvo durante mucho tiempo de “Plaza de las Verduras”, donde se vendían todo tipo de víveres. La algarabía era frecuente entre los vendedores y las personas que se arremolinaban en el mercado en el día a día. En ocasiones se producían algunos altercados por la colocación caótica de los puestos, ya que muchos se excedían en el espacio e interceptaban calles de acceso a la plaza, creando así un malestar generalizado por la situación. Esto provocó que se tomara la medida de especificar el lugar que debían ocupar y ser ordenados por especies. Finalmente, tras los malos olores y la falta de higiene que eran acuciantes, desembocó en la decisión de cambiar la ubicación y destino del mercado. 

En 1866 hubo un proyecto de construir un mercado cubierto en la misma plaza pero finalmente se desistió de esa idea, dando comienzo a la construcción, en 1881, del mercado que conocemos actualmente como Mercado de Abastos en la plaza del Coso de San Francisco. 

La plaza del Coso Viejo cambió por completo su fisonomía entre 1893 y 1896 convirtiéndose en un paseo-jardín. Se colocaron barandillas de hierro en los desniveles y bancos de ladrillo circulares para el descanso, se plantaron árboles y palmeras, todo para el uso y disfrute de los antequeranos en sus momentos de recreo. En la sesión municipal del 3 de agosto de 1895, se adquirieron ocho figuras de escayola que se incorporaron al ornato de la plaza.

La Antequera decimonónica tuvo la fortuna de tener un alcalde, don Francisco Guerrero Muñoz, impulsor de numerosas transformaciones urbanísticas en la ciudad. Entre 1876 y 1881, las arterias más importantes sufrieron mejoras significativas, por ejemplo, ensanchando aceras a base de grandes losas, como el caso de calle Estepa, o plantándose acacias desde la Alameda a plaza de San Sebastián. Se mejoró el empedrado de muchas calles como Calzada, Diego Ponce, Lucena, Carrera, Carreteros… y se cuidaron las entradas de la ciudad, así como los jardines.  

Estando reunido el Consejo de la Ciudad, el 14 de marzo de 1896, se acuerda por unanimidad otorgar que la plaza del Coso Viejo pase a denominarse desde entonces plaza de Guerrero Muñoz, en recuerdo y reconocimiento a la gran labor que hizo por mejorar y embellecer a la ciudad. A pesar del tiempo pasado, la plaza siguió mencionándose como en antaño, Coso Viejo.

Terminada la Guerra Civil Española (1936 – 1939), se construyó en la plaza un estanque en forma de T con puentecillos de escalinata, enmarcados con parterres de macizos de diversas plantas en flor. La pavimentación tenía una cuidada y esmerada elaboración artística a base de empedrados, donde se reproducían escudos y símbolos entre variados dibujos realizados con piedras de colores. 

Durante el Franquismo, el nombre de la plaza también fue sometida a cambios pasando a llamarse, plaza del Monumento a la Cruz de los Caídos. El 12 de julio de 1953 fue inaugurada una cruz de mármol blanco de unos cuatro metros de altura que reposaba sobre un pedestal de dos metros y medio hecho de piedra roja y blanca. En el fondo, había un paramento apilastrado de ladrillo con basamento de sillería y coronamiento de piedra sepia del Torcal, y tras el cual, se elevaba un macizo de cipreses. Monumento dedicado en un principio solo a los caídos del bando nacional, tiempo después, se dijo que había sido levantado en honor de todos los caídos en la Guerra Civil. En el año 2000, la cruz fue trasladada al Cementerio Municipal.

 

El paramento frontal tenía treinta metros lineales. El monumento y los jardines ocupaban por entonces una superficie de novecientos metros cuadrados. La parte delantera de la plaza, que tenía su acceso por calle Encarnación a través de una escalinata, estaba dividida en dos plataformas donde se podían encontrar palmeras y bancos circulares. 

Durante los años 2000 y 2001, el Coso Viejo tuvo una profunda remodelación. Fue el 13 de diciembre de 2002, cuando la escultura del infante don Fernando en bronce, de unos 2000 kg y tamaño superior a tres metros y medio de altura, fue situada presidiendo la plaza. Está colocada sobre un basamento de mármol rojo del Torcal con una inscripción donde reza “Fernando I “el de Antequera”. Infante de Castilla. Rey de Aragón. (1379-1416)”. La figura fue modelada en barro por el artista sevillano Jesús Gavira y vaciada en bronce en los talleres de fundición Arte 6 de Arganda del Rey en Madrid, cuyo director técnico de la fundición fue Ismael García. 

El artista Gavira afirmaba a los medios en referencia a la realización de la escultura “…he tenido presente documentos históricos, pero he leído mucho sobre su personalidad y sus virtudes. He procurado darle un “aire” real, majestuoso. Lo he vestido con armaduras de la época para lo que me he documentado en la Real Armería del Palacio Real de Madrid y en numerosos libros y tratados. En una palabra, pretendo que los antequeranos y quienes vean el monumento vean a su conquistador…”.

Anotamos unos breves apuntes históricos sobre la figura de Fernando I “el de Antequera”, “el Honesto”, o “el Justo”. El infante nació en Medina del Campo en 1379. Fue el segundo hijo del rey Juan I de Castilla y de Leonor de Aragón, y era hermano del rey castellano Enrique III “el Doliente”. Fernando llegó a ser rey de Aragón desde 1412 a 1416, como Fernando I de Aragón, introduciendo así la dinastía Trastámara tras morir sin descendencia directa y legitima su tío, el rey Martín I de Aragón. Don Fernando contrajo nupcias con su tía, Leonor Urraca de Castilla, condesa de Alburquerque. De su matrimonio nacieron siete hijos, de los cuales Alfonso sería rey de Aragón como Alfonso V, y Juan reinaría también Aragón como Juan II (padre del futuro rey Fernando II “el Católico”). 

A la muerte de su hermano Enrique III, Fernando fue regente, junto a su cuñada Catalina de Lancaster, de su sobrino, el rey Juan II de Castilla (padre de la futura reina Isabel I “la Católica”). El infante don Fernando realizó una excelente campaña contra los musulmanes, donde el 16 de septiembre de 1410, tras cinco meses de asedio, las tropas castellanas lograron asaltar las murallas, tomando la ciudad antequerana. A partir de entonces, fue conocido con el sobrenombre de Fernando de Antequera. Murió el 2 de abril de 1416 en Igualada. Le sucedió en el trono catalanoaragonés su hijo, Alfonso V, “el Magnánimo”.

Volviendo sobre la remodelación de la plaza, contó con la incorporación de una preciosa fuente en la frontal representando los cuatros elementos (aire, agua, fuego y tierra). Otro elemento decorativo que podemos encontrar es una lechuza que representa la sabiduría y la intuición, además de la jarra de azucenas, símbolo del escudo de la ciudad de Antequera. Fue labrada por un equipo de picapedreros municipales encabezado por Antonio García Herrero. Fueron colocadas cuatro grandes farolas en las esquinas sustentadas sobre base de granito. Completaron el mobiliario urbano una serie de bancos, también de granito. 

Actualmente la plaza acoge, en numerosas ocasiones, actividades de diversa índole y conciertos. Varios establecimientos de hostelería le dan vida a través de sus terrazas durante gran parte del año. Y en la parte delantera de la plaza existe una zona habilitada para aparcamiento de zona azul y parada de autobuses, cuya concesión tiene la Asociación Singilia Barba. 

BIBLIOGRAFÍA: 

  • “Historia de Antequera”. Antonio Parejo Barranco. (1987).
  • “Antequera Callejero Histórico”. Juan Manuel Moreno García. (2013).
  • www.rah.es
  • El Sol de Antequera: edición 12 de julio de 1953, 10 de agosto de 1980, 10 de marzo de 2001, 14 de diciembre de 2002.
  • Archivo Histórico Municipal de Antequera. 

Ester Cortés Romero es brillante (Carlos L.| editor).
Diplomada en magisterio y Licenciada en Publicidad y RRPP. Enamorada de la Historia, del Arte, de la Cultura, de los libros, y de su ciudad, Antequera, dando valor a muchas otras del resto del mundo -en especial Sevilla y París-.
Una persona JASP (acrónimo de Joven Aunque Sobradamente Preparada). Con capacidades enormes de documentalista, puede dedicar el esfuerzo de horas “de ratón de biblioteca” hasta encontrar un dato fidedigno para dar rigor a sus escritos y a todo lo que hace, porque a ella no le vale cualquier cosa. Su capacidad didáctica descriptiva es otra de sus virtudes, a la que une la pasión por contar a los lectores cosas interesantes de su Antequera natal donde ha sido y es feliz.
Genial conversadora, culta, inteligente, actualizada, sencilla, familiar, deportista practicante, excelente persona…


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