‘Entrevista en abierto’ | Antequera preguntó al experto Isaac Morán … y examinaron a la Inteligencia Artificial

“Un foráneo en el paraíso” | ChLL para atqmagazine

Decenas de personas en Antequera preguntaron a Isaac Morán sobre IA y él respondió con su altísima preparación de ingeniero informático y con su enorme inteligencia humana

Fue una conversación sostenida por miradas que no se conformaban con entender, todos queríamos saber dónde estamos cuando hablamos de Inteligencia Artificial. Y, sobre todo, quiénes somos dentro de ese nuevo mapa.

Isaac Morán llegó sin la coraza habitual del especialista. No hubo distancia en la autoridad que le dota su altísimo conocimiento de la materia. Desde el inicio desmontó la idea del “experto” como figura inaccesible y se ofreció, en cambio, como un traductor de complejidades.

Y ahí ocurrió el primer acierto. Porque cuando alguien explica sin imponerse, el conocimiento deja de ser un monólogo y se convierte en un espacio común. La brillantez de sus aclaraciones. Su forma de escuchar y exponer…

La Inteligencia Artificial, dijo, no es futuro. Es presente infiltrado. En el teclado del móvil que anticipa palabras, en las plataformas que sugieren qué ver; en los algoritmos que ordenan el mundo sin pedir permiso…
Y mientras hablaba, el público asentíamos con una mezcla de sorpresa y reconocimiento. Tal vez como quien descubre que lleva tiempo conviviendo con algo que nunca había nombrado del todo, pero que desde entonces te estaba al menos llamando la atención.

Lógicamente entre el público se sentaba gente que tenía, sobre el tema, mayor información que los que solamente éramos víctimas sin reacción ante las infinitas invasiones algorítmicas y de espías malotes a través de las «comodidades» tecnológicas en nuestras vidas cotidianas. Pero Isaac supo equilibrar su lenguaje para llegar a todos.

El formato de «Entrevista en abierto», que nuestra revista está activando, influye en que lo extraordinario no está solo en quien respondía (que en este caso es un crack), lo está también en quienes preguntaban. Así, esa tarde, decenas de personas de Antequera ejercieron de periodista colectivo.

Las manos se alzaban sin timidez. Las preguntas no eran complacientes. Había curiosidad y también una inquietud sensata, con preocupación ética: ¿Cómo distinguiremos lo real de lo fabricado? ¿Qué pasa cuando una voz es una clonación? ¿Estamos entregando demasiado sin saberlo? ¿Quién controla realmente estas herramientas? ¿Hasta qué punto condicionan lo que pensamos sin darnos cuenta? Si tuvieras que explicarle a alguien que cree que la IA “no va con él”, ¿en qué momentos de su día ya está interactuando con ella sin saberlo?¿Estamos usando la Inteligencia Artificial… o está empezando ella a “usarnos” a nosotros de alguna manera? Cuando oímos “Inteligencia Artificial”, muchos piensan en robots o en ciencia ficción…¿Qué es realmente hoy la IA, sin adornos? ¿Qué puede hacer muy bien… y qué no debería preocuparnos todavía? ¿Estamos exagerando sus capacidades o, por el contrario, subestimando su impacto? Si tuvieras que señalar un riesgo real y cercano de la IA que la gente debería tomarse en serio, ¿cuál sería? ¿Nos estamos volviendo más dependientes de sistemas que no entendemos? ¿Quién controla realmente la IA: los gobiernos, las empresas… o nadie del todo? ¿Hay decisiones importantes de nuestras vidas que ya están siendo tomadas por algoritmos sin que lo sepamos?
La gran pregunta: ¿la IA nos va a quitar el trabajo o nos va a obligar a reinventarnos? ¿Qué tipo de profesiones están más en riesgo… y cuáles van a surgir?
Para alguien que siente que “llega tarde” a todo esto, ¿por dónde debería empezar?
¿Puede una IA ser “justa” o siempre arrastra los sesgos humanos? ¿Deberíamos poner límites claros a su desarrollo? ¿Quién decide esos límites?
¿Te preocupa más lo que la IA puede hacer… o lo que los humanos pueden hacer con ella?
Bajando a tierra: ¿cómo puede una persona corriente empezar a usar la IA hoy para mejorar su vida?¿Qué habilidades deberíamos empezar a aprender desde ya?
¿La IA es más una amenaza… o una ventaja para quien sabe utilizarla?

Imagina dentro de 10 años: ¿qué cambio nos sorprenderá más en nuestra vida cotidiana?
¿Crees que estamos preparados como sociedad para lo que viene?
Si pudieras dejar un mensaje claro al público que hoy te escuchamos, ¿cuál sería?
¿Qué pregunta crees que la gente debería
hacerse sobre la IA… pero aún no se está haciendo?


Cada intervención abría un nuevo ángulo. Cada duda obligaba a afinar la respuesta. Pero Isaac, lejos de esquivar la complejidad, la aclaraba. Explicó la fragilidad de la “post-verdad”, el vértigo de los deepfakes, la inquietante posibilidad de que la tecnología no solo nos asista, sino que nos suplante.

No hubo alarmismo. Pero tampoco consuelo fácil.

Una joven, Alejandra, con una mezcla de timidez y determinación, formuló una pregunta que atravesó la sala. ¿Puede la Inteligencia Artificial sustituir a un psicólogo? No era una pregunta técnica. Era una pregunta generacional. Contó que muchas de sus compañeras ya recurrían a la IA para desahogarse, para pedir consejo, para encontrar respuestas que a veces no se atreven a buscar en otro lugar.

En el aire quedó flotando algo más que curiosidad, la paradójica imagen de adolescentes que conversan de sus problemas emocionales con una inteligencia de bytes. (Y que curiosamente parece que les resuelve sus angustias).

Isaac Morán Muriel no respondía con prisa. Se tomaba un segundo o tal vez dos antes de contestar (me llamaba la atención ese gesto), medía sus palabras, creo que le preocupaba el impacto de lo que ibaa decir. Y explicó que la Inteligencia Artificial puede simular conversación, ofrecer estructura, incluso dar la sensación de escucha. Pero dejó claro el límite esencial: está programada, no siente. No hay empatía real, no hay experiencia humana detrás de sus respuestas, no hay responsabilidad emocional.


Y entonces compartió una anécdota que cambió la atmósfera de la sala. Habló de un caso real de una persona que había terminado desarrollando un vínculo afectivo con una IA. No como herramienta, sí como refugio. No como apoyo puntual, como sustituto emocional.
El murmullo fue inmediato.
No era ya una cuestión de futuro. Era presente.

Isaac no juzgó. Pero sí advirtió, con una serenidad que pesaba más que cualquier dramatismo, del riesgo de confundir compañía con conexión, respuesta con comprensión, algoritmo con afecto.

Uno de los momentos más preocupantes, y más reveladores, llegó con la idea de la “caja negra”. Ese lugar donde ni siquiera quienes diseñan los sistemas pueden explicar del todo cómo llegan a sus conclusiones. El silencio que siguió no fue incómodo. Fue consciente.

Porque en ese instante, la conversación dejó de ser tecnológica para volverse casi filosófica. ¿Qué significa confiar en algo que no comprendemos?. Es el vértigo de no saber y de cuánto estamos dispuestos a delegar.

Y, sin embargo, lejos de paralizar, ese vértigo activó aún más al público. Hubo escepticismo, pero también una voluntad clara de entender para decidir mejor.

La cuestión laboral apareció, inevitable. Y con ella, el miedo. Isaac no lo negó. Hay trabajos en riesgo. («Si te dicen que no lo hay, es que te quieren vender un curso», comentó). Especialmente aquellos donde la repetición es norma. Pero también dibujó otra posibilidad menos utilizada y quizás más consoladora, la de usar la tecnología no para sustituir, sino para redistribuir.
Fue entonces cuando una voz del público lanzó una pregunta contundente… ¿Y si la IA sirviera para trabajar menos y vivir más?
No hubo respuesta cerrada. Solo una sonrisa cómplice y una reflexión compartida.

Si el tramo inicial había llevado la conversación hacia la educación. También el final tuvo mucho que ver en ello. Y ahí, quizá, se tocó algo especialmente sensible. Isaac desmontó otro mito: ser “nativo digital” no implica comprender la tecnología. Saber usar no es saber pensar. Y en un mundo donde las respuestas están a un clic, el verdadero desafío es formular mejores preguntas.
El público, de nuevo, estuvo a la altura. Se habló de aulas, de alumnos, de copiar y pegar, de trabajar el pensamiento crítico. De cómo convertir la IA en herramienta y no en atajo.

Y en ese cruce de ideas, quedó claro que el futuro no se juega solo en los laboratorios, que lo hace en la manera en que enseñamos y aprendemos a convivir con lo que viene.

En el cierre de este encuentro, no hubo sensación de cierre. Más bien de apertura. Desde ahí, por lo menos algunos, nos fuimos pensando en la claridad de ideas de Isaac Morán Muriel, en la relevancia del tema y en sus aclaraciones certeras.
…En implicarnos más en sus aspectos positivos, en ver qué nos incomoda y pensar por qué, para poder resolver no solo la invasión, también lo que podemos hacer de sus ventajas.

En ese gesto, cada vez más raro, de detenerse, preguntar y escuchar, se dibujó algo más valioso que cualquier respuesta: una forma de inteligencia compartida.
Quizá ahí, y no en los algoritmos, esté la verdadera promesa.

Gracias, Isaac Morán Muriel.

Y gracias público asistente, por abrir campos al pensamiento con vuestra presencia
y vuestra participación en forma de preguntas o de escuchantes .


Pocos minutos antes de empezar, la sala estaba ya casi llena de un público con inquietudes culturales , ávidos de conocer pormenores de lo que Isaac Morán nos contaría.