«ALGO BONITO» | Por Carmen Parejo

Era un edificio que conservaba el glamour decadente de épocas pasadas; incluso tenía un montacargas. En las primeras décadas del siglo XX, los ascensores no eran solo dispositivos funcionales; también representaban el lujo y la modernidad. Este artefacto, en concreto, era una reliquia lujosa con paredes revestidas de mármol, puertas doradas y botones incrustados en paneles de caoba.

Llevaban dos años cruzándose en ese ascensor del Museo de Bellas Artes. Él, siempre con su uniforme de mantenimiento; ella, con unos lienzos bajo el brazo. Nunca habían pasado del «buenos días» o el gesto de cortesía al cerrar a mano la pesada puerta metálica corredera, pero conocían a la perfección el ritmo de sus respiraciones en el estrecho espacio.

Esa mañana, el destino —o un cable flojo— decidió que el cuarto piso podía esperar. La luz parpadeó y se apagó, dando paso a la tenue bombilla roja de emergencia. Una sacudida brusca, un quejido agónico del aparato y este se detuvo en seco, dejándolos suspendidos en un limbo de silencio absoluto.

Pasaron diez minutos incómodos. Él miraba sus zapatos; ella, el techo. Todos sabemos que las conversaciones en el ascensor se caracterizan por ser intrascendentes y breves. Por eso, quizás, y para romper la tensión del momento, ella lo miró, suspiró y soltó una petición casi infantil:

—Dime algo bonito por favor.

Él no lo dudó ni un segundo. La miró a los ojos con una seguridad que no le conocía y respondió:

—Alhambra.

Ella sonrió, conmovida por el romanticismo inesperado de aquel hombre que siempre parecía tan serio. Estaba a punto de decir algo sobre los jardines del Generalife o la luz de Granada, cuando él añadió con un entusiasmo técnico:

—Es el modelo de polea de tracción de este montacargas. La serie «Alhambra 1370», fabricada en 1925, con acero reforzado y rodamientos de seda. ¡Una joya de la ingeniería!

El silencio volvió a reinar, pero esta vez ella soltó una carcajada limpia. El sonido, vibrante y cristalino, rebotó contra el mármol de las paredes y el metal de las puertas doradas, llenando el pequeño cubículo con una calidez que el viejo montacargas no había sentido en décadas.

Carmen Parejo

Carmen Parejo García nació en Antequera en 1959.
Enfermera Especialista en Enfermería Familiar y Comunitaria, vocación y profesión que ha ejercido en Campillos y Antequera durante 43 años en las múltiples facetas que ese noble oficio le ha brindado.
Además ha desempeñado una importante labor en distintos puestos de gestión:
-Promotora y directora de la Unidad de Residencias.
-Presidenta de la Subcomisión de Enfermería de la Unidad docente del Área Sanitaria norte de Málaga.
– Vocal de la junta de gobierno del Ilustre Colegio de Enfermería.
– Vocal y Socia honorable de la Sociedad Andaluza de Hipertensión y Riesgo Vascular (SAHTA).

Ha participado en numerosos estudios y
artículos científicos.
En 2017 fue reconocida su labor asistencial con el Premio ‘Patrocinio Gómez’.
Está orgullosa de haber podido ser una “divulgadora de salud”, no solo en su consulta diaria, en los grupos de pacientes y cuidadoras, en asociaciones y en los colegios e institutos.
Ha presentado junto a un equipo de compañeros durante más de una década el programa de radio “Ondas de Salud” en Onda Cero y Canal Sur radio.
Apasionada por la historia y la literatura es miembro del Taller Antequerano de Escritura Creativa desde febrero de 2023.