En portada: Charo Carmona en la Real Academia de Nobles Artes de Antequera, en el homenaje a Juan Alcaide de la Vega
«Un foráneo en el paraíso» | ChLL para atqmagazine
Nuestra revista tiene el inmenso orgullo de anunciar que la próxima persona que formará parte de nuestro particular Olimpo de las Venus de Anticaria será Charo Carmona, la guisandera e investigadora inagotable de Arte de Cozina.
Quienes no hemos nacido al abrigo de la Peña de los Enamorados ni hemos crecido al arrullo de la brisa que baja del Torcal tenemos, a veces, la extraña ventaja de la perspectiva. La ventaja de mirar este rincón del mundo con los ojos de un enamorado de la buena gente, fascinado por la densidad histórica de unas calles donde las piedras hablan, el arte emociona y el tiempo parece discurrir a un ritmo distinto.
En atqmagazine concebimos hace tiempo el Premio «Venus de Anticaria» no para galardonar la prisa ni la estadística efímera, sino para celebrar aquello que permanece. La pequeña estatuilla romana que contempla los siglos desde las vitrinas del Museo de la Ciudad lleva casi dos milenios recordándonos que las ciudades cambian y las personas pasan, pero la belleza interior de los valores humanos, la capacidad de cuidar, la investigación, la entrega al patrimonio común y la búsqueda constante de la excelencia son valores eternos. La Venus premia, en definitiva, la dignidad del alma antequerana.
Para entender por qué Charo Carmona merece este reconocimiento bastaría con reservar una mesa en su casona del siglo XVII. O charlar un ratillo con ella, aunque su humildad no te dejaría ver la importancia de la enorme dimensión también externa de sus logros. Hay que mirar más allá de la cazuela. Hay que entender que lo que Charo Carmona hace en Antequera es mucho más que dar de comer; es ejercer la antropología con la cuchara en la mano.
Autodidacta, curiosa y dueña de una devoción casi sagrada por la historia, Charo tomó la esencia gastronómica de su casa del célebre tratado de 1611 escrito por Francisco Martínez Montiño, cocinero de la corte de Felipe II. Pero su laboratorio no ha sido solo el papel añejo; su verdadero campo de trabajo han sido las cocinas de pueblo, los testimonios orales de ancianas y campesinas de la comarca, y la herencia viva de una mezcla de culturas, árabe, judía y cristiana, que definió durante siglos la esencia de esta tierra.
Ella es la depositaria de sabores que la modernidad apresurada estuvo a punto de enterrar. Gracias a su tenacidad, platos como la porra de naranja, el ajo colorado, los garbanzos con castañas, los salmorejos de caza o el chivo a la pastoril, el guisillo de San José, un guiso pobre que se tomaba en Navidad; el gazpacho sefardí y otros muchos… han dejado de ser fantasmas literarios para volver a ser vida, identidad y patrimonio tangible en el plato.
Su magisterio, su referencia y su influencia no han pasado desapercibidos. Su propuesta ostenta con orgullo el Sol de la Guía Repsol, ha sido galardonada como Mejor Jefa de Cocina por la revista Origen y distinguida con el premio a la Divulgación de los Valores de la Gastronomía. Más recientemente, el doble galardón nacional Top Tradition 2026, entregado en Vitoria y en Madrid, la consagraba como una de las grandes guardianas de la cocina tradicional española.
Pero si algo conmueve a este foráneo en el paraíso es su proyección dialogante. Su estrecha colaboración con etnólogos e historiadores como Fernando Rueda, su papel como socia fundadora del colectivo Gastroarte, su permanente alineación con la Academia Gastronómica de Málaga y su voz imprescindible en congresos internacionales como FéminAS no hacen más que ratificar una verdad incontestable. Charo es una embajadora universal de la identidad andaluza.
Dicen los valores de nuestro premio que la excelencia solo es verdadera si nace del respeto y sirve a la comunidad. Charo Carmona ha cumplido tres décadas de magisterio en los fogones y sigue acogiendo a quien cruza su puerta con la humildad y la verdad de las grandes.
No le otorgamos el Premio Venus de Anticaria por sus títulos, que son muchos y deslumbrantes. Se lo concedemos por haber mantenido encendido el fuego lento de nuestra memoria. Por haber demostrado que cuidar la receta de un antepasado es tan sagrado como restaurar un retablo. Por haber hecho de la cocina un arte noble, generoso y eterno.
En los próximos días desvelaremos la fecha y los detalles de un acto en el que Antequera volverá a rendir tributo a una de sus hijas ilustres.






