Jesús Calzada expone ‘Origen’, en el MAD de Antequera | 9 de abril a 23 de junio 2024

No puedes perderte esta exposición, merece mucho la pena verla; pues si la estética de su pintura es deslumbrante (personalmente me encantan además formato y objeto), interesantísimos son los conceptos argumentales que dan contenido a cada cuadro.
Ayer día 10 de abril, se inauguró oficialmente la exposición y me gustó que el autor se viera arropado también y especialmente por el alcalde de nuestra ciudad, Manuel Barón y por el responsable del Área de Cultura de Antequera, José M. Medina Galeote, aun siendo una muestra organizada por otra entidad
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ChLL | atqmagazine


«La Diputación de Málaga se congratula en presentar en el MAD de Antequera las últimas creaciones del artista manchego Jesús Calzada, que, debo confesar, ha sido un descubrimiento por estos lares, a raíz de sus trabajos para Alhaurín el Grande, la Semana Santa de Málaga y la Corrida Picassiana de 2023 en La Malagueta.

Calzada baja por Despeñaperros cargado con su ilusionante idea sobre el ‘Origen’, mitificado en su obra pictórica, que es una puerta a la vida, a los sensoriales colores de la naturaleza, a la percepción de la creación, siempre con un trazo definido y claro, sincero y atrevido.

Este artista ha estado un año concibiendo esta exposición, que es una naturaleza viva después de la muerte. Es la expresión de quien tiene en sus manos la facultad de modelar paisajes, diosas y caprichos de la creación como un homenaje al nacimiento del universo, que pasa necesariamente por Menga y El Torcal. Es su callado homenaje a la ciudad que lo ha atrapado y en la que va a convivir entre las paredes del Palacio de los Colarte del 9 de abril al 23 de junio.

Pese a su juventud, Jesús Calzada tiene un recorrido prometedor, alternando la pintura con la dirección de arte de notables y conocidos trabajos para cine y publicidad. Se trata de un creador, de un creativo, con una personalidad arrolladora que le identifica plenamente.

Y en esta primavera tendremos la suerte de gozarlo en Antequera«.
Manuel López Mestanza | Diputado Delegado de Cultura

Jesús Calzada

‘ORIGEN’ | JESÚS CALZADA
El mirar para atrás antes de avanzar, de Jesús Calzada
Javier Díaz-Guardiola

«Me quedo con un detalle: lienzos imprimados de negro, el tono de la duda, desde los que
Jesús Calzada (San Lorenzo de Calatrava, Ciudad Real, 1986) va buscando la luz, metáfora de
toda respuesta, encontrando el color. El pintor lo tiene claro: hay que mirar hacia atrás, sin
prejuicios, volver a las esencias no tanto para buscar soluciones sino para arrojar claridad sobre
conclusiones que ya se concretaron en el pasado pero que hemos olvidado. Sobre nosotros se
cernió la amnesia, la sensación de que el progreso nos hace invencibles, superiores a los hombres
y mujeres de cualquier otra época.

Eso es precisamente ‘Origen’, su proyecto para el MAD de Antequera, que además se imbuye del
contexto, de la espiritualidad del lugar. Un regreso desde la pintura a un momento clarificador
de la Historia de la Humanidad, cuando el hombre comienza a cuestionarse su naturaleza, su
relación con el entorno, su propia mortalidad, y encuentra algunas respuestas, al menos algún
placebo, a través del arte. Y el arte, pues, como mediador entre nuestra dimensión más terrena y
la más espiritual, sin interferencias ni miradas asépticas. Así lo deja claro su propio autor».



‘Origen’ es una muestra ambiciosa, por el número de obras que contempla y por su intencionalidad.
¿Cómo nace un proyecto como este y cómo va construyéndose?

Reconozco que yo nunca había viajado a Antequera, su sede, pero el tema de la exposición sí que
me había rondado la cabeza con anterioridad. Los primeros bocetos los empecé centrándome
en las venus antiguas, lo que tenía sentido, puesto que mi obra gira sobre la recuperación de
distintos pedazos de la sociedad actual en comparación con la de tiempos anteriores, de forma
que ahora que considero que vivimos en la dictadura de la belleza, de la perfección de los cuerpos,
de estas estéticas tan normativas que se imponen, pensé en ocuparme de esas venus para las que
el canon era otro. Yo ya había empezado a realizar un proyecto que titulé ‘El nacimiento de Santa
Instagram’, robando fragmentos de cuerpos de la red social, formando otras venus a modo de
collage de la sociedad actual, tanto me metí en este asunto que terminó contaminando ‘Origen’.

¿En qué sentido?
El proyecto se ha convertido en una cuestión no tanto estética como existencial, y desde el
proyecto anterior se encauzó el actual. Nunca pensé que llegaría a ese punto, lo inicié más de forma
intuitiva. Pero cuando la propia Diputación de Málaga me habló de Antequera como escenario
para la muestra decidí que el resultado tenía que estar muy en conexión con el contexto, porque
además, es más fácil que uno decida llegar hasta allí, por ser como es este lugar, Patrimonio de
la Humanidad, que por mí mismo y mi exposición. En un caso como este es casi obligatorio que
el contexto influya.
Invitas a volver al origen, a señalar que las preguntas de la humanidad son las mismas
independientemente de la época, y que las respuestas ya se fijaron hace milenios. ¿No hay pues
nada más revolucionario que volver a escucharnos?

Eso es. La sociedad nos ha malcriado de una manera tremenda, hemos perdido el norte, pero
cuando ocurre algo horrible, seguimos las mismas pulsiones de siempre. Los microcosmos que
nos montamos en la cabeza no son nada. Al final lo que nos importa es el amor, la muerte, los
temas más básicos, eso ha sido así desde los inicios de la Humanidad. Los grandes perdedores
hoy son la Filosofía o el Arte: siendo los grandes denostados en esta sociedad tan superficial.

Es cierto que afirmas que el arte para ti cumple una función básica porque conecta nuestras dos esferas, la terrenal y la espiritual. ¿Lo ha sido siempre así en tu trabajo o has sido ahora más consciente de todo ello?
Yo he sido artista desde siempre, comencé a dibujar antes de sumar 2+2, y con el tiempo demostré
que mis aptitudes no valían para otra cosa, siempre fui tremendamente inculto para todo lo
demás, estoy en el arte por eliminación, nunca dudé de hacia dónde tenía que caminar. El arte
para mí siempre ha sido muy intuitivo. Y respondiendo a tu pregunta, mis iconografías siempre
tienen dos sentidos: esa capa de significado en torno a lo que yo quiero expresar, que dialoga con
otra que conecta con un lenguaje ancestral que compartimos todos y que reconocemos todos.
Durante muchos años di clases a personas mayores, mujeres, y ellas me enseñaron que al arte
le toca verbalizar lo que todo el mundo sabe entender, por eso estoy en contra de todas estas
corrientes actuales tan eruditas y conceptuales solo a disposición de unos pocos. De forma innata
sabes si algo te transmite temor, bondad, si te trasmite dignidad…

Ponme un ejemplo.
En realidad, esto que explico es un trabajo que se realiza por parte del espectador de manera
inconsciente. Si yo te menciono el origen, todo el mundo piensa de forma inmediata en el
nacimiento, en la madre. Tenemos unos iconos interiorizados por nuestra propia cultura. Ahí
es donde yo rebusco: en la expresión de mi abuela cuando ve una obra mía sin tener ningún
conocimiento artístico o en la de esas personas ajenas al mundo del arte que me dicen que la
obra les parece horrible pero que les encanta, porque significa que de alguna forma conectan con
lo que se les ofrece.



Hablamos de pasado, y esa es la función que cumplía el arte entonces, en el Románico por
ejemplo: ser correa de transmisión de mensajes ‘universales’.

Y si me refiero a la propia exposición, en la Prehistoria igualmente, no sabemos qué sentido
tenían las pinturas de las cavernas, pero son rituales que se asocian e inventan desde el arte.
Querían decir algo, no sabemos el qué, pero eran una herramienta obvia de comunicación.

Sin embargo, tú si le das importancia al elemento estético.
Sí. Yo vengo de trabajar en el ámbito de la escenografía, me dediqué muchos años al cine, con
Pedro Almodóvar, por ejemplo, que es en sí mismo la estética por la estética. Por eso mis obras
las construyo como escenografías, sobre capas. No soy ese artista de Bellas Artes que genera a
base de manchas.

Tú vienes del cine, como señalas, de la imagen en movimiento. ¿Es la pintura el mejor
procedimiento para sedimentar ideas, plasmar sensaciones?

Yo creo que sí, aunque, como decía, lo de la pintura es algo que yo no elegí. En el ámbito del
cine me fue muy bien, sé que tengo un hueco de querer volver, pero fue un ámbito al que llegué
por la presión familiar, en casa se veía que si era pintor acabaría debajo de un puente, ahora me
dicen que estoy loco por haber vuelto al arte. Pero cada uno tiene una manera de expresarse.
Cuando me pedían un collage acababa haciendo una acuarela rápida. Como dice Rossy de Palma,
“la vocación es la aplicación de la ley del mínimo esfuerzo en cada uno de nosotros, haces sin
esforzarte lo que te sale de manera natural”. Y quince años trabajando en el cine, en la publicidad,
supuso convivir con una lucha interior. Dedicarme al arte no suponía tampoco ninguna garantía
de poder sobrevivir en este ámbito.

¿Y qué precipitó el salto?
La pandemia. De un día para otro estaba grabando para grandes productoras y grandes
plataformas de streaming y de repente se acaba todo, te vas a tu casa con una mano delante y otra
detrás pues estás contratado por obra y servicio, y no puedes hacer nada, ni cine ni publicidad.
En cierta medida, ‘Origen’ también nace bajo esta sombra, estamos en la era de los NFTs, pero
cuando todo esto pete, lo que sí que sabemos a ciencia cierta que va a seguir quedando será
la piedra. Hemos pasado por episodios horribles a lo largo de la historia y muy poco arte ha
sobrevivido… Precisamente hay unas obras que no entran en esta exposición en torno a la piedra
con ese lema: “Esto no es un NFT”

Desde luego, hay mucho paralelismo entre lo que propones en ‘Origen’ y tu propia trayectoria: tú también vuelves a tu esencia, a lo que fuiste en un principio. ¿Hasta qué punto lo biográfico se posa en una propuesta como esta?
¡Así fue! Y eso ocurre siempre. Los artistas somos tan ególatras que solo sabemos hablar de
nosotros mismos. Yo puedo estar hablando de tiempos ancestrales y allí estarán mis miedos, mis
deseos, mis sueños…, uno habla de lo que sabe. Yo estoy plasmado en este conjunto en forma
de grito, mi drama más intenso ahora mismo es que me veo en un mundo en el que también me
siento intruso, yo no sigo tendencias, no me veo en ningún círculo endogámico, y no me va mal,
no me puedo quejar. Me enfrento al arte desde la periferia, alejado de las corrientes de moda. Al
final estoy en medio del campo, muy desconectado, pero quizás es un valor diferenciador que no
ofrezca lo mismo.


Regreso a la cita, a ‘Origen’, que además genera un recorrido en tres salas que podría definirse de teatral o performántico, un de dentro hacia afuera. ¿Cómo lo defines tú?
Eso que dices es algo normal, pero porque yo vengo de ahí, yo vengo de ser director de arte para
el cine, del ámbito de la escenografía, y al final todo es una experiencia. Cuando esta muestra
viaje a otro lado me va a doler muchísimo, precisamente porque se va a perder la magia de la
experiencia del lugar.

La primera sala, ‘El origen de la Humanidad’, es el regreso al inicio de todo, a esas venus
femeninas que se siguen venerando ahora en iconos reconstruidos bajo otros parámetros; son
esa figura maternal a la que volvemos cuando nos sentimos mal. Es también una reflexión
sobre la socialización de la humanidad, sobre el inicio del arte. Mis fondos, que son intentos de
abstracción, se basan todos ellos en algún paisaje y, al final, tienen una raíz, como ocurría en las
pinturas rupestres. Pienso ahora en la obra titulada precisamente así, ‘Humanidad’, que no deja
de ser la interpretación de una cueva como las de Altamira. El ser humano representa lo que ve,
aunque tenga un pensamiento avanzado abstracto. Hasta Rothko se mueve por estos parámetros.

La segunda sala, ‘Saliendo de la caverna’, funciona a modo de transición.
Eso es. Es una sala pequeñita del museo, que cuando visité por primera vez pensé que tenía
similitudes con el Dolmen de Menga de Antequera, el monumento megalítico en su naturaleza
más grande de Europa de su época, Patrimonio de la Humanidad, que pensé obligatoriamente
poner en valor. Todo el mundo habla de Stonehenge y me parece mucho más abrumador lo de
Menga. El dolmen es otro viaje iniciático hacia la tierra, de volver al interior, y que descubro
mientras yo mismo estoy escribiendo sobre piedras, renegando del NFT. Por eso esa segunda
sala trata de reproducir un útero materno, que en el fondo era lo que se pretendía con los
enterramientos en los dólmenes, regresar al origen, conectar con la tierra. He querido que en esa
sala percibas lo que se ve desde dentro del de Menga. Es un homenaje a algo tan primigenio como
es parir, dar vida. Vivimos en la época de Instagram y no se nos enseña a afrontar una pérdida,
no nos enseñan que parir es también dolor. La nuestra es una sociedad de cristal que olvida todo
lo feo, aunque lo feo también forma parte de la vida.

Todo ello nos conduce al final del recorrido, la salida al exterior, que es ‘Más allá de las estrellas’,
la tercera sala.

La tercera y la última, que resume mi percepción de que cuando ya superas todos los dramas
vives mejor o vives peor porque mueres solo. Al individuo, desde que dejó de ser animal y se
convirtió en ser racional, le ha acompañado ese misterio existencialista, la pregunta del qué
hay después. Nuestra sociedad tan de luces y brillos no impide que en algún momento nos
interroguemos por el sentido de nuestra vida y que nos acongojemos por lo que viene después.
Ello se potencia cuando pierdes a un ser querido y asumes que la muerte es parte de la vida –que
no es precisamente ir a los Goya o a ARCO–.

La exposición tiene muy en cuenta el contexto en el que se desarrolla, la ciudad de Antequera.
¿Cómo llegaste a la conclusión de que esto tenía que ser así?

Todo pasa por algo. El proyecto ya estaba esbozado, pero cuando me ofrecieron Antequera como
escenario no dudé que tenía que ser ahí por estar hablando de origen. Este contexto es maravilloso
para lo que yo quiero contar, y ‘Origen’ coge aquí mucha más potencia. El 50 por ciento de las
obras se hicieron nuevas para este proyecto una vez que se le da el visto bueno, en un deseo de
potenciar esa experiencia y ese viaje iniciático que quiero que el espectador experimente.

En esa escenografía que creas conviertes el dintel de las puertas de las salas en una proyección de la forma de los dólmenes cuya visión, en perspectiva, proyecta nuestra mirada hacia el paisaje de Antequera recogido en algunos cuadros.
Recuerdo cuando estudiaba que nos contaban que los dólmenes se orientaban siempre hacia
el solsticio o el equinocio solar para que se produjera una nueva penetración, la del Sol, en sus
estructuras, en una nueva comunión muerte-vida, femenino-masculino, una fecundación de otra
naturaleza que eleva nuestra alma al cielo. Viajo a Antequera, y allí ninguno de sus monumentos
megalíticos siguen estas pautas, estos están orientados a lugares mágicos. Ese tipo de cosas son
las que hemos perdido y las que yo denuncio; ahora te construyen una casa y no se tiene en
cuenta por dónde entra o sale el sol, lo que luego crea muchos problemas. Vivimos en un medio
superadaptado que nos ha desentendido de cuestiones fundamentales.

Pienso ahora en el ‘Retablo de Menga’, una obra ambiciosa, monumental; un políptico en el que incluso sus partes no respetan en todos los casos las dimensiones rectangulares clásicas del cuadro y que también reactualizan este tipo de piezas.
Desde mi segunda exposición incluyo estos retablos en las muestras, lo cuales ya me caracterizan.
En la exposición que hice en Toledo, ‘Mitos’, había tres de ellos. En breve volveré a esa ciudad
para mostrar en una iglesia visigoda mis neorretablos frente a otros históricos, son elementos
recurrentes en mi producción y también conectan inconsciente o conscientemente con nuestro
imaginario, con nuestra tradición pictórica. Nuestras raíces son fuertes, no podemos hacer
expresionismo abstracto porque no somos americanos, somos la Vieja Europa y hemos nacido
entre esos iconos que nos formaron como cristianos, lo quisiéramos o no, y su catálogo de
martirios y torturas se desplegaba ante nosotros quisiéramos o no. Yo utilizo todo eso.

El pensamiento occidental es lineal y progresivo, el de otras culturas, como las prehispánicas americanas, tienen una concepción más circular del progreso: tú invitas a desandar lo andado, a buscar soluciones que ya se dieron antes; a tender a un sentido crítico que se ve anulado en la actualidad. En el fondo, ¿nos hace más progresivos o progresistas mirar al pasado? Por qué hablas de un futuro que obligatoriamente tiene que mirar al pasado, a sociedades muy antiguas que, sin embargo, eran más ecologistas al estar conectadas con la Naturaleza; más igualitarias, al darle también un papel preponderante a la mujer…
Sin duda. Soy consciente de que en el pasado se dieron situaciones horribles, pero también
aportó cuestiones maravillosas que estamos olvidando. Siempre hay que mirar al pasado desde
el presente, no para quedarse allí. El alegato no es volver atrás, mi alegato es darnos cuenta de
que hubo sociedades más sostenibles, no solo desde un punto de vista ecológico, sino desde una
perspectiva social. A pesar de lo avanzado de nuestra sociedad, seguimos siendo híperclasistas,
nuestro feminismo es impostado, y todos tenemos que pertenecer a un gueto para ser aceptados,
porque si no lo haces no eres nadie. Hemos regresado dando un rodeo horrible a la sectorización,
mientras nos pensamos que somos muy progresistas. Y no te cuento en lo que se refiere a la
Naturaleza, te lo digo yo, que vengo de un pueblo, lo que hace que de manera natural siempre
tire a la raíz. ¡Cuánta gente hay tan desnortada que sus pies están clavados en el acero y el asfalto!


Y más allá del contenido, ¿cómo se refleja todo esto técnicamente?, me refiero a la paleta, a las
escalas, a las perspectivas… ¿Te has reinventado de alguna forma?

Al final, todos nos queremos reinventar, pero no es algo tan fácil. Cuando se nos empieza a
reconocer por un cierto estilo nos situamos bajo el yugo de la autoría, por mucho que intentes
estar fuera del sistema, el sistema te arrastra. Yo ahora estoy empezando a vender mucho en
Iberoamérica y mi galerista de México allí me pide un “jesús calzada”, y yo me pregunto qué
es eso. Te piden repetir hasta la extenuación lo que ya has vendido. Intentar reinventarse en
esas condiciones es complicado, pero sí que es cierto que en esta muestra, el viaje que tenía que
realizar estaba claro: saliendo del negro. El artista siempre parte de la superficie blanca del lienzo
o el papel y vas agregando elementos. Aquí el proceso fue el contrario, pues imprimé los lienzos
de negro para sacar de ellos la luz, y la paleta me pedía empezar a salpicar tierras encima del
óleo, acaba en los colores tan vivos de la última sala que en realidad son los colores de nuestro
subconsciente, que lucha en el ser humano con su dimensión racional. Aquí lo más primitivo
acaba en colores neón. Vivimos en la época del ibuprofeno, que creemos que con una pastilla lo
solucionamos todo, y estamos reprimiendo muchas cosas, de ahí que ahora se hable tanto de las
enfermedades mentales. Hay una parte del cerebro que la ciencia nunca podrá entender y que es
donde además nace el arte, una parte que se denosta. Ahí nace igualmente la fe, y no me refiero
solo a la religiosa, hoy en día somos nihilistas, no creemos en nada, solo en lo que podemos
explicar, y hay cuestiones que el ser humano nunca podrá explicar. Eso es lo que se condensa en
esa última sala.

¿En qué sentido te reconoces en el proyecto y de qué manera es un avance para ti?
Creo que en aceptar lo que soy. En aceptar mis propios orígenes, que mis raíces son muy diferentes
a los ámbitos en los que me he movido hasta ahora, el glamour, la luz y color del cine, de la alta
costura. Esta exposición es mi manera de aceptar que nunca podré ser un expresionista abstracto
del MoMA porque lo estaría impostando. He aceptado que cada uno es moderno dentro de un
marco, que ya lo es desde el mismo momento en el que vas a la contra de lo establecido.

¿Se cierra el proyecto en sí mismo? ¿Te ha dejado puertas abiertas?
Sí, sin duda las deja. Todos los proyectos cuentan con una prolongación. Nunca hay un proyecto
cerrado, y el retablo de Menga puede ser el inicio de otro que emplace en la iglesia visigótica de
Toledo de Santa María de Melque. El artista es siempre el que es, de forma que las cosas no se
cierran. No somos modistas haciendo colecciones, y los artistas manejamos siempre las mismas
obsesiones, eso es lo que diferencia el arte de la moda: la moda pasa de moda, mientras que el
arte necesita de la supervivencia para serlo. Si regreso a “Mitos”, la cita de Toledo, los ecos son
evidentes.

Más allá de la envergadura, ¿por qué es ‘Origen’ tu proyecto más ambicioso hasta la fecha?
Opino que siempre el último proyecto es el más ambicioso, al menos esa es siempre la ilusión.
De igual manera que siempre son decepcionantes comparados con lo que uno tenía en su cabeza
sobre cómo iban a ser. Hay que tener los pies en el suelo. Este lo es en cuanto a los formatos, y
lo ha podido ser porque ha habido presupuesto, hay que ser sinceros, es muy, muy difícil hacer
arte por el arte, trabajar sin la presión de si algo se va a vender o no. Poder dedicarle dos meses a
una obra grande sin mirar un reloj. En la galería estas sometido a unas escalas, a unas estéticas,
a unos ritmos… Hay muchos yugos en la creación.

Guadalajara, marzo 2024.

*Javier Díaz-Guardiola es periodista, crítico y comisario de exposiciones. En la actualidad es coordinador de la sección de arte, arquitectura y diseño de ABC Cultural, redactor-jefe de ABC de ARCO y autor del blog de arte contemporáneo ‘Siete de un golpe’