«Un foráneo en el paraíso» | ChLL para atqmagazine
Me acerqué al MAD a ver esta exposición, con la idea predeterminada de que vería una pintura muy simple… ¡Y jolín con lo simple!. Además de que no es nada fácil, y que de lejos no se aprecia tanto su arte, es muy inspiradora. Te cuento…
Si te acercas a verla… (te la recomiendo para pasar un ratillo de nostalgia introspectiva desde las cosas sencillas; después puedes pasarte enfrente y tomarte unas tapas en El Toral con tus amigos o familia y hacer realidad el espíritu de esta exposición)
Estoy totalmente de acuerdo con Cristina Vázquez, autora de esta exposición que, a primera vista parece sencilla, y encierra sin embargo, (mejor dicho, «abre» más que encierra) un mundo de reflexión e introspección con el que me he quedado encandilado durante un ratillo. Es cierto, a veces no sabemos lo felices que somos.
Hay quien necesita cruzar medio mundo para encontrar el paraíso. Otros lo buscan en una isla remota, en un hotel con vistas al mar o en una playa donde nadie les moleste. Cristina Vázquez propone algo bastante más sencillo, detenerse, mirar alrededor y descubrir que quizá llevamos tiempo viviendo dentro de él sin habernos enterado.
Uno entra en el MAD de Antequera pensando que va a ver una exposición de pintura y sale con cierta sospecha de que ha estado perdiendo el tiempo. No el de la visita, que está muy bien aprovechado, sino ese otro tiempo que dedicamos a correr de un sitio a otro, a esperar que llegue el viernes, las vacaciones, el verano o cualquier acontecimiento que nos prometa que entonces sí seremos felices.
Cristina Vázquez viene a decirnos que nos tranquilicemos un poco. Que a lo mejor la felicidad ya ha llegado y nosotros, como andamos siempre tan ocupados, ni siquiera hemos abierto la puerta.
Eres feliz y no lo sabes es el título de su exposición y también una de esas frases que uno debería llevar apuntadas en la cartera, junto a la documentación y alguna fotografía antigua. Por si acaso. Por si un día se nos olvida que vivir también consiste en disfrutar de lo que está pasando mientras pasa.
Ella nos lleva de paseo por playas, piscinas y orillas del mar. Hay cuerpos que descansan, personas que se bañan, mujeres que caminan juntas y esa luz de verano que tiene la virtud de hacer que las preocupaciones pesen un poco menos. No hay grandes acontecimientos. Tampoco hacen falta. Aquí la aventura consiste en quedarse un rato más en el agua, caminar sin rumbo o compartir una conversación que probablemente no cambiará el curso de la historia, pero sí puede mejorar una tarde. ¡Y qué falta nos hace reivindicar esas cosas!.

Esta exposición aparentemente sencilla tiene algo deliciosamente mediterráneo que alegra la vista. Una filosofía que no necesita demasiadas explicaciones, el sol, el agua, el cuerpo, el descanso y la compañía. Una forma de entender la vida que, por momentos, parece que hemos olvidado entre agendas, notificaciones y obligaciones.
Cristina Vázquez nos devuelve a ese territorio donde el tiempo se mide de otra manera. No por las horas que faltan para llegar a algún sitio, sino por las ganas que tenemos de quedarnos donde estamos.
El agua es una de las grandes protagonistas de su pintura. Agua dulce y salada, atlántica y mediterránea, serena o revuelta. Agua que acoge, que sostiene, que invita a abandonarse un poco. En sus cuadros y acuarelas aparecen azules, verdes, ocres y blancos que cambian con la luz como cambia el humor de un día de verano.
Ella, a quien no conozco en directo pero ya me cae muy bien, tiene una especial habilidad para atrapar esos segundos que normalmente dejamos escapar, el momento de entrar en el mar, una zambullida, un paseo junto a la orilla.
Pero la exposición tiene más fondo del que aparenta la luz de sus colores suaves y pastel. Porque debajo de los bañadores, las piscinas y las playas hay una historia sobre las mujeres y sobre la manera en que se cuidan, se acompañan y se reconocen.
Cristina se fija en ellas. En esas mujeres que llegan juntas a la playa, que se ayudan a entrar en el mar, que pasean durante largo rato y se cuentan historias que los demás ni siquiera imaginamos. Mujeres que para una mirada distraída pueden ser madres o abuelas, pero que antes de cualquier otra etiqueta son mujeres. Con sus deseos, sus complicidades, sus conversaciones y su manera de estar juntas.
Todos hemos visto alguna vez una escena así y no le hemos prestado demasiada atención. Dos mujeres caminando por la orilla, una esperando a la otra, una mano que sostiene un brazo, una conversación que no necesita espectadores. La vida, en definitiva, haciendo su trabajo sin pedir reconocimiento.

Las veinte obras que reúne el MAD, realizadas en óleo, acrílico y acuarela, construyen ese pequeño universo de felicidad sin estridencias. Detrás está una artista nacida en Cáceres, criada en Andalucía y afincada en Sevilla, que ha mantenido una estrecha relación con el mundo del arte también desde su trabajo como restauradora en instituciones culturales sevillanas. Aunque la pintura la ha acompañado siempre, fue en 2020 cuando decidió entregarse a ella de una manera radical.
Porque Cristina Vázquez no pinta destinos exóticos ni promete paraísos imposibles. No hace falta coger un avión, reservar un hotel ni consultar el precio de los billetes. Su paraíso está mucho más cerca. En una playa cualquiera, en una piscina, en el encuentro con los amigos, en el cuerpo que se deja llevar por el agua o en esa persona que camina a nuestro lado y a la que, con suerte, todavía tenemos muchas cosas que contarle.
Eres feliz y no lo sabes es, en el fondo, una exposición sobre el privilegio de estar vivos y poder disfrutar de las cosas pequeñas. También sobre la necesidad de cuidar y dejarnos cuidar. Una celebración de esos momentos que no suelen entrar en los álbumes importantes, pero que, cuando echamos la vista atrás, resultan ser precisamente los que más echamos de menos.
Así que conviene hacerle caso a Cristina. Acercarse al MAD, dejar el teléfono un rato en el bolsillo y pasear por sus salas sin demasiadas expectativas. Quizá reconozcamos un verano nuestro, una playa conocida, a alguien que nos recuerda a alguien o una felicidad que creíamos perdida.
Y si al salir tenemos ganas de llamar a un amigo, buscar una playa, darnos un baño o simplemente sentarnos a no hacer nada, habrá merecido la pena.
Porque el paraíso, lector, lectora, tiene la buena costumbre de estar mucho más cerca de lo que pensamos. Y nosotros, mientras tanto, empeñados en buscarlo lejos.
Una exposición para ir sin prisa, salir con una sonrisa y recordar que quizá la vida nos está tratando bastante mejor de lo que creemos. | ChLL
Eres feliz y no lo sabes, de Cristina Vázquez. Museo de Arte de la Diputación (MAD) de Antequera. Salas temporales de la planta baja. Del 2 de octubre de 2026 al 24 de enero de 2027. Veinte obras en óleo, acrílico y acuarela. | Entrada gratuita








