«Un foráneo en el paraíso» | ChLL para atqmagazine
Organizado por el Conjunto Arqueológico Dólmenes de Antequera en colaboración con la EMMA (Escuela Municipal de Música de nuestra ciudad), se celebró ayer 9 de agosto en Menga la segunda de las «noches de luna llena» de este verano.
La primera fue el 10 de julio. ¿Recuerdas?. Los arpegios en las cuerdas de la guitarra de Rocío Sánchez se escuchaban como el fluir suave del agua de un río, y en momentos con la fuerza de una cascada salvaje.
En esta ocasión se convocaba al viento y, probablemente nadie mejor para representarlo que este quinteto de viento-metal, Brassarquia, que encandilaron al público con una actuación cercana y magistral.
Dos Trompetas: Jose David Guillén Monje y Salva García Moreno; Lorena Fernández Cabello (Trompa); Jaime Hidalgo Muñoz (Trombón) y Antonio Miguel Leal Astorga con la Tuba, fueron los protagonistas de esta noche preciosa.
La EMMA había mimado el ambiente de color, que fusionaría el sonido, con la oscuridad y el agujero blanco en el cielo negro de luna llena; con los siglos de la piedra milenaria de Menga como escenario emblemático en el que el Conjunto Arqueológico Dólmenes de Antequera nos está regalando noches de visitas en calma y de arte musical y danza también en este verano del 25.
Salva García Moreno presentó al grupo y guio al público a través del repertorio, un recorrido musical que atravesó estilos como el jazz, la bossa o el tango, envolviendo la noche en una atmósfera de belleza serena.
Comentó en su presentación que en el repertorio habitual para este tipo de formaciones musicales podemos encontrar obras de diferentes estilos y épocas, aunque la mayoría de ellas suelen ser adaptaciones de composiciones originales para banda u orquesta, debido a que con anterioridad al siglo XX el quinteto de metales no estaba extendido como conjunto camerístico. Sin embargo, en las últimas décadas, son muchos los compositores que se han interesado por las posibilidades tímbricas y expresivas de esta formación, componiendo obras expresamente para ella. Es el caso de este ensemble BrassArquía que cuenta también con obra propia.
Como detalle curioso (uno presta oído sigiloso a lo cercano cuando está, además de disfrutar de la música, en el ejercicio de contar posteriormente lo significativo, no soy de cuchicheo, pero sí de encontrar bondades) el quinteto había renunciado a ser parte del elenco de artistas de un crucero que partió esta semana y que les habría impedido actuar ayer en el dolmen de Menga. Para ellos significa mucho entregar su arte en un lugar tan emblemático, patrimonio de la humanidad. Por ende y a sabiendas de este gesto de reconocimiento que ellos han tenido, significa mucho más para nosotros como público, que pudimos disfrutar del virtuosismo de estos músicos que nos alegraron la noche.