Llegué a la vieja estación de tren que se alzaba como un esqueleto de hierro entre la niebla, custodiando un misterio que los lugareños preferían no nombrar.
Me habían dicho que el silencio de aquel lugar ayudaba a olvidar, y yo necesitaba con desesperación que el mundo dejara de gritar mi nombre. Al fondo, tras las vías muertas, sobrevivía un huerto descuidado donde las hortalizas crecían grotescas, alimentadas por una tierra negra y agria que parecía exhalar un susurro constante.
Esa noche me refugié en la antigua vivienda del jefe de estación. El único alivio a la oscuridad era un tragaluz sucio en el techo, por donde la luna filtraba una luz enferma que distorsionaba las sombras. Intenté descansar, pero al entrar al dormitorio, el espejo colgado frente a la cama me devolvió una imagen que me heló la sangre: el reflejo no imitaba mis movimientos. Permanecía allí, de pie, con una mirada fija y gélida que no parpadeaba; esa intrusa parecía deleitarse con mi miedo.
Un ruido seco me distrajo. Sobre el alféizar de la ventana, una alimaña de pelaje ralo me observaba, raspando el vidrio con garras que sonaban como agujas rítmicas. Retrocedí aterrada y hundí el rostro en la almohada, rogando que la mente estuviera colapsando. Sin embargo, sentí un bulto extraño dentro de la funda. Al sacudirla, cayó un mechón de cabello idéntico al mío y una nota amarillenta con una letra que, para mi horror, reconocí como mía: «Ella ya salió del espejo»
Cuando volví la vista al frente, el cristal estaba vacío. Ya no había imagen, solo un marco negro reflejando la nada. De pronto, el frío de la habitación se volvió insoportable y, desde la penumbra del armario, escuché mi propia voz pronunciando mi nombre en un susurro perfecto. La medianoche marcó el final; entendí que el tren nunca vendría y que los raíles de aquel andén olvidado eran la frontera de un abismo que ya me había devorado por dentro.
CARMEN BECERRA GARCÍA

Carmen Becerra García (Málaga, 1961). Escritora y funcionaria, vinculada al Taller de Escritura y al Club de Lectura de Antequera. Desde siempre le ha gustado contar historias. Autora del libro de relatos En el umbral de Rebeca Mundo (2024), ha colaborado en diversas antologías del Círculo Cultural Bezmiliana y del Taller Antequerano de Escritura Creativa. Sus relatos han sido publicados en Atq Magazine, así como en prensa local y provincial. Su trayectoria narrativa ha sido reconocida con premios del Ateneo de Málaga, el certamen Ochavada (Archidona), el concurso de microrrelatos «EN13» de Atq Magazine, el centenario de El Sol de Antequera, Diversidad Literaria y el Certamen Literario María Carreira de Antequera.






