@joseantoniotorres92: «La fotografía es el secreto de la luz. Yo solo intento descifrarlo»

José Antonio Torres Sánchez, que acaba de jubilarse de su puesto en el Conjunto Arqueológico Dólmenes de Antequera, es una de esas interesantes personas que han hecho de la contemplación un arte, y de la fotografía, una forma de comunión con la tierra que lo vio nacer.

Cuando la inmediatez parece regir nuestra mirada sobre el mundo, otras personas como él, aún se toman el tiempo de observar, esperar, sentir… y capturar ese instante con su cámara para regalárnoslo después.

Pero ¿está jubilado ya con un espíritu tan joven y un cuerpo tan fuerte como se le ve?.
Es la ventaja de haberse cuidado en salud física y mental.
Aunque él no se jubila de su verdadera vocación: cazar la luz. Esa luz azul, su hora mágica, que marca el instante justo antes del amanecer o después del ocaso. Ahí, entre sombras delicadas y cielos en penumbra, se dibujan los contornos de la Peña de los Enamorados, el Torcal, la torre de la Alcazaba, la de la plaza de San Sebastián…o una flor de retama silvestre apuntando hacia el cielo de primavera.

Su manera de fotografiar tiene poco de fortuita y además nada de artificial. Me dijo un día: “Yo cuando voy a hacer una foto ya tengo analizado lo que quiero. Hay momentos que sí, que llega y ¡plom! la capto, pero la mayoría están pensadas.”
Y me lo contó como si estuviera «chupao», con esa humildad que desarma, con la que comparte no solo su saber, sino su asombro. Como si no fuera cada una de sus fotos una obra de arte…



Me habló de “cazar” imágenes, no de tomarlas. Y esa diferencia no es menor. Una de sus fotos más conocidas muestra la luna pinchada con exactitud en el pararrayos de la torre del homenaje de la Alcazaba de Antequera. No hay edición, no hay trucos, hay tres años de espera. Tres años mirando el cielo, estudiando grados, …esperando la alineación perfecta entre la tierra y los astros.

Para alguien como él, la magia no está en el retoque, sino en el momento. Lo digital no sustituye el estremecimiento de capturar un instante irrepetible con la exactitud de su emoción.
“Eso se puede hacer en Photoshop en cinco minutos, pero no es lo mismo. Yo soy más naturalista, más puro. Una fotografía auténtica se caza, no se construye.”

José A comparte libremente sus fotos en redes sociales, es su galería, sabiendo que muchas veces son usadas sin su nombre. No le importa. Hace las fotografías porque le gusta y las comparte para que otros puedan verlas. Su única finalidad es capturar un momento único y regalárselo al mundo.

Y lo hace desde sus cuentas de Instagram, @joseantoniotorres92, y de facebook en las que a diario nos regala atardeceres que arden sobre la Peña, lunas que se elevan sobre la chimenea de la antigua azucarera, soles atrapados justo en el campanario de Santa María o la línea dorada del equinoccio colándose por el corredor del dolmen de Viera. A cada imagen le preceden semanas, meses, incluso años de cálculo y estudio.

Puedes encontrarle en @joseantoniotorres92


Su mirada no está anclada solo en Antequera. “Es mi tierra, la tierra que me vio nacer y donde vivo. Aquí me siento como pez en el agua” … Pero de vez en cuando, se escapa a otros parajes. Eso sí, siempre vuelve a su núcleo espiritual: el Torcal. Allí se crió, Tiene el tesoro de raíz de haberlo recorrido, aprendido y vivido con su tío Joaquín, pastor del lugar, y desde entonces lo siente como un espacio sagrado, un lugar mágico donde convergen sus energías positivas.

Dicen los entendidos que él es una de la personas que mejor conocen cada rincón y la toponimia de cada una de las piedras simbólicas del Torcal.

Allí, en días de niebla o con la vía láctea iluminando las piedras milenarias, busca esas composiciones que se sienten y nos hacen sentir. “El Torcal tiene puntos donde la energía se nota más. Si tienes sensibilidad, lo sientes.”

También su vínculo con los Dólmenes es casi mítico. Desde su infancia quedó fascinado por esas construcciones de piedra antigua que parecían mirar al cielo con intención. Un día, siendo niño, abrió la cancela del dolmen de El Romeral con una llave que aún conserva. Décadas después, trabajaría como custodio del conjunto arqueológico, guiando a los visitantes con la misma pasión que lo hizo soñar a él. “Cuando hablo de los dólmenes, me sale del corazón. No recito, comunico lo que siento.”

Su fotografía del equinoccio en el dolmen de Viera, con el sol asomando justo en el corredor de piedra, es una de las joyas de su archivo (al menos para mí) . Imágenes casi imposibles para el ojo cotidiano, posibles solo para quien sabe esperar, para quien entiende que la luz tiene sus propios rituales y que algunos solo ocurren una vez al año.

José Antonio Torres nos devuelve a la raíz de la fotografía (clave de la que tanto me ha hablado mi admirado amigo Jose Díez de los Ríos, presidente de AFA y uno de los fotógrafos más premiados del mundo): luz, paciencia y verdad. En sus fotografías no hay artificio, hay alma. Su cámara es una extensión de su memoria emocional, que guarda la luz con la que el tiempo toca la tierra. Y en esa luz, brilla su legado lleno de imágenes que nos recuerdan que la belleza está donde alguien se detiene a mirarla.

“La fotografía es el secreto de la luz. Yo solo intento descifrarlo.” | Jose A. Torres Sánchez


¿Y qué te iba a decir yo? ¿Tú has aprendido a hacer fotografías solo, o has ido a…?
Mi interés real por la fotografía despertó en torno a 2013 o 2014. Aunque en mi familia siempre ha habido fotógrafos, como mi tío Marino, que es fotógrafo profesional. Yo nunca me había sentido vinculado. Hasta entonces, la fotografía no me había llamado la atención. Pero desde esa época…

¿Y cómo aprendiste?
Aprendí por mi cuenta. Sí, sí. He aprendido de esa manera. A abrir el diafragma o abrir el foco a tu aire… Eso. A fuerza de observación y de «cuatro» consejos de algunos, fundamentalmente del padre de Raúl Pérez.
Me limito a capturar lo que se dibuja en mi mente. Cuando veo una imagen que me impacta por la luz, el entorno, el momento… sé lo que quiero antes de disparar. La mayoría de mis fotos están pensadas con antelación.

Entonces, ¿podríamos decir que tus fotografías son premeditadas?
Sí, casi todas. Algunas veces surge algo espontáneo, pero normalmente son muy pensadas. Por ejemplo, he estado tres años detrás de una foto de la luna pinchada en el pararrayos de la Alcazaba. No está manipulada. Es una fotografía real, captada en el momento exacto. Eso es lo que me gusta: cazar imágenes auténticas.

¿Qué sientes cuando capturas una imagen única?
Siento que he congelado un momento que no volverá. Es como atrapar un suspiro de la naturaleza. Y si puedo compartirlo con los demás, mejor aún. Pero lo importante es que esté hecho con el corazón. La fotografía, si no se hace con el alma, no transmite.

¿Utilizas programas como Photoshop para editar? ¿Todas tus imágenes son reales?
No. No me gusta editar. Es más, odio los ordenadores. Solo revelo lo justo. Lo que más me gusta es compartir la imagen tal y como sale de la cámara.
Todas las imágenes que tú ves mías, son reales. No están manipuladas ni con Photoshop ni con ningún programa. La fotografía nocturna tienes que revelarla un poquito, es decir, tienes que alzar las sombras, las luces, si hay luces muy altas, bajarlas un poquito… siempre necesita un poquito de edición. Pero a mí la fotografía que realmente me gusta es la que saco de la cámara, la paso aquí y la publico. Sin nada más. Directamente. Sin nada más.

¿Tienes alguna foto especialmente simbólica?
Sí, por ejemplo, una en la que el sol se alinea exactamente con el campanario de la Torre del Homenaje. Estuve dos años esperando el momento adecuado. Solo ocurre un día al año, la hice desde el balcón de mi casa. Si llueve o está nublado, hay que esperar al año siguiente.

¿Cómo planificas tus fotos? ¿Estudias los movimientos del sol, por ejemplo?
Sí, investigo mucho. Uso programas que me indican la salida y la puesta del sol, los grados exactos. Me interesa mucho el comportamiento de la luz. Por ejemplo, para fotografiar la Vía Láctea o capturar ciertos momentos en los dólmenes, tengo que saber exactamente dónde y cuándo estará la luz.

¿Tus fotos en los dólmenes también están pensadas?
Por supuesto. Por ejemplo, tengo una fotografía del equinoccio desde dentro del Dolmen de Viera, en el momento exacto en el que el sol aparece por la entrada. Es una imagen única, que solo puede captarse ese día y en ese momento preciso. El resto del año, la luz ya no entra igual.

¿Te interesa exponer tus fotos en galerías o participar en concursos?
No, no tengo ningún interés. Hago fotografía por puro placer. Comparto mis fotos sin ánimo de lucro, ni siquiera les pongo mi nombre. Me da igual si las publican otros con su firma. Lo importante para mí es que la gente las vea y disfrute de esos momentos únicos que yo he podido cazar.

Tus fotos son muy apreciadas en internet. He visto algunas con más de dosmil «me gusta». Has recibido premios en redes sociales, ¿verdad?
Sí, algunas galerías virtuales me han premiado. Por ejemplo, «Naturaleza Andalucía» y «Naturaleza Spain» han elegido fotos mías como foto del día. Pero repito, no hago esto por reconocimiento. Lo hago porque me gusta compartirlas.

Paseaba yo a esta misma hora por este mismo lugar y me encontré a Jose A. haciendo esta fotografía | ChLL

¿Hay un estilo que te defina?
Mi estilo es la fotografía natural. No retoco las imágenes, solo capturo lo que está ahí. Para mí, la fotografía es el secreto de la luz. Todo depende de ella. Una buena foto es aquella donde la luz ha hecho su trabajo de forma perfecta. Y eso no ocurre en cualquier momento, hay que saber esperar.

¿Tus fines de semana o ratos libres los dedicas a esto?
Cuando me apetece, sí. Si tengo un rato libre y me llama el cuerpo, cojo la cámara y salgo a buscar esa foto que llevo tiempo queriendo cazar.

¿Y siempre te mueves por tu tierra, por Antequera?
Es la tierra que más me tira. La conozco bien, la siento, y eso se nota en mis fotografías. El Torcal, la Peña de los Enamorados, los dólmenes… cada rincón de la mayoría de sus calles tiene algo mágico. Pero suelo salir a otros lugares y ahora con alguna razón más.

Una de la serie antes del momento exacto | En dolmen de Viera. Equinoccio.

¿Has pensado unirte a alguna asociación como AFA (Asociación Fotográfica Antequerana)?
No. Aunque tengo muchos amigos allí, no quiero vincularme a nada que me obligue a acudir a actividades. Con mi trabajo, cuando tenía tiempo libre quería que fuera solo mío. Ahora aún más. Pero reconozco que AFA tiene fotógrafos buenísimos y su prestigio es de las mejores asociaciones de Europa.

José Antonio es una persona apasionada, comprometida y generosa, con una marcada vocación por la fotografía, el patrimonio natural y la divulgación cultural. Ha sabido unir su conocimiento profundo del entorno natural con una destacada sensibilidad artística.

¿Eres un enamorado del Torcal?
Sí, muy enamorado del Torcal. Desde que tenía cinco años, desde mi infancia. Desde entonces yo estoy vinculado de alguna manera. Mi tío Joaquín era un gran amante del Torcal, fue pastor allí, lo conocía como nadie. Él me enseñó muchísimas cosas de esta maravilla natural, que es un paraje único.
Hablar con Jose A. del Torcal es como escuchar a un druida. No hay otro lugar que le despierte más mística. Le transmitieron la pasión por ese museo natural de piedra y niebla.
“Es un sitio mágico. Allí convergen energías. Hay puntos donde la intensidad es brutal. Como en el Cáliz. Hay que estar allí para sentirlo.” “En días de niebla es complicado subir, pero las fotos que salen… son únicas. La naturaleza se deja cazar pocas veces, y hay que estar allí cuando lo permite.”

¿Cómo sabes dónde va a salir o ponerse el sol para hacer esas fotos exactas?
Porque lo he investigado. Me interesa. Solamente por eso. Hay programas que te dicen el sol exactamente por dónde va a salir, los grados, a la hora que sale, todo. Yo sigo esos programas y por ahí me informo.


¿No te interesa exponer en galerías?
No. No me llama la atención. No es mi llamada. Mi llamada es hacer fotografía por propio placer y compartirla con los demás. Nada más. Y publicarlo para que la gente pueda verlo. Yo sé que es un momento único que todo el mundo no puede ver. Esa es la única finalidad que yo tengo con la fotografía.

¿Qué representa para ti la luz en la fotografía?
La fotografía es, como yo le llamo, el secreto de la luz. Todo depende de la luz. La luz es la que marca, podríamos decir, la representación de la fotografía. Una fotografía bien cazada con buena luz será una buena fotografía. Si la luz es muy caliente o no aparece, no hay fotografía. Tienen que coordinar muchos factores para que esa fotografía que quieres plasmar se pueda ejecutar.

¿Qué sentiste al hacer la foto del equinoccio desde el dolmen de Viera?
Esa foto está hecha desde dentro de la cámara y el sol justo colocado en la entrada avanzando hasta la cámara, al aparecer por el horizonte. El dolmen de Viera está perfectamente sincronizado orientado hacia el sol ese día. Es decir, el día siguiente ya no se ve así. Ni el día anterior tampoco. Fue ese día. Ese momento. Allí estaba yo y …
Sus fotografías del sol atravesando el pasillo del dolmen de Viera en el equinoccio no tienen nada que envidiar a las tomas más famosas de Stonehenge.


¿Crees que los dólmenes están conectados con algo más allá de lo visible?
El dolmen de Menga no está orientado a la salida del sol. Está orientado a la Peña de los Enamorados. Un símbolo mágico. La cara de la madre tierra. Una imagen que emerge de la tierra. Y esa orientación no es casual. Es el perfil de la fertilidad. Nuestros ancestros sabían muy bien lo que hacían.
( Y me contó mil cosas bonitas de los dólmenes que no se estudian en los manuales)

Pocas veces he escuchado hablar de un lugar con la devoción con la que Jose A. habla de Antequera. En cada imagen suya se respira ese amor callado, sin pretensión. Desde la Vía Láctea acariciando la Peña de los Enamorados, hasta la flor silvestre que anuncia la llegada de la primavera sobre los dólmenes.
Jose A. conoce cada rincón de su ciudad, cada instante donde la luz se cuela de forma mágica por las rendijas de la historia. Busca aquella que sólo se revela cuando el alma está en silencio. La que aparece justo en el instante en que todo se alinea: el sol, la piedra, el tiempo, la emoción…


Suelo conversar con personas que le conocen bien y destacan de él cualidades y un perfil de persona admirable:
«Es inquieto y dinámico, pero sereno y calmado» .Me dicen algunos. «Cercano, sencillo, noble, bonachón, discreto, entusiasta y alegre; generoso, muy generoso». ¿Sabes que participó durante un año como fotógrafo del calendario del conjunto dolménico de Antequera», me comentan otros… «es un defensor férreo de los nombres históricos del territorio Torcal. «Muy versado en botánica y plantas autóctonas» «Sabe transmitir el conocimiento con alegría y claridad». «Se destaca por tener relaciones de alto valor humano con colegas y amigos». «Comparte sus conocimientos sin ego, siendo llamado incluso maestro por quienes le rodean». «Es considerado un candidato ideal para integrar equipos culturales por su perfil multidisciplinar»

Algunas de sus últimas fotos en Cantabria: