Curro Guerrero, director de El Sol de Antequera había convocado al público a asistir al inicio de un nuevo formato de conferencias «Paseos por nuestra historia»
(¡Qué buena idea!. Alabo su iniciativa y su formato de ponencia gráfica, audio y visual). | ChLL
Asistía yo, hace días, era jueves y 4 de junio, a la Sala de Conferencias del MVCA, llamado por la curiosidad de saber cómo ocurrió aquel descabalgamiento del «Angelote» en la torre de San Sebastián provocado por el incendio de un cohete de fuegos de artificio en las celebraciones de la Octava del Corpus de hace 100 años.
Los relojes que alberga el Museo de la Ciudad de Antequera parecían detenerse, no por un fallo en sus engranajes, sino por el peso de la memoria. Allí, arropado por los muros que custodian el alma de la ciudad, Curro Guerrero se plantó ante sus vecinos con una promesa humilde, la de no robarnos más de una hora, pero sí devolvernos un pedazo de nuestra propia historia. Había algo casi litúrgico en el ambiente; no era una simple conferencia sobre una efeméride lejana, era un viaje al día en que el cielo de Antequera se tiñó de ceniza y plomo fundido.

«Curro» nos llevó de la mano a aquel caluroso 10 de junio de 1926. Mientras sus ayudantes ( más abajo os hablo de ellos) mostraban con mimo las páginas gastadas y amarillentas de El Sol de Antequera contando el siniestro, el humo de la Octava del Corpus volvió a flotar en el aire. Nos hizo sentir el miedo de los monaguillos en la plaza, el crujido de la madera vieja de la torre de San Sebastián y la angustia de un pueblo que veía cómo su gigante bonachón, su protector contra las tormentas, se rendía ante las llamas. Al narrar la caída de El Angelote (esa pirueta dramática en el aire antes de estrellarse contra la azotea de los Bouderê), me pareció que todos los asistentes sufríamos por ello, que no era una simple curiosidad de un siglo después.
Nadie mejor que él para tirar de su propia «despensa informativa», de la propia hemeroteca del diario decano de la prensa en la provincia de Málaga. No cabe duda de que la fundación del periódico en 1918 atesora una interesantísima producción informativa testigo de la Historia.
Pero, además Curro Guerrero tiene otras muchas cualidades que hacen atractivas sus ponencias y que le hacen capitanear esta interesante iniciativa: sabe contar las cosas, tiene oratoria excelente, capacidad didáctica, dialéctica empática; estudia y conoce muy bien de lo que habla … y en los actos que organiza sabe darle el toque singular de un sello personal que no se improvisa, se necesita dedicación previa y mucha querencia a su ciudad, a la que él conoce como nadie.
La conferencia gráfica que impartió «100 años del incendio del Angelote: el cohete de la Octava que hizo caer la veleta» fue para mí muy interesante ( creo que para todos los que asistimos, al menos ese era el comentario generalizado), y oportuna, divertida, clarificadora, emotiva, atractiva…
No fue solo acudir a una cita con el pasado de Antequera; fue presenciar cómo el periodismo local se reinventa (o se reinicia) sin perder un ápice de su esencia.
Fuimos testigos ese jueves del nacimiento de un formato necesario y valiente, un ciclo «Paseos por nuestra historia», al que auguro un éxito futuro rotundo. | ChLL
Pienso que en el ecosistema informativo actual que vemos que está a menudo devorado por la inmediatez vacía y el «clickbait» (anzuelos que buscan «me gusta»), que un medio de comunicación asuma como en mejores tiempos de atrás la responsabilidad de convertirse en dinamizador cultural, promoviendo espacios de diálogo y recuperando la memoria colectiva a través de su hemeroteca, es un acto de puro compromiso con nuestra ciudad.
El debut no pudo ser más idóneo ni más magnético: «100 años del incendio del Angelote: el cohete de la Octava que hizo caer la veleta». Una efemérides que nos trasladó directamente a la tarde del 10 de junio de 1926.
«Curro» ( para quienes leáis este artículo desde fuera, este es el nombre cotidiano del periodista y director de El Sol de Antequera, Antonio J. Guerrero) desgranó con maestría cercana y cronológica cómo aquel fatídico cohete, lanzado por un monaguillo durante la Octava del Corpus, desató el fuego en los jaramagos de la cubierta de la iglesia de San Sebastián, provocando la caída de nuesta emblemática veleta.
Hizo un repaso por las reconstrucciones de la torre, los daños del terremoto de Lisboa de 1755, las intervenciones de 2010 y el bellísimo detalle de la reliquia de Santa Eufemia colocada en el pecho del Angelote para proteger a la ciudad,nos mantuvieron atentos en una exposición medida de 40 minutos.
Ante la escasez de material audiovisual de la época, recurrió en un alarde simpático y anecdótico a recrear con herramientas de IA de forma asombrosa lo que las crónicas en papel contaron hace un siglo: el momento exacto en que el monaguillo enciende el cohete. La dramática e impactante caída de la veleta basada fielmente en las descripciones del semanario. La llegada del flamante camión de bomberos que se estrenaba aquel año. Una reconstrucción en plano angular de la plaza que expandió las fotografías estáticas que todos conocemos.

Esta fusión entre la rigurosidad de la hemeroteca y las nuevas tecnologías es un acierto total. (Siempre que se indique dicha manipulación, como él hizo con fines didácticos de cara a despertar el asombro de los más jóvenes, tendiendo un puente de oro entre las nuevas generaciones y la historia antequerana.) No solo demostró un uso ético, didáctico y creativo de la IA, sino que sirvió para que pudiéramos recrearnos en el cómo fue.


La conferencia no se quedó solo en lo virtual. El valor material estuvo presente a través de documentos históricos auténticos, tejas renovadas y placas de la veleta, que fueron enseñados en vivo a nuestros ojos por los «azafatos Fernando de Antequera y Eufemia Guerrero Sánchez (sus propios hijos, ahorró su periódico en sueldos de azafatas y además lo hicieron muy bien). También el factor humano emocionó a los asistentes al rescatar la memoria de Francisco González Romero, vecino que vivió el suceso con apenas dos años de vida.
Al final de la tarde llegó con el desvelado de una obra de arte que se había mantenido en secreto. El alcalde Manuel Barón y la artista Eva Escobar descubrieron un óleo sobre lino regalo conmemorativo del periódico al Ayuntamiento de nuestra ciudad, que encapsula a la perfección el espíritu de la efemérides. La pintura, de corte historicista-romántico, retrata a una religiosa de las Carmelitas Calzadas rezando ante el Busto Relicario de Santa Eufemia mientras, al fondo, el Angelote se consume en llamas. Una genialidad artística que inmortaliza el momento en que la comunidad cedió la reliquia para devolver la protección a la torre.

Yo quiero felicitar públicamente a Antonio Guerrero y a todo el equipo de EL SOL de Antequera. Ese jueves demostraron que la transformación digital de un medio no consiste únicamente en cambiar el papel por la pantalla, sino en elevar la experiencia del ciudadano, conservar el patrimonio y utilizar la tecnología para que la historia siga viva. Anunciaron su nueva frecuencia diaria aunque ya venían teniendo presencia digita, lo que les hace más representativos entre los medios de comunicación de Andalucía.
Estaremos muy atentos a los próximos «Paseos», porque este ciclo de conferencias promete ser un referente cultural imprescindible.
Te recomiendo el vídeo, sobre esta interesante conferencia, grabado por el propio Sol de Antequera:






