«Un foráneo en el paraíso» | ChLL para atqmagazine
La mañana de ayer, 20 de abril, el III Festival Literario de Antequera «Las Cosas del Campo» se vistió de gala para recibir al Grupo Rapsodia de Música y Poesía.
Fue una apertura magistral, donde el talento local no solo estuvo a la altura, también conquistó el alma de los presentes en un arranque de la participación de colectivos locales de Antequera festival que solo puede describirse como maravilloso.
Bajo el cielo antequerano, entre las paredes claustrales centenarias del antiguo convento de San Francisco en la Ciudad, los rapsodas Pepe Berrocal, Nani Pérez y Carmen Vera, acompañado por los acordes de la guitarra de José Luis López León, demostraron que la poesía se vive en Antequera.
A través de un viaje emocional de 13 piezas, el grupo supo rescatar parte de la esencia de nuestra tierra y de nuestros poetas universales.
El recital fue un recorrido por el sentimiento, un equilibrio perfecto entre la nostalgia y la pasión. Desde el inicio, la ternura de la descripción de Platero, de Juan Ramón Jiménez, en la voz de Carmen Vera anunciaba la belleza de este recital.
«Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro.
Lo dejo suelto y se va al prado, y acaricia tibiamente con su hocico, rozándolas apenas, las florecillas rosas, celestes y gualdas… Lo llamo dulcemente: «¿Platero?», y viene a mí con un trotecillo alegre que parece que se ríe, en no sé qué cascabeleo ideal…
Come de todo. Le gustan las naranjas mandarina, las uvas moscateles, todas de ámbar, los higos morados, con su cristalina gotita de miel…
Es tierno y mimoso igual que un niño, que una niña…; pero fuerte y seco por dentro, como de piedra. Cuando paso sobre él, los domingos, por las últimas callejas del pueblo, los hombres de campo, vestidos de limpio y despaciosos, se quedan mirándolo:
Tiene acero. Acero y plata de luna, al mismo tiempo.»
Pepe Berrocal continuó con la ternura y recitó con su gracejo andaluz «El perro cojo» de Manuel Benítez Carrasco,
La mañana entró en el romanticismo eterno de las golondrinas de Bécquer y la profundidad mística de Antonio Machado en en la modulación pasional de Nani Pérez.
Fueron alternado entre ellos la fuerza escénica y las distintas interpretaciones. Carmen Vera a Lope de Vega y el icónico «Viaje definitivo» de Juan Ramón Jiménez.
Otros de los momentos vibrantes de la velada fueron, sin duda, la unión de las tres voces para deleitarnos con «Verde que te quiero verde» de Lorca y «Cantares» de Machado, dejando un eco de aplausos y emoción contenida en el aire.
Pepe Berrocal recitó «No te rindas», de Guillermo Mayer atribuido ( injustamente para él ) a Mario Benedetti. Y que el grupo quiso que se incluyera en este recital sin ser un poeta andaluz, como homenaje a la resistencia de nuestra poesía y como inspiración para la lucha interior cotidiana en el florecimiento de uno mismo.
Me atrevo a decir que más que un recital, fue una caricia para el alma. El Grupo Rapsodia no solo abrió la participación de los colectivos locales; abrió el corazón de un público que se rindió ante la impecable dicción andaluza y castellana, el respeto absoluto por el verso y la sensibilidad musical.
Una mañana donde la palabra se hizo mensaje y la música, recuerdo. Si el objetivo del festival es celebrar «las cosas del campo», Rapsodia nos recordó ayer que la cosecha más hermosa de nuestra tierra es, sin duda, su cultura.







