Dos Venus de Anticaria «celebran  el tiempo»

El pasado jueves 10 de septiembre, Pepi Sánchez Quintana recibió el Premio «Venus de Anticaria», en la sala Roma del Museo de la Ciudad de Antequera.

Un premio a la excelencia con el que ya han sido anteriormente distinguidas otras personas extraordinarias en distintas facetas; no solo por lo que han conseguido, también por los valores que representan y por aquello que dejan en los demás y en nuestra sociedad: María Jesús Morente Rodríguez, Margarita Bolós Faraboschi, Marga Sánchez Romero, Tania Galeote Quecedo, Isabel Cabello Arrabal, Rosa Miranda Fernández, Mari Paz Alba García.

El director de ATQmagazine, abrió el acto tomando la palabra para explicar el significado de este Premio Venus de Anticaria y por qué Pepi Sánchez Quintana merecía, más allá de sus medallas, formar parte de ese particular Olimpo de mujeres que están dejando huella:

«Déjame que empiece esta tarde como empiezan algunas de las cosas que más me gustan de Antequera: mirando una estatuilla. Tú que has estudiado Patrimonio en el CEPER con Mari Paz conoces bien la importancia monumental de nuestra ciudad.

Tenemos una ciudad romana debajo de otras capas de ciudad de las distintas civilizaciones que pisamos.

Tenemos siglos y siglos de historia empeñados en decirnos que aquí hubo gente antes que nosotros y que, de alguna manera, algunas cosas merecieron y merecen ser guardadas para que quienes vengan después sepan que estuvieron y estuvimos aquí. Antequera tiene patrimonio. Mucho patrimonio.

Mírala. Está aquí, a tu lado. Nuestra Venus de Anticaria lleva diecinueve siglos detenida en el tiempo guardando silencio en la Villa y desde 2001 en este museo. Ha visto pasar imperios, siglos, generaciones completas… Y representa al menos para mí, la belleza de los valores de la armonía y de la humanitas que el artesano escultor quiso inmortalizar en aquella época.
Sobrevivió a los siglos, inmóvil, convertida en memoria. Lleva diecinueve siglos quieta, contemplando cómo pasa el tiempo.

Lleva muchos siglos en Antequera y unos pocos años recordándonos desde la vitrina del Museo de la Ciudad que el tiempo pasa, que las personas pasan, que las ciudades cambian… pero que hay cosas que permanecen. Y entre esas cosas que permanecen está la actitud de entrega. Del esfuerzo. De la dignidad. De la capacidad de levantarse al caer. De la voluntad de seguir aprendiendo y de seguir intentándolo…

Y aquí es donde esta tarde empiezo a pensar en Pepi Sánchez Quintana. Porque hay algo extraordinariamente hermoso en que nuestra Venus de Anticaria, esa mujer que el tiempo ha conservado inmóvil, quiera compartir desde hoy su nombre con otra mujer que ha hecho exactamente lo contrario. Pepi decidió un bendito día no quedarse quieta.

Y a mí esto me parece una maravillosa contradicción. La Venus romana permanece. Pepi corre.
Una ha vencido al tiempo porque el tiempo no ha conseguido destruirla. La otra lo ha vencido porque ha decidido no dejarse detener por él..
Una nos recuerda lo que fuimos. La otra nos recuerda todo lo que todavía podemos ser.
En ambas está el significado de la verdadera belleza de los valores. En no quedarse quieta. En seguir. En volver a empezar cuando todavía queda un camino por «correr».

La Venus del MVCA representa lo que el tiempo conserva; tú representas, lo que el tiempo no ha conseguido detener.

Que una generación pueda recibir, de otra anterior, una manera de mirar la vida. Eso también merece ser conservado, y merece la pena resaltar.
Y  por eso estamos aquí. Porque tú ya eres patrimonio emocional de Antequera.



Sabes bien, te lo hemos dicho muchas veces, que nosotros ya estábamos orgullosos de ti mucho antes de Corea. En nuestra revista dijimos repetidas veces al mundo: «Pepi no corre contra el tiempo. Ella corre para celebrarlo.»

Ser campeona del mundo es un punto de hazaña inolvidable que te hace eterna y eso no se puede dejar de nombrar.
Saliste hacia Daegu siendo ya un ejemplo. y has vuelto convertida por esos mismos méritos en leyenda.

Y cuando una mujer de Antequera se marcha a Corea del Sur con 76 años, se pone unas zapatillas, entra en una pista de atletismo y regresa convertida en campeona del mundo… ¿qué puede añadir un humilde foráneo como yo con vocación de contar cosas bonitas?.
¡Pues que eres única!. No se puede añadir mayor verdad a la magnitud de tu hazaña.

Pero nos vas a permitir que te digamos que no te entregamos este Premio por ser campeona del mundo. No te entregamos este premio porque tengas más medallas. Te lo entregamos porque, entre otras cosas, has conseguido cambiar la manera en que los demás miramos nuestras posibilidades … y nuestros sueños.

Yo podría hablar esta tarde de tus campeonatos. Podría hablar de tus récords. Podría contar que empezaste a hacer deporte alrededor de los 58 años, que empezaste a correr pasados los 60, que llegaste al atletismo federado cuando ya tenías una edad en la que muchos empiezan a decir «¡a estas alturas…!».

Antequera ya te había elegido como una de sus mujeres referentes, el Ayuntamiento en nombre de todos ya te había concedido el Efebo de Deportes. Puso una placa en uno de sus parques significativos… Así que este Premio Venus de Anticaria no descubre a Pepi, ya sabíamos que eras importante; ahora sabemos hasta dónde eres capaz de llegar y, que si no te paran, puede que tu próximo reto sea competir en Marte por la medalla de la Galaxia

Yo confieso que cuando pienso en ti, no pienso primero en una medalla. Ni en el 1 minuto:25 segundos: 33 centésimas, con el que hoy por hoy has volteado tu propio récord de España. Ni siquiera en esa carrera de 400 metros de Daegu en la que terminaste siendo la mujer más rápida del mundo en tu categoría. Pienso en tus zapatillas… Pienso en una mujer que, un buen día, decidió ponérselas. Nada más ¡ y nada menos!. Porque ahí comenzó todo.

Comenzó mucho antes de ahora. Comenzó cuando la vida ya te había pasado por encima de muchas cosas y decidiste que todavía quedaban caminos por recorrer.

Y desde entonces… Bueno. Desde entonces… has tenido la curiosa costumbre de convertir lo extraordinario en algo cotidiano: Campeona de España. Récord de España. Campeona de Europa. Más récords. Más campeonatos. Más viajes. Más entrenamientos. Más zapatillas. Más pistas. Más ganas…

Kilómetros. Entrenamiento. Disciplina. Cansancio. Madrugones. Sacrificios. Días buenos y días malos… y en todo ello una voluntad que, me temo, no debe de saber muy bien qué significa la palabra «basta».

Y cuando parecía que aquello ya era suficiente para escribir una historia extraordinaria, te fuiste a Daegu. «Ahí al lado», a Corea del Sur en la otra punta del planeta. …Setenta y seis años. Categoría F75. 400 metros. Y mordiste el oro. ¡Campeona del mundo!. ¡Se dice pronto, pero…!

Además has conseguido algo que no es fácil. Desde que estás en esto, una ciudad entera volvemos a mirar un cronómetro cuando te vemos correr, como si fueras poesía. Porque tú eres poesía escrita con los valores deportivos del esfuerzo y la constancia.

Has conseguido que otros queramos correr nuestra propia carrera en otra pista diferente hacia donde lleven nuestros sueños. Y ese logro tuyo tan ejemplar es una victoria de las que no cabe en ningún medallero.

Todos conocemos personas que triunfan porque son extraordinarias. También hay personas que se vuelven extraordinarias porque nunca dejan de intentarlo. Me da que tú eres de las dos.

La frase que Pierre de Coubertin, el barón que impulsó los Juegos Olímpicos modernos, y convirtió en lema: Citius, Altius, Fortius. Más rápido. Más alto. Más fuerte. Me hizo pensar durante mucho tiempo que esas tres palabras hablaban solamente para los atletas. Gracias a ti hoy sabemos que también pueden hablar de la vida.
Más rápido, no para escapar del tiempo, sino para aprovecharlo.
Más alto, no para estar por encima de nadie, sino para llegar un poco más lejos de donde creíamos posible.
Más fuerte, no para vencer a los demás, sino para vencer esa insistente voz que alguna vez nos frena susurrándonos por dentro que ya es tarde.

Estamos emocionados porque tú nos representas en esa posibilidad. La posibilidad de que nunca sea demasiado tarde.
La posibilidad de que todavía quede algo por descubrir.
La posibilidad de que después de una jubilación, por ejemplo, … haya un comienzo.
La posibilidad de que los años no sean solamente algo que se cumple. Que también pueden ser algo que se vive.
…Y esto, querida Pepi, tiene un valor enorme. Porque vivimos rodeados de mensajes que nos dicen cuándo debemos hacer cada cosa. Y tú has tenido la maravillosa insolencia de no hacer demasiado caso. ¡Y qué bien nos ha venido a todos!


Porque un día te pusiste unas zapatillas. Por eso, como te dije al principio, yo pienso en tus zapatillas.
Quizá tú no lo sabías entonces, Pepi, pero aquellas zapatillas iban a llevar el nombre de Antequera mucho más lejos de lo que imaginabas. Hasta Corea. Hasta un campeonato del mundo. Pero también hasta nosotros.



La historia dice que las estatuas romanas presidían las termas y las palestras para recordar a los atletas el valor de la armonía entre cuerpo y mente. Hoy las tornas se han cambiado. Hoy es la Venus la que te contempla a ti.
Si esta diosa pudiera erguirse por un segundo tras el cristal, te miraría con el respeto que solo una obra de arte le rinde a otra. Porque la verdadera belleza no es la piedra inmóvil; es la vida en movimiento, es la disciplina convertida en triunfo, …es la dignidad de una mujer de nuestra tierra en la cumbre del mundo.

A los tuyos, a tu familia, a tus amigos que hoy te abrazan: gracias por haber sido el viento en su espalda durante todos estos años.

Y gracias, sobre todo, porque regresas de Corea siendo la misma Pepi, la de la eterna y dulce sonrisa con la que te marchaste. Esa es para mí la grandeza verdadera. Ser campeona del mundo y seguir siendo tú. ¡Qué grande eres!

Eres Venus de Anticaria. No porque seas una «pieza antigua». Sino porque eres un símbolo que queremos conservar para el futuro. Guardemos entonces esto. Guardemos a Pepi corriendo. Guardemos a Pepi poniéndose las zapatillas. Guardemos a Pepi cruzando una meta. Pero, sobre todo, guardemos lo que hay detrás de todo eso: la ilusión, la disciplina, la constancia, la alegría, la humildad, el esfuerzo,y esas ganas tuyas (¡benditas ganas contagiosas! ) de seguir descubriendo que todavía queda camino.

Y entonces, Pepi, volverás a correr. Volverás a correr dentro de todos aquellos que, gracias a ti, se atrevan a dar una vuelta más. A intentarlo otra vez. A cruzar de nuevo su propia línea de salida.

Por eso, esta tarde, ATQmagazine no entrega una Venus a una campeona del mundo. Entrega una Venus a una mujer que nos ha enseñado que el mundo todavía puede empezar muchas veces.

Algún día, cuando nosotros ya no estemos aquí, cuando otra gente camine por estas calles y mire nuestras piedras, quizá alguien cuente que hubo una mujer de Antequera que a los 76 años se fue hasta Corea y volvió campeona del mundo.
Y entonces, quizá, una niña que escuche esa historia pregunte:
«¿Y por qué empezó tan tarde?»
Y alguien le contestará:
«No empezó tarde. Empezó cuando quiso».

Eso es lo que hoy queremos celebrar. No tus años, sino todo lo que has hecho con ellos.
No el tiempo que llevas vivido, sino el tiempo que todavía eres capaz de llenar de vida.

La Venus de Anticaria seguirá ahí, hermosa y eterna, mirando pasar los siglos. Y ahora, junto a ella, estará para siempre tu nombre. Pepi Sánchez Quintana. La mujer que decidió no dejarse detener por el tiempo. La mujer que convirtió los años en kilómetros. Los kilómetros en sueños. Los sueños en victorias. Y las victorias en ejemplo. Así que permíteme terminar como empezamos. Pero ahora mirando a dos Venus. A ella y a ti : Ella permanece quieta. Tú corres Y, sin embargo, las dos nos habláis de lo mismo. De aquello que merece permanecer.

Pepi Sánchez Quintana: por tu trayectoria, por tu esfuerzo, por tu alegría, por tu constancia, por tus récords, por tus campeonatos, por tu oro mundial… pero, sobre todo, por las ganas que contagias de seguir viviendo,

ATQmagazine te entrega el Premio «Venus de Anticaria«, en el Museo de la Ciudad, junto a ella. Hoy a 10 de septiembre del año 26 del siglo XXI».

«Tu hermana Mamen ha sido, más que nadie, literalmente el viento en tu espalda.
Por eso es también muy entrañable para nosotros que sea ella quien te entregue nuestro Premio».

Palabras de Pepi Sánchez Quintana:


Documentar este acto con fotografías es un bonito acto de amistad hacia Pepi Sánchez Quintana, de Fran Tejada y José Díez de los Ríos.