«Un foráneo en el paraíso» | ChLL para atqmagazine
Acostumbra Cristóbal Granados a acudir a institutos en donde, de acuerdo con los equipos directivos, explica altruistamente su método de Defensa Personal Urbana, como también difunde en otros ámbitos la defensa de la mujer y también de los mayores.
El pasado 23 de noviembre, el KIVE Center acogió otra de esas citas necesarias: «Comprender y frenar el bullying: claves psicológicas y herramientas de autoprotección». Un encuentro donde la psicología clínica y la acción corporal dialogaron con una claridad poco habitual.
Y yo, que ya formo parte de la sociedad antequerana, quiero manifestar que agradezco a Cristóbal Granados Lara su preocupación en provocar la reflexión y tratar continuamente de dar pasos de solución al acoso escolar creando espacios de conciencia colectiva para que entre todos podamos eliminar esta lacra. También agradezco a La SER, a Las 4 Esquinas y a la 101TV, que le ayudan a difundir el mensaje.
Hace semanas organizó otra jornada y quiso abrirla al público general como reflexión; y a padres y profesores, como implicados en la solución. Dado el profundo calado educativo del tema, se apoyó en la sabiduría de Cristina Díaz Reina, psicóloga integrativa con un grandísimo prestigio en múltiple facetas y especializada en trauma, apego y regulación emocional, que ayudó a los asistentes a comprender y saber cómo actuar en la prevención y en la solución.
«El bullying, dijo, no es una broma pesada ni un conflicto entre iguales. Es, ante todo, un trauma relacional sostenido en el tiempo, una herida que impacta de lleno en la identidad, la pertenencia y el sistema nervioso del menor«.
Lo que siguió fue una auténtica lección sobre cómo se vive el acoso por dentro y qué necesitan hacer, de verdad, familias y educadores para convertirse en red, refugio y brújula.
En la adolescencia, recordó, el grupo funciona como núcleo de identidad. Por eso, cuando el daño y la humillación proviene precisamente de ese círculo, la herida se duplica: “no te hiere cualquiera, te hiere tu grupo.”
El sistema nervioso interpreta ese rechazo como una amenaza real y activa respuestas de supervivencia: hiperalerta, bloqueo, evitación, desconexión emocional…
En ese silencio forzado, muchos menores llegan a una conclusión devastadora: el problema soy yo. Uno de los daños más crueles del acoso.
Contó que, en las raíces múltiples del acoso, el bullying no aparece de forma aislada. Se sostiene en una compleja confluencia de factores emocionales, grupales y familiares: desequilibrios de poder, necesidad biológica de pertenencia, dinámicas de humillación reforzadas por el grupo, inmadurez en la regulación emocional de agresores, víctimas y testigos, modelos familiares sin límites claros o sin reparación emocional y, sobre todo, adultos que no nombran la violencia o la normalizan.
Comprender este entramado permite intervenir de forma más eficaz y menos culpabilizadora.
Una de las ideas más prácticas, y más ignoradas, de la jornada fue esta: las primeras señales del bullying raramente aparecen en lo social, sino en el cuerpo. Estrés continuado convertido en dolor de barriga, cefaleas, náuseas matinales, cansancio extremo o infecciones repetidas. A ello se suman cambios emocionales (irritabilidad, regresiones, silencios…) y sociales (exclusión, esconder el móvil, modificar rutinas o grupos…).
La frase quedó flotando como un aviso clínico y humano: “Cuando un menor cambia, siempre hay un motivo.”
«Acompañar tiene su arte«, insistió Cristina Díaz, no es pedir explicaciones, sino sostener la herida. dedicó la parte más humana de su intervención a explicar qué significa acompañar verdaderamente a un niño o adolescente que está siendo acosado.
Es sostener. Validar el dolor sin minimizarlo. Convertirse en un refugio regulador a través de la presencia, la mirada y el tono. Un acompañamiento que empieza en la piel y termina en la reconstrucción de una red segura.
Algunas claves tomadas al oído para un acompañamiento resolutivo
Validar el dolor. “Te duele porque son ellos, porque es tu grupo.”
La validación, señaló, reduce la vergüenza, la emoción que más paraliza.
Ser un refugio regulador.
Tono calmado, mirada que sostiene, presencia sin prisa.
“Un adulto regulado es el mejor analgésico emocional.”
Poner palabras sin juicio.
Preguntas que ayudan a reorganizar la experiencia y vencer el aislamiento.
Separar identidad y experiencia.
“Tu silencio fue supervivencia, no debilidad.”
Reparar cuerpo y sistema nervioso.
Respiración, sueño, exposición a la luz solar, movimiento.
Restablecer la pertenencia.
Nuevos vínculos, actividades donde el menor vuelva a sentirse visto y valorado.
Crear un plan de protección.
Recursos concretos para el recreo, entradas y salidas, adultos de referencia y frases clave. Restablecer la pertenencia y crear un plan de protección realista.
El papel decisivo del centro educativo
La intervención eficaz en colegios e institutos, subrayó Díaz Reina, se basa en acciones claras: actuar rápido, realizar entrevistas individuales (nunca confrontaciones públicas), asignar un adulto referente, vigilar activamente los espacios de riesgo, reorganizar el grupo sin exponer a la víctima, trabajar con agresores y testigos, mantener comunicación constante con la familia y redactar un plan de protección por escrito que se lleve a cabo de verdad.
La regla de oro es innegociable: nunca exponer a la víctima. Ni careos, ni relatos forzados, ni escenas públicas.
Pienso que estaría bien que padres y educadores escucharan estos y otros mensajes que Cristina expuso en vivo con su brillantez y sabiduría profesional, que lógicamente yo no sé reproducir en mi bienintencionado intento de crónica.
No cabe duda de que la actuación fundamental en el tratamiento del acoso escolar responde a medidas educadoras tanto de prevención como de solución.
Sin embargo tampoco cabe duda de que los malotes se ceban con los más débiles, es por ello por lo que Cristóbal Granados Lara inició hace años esta «cruzada» de ayuda a personas para aumentar su autoestima enseñándoles de forma altruista su método de defensa personal urbana que les permite conocer técnicas de paz, no de pelea, pero que le ayudan a resolver las provocaciones de los compañeros maltratadores.
Si fueras víctima de acoso escolar, de violencia machista, de violencia callejera, de altercados varios… ¿Crees que estaría de más y que no te sería útil conocer técnicas de disuasión de conflictos y de defensa personal?.
Así, tras la intervención inicial de la psicóloga Cristina Díaz Reina centrada en la comprensión psicológica del acoso y la gestión emocional, la jornada se completó con un módulo práctico impartido por Cristóbal, creador del sistema DPU (Defensa Personal Urbana), dedicado a la aplicación real de técnicas anti-bullying.
El bloque mostró que la defensa personal eficaz no depende de la fuerza, sino de la preparación, la técnica y el control emocional.
Se enseñó cómo utilizar el cuerpo como herramienta de defensa de forma proporcional y consciente, reforzando un principio clave del Sistema DPU: la técnica supera a la fuerza. A través de ejercicios prácticos, los alumnos aprendieron a zafarse de agarres incluso de personas físicamente más fuertes, comprobando que la técnica y la maña pueden superar la fuerza bruta.
El bloque incluyó herramientas preventivas esenciales: Mantener la distancia de seguridad. No perder el contacto visual. Adoptar una guardia correcta y natural. Leer el lenguaje corporal y anticipar movimientos. Identificar los puntos vitales…
La clave es evitar el contacto físico siempre que sea posible, pero al mismo tiempo estar preparados para actuar de manera eficaz si la situación lo requiere. El Sistema DPU combina prevención, anticipación y respuesta segura, garantizando que el alumno pueda protegerse con control y eficacia.
Se trabajó el control del miedo y de las emociones, enseñando a respirar, reducir la tensión y mantener la calma para responder con decisión. También se abordó la búsqueda de salidas y el uso defensivo responsable, siempre desde la proporcionalidad y la legalidad.

El bloque práctico permitió a los asistentes experimentar la filosofía del Sistema DPU, que la seguridad nace del conocimiento y la preparación, no de la fuerza. Este principio queda reflejado en la frase que da identidad al Sistema DPU y que trasciende la defensa personal: «Donde hay preparación, no existe el miedo.»
Más que un lema, es una filosofía de vida: estar preparados permite actuar con confianza y serenidad.
La jornada cerró con una idea que había recorrido la propuesta de toda la jornada y que resonó más como compromiso que como conclusión. “La prevención del bullying empieza en casa, vínculo seguro, presencia y regulación.”
Y este, que podría parecer ser un mensaje final también sonó a mensaje de inicio. El de una comunidad que decide mirar de frente el sufrimiento infantil y adolescente y transformarlo en comprensión, acción y reparación.
Porque la prevención completa une la brújula emocional con el escudo práctico.








