El silencio fértil de la palabra | Nicolás Ramos y el magisterio de la emoción en el Taller Antequerano de Escritura Creativa

Imágenes y vídeos, prestados por Manuel Torres

El Taller Antequerano de Escritura Creativa «Nos queda la palabra», capitaneado por la mano siempre atenta del profesor Juan López Rama, abrió sus puertas a los amigos de la Poesía y la Escritura para protagonizar un encuentro en una tarde dulce con el poeta Nicolás Ramos Pérez.

No fue una cita cualquiera. Hablamos de un creador singular, de un «clásico vivo» que camina hacia los 65 años con la solera del orfebre, que huye del escaparate y de los egos inflamados de las redes sociales.

El encuentro celebrado en el Aula Magna de la Biblioteca Municipal San Zoilo, el lunes 1 de junio, huyó deliberadamente de la rigidez académica. Apenas una presentación breve por parte de Juan López Rama, director del taller, para dar voz al propio Nicolás, que fue haciendo un recorrido aleatorio de lectura de sus poemas a lo largo de su trayectoria; interrumpido por aplausos de gente encandilada y por preguntas sobre el arte de escribir y la singularidad de su estilo.


Ante un auditorio entregado, Nicolás Ramos desveló algunos de sus secretos confesables, como su innegociable fidelidad a la música del verso («la poesía, o es música o no es poesía»); explicó cómo la silva, esa combinación fluida de endecasílabos y heptasílabos, le permite jugar con el ritmo del oleaje sin que se perciba el andamiaje, buscando siempre la pureza original de la palabra común.


Sabíamos que sus poemas son académicamente buenos, y que llegan dentro de quien los lee, pasan probablemente por el filtro primero de la mente, y a más a más cuando le escuchas recitar, su voz te llega al alma.
Quienes hemos tenido el privilegio de escucharle declamar sabemos que no es un ejercicio retórico, que es una experiencia que estremece. Con una voz profunda que parece nacer del mismo patio encalado o de la frescura de la Alfahuara, Nicolás fue capaz de detener el tiempo.



A través de sus versos, los asistentes recorrimos un mapa creativo de más de 45 años de fidelidad a sí mismo. Desde aquel lejano impacto analógico de El despertar de una amapola (1978), escrito con apenas dieciséis años, pasando por la madurez cósmica de El universo amante (2024), hasta llegar a su más reciente joya tipográfica ya presentada , Las flores altas — Poesía reunida (ExLibric, 2025), una edición integral recién salida a imprenta el curso pasado que recoge la esencia de una vida dedicada a la palabra. Tuvimos la ocasión de escuchar algunos poemas de su más reciente libro ( aún no presentado en sociedad)Cantos a Menga, editado por ExLibric hace apenas un par de semanas.



Como un náufrago que lanza mensajes en una botella para que alguien los encuentre, Nicolás volvió a dejarnos la alfombra puesta para el regocijo interno. Frente al ruido del mundo, nos quedamos con su silencio absoluto tras la vibración de las palabras. Aquel en el que, sin buscar nada, se encuentra todo.

En fin… este «náufrago» con mensaje, el hombre que prefiere el honor a los honores, el mismo que fundó hace treinta y tres años Las lecturas de la canela y que un día abandonó la Real Academia por pura coherencia espiritual, demostró el pasado lunes por qué es un tesoro deslumbrante de las letras hispanas.