Lo que me maravilla de Antonio Carmona González (qepd), a quien no conocí.

«Un foráneo en el paraíso» | ChLL para atqmagazine.es

Déjame que te cuente, lector, lectora… Siempre me han conquistado las personas capaces de crear algo destinado al disfrute de los demás, enriqueciendo nuestra calidad de vida. Quizá por eso me acompaña desde hace años aquella certera reflexión de Elton Trueblood: «Cuando alguien siembra árboles a cuya sombra sabe que no habrá de sentarse, ha comenzado a entender el sentido de la vida». Hay en esa imagen una generosidad silenciosa, una fe en el porvenir y en la comunidad, que define a quienes trabajan no para el aplauso inmediato, sino para enraizar el bienestar posterior de otras muchas personas.

Antonio Carmona González fue un visionario, un gran empresario, servidor público, mecenas y, sobre todo, un hombre que entendió su tiempo también como una responsabilidad hacia los demás.

Personalmente, de su actividad y de su aportación a las sociedad antequerana, hay dos cosas que han tocado mi alma: el regalo que nos hizo con el Mirador 360º y la creación del PINTCA, un certamen con trayectoria consolidada, que tiene en su haber el orgullo de cientos de nombres de prestigiosos artistas.

Y Déjame que te diga, lector, lectora, que me sentí maravillado el día que mis ojos descubrieron la mirada a 360º divisando toda Antequera desde el tejado Mirador que este hombre, del que quiero hablar, había regalado a la vista y al disfrute ciudadano de quienes vivimos aquí y quienes visitan nuestra ciudad.

La primera vez que subí al tejado mirador 360º del parking de la calle Diego Ponce comprendí que aquello no era solo una infraestructura urbana: era una declaración de amor a Antequera. Cada cartela señalando un monumento, cada orientación pensada con precisión, cada detalle dispuesto para que el visitante no solo viera, también entendiera, hablaba de alguien que había sembrado cultura en silencio. Desde aquella azotea, Antequera se desplegaba como un mapa vivo: torres, tejados, espadañas, murallas. Pero lo que convertía aquella vista en algo extraordinario no era solo la altura ni sus horizontes, era la intención, el regalo de compartir ... | ChLL

Hablar de Antonio Carmona González es hablar, precisamente de eso, de alguien que ha sabido sembrar para beneficio de todos. Su trayectoria, discreta en las formas pero firme en los hechos (según me cuentan quienes le conocieron bien), se inscribe en esa tradición de hombres comprometidos con su tierra, con su gente y con la cultura entendida como patrimonio vivo.



Puede sonar tópico porque lo escribo muchas veces, pero en una ciudad como Antequera, donde la historia se respira en cada piedra y el arte dialoga con la vida cotidiana, figuras como la suya adquieren un valor especial porque son puente entre generaciones, y entre memoria y futuro.

La creación, hace casi tres décadas, del PINTCA, el Certamen Nacional de Pintura Ciudad de Antequera) que ha contado entre sus ganadores con artistas hoy muy reconocidos en el mundo como Ana Barriga o Javier Calleja (entre otros muchos), cuando aún eran emergentes, es una muestra de su apuesta por el arte y por los artistas.

Mirador y PINTCA son dos ejemplos de lo mucho que hizo bien y que, como digo, afectan al bienestar de mi alma soñadora. Así que quise conocer algo más de un hombre capaz de tocar mi sensibilidad sin haberle conocido.

He tenido la fortuna de acercarme a la dimensión familiar íntima y humana de Antonio Carmona González gracias al testimonio de quienes mejor lo conocen.
Su esposa, Elena Sánchez, mujer de sensibilidad y fortaleza admirables, me habló no solo del profesional comprometido, también del hombre sereno y constante que ha sabido sostener a su familia con total entrega. Me contó detalles emocionantes de su vida juntos y mil anécdotas que hicieron su vida bella junto a él.
Su hijo Manuel aportó la mirada también emocionada de quien ha crecido aprendiendo el valor del esfuerzo y la honestidad a través del ejemplo cotidiano. Sus palabras, cargadas de orgullo y gratitud, completan además el retrato de un padre cercano y coherente.

Y también he podido conversar con quienes han compartido con él responsabilidades y afectos. Manuel Pedrosa, amigo y compañero en las tareas de gestión del Polígono Industrial, subraya su capacidad de diálogo y su incansable sentido del deber. (Es preciosa la semblanza de autoría de Manuel, dedicada a Antonio Carmona en la entrega del Premio León del Año, con el que el Club de Leones le homenajeaba por sus valores humanos. Aconsejo leerla).

También tuve la suerte de hablar con Antonio Cortés, hombre cabal y con una perspectiva histórica muy sensata de Antequera que me ayuda siempre a entender esta ciudad, amigo personal y compañero de aficiones de Antonio Carmona, destaca la lealtad y la pasión con la que vivieron también muchos momentos de ocio. Me habló del arte que tenía Antonio en el conocimiento numismático hasta niveles de reconocimiento internacional, de su gracejo y sus enormes cualidades negociadoras en todos los ámbitos, incluso a la hora de adquirir objetos para el Museo del Campo Molino Blanco. De su impulso a la Sociedad de Cazadores y de su genial capacidad de relaciones humanas creando acuerdos en casos casi perdidos por orgullos de parte.

Todos coinciden en algo esencial: más allá de los cargos y las responsabilidades, Antonio Carmona González era, ante todo, un hombre íntegro y brillante cuya huella en Antequera se mide tanto en logros visibles como en el respeto sincero que despierta entre quienes han tenido la suerte de caminar a su lado.
Pero te confieso lector, lectora, que yo no sé contar las emociones y la admiración que iba sintiendo al conocer en boca de estas personas multitud de anécdotas que me han llevado a sentir admiración y aprecio por una persona que aunque no conocí, plantó en la ciudad en la que vivo un mirador en el que me reconcilio con la vida cada vez que subo a mirarla desde allí. Y que puso semillas convocando al arte contemporáneo en Antequera, que han crecido con proyección internacional para satisfacción de ya miles de creadores y prestigio de ciudad.
Así que siento no saber contarte esas cosas que fueron el pegamento cotidiano del sentido de su vida. Nunca encuentro palabras para transmitir tanto bonito cundo me lo cuentan sus protagonistas. Sus palabras son siempre más bellas que las que yo pueda trasladar y no me atrevo a no saber transmitir fielmente lo escuchado y lo sentido.

Antonio no buscaba el protagonismo estridente. Su aportación ha sido más bien la del artesano que trabaja con constancia, con respeto por el detalle y con la convicción de que todo proyecto que beneficie a la sociedad es, en el fondo, una obra colectiva.



Me gustó escuchar, a quienes conocieron de cerca sus actos, que destacan su capacidad de tender la mano, de sumar voluntades y de mantener viva la ilusión incluso en los momentos más complejos.

«Había en su carácter una mezcla de pasión y prudencia, de entusiasmo y método. Una capacidad enorme de gestión y de psicología de las relaciones humanas siempre en busca el acuerdo».

«Esa combinación, tan poco frecuente, le permitió impulsar iniciativas, acompañar con su aportación procesos y fortalecer el tejido industrial y también el cultural y social antequerano sin perder nunca la cercanía. Antonio entendió siempre que la cultura no es un lujo, que es una necesidad, un cimiento…»

Destacan también su generosidad, su sensibilidad y su lealtad a las raíces, valores que sintetizó él mismo, me dicen, al hablar de su vida: “La vida me ha dado mucho… tuve la suerte de nacer aquí”, palabras que reflejan una mezcla de gratitud, humildad y profundo arraigo

Su legado no se mide únicamente en proyectos concretos, también en la conciencia que despierta, en el ejemplo que ofrece a quienes vienen detrás. Sembrar «árboles», al fin y al cabo, es confiar en que otros disfrutarán de la «sombra y de la vida» que ello genera. Y Antonio Carmona González, con su labor constante y su compromiso sereno, ha sabido plantar muchos proyectos acertados en el fértil suelo de nuestra ciudad y de nuestra sociedad.

La ciudad le otorgó la Medalla de Oro de la Jarra de Azucenas, un reconocimiento que pocos reciben y que simboliza la gratitud de toda una comunidad.

Nacido en 1941, Antonio Carmona fue mucho más que un empresario: fue concejal independiente durante los primeros años de la Democracia, presidente de la Comunidad de Propietarios del Polígono Industrial de Antequera durante más de dos décadas y un impulsor incansable de iniciativas culturales que han dejado huella en la vida de la ciudad. Su apuesta por la cultura se materializó, entre otras formas, en el Certamen Nacional de Pintura “Ciudad de Antequera” (PINTCA), un evento que ha ido creciendo durante 29 años hasta convertirse en punto de referencia para artistas locales y nacionales. 

Antonio no buscó nunca la notoriedad ruidosa, pero sí la eficacia llevada con discreción, de compromisos sostenidos. Con su visión empresarial, aportó al Polígono Industrial no solo una gestión sólida, también una dimensión humana y cultural que trascendió lo económico; con su espíritu de servicio, trabajó por el desarrollo de Antequera pensando siempre en el bien común.

Durante más de cuatro décadas, la figura de Antonio Carmona González ha estado estrechamente vinculada al desarrollo económico, social y cultural de Antequera. Su trayectoria pública y empresarial dibuja el perfil de un hombre que hizo de su ciudad no solo su lugar de residencia, sino el eje central de su vocación de servicio.

Su compromiso institucional comenzó en los primeros años de la democracia municipal. Entre 1979 y 1983 desempeñó la responsabilidad de teniente de alcalde junto a José María González, en una etapa marcada por recursos limitados y grandes aspiraciones. Desde las áreas de Festejos y Deportes impulsó iniciativas con una fórmula poco habitual: asumió personalmente la financiación de numerosas actividades para no gravar las arcas municipales. Tras abandonar la primera línea política, continuó colaborando con distintos equipos de gobierno, al margen de siglas y colores, manteniendo intacto su compromiso con la ciudad.

Paralelamente, su nombre quedó ligado a la transformación del Polígono Industrial de Antequera. En 1982, cuando se constituyó la comunidad de propietarios promovida por la Diputación, el modelo de votación otorgaba el control mayoritario a la institución provincial, propietaria entonces de la mayor parte del suelo. A pesar de su inicial reticencia, terminó asumiendo la presidencia y permaneció más de dos décadas al frente. Aquella etapa no estuvo exenta de dificultades: el recinto llegó a ser objeto de comentarios despectivos por su escasa actividad inicial. Sin embargo, su toque mágico, la apertura a empresas locales marcó un punto de inflexión y el enclave acabó consolidándose como referente industrial en Andalucía.

Durante más de dos décadas presidió la Comunidad de Propietarios del Polígono Industrial, contribuyendo no solo al crecimiento económico de Antequera, sino también a dotar de cohesión y sentido comunitario a ese espacio productivo.

Su implicación con el tejido local no se ha limitado al ámbito político e industrial. Fue promotor de la Sociedad de Cazadores, participó en la creación del Colectivo de Empresarios y Trabajadores y puso en marcha el Certamen Nacional de Pintura “Ciudad de Antequera”, reforzando la dimensión cultural del municipio. También impulsó infraestructuras como el Parking Centro y apostó por el turismo con la creación de un mirador panorámico en pleno casco urbano.

En el plano empresarial, su trayectoria ha estado ligada a firmas familiares como Almacenes Carmona y Abasthosur, que expandieron su actividad desde la sede central antequerana hacia distintas provincias andaluzas, con implantación y estructura líder en su sector.

Quienes han seguido su trayectoria destacan una constante: la convicción de que el progreso se construye desde el esfuerzo diario y la mejora continua. Para Antonio Carmona, la empresa y la gestión pública compartían una misma ética basada en el trabajo persistente y la responsabilidad hacia la comunidad.

En entrevistas y declaraciones públicas, Carmona solía enfatizar su gratitud personal hacia Antequera y su gente, pero también su humildad. Afirmaba que muchos de sus logros se debían a haber aprendido “en la universidad de la calle”, subrayando que la experiencia diaria, el contacto con la gente y el trabajo constante valen mucho en el desenvolvimiento de la vida.

Cuando Antonio falleció en noviembre de 2022 a los 81 años, Antequera perdió a uno de sus más firmes defensores. Pero su legado no se desvanece. Su familia cedió al Archivo Histórico Municipal un valioso fondo documental que él mismo fue recopilando a lo largo de su vida: planos, cartelería, inventarios históricos… un tesoro que ahora enriquece nuestra memoria colectiva y permitirá conocer mejor la historia de nuestra ciudad. 


Cada cierto tiempo, cuando vuelvo a subir al mirador 360º del Parking Centro en la calle Diego Ponce (ese espacio que Antonio pensó para todos nosotros, no solo para él) recuerdo mirar más allá del paisaje. Allí donde se reconocen los tejados, los campanarios y los perfiles de nuestros monumentos, está también la huella de su mirada. Una mirada que no se contentó con elevar la ciudad hacia el cielo; quiso señalarla y contarla desde lo alto. Cada cartela explicativa, cada guiño visual, es un gesto de hospitalidad hacia quien visita Antequera y un recordatorio para quien en ella vivimos: esta ciudad merece ser observada, entendida y amada. 

Porque volver a mirar Antequera desde este mirador elevado es pensar en Antonio Carmona, cada vez que uno reconoce con sus ojos un templo, una muralla o un paisaje en la lejanía. Su obra no fue solo material, también lo es espiritual al enseñarnos a ver nuestra propia ciudad con nuevos ojos, y a sentirla como un patrimonio vivo.
Alguien que hace eso para los demás (y lo hace con cariño, sin esperar «sombra para sentarse«) merece, sin duda, el aplauso más entrañable y agradecido.

Una ciudad vive cuando quienes la aman la comparten; cuando quienes la conocen la explican; cuando quienes la habitan, la cuidan. Antonio lo entendió bien: no buscó «sombra» para sí, lo hizo para todos nosotros.
Uno de los muchos homenajes que recibió en vida. El Polígono Industrial de Antequera celebraba sus logros.
Manolo Pedrosa, micrófono en mano, portavoz del sentir hacia el presidente de la entidad.


Así es el Mirador 360º… Antequera a todos los puntos cardinales desde el tejado en el centro de la ciudad

Admirados En el Mirador 360º. | Antonio Madrona, Sebastián del Pino y Juan Benítez, prestigiosos profesionales cada uno en su faceta y miembros del Colectivo Gastronómico Antequerano, después de una de sus reuniones con otros miembros degustadores, premiando a sus ojos con la Antequera de sus amores.

El Museo del Campo…

El Molino Blanco | Museo del Campo y restaurante | Creado por Antonio Carmona González.


La Noria del Polígono Industrial , otra consecución de Antonio Carmona.

Loli Carmona. Ring, ring.
ChLL. Hola Loli, me alegro de oírte.
Loli Carmona. Yo también a ti, Carlos. He visto que has publicado hoy una referencia a mi hermano Antonio. ¿Te acuerdas que yo escribí un poema semblanza de cada uno de mis hermanos?.
ChLL. Sí, pero no he querido molestarte. La última vez que fui a tu casa, Alfonso tu marido me ganó al ajedrez y me vine hundido, nadie me había ganado nunca … (Es broma, es que no he querido molestarte).
Loli
. Pues no me molesta, ven y te lo leo.
ChLL. ¡ Ni cien mil palabras más , en unos minutos estoy allí !.

Diez minutos después…

Loli Carmona: Con mucho cariño para mi cuñada Elena y para mis sobrinos, y para mis hermanos, que a todos nos encantaba Antonio:

ChLL. ¡ Qué ternura!. ¡ Gracias, Loli !.