Símbolos de la Ciudad de Antequera | Por José Enrique Ramos Vidaurreta

EL PENDÓN DE LA CIUDAD.-

Lo describe el fraile agustino Francisco de Cabrera, consistente en “una jarra de azucenas en medio de un castillo y un león, con esta letra: POR SU AMOR y debajo una A y una T”. La jarra de azucenas era el símbolo de la Orden de Caballería constituida por el rey García IV de Navarra hacia el año 1502, su distintivo seria un collar de oro y plata del que pendía una jarra de azucenas, la orden de la Terrrasa restaurada en el año 1403 por el Infante Don Fernando y tenida por él en gran estima, por lo que honró a la Ciudad con esta divisa.

Lo refiere el presbítero Cristóbal Fernández, “Las armas de Antequera son el emblema o distintivo de los caballeros de la Terrasa, diciendo que la Ciudad en agradecimiento a Don Fernando de Antequera, adoptó por blasón de sus armas la jarra de azucenas, colocando a la derecha un castillo y a la izquierda un león, símbolos de la monarquía. Con una A sobre el Castillo, una Q sobre el León y en la garganta de la Jarra una T. Las dos primeras pueden decir Antequera y la última Terrasa, aunque indicaran el nombre de esta Ciudad. Al pie de la jarra hay otra cifra PSA que se interpreta comúnmente “Por Su Amor”. Entregado por el Infante Don Fernando tras la conquista de la Villa en el año 1410, recogido por su Alcaide Rodrigo de Narváez y el Alférez Mayor Gonzalo Chacón. Aparece bordado sobre damasco blanco, en el centro la Jarra de Azucenas con asas, símbolo de la Orden de Caballería de la Terrasa instituida por Don García rey de Navarra en el año 1044 y muy vinculada al culto de la Virgen María, a la derecha el León rampante sin corona y a la izquierda el Castillo de tres torres almenadas, emblemas del escudo de armas del Infante.


Se tiene referenciado la existencia de dos pendones de la Ciudad, el que entregara el Infante Don Fernando a la Ciudad en el año 1410 que se considera como perdido, y otro posterior por el año 1534 que se usara en acciones de guerra. Este pendón estuvo en poder del Conde de Bobadilla y Marqués de la Vega de Armijo Don Carlos Martínez Valverde, hasta el año 1973 en que fue cedido a la Ciudad. Hoy el pendón se encuentra restaurado y expuesto en la Sala I del Museo Municipal de Antequera.

ANTEQUERA REENCUENTRO DE CULTURAS. Año 2010. Página 272

EL ESCUDO DE ARMAS.-

Escudo partido. En el primero un Castillo de oro, mazonado de sable y aclarado de azur. En el segundo de plata un León rampante, linguado y uñado de lo mismo. Sobre el todo, una Jarra de Azucenas en sus colores naturales y la letra “T” en su garganta. Las letras “A” y “Q” en sus cantones diestro y siniestro. En punta las letras “PSA” en sus cantones diestro, central y siniestro, todas de sable. Al timbre, Corona del Infante que es un círculo de oro, engastado de piedras preciosas, compuesto de ocho florones de hojas de acanto, visibles, cinco, interpoladas de perlas.

Este escudo fue concedido por el Infante Don Fernando a la Villa de Antequera. La Jarra representa a la Orden de Caballería de la Terrasa, también conocida como la Orden de la Jarra ó de las Azucenas, restaurada por el propio Infante Don Fernando por el año 1403 en Medina del Campo. El Castillo y el León, representan al reino del Infante. La “A”, la “T” y la “Q” abreviaturas de AnTeQuera. La “P”, “S” y “A” significan Por Su Amor, en relación al Infante y su advocación a la Virgen y a la Ciudad.

En el año 1929, José María Fernández Rodríguez archivero y cronista de la Ciudad, diseña un escudo que durante muchos años es aceptado como el Oficial y definitivo de la Ciudad.

ANTEQUERA POR SU AMOR. Abril 1930. José Mª Fernández Rodríguez.

LA JARRA DE AZUCENAS.-

En Las grandezas de Madrid, del licenciado Jerónimo Quintana, obra escrita en 1628, se dice en la página 264: “Armolé caballero el rey don Juan, dándole por armas su propia divisa, que era en campo azul, una jarra blanca con linos floridos, la cual, según afirma Mosén Diego Ramírez en la Crónica de Navarra, fue una Orden de Caballería que, en honra de Nuestra Señora, instituyó el rey García I de Aragón, llamado el Mayor, al fundar la Casa Real de Santa María de Naxarra (Nájera) y para demostración de su devoto afecto instituyó la divisa de la jarra de azucenas que tomó por armas de allí adelante. De ella usó el rey don Ramiro, su nieto y el infante Don Fernando (el de Antequera), que después fué rey de Aragón, el cual, (según cuenta Diego Fernández de Mendoza, natural de Hita, en su Nobiliario que compuso en el año 1495) dió la divisa al rey Juan II, su sobrino, y al de Navarra y a otras príncipes y grandes señores y caballeros de alta guisa; y dice más: El mismo rey don Juan se la dió a otros caballeros.

En 5 de noviembre de 1413, en Balaguer, Fernando de Antequera armó caballeros castellanos y aragoneses de la Orden de la Jarra que él había restablecido.

SOL EXTRA. Marzo 1940

EL ESTANDARTE DE LA VIRGEN DE LA CABEZA.-

El Estandarte de la Virgen de la Cabeza es una obra anónima del año 1591 y se encuentra depositado en el Museo de la Ciudad de Antequera.

Bordado renacentista sobre terciopelo rojo, de forma rectangular con los extremos inferiores terminados en punta, está formado por dos caras. En una de las caras se representa a la Virgen de la Cabeza, entre Santa Ana y San Roque. En la otra cara el Escudo de la Ciudad con la patrona Santa Eufemia, sobre un jarrón entre las figuras de un león y un castillo. A su alrededor aparecen guirnaldas circulares con motivos vegetales y esta misma decoración se extiende hacia los ángulos inferiores. Inscripciones con letras bordadas dentro de cenefas.

Pertenecía a la Cofradía de Santa María de la Cabeza, fundada a finales del siglo XVI en la primitiva Ermita de San Roque en el Cerro de la Rábita. Esta cofradía antequerana era la que asistía en sexto lugar, con su tienda y estandarte, a la anual conmemoración de la Reconquista en el Santuario de Sierra Morena.

En memoria de esto, cuando cesó aquella tradicional costumbre, celebró anualmente hasta comienzos del siglo XIX en que se extinguió la hermandad, una celebradísima romería a la ermita, adonde concurría en inmensa muchedumbre el pueblo de Antequera.

En la actualidad a partir del año 2021, se ha puesto en marcha por la Asociación de Vecinos del Barrio de San Juan en Antequera, la Romería de la Virgen de la Cabeza con su procesión y jornada de convivencia entre los vecinos del Barrio de San Juan.

ARQUEOLOGÍA Y ARQUITECTURA. José Mª Fernández. Pág. 298
NUEVA REVISTA. Octubre 1934
ANTEQUERA EN LA HISTORIA. Juan Campos Rodríguez.

LA CASULLA DE SANTA EUFEMIA.-

Elaborada sobre un tejido de origen nazarí de principios del siglo XV, posiblemente bandera arrebatada a los musulmanes en la Batalla del Chaparral por el año 1424.

Sus bordados del siglo XV sobre una ancha cenefa central, en relieve de hilo dorado y seda de colores, en la que figuran bajo baldaquinos, los Apóstoles San Bartolomé y San Felipe por la parte delantera y San Pedro con la llave y el libro, San Pablo con la espada y una bolsa en la otra mano y Santiago Apóstol con una espada curva por la parte trasera.

Se encontraba en la Iglesia de San Sebastián desde que fue Colegial, en el año 1970 tras su restauración viene a quedar depositada en el Museo de la Ciudad de Antequera bajo riguroso control, no siendo aconsejable su utilización en los actos que se le requieran.

ANTEQUERA REENCUENTRO DE CULTURAS. Año 2010. Página 243
SOL DE ANTEQUERA. 3 abril 1993. Manuel Cascales Ayala.
ANTEQUERA EN LA HISTORIA. Juan Campos Rodríguez.

LA PILA BAUTISMAL MUDÉJAR.-

Estilo mudéjar-renacentista de finales del siglo XV, presenta un balaustre de perfil clásico con una abigarrada decoración aplicada con moldes que en sentido repetitivo le confiere una impronta morisca, en barro cocido y vidriado de color verde, mide unos 120 cm. de altura y 90 cm. de diámetro.

Perteneció a la parroquia de San Salvador y en su iglesia al quedar sin culto quedó abandonada, gracias a ello se libró de la destrucción que por el año 1671 fue ordenada por el Obispo de Málaga Fray Alonso de Santo Tomás, al eliminar toda influencia mudéjar de las iglesias y obligando su sustitución por piedra y no barro.

Aparte de su hermosura, se destaca que en ella recibieron aguas bautismales el historiador Lorenzo de Padilla, el humanista Juan de Vilches, el poeta Luis Martín de la Plaza, la poetisa Cristobalina Fernández de Alarcón y más.

El recinto fue utilizado por la tropas francesas en los años de la ocupación como polvorín, siendo dinamitado antes de su retirada en el año 1812, se salvó la pila bautismal que fue trasladada en el año 1849 a la Iglesia de Santa María, hasta que en el año 1880 vuelve a la reconstruida Ermita de San Salvador en el patio de armas de la Alcazaba.

Tras la creación del Museo Arqueológico Municipal en el año 1908, instalado en las galerías bajas del claustro del Convento de los Remedios, se van incorporando una serie de piezas de interés entre ellas la Pila de San Salvador, hasta su ubicación en el actual Museo de Antequera por el año 1972, en el Palacio de Nájera de la plaza Guerrero Muñoz (Coso Viejo).

ANTEQUERA REENCUENTRO DE CULTURAS. Año 2010. Página 282
ARQUEOLOGÍA Y ARQUITECTURA. José Mª Fernández. Página 276
NUEVA REVISTA. Julio 1934
REVISTA DE ESTUDIOS. Nº 17-2014. José Manuel Arjona Bueno.

EL SEPULCRO DEL PRIMER ALCAIDE.-

En la nave del Evangelio de la Iglesia de San Sebastián junto a la puerta de la sacristía, se encuentra el sepulcro de Don Rodrigo de Narváez. Reconstrucción moderna pseudogótica del primitivo sepulcro que existió en la Iglesia de San Salvador destruido en los días de la ocupación francesa, al que pertenecieron los pequeños leones dorados, medallones y escudos de armas de Narváez, así como las cardinas que en la actualidad lo circundan.

Sobre la antigua Mezquita de la Alcazaba situada en la segunda terraza se levantó la Iglesia de San Salvador, primer templo cristiano después de la conquista de la Ciudad. La Iglesia de San Salvador fue la primera iglesia que se fundó en Antequera el 1 de octubre de 1410 y más tarde parroquia el 16 de febrero de 1411 por mandato de Alfonso de Pastrana administrador perpetuo de la Santa Iglesia de Sevilla, de estilo gótico tardío y sobre la anterior mezquita musulmana de la época almohade.

En esta primera Iglesia de San Salvador se distinguida dos partes, el salón y el presbiterio. Se trataba de un templo pequeño de 24 metros de largo y 10,50 metros de ancho, con tres naves, la nave principal con retablo y sagrario junto a las naves laterales, la del Evangelio de los Narváez y la de la Epístola de los Chacones. Los sillares conservaban incluso la marca de los canteros, una especie de firma de las obras que realizaban. En la capilla del lado del Evangelio y sobre seis leones, se hallaba el sepulcro de Don Rodrigo Narváez, el primer Alcaide de la Villa.

Rodrigo de Narváez falleció de muerte natural el 20 de noviembre de 1424, siendo enterrado en la capilla que poseía en la Iglesia de San Salvador “en un sepulcro alto sobre leones de piedra”, escribía Argote de Molina, junto con una caja que contenía los privilegios de la Ciudad.

Debido a la destrucción del templo durante la ocupación francesa, los restos del primer Alcaide tuvieron que ser trasladados a la Real Colegiata de Santa María donde permanecieron durante varios años. Hasta que en el año 1849, a instancias de un descendiente Don Antonio Aguilar-Correa Fernández de Córdoba y Narváez, marques de la Vega de Armijo y conde de Bobadilla, y siendo Alcalde Corregidor Don Fernando Fernández de Córdoba, son trasladados en solemne procesión del 27 de junio de año 1850 desde la Iglesia de Santa María a la Iglesia de San Sebastián, su actual emplazamiento.

NUEVA REVISTA. Junio 1936
DEL AYER ANTEQUERANO. José Muñoz Burgos. Página 97


José Enrique Ramos Vidaurreta (Antequera) es divulgador de la memoria histórica y social de la ciudad. Formado académicamente en Antequera y Málaga, desarrolló su vida profesional en el sector bancario, compaginándola con una intensa actividad sindical. Tras su jubilación, regresó de manera activa a la vida cultural antequerana, dedicándose a investigar, recopilar y transmitir la historia cotidiana, los personajes y las costumbres que conforman el llamado andar antequerano. Sus escritos destacan por el rigor en la recopilación de datos, la cercanía y el profundo amor por su ciudad.

Para saber más sobre José E. Ramos Vidaurreta… clic