Otra vez campeón de Andalucía | A sus 80 años, Antonio Matas sigue ganándole carreras a la vida

Veinte días antes de jubilarse, Antonio sufrió un grave accidente laboral que estuvo a punto de cambiar para siempre el rumbo de su vida. Pasó ocho meses hospitalizado y regresó a casa con miedo incluso a salir a la calle.

Lo que nadie imaginaba entonces era que aquel hombre que había tenido que aprender de nuevo a caminar acabaría convirtiéndose, dieciséis años después, en subcampeón de España Máster 80 de atletismo y campeón de Andalucía.
Es uno de los rostros más admirados del deporte veterano antequerano. A sus 80 años , sigue entrenando con la misma ilusión con la que persigue dos sueños pendientes: proclamarse campeón de España y competir en un Campeonato de Europa.
Foto de este fin de semana, 30 y 31 mayo, en el Campeonato de Andalucía Máster de Atletismo al Aire Libre, celebrado en el Estadio Municipal de Atletismo de Estepona, una de las grandes citas del calendario autonómico para los deportistas veteranos.
Medalla de Oro en 400 lisos y Medalla de Plata en 200 lisos.

Voluntad, gratitud y ganas de vivir. Detrás del subcampeón de España, del campeón andaluz o del hombre capaz de completar los 101 kilómetros de Ronda con 80 años, hay una lección silenciosa de perseverancia. Antonio no corre para desafiar al calendario; corre para celebrar cada día que la vida le ha regalado después de aquel accidente que estuvo a punto de arrebatárselo todo.

Esa es, me dice, la victoria más importante de todas.

¿Cómo fueron tus comienzos en el atletismo?
Mi comienzo fue a raíz de un accidente que tuve 20 días antes de jubilarme. Eso fue en el año 2010. A mí nunca me había pasado nada y 20 días antes de jubilarme, con 64 años y medio, me quedé inválido. Estuve ocho meses ingresado en Sevilla, en Fremap. Mi hijo me daba de comer, me vestía, me bañaba… me lo hacía todo, porque yo me quedé completamente postrado inválido.

Me caí de cinco metros de cabeza a un forjado. A raíz de ello me partí la muñeca (donde me pusieron unas placas), la clavícula y la cabeza. Tengo tornillos en la escápula también. Total, que cuando me dieron el alta en Sevilla y regresé, a los dos días me dijo mi hijo: «Papá, mañana vengo por ti y vamos a dar un paseo, porque después de estos meses tú necesitas andar». Yo no quería salir a la calle, le había cogido un miedo tremendo, pero él insistió.

Así empecé. Luego me uní al equipo de Mata Grande, hacíamos muchos maratones. También salía mucho con unos amigos de Córdoba que son profesores de la Universidad, biólogos. Y ya a los tres o cuatro años me dije: «Yo quisiera probarme en el atletismo en pista, a ver a dónde llego». Hablé con Manolo Espárraga y su mujer, Yolanda, y me dijeron: «Antonio, pruébate». Empecé a competir, quedaba el quinto, luego el cuarto, el tercero… y ya entré en los campeonatos de Andalucía.

¿Cuándo has cumplido los ochenta?
Mi cumpleaños fue el 16 de febrero, pero se ha aplazado tantas veces la celebración por los eventos que he tenido, que mi nieto me dice que ya tengo «ochenta y pico» (risas).

¿Hasta entonces ,tú no habías hecho deporte de forma habitual? ¿Es como si te hubieran puesto un motor nuevo?
Más o menos, eso me dicen mucho (volvemos a reír).

Ahora mismo, ¿qué encuentras en ti mismo al salir a correr? ¿Entrenas a diario?
Salgo un día sí y otro no. Estoy en un club que se llama GEDISA. Vamos a entrenar los martes, jueves y viernes. Si algún día quiero hacer algo por mi cuenta, lo hago, pero el grupo fijo son esos tres días.

¿Y te sometes a un entrenamiento muy duro?
Según si te están preparando para un campeonato, te meten algo más. Entrenamos en el Centro de Atletismo de aquí de Antequera, que está preparado para alto rendimiento.

¿Qué sentiste en tu último triunfo en Antequera? ¿Qué medalla ganaste ahí en el Campeonato de España celebrado hace poco en nuestra ciudad? (mi entrevista a Antonio Matas fue días antes del campeonato de Andalucía de este fin de semana)
Quedé subcampeón de España en los 400 y en los 200 metros en pista. Y a la vez, fui récord de Andalucía en mi categoría en las dos distancias.

¿Qué récord tienes ahora mismo en esas marcas?
En 400 metros tengo 1:32 (un minuto y 32 segundos). Y en 200 metros tengo 41 segundos.

¡La madre que te pariópero si eso tardo yo en lavarme los dientes! (risas).¿Y qué sentiste al poder decir «soy subcampeón de España»?
Pues imagínate, empiezas a rebobinar para atrás y dices: «Esto no se me pasaba a mí por la cabeza». Que ahora yo sea subcampeón de España en mi categoría (Máster 80) es una sensación impresionante. Es cuando empiezas a creerte un poco el sentido de ser deportista y, sobre todo, de hacer una cosa que te gusta. Para mí es una alegría y una satisfacción impresionante. Te acuerdas también de la gente que ya no está… (sus ojos nublados contagian los míos, aprovechamos para beber agua…)
Pero bueno, seguimos. La semana que viene tengo en Estepona el Campeonato de Andalucía.

Hablemos de los 101 kilómetros de Ronda, ese desafío a la constancia. ¿Cuántas veces has ido ya?
He ido cuatro veces. Esta última ha sido la cuarta.

¿Te ha costado llegar en esta última edición?
No, esta ha sido una de las mejores carreras que he hecho físicamente. Fui adaptándome al reto de los 101 kilómetros. Íbamos un amigo, mi hijo Antonio y yo. Mi hijo era el que llevaba las boticas y las pastillas de sales, controlando cuándo había que pararse a comer o a tomar algo. Físicamente me adapté mejor porque otras veces he sido muy descuidado con las pastillas de sales; como te encuentras bien, sigues, pero llega un punto en que el cuerpo se desgasta por falta de minerales y se viene abajo. Es importantísimo controlar la hidratación y otras constantes que él me iba dirigiendo.



Yo he visto el vídeo corto que han puesto en redes y es emocionante, espectacular, impresionante. Llegabais andando, ¿verdad? ¿Él ha hecho este reto contigo todas las veces?
No, entera solo esta última vez. Por eso yo quería terminar los 101 kilómetros este año y decir «ya no lo hago más», porque quería cruzarlos con él. Entrar juntos en la meta fue una maravilla. Era un símbolo muy importante en mi vida, poder terminar la carrera juntos.



Este año los 101 kilómetros los hemos hecho todos andando. Hace dos años íbamos corriendo y trotando, pero aquella vez me dio un bajón físico y abandoné. Le dije a Antonio que siguiera con el equipo de Mata Grande, pero él prefirió quedarse conmigo. Eso lo tenía yo clavado en el corazón, por eso quería terminarlo con él este año. Lo curioso es que a los dos o tres días de terminar, mi nieto me dice: «Abuelo, yo quisiera hacer los 101 kilómetros contigo». Y yo le dije: «¡Toni, no me tientes, por Dios santo!» .


¿Qué edad tiene ese nieto tuyo tan atrevido?
Le faltan dos años todavía para los 18, que es la edad mínima que exige la organización para dejarte participar. Yo para entonces tendré 82 u 83 años… ¿Cómo voy a aguantar? Aunque bueno, lo mismo sí, porque si he ido progresando para bien, a lo mejor dentro de un par de años estoy estupendamente.

Mi hijo Antonio me dijo que este año, yendo todos juntos y andando, tardamos solo una hora más que el año pasado, pero físicamente lo terminamos maravillosamente bien, sin mirar el reloj, a pesar de que el tiempo estuvo malísimo con granizo, viento y sol.

¿Te han dicho el tiempo total que tardasteis?
22 horas y 15 segundos.

¿Y cómo nació ese reto de apuntarte a Ronda por primera vez?
Fue por 2015. Yo salía a andar con estos profesores de Córdoba y un amigo de ellos hizo la carrera ese año. Fuimos a Ronda solo para ver la salida de la carrera y el ambiente. Al ver la organización, el ambiente y todo tan perfecto, les dije a los otros: «Esto lo tengo que hacer yo». Me dijeron: «Tú estás chalao». Y yo: «Que no, que esto lo tengo que hacer».
Al año siguiente, en 2016, tuve la suerte de conseguir plaza en el sorteo. Les dije: «Prepararos para el año que viene, que voy a salir en Ronda». Me decían que si sabía dónde me metía, pero yo fui y la terminé perfectamente en 21 horas y media. Al siguiente año tardé 21, luego otra vez 21 y media, y este año 22 horas. Con la edad que uno tiene, terminar en 22 horas y físicamente entero… es una diferencia muy grande si te lo planteas bien moral y físicamente. Vas andando, tienes 24 horas, te administras bien y llegas.

¿A qué hora empieza la carrera?
Este año fue a las diez menos cuarto de la mañana. Salimos progresivamente porque somos marchadores y casi cuatro mil bicicletas que van como balas.

Tú afortunadamente no vas solo, vas en equipo con tu hijo y un amigo, con Antonio dirigiendo un poco el tema. Pero, ¿qué se siente en esos momentos de silencio, cuando el cuerpo te pide parar? ¿Cómo te encuentras mentalmente? ¿O ha sido todo como una balsa de aceite?
Todo depende de tu mentalidad. Tú te mentalizas para una cosa. Cuando empecé con el equipo de Mata Grande, decíamos de ir cada uno a su ritmo. Yo iba solo porque ellos andaban más, pero en realidad en esta carrera nunca vas solo; enseguida te incorporas a otros grupos, hablas con la gente, te cuentan de dónde son y cuando te das cuenta ya has hecho 15 kilómetros con ellos. Yo nunca me he venido abajo mentalmente diciendo «no puedo más». He hecho los 101 kilómetros con «Super Paco» (un mítico del desafío de Ronda) ese hombre que era mayor que yo, un par de veces, y la cabeza es la que rige. Tu vitalidad se impone a la dificultad, sobre todo por la noche, que es cuando más se cierra la mente porque ya no ves el paisaje, solo ves las luces de los frontales.

Regresemos a tu rutina diaria…¿Hay días en los que te cuesta salir a entrenar?
No, hasta ahora no.

¿Las pruebas largas no son solo de piernas, también son de corazón y de las conversaciones que tienes contigo mismo… ¿no?.
Mentalmente. Eso es lo fundamental. La cabeza lo rige todo.

¿Qué significa para ti hoy, a tus 80 años, poder seguir poniéndote un dorsal, y más sabiendo que vienes de un accidente donde prácticamente estabas desahuciado?
Yo lo que hago cuando me levanto es decir: «Gracias a Dios que me tienes todavía en pie». Y como me tiene en pie y con salud, yo voy a hacer lo que haya que hacer hoy y a correr. Yo no pido logros materiales, yo solo quiero que me toque salud.

¿Cómo te cuidas tú? ¿Qué haces de especial en las comidas?
Como de todo, pero variado. Mucha ensalada, mucha plancha, sin meter mucha grasa. Alcohol, ninguno durante la semana. Llega el sábado y a lo mejor me tomo un par de cervezas y un Rioja, pero el lunes empiezo otra vez con mi agua y mi comida limpia. De hecho, la preparadora física, que es de Archidona y Yolanda, la mujer de Manolo Espárraga, hablaron con mi nuera sobre si debían ponerme una dieta especial por el campeonato, y mi nuera les dijo: «Mi suegro se mantiene muy bien, sabe lo qué tiene que comer y beber. Como le cambiemos las cosas, lo estropeamos».

Mencionaste antes a Yolanda y a Manolo Espárraga. ¿Ellos son tus entrenadores?
Sí, ellos son mis entrenadores, son buenísimos. Mi primera preparadora fue Sonia, que puso buena base en mis entrenamientos, ahora está en el Instituto de Archidona como profesora.

¿Y qué has aprendido del cansancio, del esfuerzo y de los silencios en el deporte? ¿Te ha costado mucho esfuerzo adaptarte?
Me ha costado adaptarme en el sentido de que tienes que conocer tus virtudes y saber hasta dónde puedes llegar. Por ejemplo, algo fundamental es aprender a respirar: coger y soltar aire rítmicamente. Cuando te sientes fatigado corriendo y ves que el cuerpo no rueda bien, empiezas a respirar profundamente y el sistema cardíaco se va adaptando. Yo el sistema cardíaco lo llevo muy bien; voy corriendo y se me ponen las pulsaciones en 160 o 170, pero paro dos segundos y enseguida me bajan a 77 u 80. Eso es algo muy bueno.

Los jóvenes se sorprenderán al verlo, ¿no?
Sí, bastante. Mis nietos me dicen: «Abuelo, yo no soy capaz de hacer lo que tú haces». Y yo les digo: «¿Por qué no os ponéis a probarlo?». Yo antes también decía que no era capaz, pero hay que intentarlo, no se pierde nada. Por intentarlo, mira dónde estoy hoy. He estado corriendo la Africana en Melilla y la Legión en Ceuta; y en Almería he hecho tres veces las Deserturísticas, que son 72 kilómetros por la arena del desierto de Tabernas, por donde rodaban las películas.

¿Dónde es el lugar más lejano al que has ido a correr?
A Ceuta y Melilla. Esos han sido los sitios más lejanos.

¿Y el próximo Campeonato de Andalucía me dijiste que es en Estepona este fin de semana?
(ya ha sido)
Sí, este sábado y domingo. Esta semana estuvimos entrenando y nos metieron un buen tute para preparar las piernas. Y después, ahora en junio, tengo la carrera nocturna aquí en Antequera, que este año parece que es más dura porque nos van a hacer subir a la ermita y pasar por el castillo.

¿Tienes algún sueño deportivo que no hayas cumplido todavía y que quisieras cumplir?
Sí, tengo dos: ser Campeón de España —ya que ahora soy subcampeón— y competir en un Campeonato de Europa.

¿Y eso va a ser posible pronto? ¿Cuándo es el próximo Campeonato de España?
Es a finales de junio en Mallorca. Yo quisiera ir. Pepa Sánchez Quintana y yo somos los más mayores, ella es mucho más joven, pero somos los más mayores que competimos de aquí de Antequera. Es un ejemplo deportivo y siempre que coincidimos en la pista me anima a que no deje de salir a competir.
Yo a veces me tengo que frenar un poco porque tengo que llevar a mi nieta más chica al colegio por las mañanas, pero en junio ya se ha terminado el colegio y yo no paro. El año pasado entrené todo el verano. Antes de irme a la piscina en Mata Grande, me hacía 12 o 14 kilómetros corriendo, luego gimnasio y después a la piscina.

Es curioso, porque entrenas haciendo fondo de 12 o 14 kilómetros, pero luego compites en 200 y 400 metros, que es velocidad pura. ¿Hay que tener fondo, pero para mantener la velocidad?.
Sí, yo empecé en los 3.000 metros y quedé campeón de Andalucía en 3.000 y en 1.500. Pero luego quise probarme en más velocidad. Me probaron en 800, en 400 y en 200, y vieron que se me daban mejor los 400 y los 200 metros. El año pasado en el Campeonato de España corrimos juntos uno de 92 años y yo con 80. Entramos los dos a la vez en la meta y me ganó por un segundo. Un hombre de 90 años de la zona de San Sebastián o Bilbao, que vienen muy bien preparados. Al terminar nos hicimos una foto y nos abrazamos todos. Es un ambiente muy bonito…
Tengo que hacer todo lo posible por ir al Campeonato de España este año.

Lo tienes ya cuadriculado en tu cabeza. Ojalá puedas cumplir esos dos sueños, Antonio, quedar primero en un campeonato de España y poder competir en un europeo. Ha sido un placer enorme hablar contigo. Eres un fenómeno.
El placer ha sido mío, Carlos. Muchas gracias.