Fénix | por Juan Manuel Ruiz Cobos

Cuando la Pollinica abra el próximo domingo la Semana Santa en Antequera, su cortejo no sería tan triunfal si las blancas palmas no peinarán el ambiente.

Juan Manuel Ruiz Cobos

Estas tradicionales hojas de palmera son parte fundamental en la escenografía simbólica del inicio de esta conmemoración. Las hojas que el pueblo de Jerusalén usaba como símbolo de fecundidad se producen en Alicante en el mayor palmeral de Europa desde tiempos de ocupación árabe. En esos tiempos y con la facilidad de contar con una semilla que es la más longeva del reino vegetal, se sembró el espacio palmerero que suministra tras un importante proceso cultural las palmas que acompañaran triunfalmente las entradas procesionales del domingo de ramos en toda España. 

Y me lleva esto hasta un ejemplar que quería plasmar en estas mal hilvanadas páginas que por ser precisamente una palmera que, sin igual, se integra en nuestras antequeranas zonas verdes y de forma excepcional.

La Palmera datilera (Phoenix dactylifera) aglutina un poderoso símbolo de fortaleza, supervivencia y renacimiento en muchas culturas alrededor del mundo. Su gran capacidad de renovación y resiliencia la asocia con la antigua mitología del Fénix, lo que lleva a determinar la tierra de palmas como “Fenicia” en Oriente próximo, cuna que fue origen de la Sociedad fenicio-púnica, que se extendió en el Este de la península ibérica. Linneo lo tuvo claro para denominar a las palmeras con el género Phoenix, que en el caso de las datileras sumó el epíteto dactylifera por fructificar dátiles y, el de canariensis para la endémica de la nuestras Islas canarias. 

Nuestro valioso ejemplar, se trata de una paradójica excepción de P. dactylifera multicaule. Una peculiaridad que consiste en tener varios tallos (estípites) emitidos desde el mismo cuello. Un fenómeno que suele darse por razones genéticas, ambientales o por daños sufridos. Esto la distingue con una apariencia única y robusta, además de permitirle una mayor capacidad de supervivencia en condiciones adversas. La presente en Antequera cuenta con cinco estípites desarrollados, sin bien pudo tener hasta ocho, habiéndole suprimido al menos tres. Cobijada entre las edificaciones que la reservan, mantiene una aparente vitalidad que habrá que vigilar en el paso de tiempo, por los factores de manejo y su repercusión sobre su singularidad de crecimiento. Y es que este último factor, muy desconocido entre la población, adquiere una especial significación, pues cuando hablamos de palmeras, no estamos hablando de árboles.

Con la altura como similitud, ya no encontramos más rasgos que acerquen las palmeras a las características estructurales y fisiológicas de los árboles. No tienen nada que ver. Estas, botánicamente, se encuadran más con juncos, pastos o lirios, por poner un ejemplo, antes que con una encina. Así, ante el malentendido social e incluso muchas veces bibliográfico, estamos hablando de una megaforbia, una herbácea gigante y aventajada, pero hierba, a fin de cuentas. Como antiquísimas monocotiledóneas que son, a nivel estructural y fisiológico, guardan peculiaridades como el no contar con cambium, es decir, no tienen crecimiento secundario, no crecen en grosor formando los anillos típicos de crecimiento anual de las latifolias.  Ellas concentran sólo su crecimiento en el meristemo apical, ósea crecen exclusivamente por su parte superior y, siempre en altura y rodeando en dosel al meristemo terminal.
A un árbol cuando se le infringe una poda severa o desmoche, tiene posibilidades de rebrote, con la palmera, si le cortásemos su parte superior incluyendo el meristemo, moriría. Por otro lado, su gran resistencia a los vientos huracanados es algo en lo que tiene mucho que ver la ausencia de lignina, pues si bien es cierto que, junto a la celulosa, estos dotan a los árboles de resistencia y dureza mecánica, en las palmáceas, esto cambia hacia la necesidad de elasticidad.  



Las palmeras, al igual que los edificios con sistemas antisísmicos, están dotadas de una alta flexibilidad que les permite resistir sin colapsar ante grandes fenómenos meteorológicos. No se trata de buscar una mayor rigidez, como en otras especies, para contrarrestar los temblores o fuertes vientos, sino de absorber la energía mediante la elasticidad. Por ello, se dejan empujar y zarandear, sin ofrecer resistencia a los vientos huracanados como hacen los árboles. Esa es la clave.  

Y volviendo a nuestro extraordinario vecino verde, hemos de significar que lamentable tras el paso de la plaga del picudo rojo que ha vaciado la península de ejemplares de Phoenix sp., sobre todo en la especie P. canariensis, podemos seguir contando con la presencia de ejemplares muy añosos y elegantes de su género hermano, P. dactylifera  como los presentes en el Paseo Real, Coso Viejo, etc., pero sobre todo, con este espectáculo que es la Phoenix dactylifera Multicaule presente en esta conocida urbanización antequerana. Allí cuentan con un ejemplar de extraordinaria capacidad para la supervivencia, del que se tienen multitud de registros fósiles de palmeras del oligoceno, que tiene un alzado imponente y elegantísimo, que la lleva a tener muchísimo aprecio en el espacio comercial y paisajístico, por su monumental apariencia, siendo, además, morada para multitud de biodiversidad.



Según José Antonio del Cañizo Perate, “lo que para nosotros es un mero objeto de adorno, para muchos millones de habitantes de los trópicos es el alimento y la casa, la barca y la techumbre, la cesta y el sombrero, la ropa y el bastón, la cuerda, la madera, el mueble, la fibra y el papel, el aceite y el azúcar, el vino y el licor, el pienso del ganado, la rafia, la miel, el lugar donde colgar la hamaca, la cera, el fruto seco, el almidón, el marfil vegetal, el impermeable y la cerbatana, el arco y las flechas, el tinte, la sombra, el esbelto faro de las islas perdidas, la bebida refrescante…. y casi todo lo demás.”

 Otra antequerana más, por la que motivos sobran. 


Juan Manuel Ruiz Cobos es un experto en Jardinería con más de 30 años de experiencia en el diseño, creación y mantenimiento de espacios verdes urbanos. Director técnico de Jardines de Icaria y presidente de la Asociación Multisectorial de la Jardinería Andaluza. Ávido de conocimientos y actualización de técnicas tiene una extraordinaria formación en Infraestructuras Verdes Urbanas. Apasionado de la lectura y de Antequera, de su historia y de su desarrollo como ciudad, de sus costumbres y de su patrimonio cultural, artístico, paisajístico y gastronómico. Gran conocedor, amante y defensor de su pueblo, al que lleva siempre donde quiera que vaya. |
Foto: El Correo de Andalucía