«Un foráneo en el paraíso» | ChLL para atqmagazine
Agradecemos las Fotos prestadas por José Díez de los Ríos y Ana Navarro | atqmagazine dispone de un vídeo grabado por Fernando del Pino de la obra completa. Pendiente de autorización de los organizadores y artistas lo pondremos en el aire ya mismo.
Antequera vivió el pasado 23 de julio otra de sus grandes noches para el recuerdo.
Organizada por el MVCA, Museo de la Ciudad de Antequera, en el acogedor enclave de su propio patio de columnas, bajo un cielo templado de verano y con la complicidad de las estrellas; en estrecha colaboración con la Asociación Cultural ‘Antequera Teatro‘, se celebró una cita con el teatro clásico que llevaba a escena ‘Lysístrata‘, la irreverente y certera comedia de Aristófanes.
Mi humilde crónica de ello se escribe casi sola, como si la emoción guiara la pluma y el corazón marcara el ritmo. ¡Qué divertida!. ¡Cuánto talento!…
La hilarante idea de Aristófanes de intentar lograr la paz mediante una huelga sexual de la mujeres hacia sus maridos y amantes para que dejaran la batalla, cobró vida en una versión audaz y cercana bajo la batuta lúcida de la directora Marina Pérez, que entendió que el humor no está reñido con la profundidad y que los clásicos solo permanecen vivos si se les mira de frente, con respeto pero sin solemnidad.
La propuesta era arriesgada. Suena loco, ¿no?. Pues lo fue… pero también fue brillante, afilada, irónica y, sobre todo, tremendamente humana.
Su puesta en escena fue medida y precisa, pero nunca rígida. Cada pausa, cada gesto, cada transición hablaba de un trabajo lleno de amor por el teatro y de una sensibilidad que conmueve.
Marina consiguió el difícil equilibrio entre lo irreverente y lo poético, entre la risa fácil y la reflexión sincera. Dirigir Lysístrata no es tarea menor: el texto pide cuerpo, ritmo, compás… y ella se los dio con generosidad.


Teresa Barroso, Mónica Megías, Fernando Pérez, Jesús Tenllado y Guillermo Ramos. Foto prestada por Jose Díez de los Ríos.
Si la adaptación del guion y la buena dirección pusieron los mimbres, el reparto, deslumbrante, completó la magia. Los nombres son bien conocidos por quienes seguimos la escena local antequerana: Carmen Partida, Teresa Barroso, Carmen Ramos, Mónica Megías, Laura Morente, Manuela Aguilar, Olga Montemayor, Fernando Pérez, José Francisco García “GUTY”, Jesús Tenllado, Guillermo Ramos y Pablo Ramos.
(¡Ole, ole y ole!. Millón de aplausos).
Verlos juntos, en escena, fue presenciar una orquesta perfectamente afinada donde cada quien conocía su lugar y, a la vez, sabía cómo brillar.
No había papel menor. Aunque algunos/as aparecieran poco tiempo en escena la exactitud de sus gestos o sus intervenciones fueron teselas relucientes de un mosaico muy bien ensamblado.
Algunas interpretaciones lograron un equilibrio fascinante entre lo grotesco y lo humano.
La obra, valiente y sagaz, logró emocionar (porque siempre es emocionante el deseo de la paz, que se manifestó en párrafos entrelazados, sin perder el pulso cómico).
Los encuentros entre los personajes masculinos y femeninos lograron arrancar carcajadas sin caer en tópicos gastados. El público, cómplice, respondíamos con risas sinceras, con esa energía que sólo se da cuando una obra logra tocar algo esencial.
La iluminación (Quintana es un fenómeno), perfectamente diseñada para marcar cada matiz emocional, fue una auténtica escenografía en sí misma. (Ese verde alusivo a la cámara lenta cuando con arte supremo Guty y Tenllado peleaban desparramando en nosotros el humor y la admiración… Y otras distintas escenas de auténtico arte por parte de los actores y actrices, eran señalados con una dinámica de luces que ofrecía continuidad y veracidad al argumento)…
El atrezzo, sencillo, pero en su punto, obra de Siranush Hamparzoumian y Ana Muñoz, aportó identidad sin restar fluidez. Y el trabajo de Irene Ruiz en la caracterización de personajes fue también muy bueno para presentarnos ciudadanas poses de antaño en versión hoy.

Empoderándose, jurando que no dejarán «pasar» a sus maridos ni amantes. Todo sea por la paz.



El Patio del MVCA, se convirtió en un teatro con alma, en un escenario donde cada rincón hablaba de historia, de cultura, de belleza. La arquitectura acompañaba, y el murmullo del público, las risas, los aplausos, lo llenaban de una energía difícil de explicar con palabras.
Al terminar la función, con el público en pie y la emoción aún en el aire, se repetía una pregunta entre los asistentes: ¿Y si esto se convirtiera en una cita anual?. Un festival de teatro clásico que, cada verano, trajera al MVCA nuevas propuestas, nuevos clásicos, nuevas voces locales. No parece una idea lejana, viendo la respuesta del público, el entusiasmo de la Asociación de Teatro y la firme apuesta del MVCA por una cultura viva, participativa, comprometida.
Porque si algo ha quedado claro es que Antequera tiene talento. Mucho. Y tiene también un público receptivo, cálido, generoso. El tipo de público que no solo asiste, que celebra, que se entrega, y que agradece.













Foto: prestada por Jose Díez de los Ríos (AFA)
Estas cuatro imágenes | Fotos: prestadas por Jose Díez de los Ríos (AFA) | responden a parte de una secuencia de un momento muy aplaudido también. Una pelea a cámara lenta entre ateniense y espartano, enloquecidos aún más por no poder soportar la abstinencia sexual …





El fin de la guerra del Peloponeso en el año 416 a.C. marcó un momento histórico crucial en la antigua Grecia. Después de años de conflicto y derramamiento de sangre entre las ciudades-estado de Atenas y Esparta, finalmente se logró alcanzar un acuerdo de paz. Este sí fue un hecho real.
El medio para lograrlo, un invento ficticio literario de Aristófanes que manifiesta un deseo de paz.
(Yo también lo quiero para la actualidad)
