La memoria del Arte | La Real Academia de Antequera incorpora nuevo legado de Jesús Martínez Labrador

«Un foráneo en el paraíso» | ChLL para atqmagazine

La figura de Jesús Martínez Labrador, uno de los nombres esenciales de la escultura contemporánea vinculada a Antequera y a Andalucía, vuelve a cobrar especial presencia con la incorporación de una nueva parte de su legado a los fondos de la Real Academia de Nobles Artes de Antequera.

Celebrado este 14 de septiembre de 2026 en Antequera, el acto de donación de este archivo gráfico y documental supone un valioso enriquecimiento del patrimonio que la institución ya conservaba del artista y permite ampliar, de manera extraordinaria, el conocimiento de su trayectoria, su obra y su dimensión humana y docente. Fotografías, dibujos, bocetos, documentos y registros de décadas de creación quedan así bajo la cuidado de la Academia, convertidos en una fuente de memoria y estudio para las generaciones presentes y futuras.
esta es la feliz noticia.

La entrega formal fue realizada por su hija Sara Martínez Sánchez, en representación propia y de su hermana Clara Martínez Mesa, junto al albacea de esta parte del legado, Francisco Jiménez Aguilera. En representación de la Real Academia recepcionaron estos documentos del artista, el Vicedirector de la RANAA, José Escalante (actual Presidente del Instituto de Reales Academias de Andalucía) y Juan López García Berdoy, Secretario General; en presencia también de los Académicos Miguel Ángel Fuentes Torres y Sebastián del Pino Cabello (quien además estuvo a cargo de la digitalización de este fondo documental).

Sara Martínez, hija de Jesús Martínez Labrador, momentos antes de la entrega
a la Real Academia de un lápiz digital con importante contenido gráfico sobre el insigne escultor. A la dcha de la foto: Francisco Jiménez, albacea de este legado.

El legado entregado combina materiales en formato físico y digital. Con un lápiz de memoria rotulado «LABRADOR Para R. ACADEMIA» que alberga la totalidad de los archivos fotográficos digitalizados.

El material está catalogado minuciosamente en seis carpetas temáticas:
Núm. 1: Jesús y Familia. Núm. 2: Jesús y Amigos. Núm. 3: Obra I (1968–1980). Núm. 4: Obras II, Serie Poetas (con registros de obras sobre Antonio Gala, Pablo García Baena, Jorge Guillén, entre otros). Núm. 5: Obras III (1981–2005). Núm. 6: Exposiciones y Actividades Docentes.

Este minucioso registro fotográfico y documental no solo perpetúa la memoria del escultor Jesús Martínez Labrador, sino que abre una vía de valor incalculable para el estudio de su trayectoria y su contribución al arte contemporáneo andaluz.

Y así la viví yo, además con el privilegio de haber podido estar…

Fue un nuevo instante de admiración, con un símbolo especial y entrañable para mí, en los que el tiempo parece detenerse para dejarme atisbar la verdadera esencia de las cosas.

Ocurrió ayer, en la penumbra acogedora de una de las salas internas de la Real Academia de Nobles Artes de Antequera. Cruzamos el umbral para ser testigos de un acto formal, pero de un protocolo íntimo de entrega donde los archivos complementarios y la memoria del gran maestro Jesús Martínez Labrador pasaban a custodiarse de manera oficial en la institución. Sin embargo, lo que prometía ser un evento puramente institucional mutó en un destello afectuoso de luz, en un homenaje tocado con el corazón.

El detonante fue un gesto, una chispa de una belleza serena e imperceptible para mi ojo apresurado. Al acercarse a algunas piezas, Sara, su hija, deslizó instintivamente la yema de sus dedos sobre una de las figuras modeladas en barro por su padre. No fue un simple roce casual; fue un reconocimiento del alma.

Ella parecía sentir cada surco, cada impronta del modelado, repitiendo exactamente la misma cadencia y el mismo afecto con que Jesús abrazaba sus propias creaciones. ¡Dios mío, era el mismo gesto que Jesús hacía cada vez que se encontraba con sus obras y que, muchos como yo, habíamos visto tantas veces en él!. Era la misma caricia, la misma mano, la misma sangre dialogando con la tierra cocida. Un puente invisible trazado entre el recuerdo y la presencia.



Recuerdo que Jesús me dijo una vez (no con irreverencia, sino con inspiración poética y afirmación de artista) que aunque en el Museo las piezas no se suelen tocar, él me autorizaba a que cuando me acercara a su sala en el MVCA, pudiera hacerlo. Que me dejaba tocarlas ya que así podía sentirlas mejor.
¡Anda que no he acariciado veces el perfil de la nariz singular de Jorge Guillén en su esculturita en la estantería de su estudio!.

Durante el transcurso del acto se desgranaron anécdotas y memorias que flotaron en el aire de la sala, alimentando una admiración por Martínez Labrador que en mí ya era infinita. Ese cruce de miradas, la emoción contenida al recordar al docente, al padre, al amigo y al artista, transformaron la cita en algo sagrado.

Antequera guardará desde hoy algunos más de sus papeles y su legado digital como oro en paño, pero lo que quedó grabado además en mí, entre las paredes de la Academia, fue ese reflejo de amor eterno, las manos de una hija buscando las huellas parentales en el barro.

Me alegró mucho saber que la Academia prepara para este curso diversas actividades relacionadas con la obra de nuestro «Labrador escultor «( así se marcaba en el portero automático de su Estudio ubicado frente a la panorámica desde su terraza en «la otra cara» de la Peña de los Enamorados ).

También presente en el acto, Paula Castro, escultora y pintora, discípula del artista y autora del artículo El Legado de Jesús Martínez Labrador publicado en la Revista Rayya, que en unos días replicaremos aquí.