«Como dos gotas de agua»
Al cruzar sentí como la mirada de alguien se clavaba en mi cuerpo. Me paré en seco y eché la vista hacia arriba; observé como las gaviotas revoloteaban sobre la orilla, emitiendo ese ruido tan peculiar de sonidos agudos y lastimeros.
<<¡Ah, ah! ¡La, la!>>, graznaban, recordándome el llanto de mi hijo cuando apenas tenía cuarenta días de vida.
Después dirigí mis ojos a la derecha, unos chavales jugaban con una pelota, entre risas y salpicaduras de agua salada.
Al sumergirme en el mar vislumbré una sombra y sentí que algo me rozaba. En mi mente apareció el miedo y la sensación ocurrida años atrás cuando una ola me arrolló con una fuerza abismal, haciéndome perder la estabilidad y la conciencia por segundos, un ser extraño, inusual me rescató y desapareció.
En ese instante, se quedó grabada en mi memoria su fragancia y, en cuanto giré hacia la izquierda la percibí de nuevo, ese olor a madera, limón y lavanda invadía todo mi ser.
─¿Acaso se trataba del hombre que me salvó? ─Me preguntaba una y mil veces.
De pronto sonó el teléfono y tuve que regresar a casa; una urgencia me reclamaba.
Antes de acostarme, como cada noche, subí al desván y me senté en la butaca antigua, atisbando la luna redonda y brillante posada encima de la Peña de los enamorados, mientras añoraba los brazos tiernos de mi abuela, meciéndome al son del canto de una canción de cuna. De repente escuché un ruido y me acerqué rauda al tragaluz. Vi a un hombre corriendo por el jardín; su aspecto robusto me llamó la atención. Bajé las escaleras a toda prisa, salí al exterior y en el alféizar de la ventana del cobertizo hallé un posit. En él estaba escrito:
<<Mañana nos veremos en la playa>>.
Aquella noche no pegué un ojo, pensando en el desconocido.
Cuando llegué a la playa solo había un puesto de helados. Me acerqué y lo reconocí de inmediato, se trataba de un hombre idéntico a mi papá, muerto en acto de servicio cinco años atrás.
─¿Papá, eres tú? ─Grité como una loca.
─No, soy tu tío Alfonso, su hermano gemelo.
Carmen Menjíbar

Nacida en Archidona (Málaga) en 1969, Carmen Menjibar, ha residido en Cuevas de San Marcos durante más de cuarenta años y desde 2021 vive en Antequera.
Mujer emprendedora, tenaz y sensible, es diplomada en Filología Inglesa y se considera maestra de vocación. Imparte clases en el CEIP Ciudad de Belda, donde disfruta enseñando y orientando a sus discentes. Pertenece al ‘Taller de Escritura Creativa’ y al ‘Club de Lectura de Antequera’.
Desde su infancia ha escrito en la intimidad familiar y más tarde como didáctica para su alumnado, recogiendo historias de su abuela y experiencias de la vida misma.
En 2010 abre su alma al mundo participando en un concurso con un poema que quedó finalista y fue publicado en la antología poética Amanecer solitario.
En 2023 publica al ser seleccionada en varios concursos de la editorial Diversidad Literaria.
Su primera incursión en el género novelesco vino de la mano de la obra, Huellas del Genil, que ofrece a los lectores una historia de principios del siglo XX centrada en una familia, un cortijo y un misterio.
Recientemente ExLibric ha publicado su segunda novela El eco de tus pasos
Es co-autora del libro Desde una mirada, ver para crear editado por el Taller Antequerano de Escritura Creativa.






