No puede uno sino darle la razón al arqueólogo municipal, Manuel Romero, cuando te resume el tema de su especialidad diciendo: “los romanos eran como nosotros”. La mejor prueba de ello, quiere uno pensar -y esto será a primera vista poco académico-, es que aún nos gustan las mismas. La Venus de Antequera (decir “de la estación” suena a renfe) es lo más exquisito que guarda el MVCA: está muy lejos de ser un retrato realista al estilo romano; es la expresión plástica de una “idea” en el sentido de modelo ideal, eterno e inmutable (canon), tal como lo teorizó Platón.
Poner semejante figura en la isleta de un jardín inundado hace de la Villa de la Estación algo diferente a un pretencioso chalet por cuyo césped retozaran los siete enanitos: El orgulloso dueño romano (Dominus) de semejante “domus” podría ser todo lo rico en olivos que se quisiera, pero se remite modestamente a los griegos -pueblo conquistado por Roma tres o cuatro siglos atrás- como a sus auténticos maestros.
A nosotros, veinte siglos después, nos siguen gustando esas crenchas de pelo levemente ondulado, la mirada melancólica, nariz recta, boca entreabierta, barbilla voluntariosa. Esto es así porque, a través de Roma… venimos de padres griegos. Nunca se dirá lo bastante la importancia de este hecho: “La tarea de la cultura, quiero decir de la cultura antigua, es esencialmente una operación de nutrición” (Charles Péguy). Es como mirar, en las viejas fotos de familia, desde qué raíces crecemos.
Antequera 17/2/2025 – Manuel Vergara Carvajal