En la infinita constelación de voces creativas que hoy circulan por Instagram y Facebook, hay perfiles que no pasan desapercibidos; en los que uno se detiene a leer porque te invitan a pensar.
Carmen Requena es para mí uno de esos hallazgos que sorprenden y cautivan, un espíritu artístico cuya presencia virtual no es una mera colección de frases, porque es un puente hacia mundos interiores.
Sus publicaciones no se limitan a ser textos bellos, son invitaciones a un viaje. Palabras que se despliegan como senderos hacia rincones insospechados de la imaginación, donde el pensamiento se expande hasta tocar el corazón. Cada frase parece susurrar, más que comunicar, convocar al lector a una experiencia única.
Carmen Requena Sánchez-Garrido es autora de varios poemarios y de la novela, publicada en 2016, «El alma con zapatos planos».
Próximamente asistiremos a la segunda de sus incursiones en el género narrativo.
Unos amigos muy queridos por mí, me sugirieron que entrara en su muro de Instagram o en el de Facebook, y allí descubrí a una autora que juega con el lenguaje como si éste fuera arcilla viva. Sutil en la forma, profunda en el impacto. Sus publicaciones virtuales me recuerdan a la magia del espíritu de los haikus, y tankas e imaginatias donde lo aparentemente mínimo y sencillo contiene un universo infinito. Sus composiciones parecen jeroglíficos para el alma, desafiando no solo la mente, también el latido del corazón, un desafío que solo los genios (de espíritu, no de fama) saben plantear. | ChLL
Asómate conmigo, (lector-a), a su ventana llena de luz e inspiración para conocer un poco más a Carmen Requena.
Sus creaciones artísticas son también una experiencia estética que reivindican otra forma de estar en el mundo: más lenta, más profunda, más verdadera. Su palabra permanece en susurro poético. Y en esa permanencia se descubre su valor.


Tu novela tiene muchos ramalazos de poesía. ¿Cómo viviste ese cruce de caminos entre la narración y la música interna del verso?
Fue algo así como un intento de fuga fallido porque lo que soy, lo que siento, siempre me alcanza. Quise ir más allá de las palabras, emular las novelas de intriga que desde pequeña me han conquistado, pero la poesía no me iba a dejar ir así, por las buenas y me esperaba al final de cada capítulo con la misma pregunta: ¿y?… Y llegamos a un acuerdo: vamos a jugar a ver qué pasa, y así surgió El alma con zapatos planos.
El alma con zapatos planos sugiere una mezcla entre lo cotidiano y lo invisible. ¿Qué representa para ti esa imagen?
Lo cotidiano y lo invisible van de la mano, no sé describir lo que se ve sin la sombra que proyecta en el mundo interior, y eso es lo que les pasa a mis personajes.
La muerte de «la tía Enriqueta» abre la puerta a la trama. ¿Qué te sedujo a querer partir de un secreto familiar de época?
¿Y si te digo que fue un sueño? O más bien, lo que queda de él, una imagen tan vívida que aún la puedo ver, y no era tía Enriqueta (ella llegó después), sino una joven alta, elegante, vestida de época, delante de un coche de caballos asiendo con cada una de sus manos a dos pequeños gemelos a los que intentaba salvar, ¿de qué?, eso no lo supe hasta más tarde, igual que su nombre: Elena.
Antequera forma parte de tu geografía emocional. ¿Sientes que su luz o su memoria se colaron en la novela?
Podría ser, aunque nunca tuve muy claro dónde ocurrió todo (tampoco lo pregunté), pero seguramente sea el telón de fondo de más de una escena; como tú bien dices, es parte de mi geografía emocional y es normal que se cuele.
¿Qué nació antes: la trama del misterio o la necesidad de escribir con un lenguaje tan minucioso y lírico?
Creo que ya me adelanté a esta pregunta, hablo demasiado…
¿Hubo algún personaje (Beatriz, Elena…) que te exigiera un trabajo más profundo?
Beatriz, Elena, Miguel… sólo tuve que dejar que se acercaran hasta que se sintieron cómodos conmigo y me dejaron contar su historia, cada uno con su tiempo, sus pausas, sus secretos y manías.
¿Contemplas publicar un nuevo poemario? ¿Vive en ti de distinta forma la poesía y la prosa?
Ya te digo, doña Poesía hace pequeñas concesiones a la prosa, pero sigue siendo la Reina Madre a la que hago mis pequeñas ofrendas en forma de poemarios. Eso no es negociable. La poesía surge, la prosa, la construyo.
¿Había en tu novela un mensaje íntimo secreto para un lector especialmente sensible?
Rotundamente, sí. Y espero haberlo conseguido porque esa era mi función en toda esa historia.
¿Quién fue la primera persona que leyó la novela? ¿Qué necesitabas escuchar?
La primera, mi madre. Tiene una capacidad especial para apreciar la belleza sin olvidar el lado práctico de la vida: “Esta no es una novela para leer en una estación de autobuses”, me dijo y supe que estaba preparada para cualquier cosa.
Detrás de…

Siendo abogada, ¿qué lugar ocupa la escritura para ti?
Soy de letras, antes incluso de llegar al Instituto, y seguí siéndolo durante y después de estudiar y ejercer la Abogacía. La escritura para mí es sólo una necesidad vital.
¿Qué autores influyeron más en el tono de tu obra?
La elegancia del erizo (Muriel Barbery) y La ladrona de libros (Markus Zusak); me enseñaron que se puede compaginar la belleza de la palabra con la trama de la historia.
¿Una banda sonora para tu proceso de escritura?
No puedo. Cada historia, cada capítulo, cada palabra, cada pausa tiene su propia banda sonora, pero aprovecho para comentar mi último gran descubrimiento: Cristobal Tapia de Veer.
¿Qué película recomendarías a alguien que disfruta de tu sensibilidad?
Mi respuesta dejaría en entredicho toda la entrevista, mejor te lo digo en privado.
¿Qué libro reciente te ha deslumbrado?
La elegancia del erizo, me repito. Ahora estoy descubriendo a Maggie O’Farrell con Hamnet. Cuando termine si quieres, volvemos a hablar.
Cuando lees por placer, ¿buscas desconectar de tu propio estilo?
Huyo de mi estilo, mientras más «freaky» mejor. Mi lectura recurrente: It, de Stephen King.
¿Un sabor de tu tierra que sea pura alegría?
Delante de un plato de patatas fritas con huevo soy sencillamente feliz.
¿Cuál es tu palabra favorita del español?
Loca, me vuelve loca.
¿Qué es para ti la felicidad?
Un momento, la capacidad de vivir ese momento.
¿Qué sueño literario guardas en secreto?
No te lo puedo decir: es secreto.
El taller interior: miedos, rituales y silencios

¿Sientes que tu voz es un eco del legado de tu abuelo o un territorio conquistado?
Me gusta pensar que es una versión actualizada de mi genética.
nota: Carmen es nieta del gran Fermín Requena, maestro, poeta e historiador. Ver https://youtu.be/dmMHZK43iqA?si=SoIutgM7Xt3rDVUN ( minuto 1:40 a 26:43). En este vídeo, el historiador Juan Campos difunde la importancia de la figura de Fermín Requena.
¿Sientes vulnerabilidad al compartir prosa poética tan desnuda?
No, hace mucho que perdí la vergüenza, pero curiosamente me intimida compartir lo que ya no pertenece a este momento, cuando fui vulnerable.
¿Es la escritura el lugar donde dejas que la intuición tome el mando?
Totalmente, poesía es caos emocional y licencia de autor. Es la última fila, donde se permite todo.
¿En qué momento fluyen mejor las palabras?
Desprevenida. Siempre me pilla desprevenida, da igual la hora.
¿Cómo manejas el abismo cuando la palabra no alcanza a la emoción?
Dejando que jueguen.
Una vez publicada la novela, ¿los personajes se marchan?
Se quedan, forman parte del atrezo de mi vida y de mi casa.
¿Qué lugar ocupa el silencio y las pausas en tu escritura?
Es tan, tan necesaria esa pausa…
¿Cómo enfrentas la revisión?
Más que revisar, moldeo y es la mejor parte del proceso porque te regodeas en el detalle, te permites alejarte y volver, saborear… cuando me dejan, claro; hay palabras tan contundentes y seguras de sí que no permiten el manoseo.
¿Cómo convocas la inspiración?
La inspiración siempre llega trabajando, dijo alguien muy sensato. Hay que darle su lugar y dedicarle su tiempo. Otra cosa son los chispazos intermitentes y si me pierdo, vuelvo al único lugar posible: la novela.
¿Sientes presión al escribir una frase hermosa?
Me dejo sorprender y ya.
Memoria y sentido último
¿Es la escritura una catarsis para ti?
Nunca, incluso me confunde más cuando salen cosas que ni yo misma sé.
Al narrar el siglo XX, ¿desafías al tiempo o te rindes a él?
Me rindo, en este caso, como ya te comenté, a un sueño. Personalmente me resulta más fácil imaginar que investigar.
¿Qué recuerdo personal necesitaba ser salvado en la novela?
Curiosa pregunta, pero sí, hay pequeños retazos de mi infancia que, sin darme cuenta, se colaron en la historia, aunque sin afán de protagonismo, más bien, como decorado.
¿Tu propósito profundo como creadora en una frase?
“¿Y si no, qué?”
¿Desde qué lugar escribes realmente?
Desde la necesidad, sin más.
¿Cuál es el mayor miedo que te acompaña?
¿Quién dijo miedo?… MIEDOSSS, en plural y mayúscula, pero no, no te los voy a decir.
¿Cómo silencias la sombra que dice que tu obra no es suficiente?
Síiii, y se parece de una forma alarmante a la mía. ¿Callarla, dices?, ni siquiera lo intenté, otra cosa es que le haga más o menos caso.
¿Qué le dirías a la Carmen que aún no había empezado la novela?
Carmen Requena no preguntes tanto: ¿te gusta?, ¿qué opinas de…?
¿Tu legado emocional en una palabra?
Sé (de ser) con todas tus consecuencias.
¿Has contado tú la historia o ella te eligió a ti?
Soy el instrumento: la historia me eligió a mí para contarla, los personajes me lo dejaron claro desde el principio.
¿Tu intención secreta para el lector perceptivo?
ENCUÉNTRALO.

«Fotomatón»
¿Café o té?
Café para despertar el mundo.
Plan perfecto de domingo:
No hacer absolutamente nada.
Tu estación del año:
Otoño (¿te otoñas?).
Superpoder cotidiano:
Escuchar lo que no se dice.
Un gesto que te reconcilia con el día:
Escribir algo (mientras más torpe, mejor).
En tu bolso nunca falta:
¿?.
Un animal que te representa más que otros:
Gata.
¿Quién es la persona que más ha creído en ti?
Mis padres.
Asignatura pendiente:
Perfeccionar idiomas.
¿Dudas de tu talento?:
¿Qué talento?
Manías:
Todas (¿Has visto la película Toc toc?).
Un par de defectos:
Insegura, gastosa.
Virtudes:
Libre de mente.
¿A quién te gustaría haber conocido? (de otro tiempo) :
Charles Bukowski.
A quién te gustaría conocer (hoy):
A ti.
(Gracias por la cortesía que entiendo regalada)
Personaje histórico o filosofico que admiras:
Jesús de Nazaret.
Personaje público actual que admires (en cualquier faceta) :
Ara Malikian.
Actor/Actriz:
Jack Nicholson / Jodie Foster.
Una serie:
Juego de Tronos.
Espectáculo:
El diluvio que viene.
Una película:
In and out.
Una canción en especial :
Santa Lucía (Miguel Ríos).
¿Qué es el éxito en la vida?:
Saber vivir.
¿A quién admiras ahora? (valen seres queridos):
A mi madre.
Necesidad diaria:
Paz mental.
Lo que sobra:
Caos mental.
¿De quién has aprendido mucho?:
De una amiga muy especial.
Alguna escena memorable de peli o teatro que hayas visto:
Llegada a Mordor (El Señor de los Anillos).
¿Qué te hace llorar de tristeza?:
La ausencia.
¿Qué te hace llorar de emoción?:
Pocas cosas, singulares, sin patrón.
¿Qué te hace llorar de risa?:
Soy de risa fácil, puedo morir de risa varias veces al día.
¿Fuiste feliz en tu infancia?:
Debí serlo, pero…
¿Qué te hace feliz hoy?:
Estar tranquila, sin rollos mentales.
Tu mayor logro en la vida:
Aceptarme tal cual.
Hobbies:
Leer, escribir, rutas campestres, ir de compras físicas y virtuales.
Propósito de vida :
Escribir algo REALMENTE BUENO.
¿Qué es la amistad para ti?:
Hoy por hoy, casi todo.
Tipo de comida:
Española, italiana, sencillas, caseras.
La lección de algún “fracaso”:
«No seas tan dramática Carmen Requena».
¿Tienes algún miedo?:
El miedo me tiene a mí.
Si tu vida fuera una película ¿Qué actriz le iría a tu personaje?:
Audrey Tautou.
Define a tu padre en unas pocas palabras :
Íntegro, inteligente, con humor inteligente, justo.
Define a tu madre en unas pocas palabras:
Una fuerza de la naturaleza, inteligencia emocional.
¿Tienes alguna receta para sortear los avatares de la vida y mantener el equilibrio emocional?:
Reírme, reírme mucho.
¿Crees que las rutinas cotidianas son el flotador para agarrarnos a los vaivenes emocionales?:
Totalmente, una chispa de orden en el caos, un lugar seguro.
Alguna cosa que te de pena:
La injusticia, las guerras, el dolor, la miseria… la estupidez (esta última da coraje).
Una frase o cita que te haya acompañado toda la vida:
Todo pasa.

Carmen Requena (Antequera, 1967) es abogada de formación y poeta de corazón. Los versos los lleva en la sangre, herencia de su abuelo Fermín Requena, y se estrenó en la literatura con esta novela, publicada en 2016.
Todo comienza con una carta de Miguel a su hermana Beatriz a raíz de la muerte de tía Enriqueta, la cual les llevará, inevitablemente, a remover el pasado.
Y así, nos vamos a principios del siglo XX, a una pequeña ciudad de España, a la que Beatriz Alaya vuelve después de varios años estudiando en París. Pero esta vez lo hace acompañada de una joven que ha conocido en el tren, Elena Robles, a la que consigue que la fría tía Enriqueta contrate para cuidar de los gemelos de su hija Inés, casada con Miguel.
Beatriz es tan complicada y enmarañada como los rizos de su pelo. En cambio, su hermano Miguel ha heredado de su madre la belleza serena y sus increíbles ojos verdes.
Todos viven apaciblemente en la casona situada en el número 9 de la Avenida de las Américas, hasta que la tía Enriqueta muere por lo que parece un trágico accidente doméstico. Aunque tal vez haya sido asesinada ¿o se ha suicidado?
Más que relato es prosa poética, con una trama bien estructurada y con palabras que se enredan en el pasamanos de la escalera. Hay que leerla despacio, para saborearla, porque realmente no es un libro, sino una obra de arte, cuidada, estudiada, pensada y revisada línea a línea.
(Reseña de María del Mar Barrios Rozúa, Biblioteca de Turismo. Universidad de Málaga).
Portada de Mavi León
Admiro su originalidad serena, por esa manera tan poco común de convertir cada publicación en un umbral de sensibilidad atenta que muchos pasan de largo, pero algunos nos detenemos a disfrutar. Como diría Juan Ramón Jiménez, es para la inmensa minoría.
Ella no escribe para llenar el silencio, se nota, porque lo que dice es casi siempre más expresivo; crudo a veces y a veces más dulce que el propio silencio.
Parece que tuviera en su cabeza un Scatergories y en el corazón una batuta de directora de orquesta que pone en solfa cada palabra para desaparecerla dentro del universo infinito que el lector imagine.
Sus textos atrapan el pensamiento y lo conducen, con una delicadeza casi invisible, hacia un viaje interior que acaba tocando el corazón mientras vuela en las esferas más altas de la lírica.






