«Latidos en papel y luz» | Así lo he vivido sin estar

«Un foráneo en el paraíso» | ChLL para atqmagazine

Se celebró Latidos en Papel y Luz. Sucedió en la Real Academia de Nobles Artes de Antequera el 9 de abril. Una evocación de las escritoras Santa Teresa de JesúsCristobalina FernándezFernán Caballero (pseudónimo de Cecilia Böhl de Faber), Emilia Pardo Bazán María Victoria Atencia 

Fue un acto cultural fuera de lo común, excelente. Organizado por el Área de Equidad del Ayuntamiento de Antequera y cuatro artistas de la Fotografía pertenecientes a la AFA: Ana Navarro | Carmen Tejada | Gloria Sánchez | Mercedes Pardo. Con participación estelar de las actrices Olga Montemayor e Irene Ruiz.

Yo me lo perdí a pesar de haber comunicado a mucha gente desde días antes que asistieran, ya que iba a ser maravilloso (así fue, según me contaron)

No viene a cuento excusarme conmigo mismo. Y no suelo aceptar mis ausencias con elegancia. Me duelen y se me quedan en algún lugar entre la curiosidad y esa forma íntima de auto-resentimiento.
No haber estado en “Latidos en papel y luz” fue, para este que escribe, una pena que espero curar con la próxima edición que ojalá venga pronto y con ese mismo equipo que lo produjo.

Tengo que decir también que durante días, el eco de ese acto tan bien organizado por el Área de Equidad del Ayuntamiento de Antequera y por estas cuatro artistas de la Fotografía que han demostrado otras facetas brillantes de ellas mismas, ha sido constante. Comentarios al pasar, miradas cómplices, ese tono leve, casi conspirativo, con el que se narran las cosas que han sido verdaderamente hermosas… Me decían muchas personas, “Fue especial”, “no te lo puedes imaginar”, “tenías que haber venido”…
Y uno, que ha aprendido a convivir con la búsqueda de lo irrepetible, empezó a reconstruir la velada a partir de fragmentos ajenos, intentando recordar un sueño que no ha tenido.
Pero no era suficiente…

Había algo en la insistencia de quienes sí estuvieron, que desbordaba la anécdota. No hablaban de un acto cultural al uso, lo hacían de una experiencia sublime. Y entonces apareció esa punzada, honesta, inevitable, la de haber faltado a una cita importante y no llegar a lo que ya no puede repetirse.

Así que hice lo único que podía hacerse, buscar unos ojos prestados para poder contarlo. Pero no unos cualquiera.
Pensé en alguien que no solo hubiera estado allí, que también supiera mirar para que pudiera recrearme en lo vivido. Que entendiera los matices, que no se conformara con describir, que supiera sentir lo que veía y, más aún, ponerle palabras sin traicionarlo. Y entonces surgió su nombre con la naturalidad de las certezas: Carmen Vera. Ella fue espectadora y me podría contar cómo vio todo desde su silla.

Quienes la conocen saben que hay en ella una forma de estar en el mundo que combina la atención serena con una sensibilidad poco frecuente. Fue durante años profesora en el Colegio Loreto, y en ese oficio, el de enseñar, dejó ya entrever algo más profundo, su capacidad de sentir lo invisible, de detenerse en lo que otros pasan por alto. Por eso su mirada no es solo fiable; para mí es necesaria.

Le pedí, casi con urgencia, que fuera mis ojos y recordara aquella tarde que yo no viví. Que me lo contara sin prisa, reviviendo algo que todavía le late dentro. Y ella aceptó. Es tan buena persona que comprende que hay relatos que merecen ser compartidos con cuidado.

Así que …, lo que sigue es, en gran medida, un préstamo. Una forma de estar yo, sin haber estado. Una reconstrucción hecha de memoria ajena y emoción verdadera.
Cuando uno no llega a tiempo, puede confiar en la mirada de quien sí supo quedarse.

Carmen Vera Ruiz:

Gloria Sánchez | Nono García

Le hice caso a Carmen Vera y, para centrar más la esencia de este acto cultural tan significativo, pregunté a Mercedes Pardo, una de las protagonistas, que llevó el hilo conductor del acto con un arte didáctico y una capacidad comunicativa fiel a su prestigio en la enseñanza de la Literatura y en la activación cultural de generaciones de estudiantes en Antequera, desde sus distintas cometidos educativos en el IES Colegiales, entre ellos el de directora durante años. En ella encontré la explicación (mejor, imposible) de cómo se gestó todo.

Mercedes Pardo

Mercedes Pardo Céspedes:

Recuerdo que en la información previa de esta actividad, en la que yo mismo anunciaba lo que intuía que iba a ser esta performance, por los datos que tenía, hablaba de un diálogo entre disciplinas. Sin embargo, a más a más, según me cuentan otras personas, lo que allí se desplegó fue algo más profundo, una arquitectura emocional cuidadosamente construida desde el rigor y la sensibilidad.

Detrás de la belleza del arte siempre hay un andamiaje invisible. La semilla fue sembrada tiempo atrás, tras una exposición, cuando el Centro de Información a la Mujer lanzó una propuesta que, en palabras de Mercedes Pardo, comenzó siendo apenas un esbozo, una idea sin forma definida, pero muy potente. No era solo un homenaje. Era, en cierto modo, una restitución…
Hay ideas que, cuando encuentran las manos adecuadas, terminan por revelarse únicas. Lo que hace inolvidable los momentos, no es el tiempo que duran, es la intensidad con la que se viven.

Me cuenta también Mercedes, que fue en ese proceso paciente, casi artesanal donde el proyecto encontró su pulso.

Y otras personas que lo vivieron, me hablan de la valentía de ellas, de Mercedes Pardo, de Ana Navarro, de Carmen Tejada y de Gloria Sánchez, las integrantes de la Agrupación Fotográfica Antequerana, que decidieron salirse de su rol habitual. Cruzaron otra frontera y subieron a escena. Se expusieron. Y en ese gesto, aparentemente sencillo, se produjo otra de las facetas fascinantes de esa velada, el arte como territorio compartido, sin jerarquías, sin refugios…

Los expertos de la Agrupación, así como otros espectadores, desde sus distintas miradas me comentaron que la fotografía, lejos de ser un mero acompañamiento, funcionó como memoria instantánea de lo efímero. Capturaba no solo imágenes, estados de ánimo, tensiones, silencios...

Y mientras tanto, la música y la interpretación con una Gloria Sánchez especialmente entregada en su versatilidad (acompañada por un guitarrista excepcional, Nono García) tejían una atmósfera en la que todo parecía tener sentido, incluso aquello que no se decía.

La verdad es que lo hemos disfrutamos mucho, tanto en el trabajo previo como la puesta en escena. Hacer fotos en especial para el poema «Sazón» de María Victoria Atencia ha sido de lo mas bonito que he vivido en fotografía. Trabajar la serie con una mujer de 90 años, que hizo suyo el poema. | Ana Navarro

Gloria Sánchez tiene en su garganta distintos registros, y supo adaptar el aire del «latido» de Cristobalina Fernández



El final fue ¿épico?. ¡Sí, épico!, hace falta tener gancho para lograr la complicidad del publico a tal nivel de conseguir de ellos que, de forma coral, recitaran la plegaria de santa Teresa de Jesús, siguiendo las indicaciones de Mercedes. Ver vídeo:

Y el acto finalizó entre múltiples aplausos y agradecimientos merecidísimos, por lo que habían vivido.

Estas fotógrafas son las otras tres culpables de tanto bonito. Es normal que estén tan felices al ver que que había gustado tanto.

Ana Navarro | Gloria Sánchez | Carmen Tejada

Un recuerdo con mucho cariño desde la Concejala María Sierras (un detallazo) con las artistas de AFA.

Aplausos miles, merecidos, muy merecidos (según me cuenta todo el mundo) a todas las personas implicadas en la organización de esta experiencia emocional y difusora de Cultura.


Fotos prestadas por Frank Tejada y Fernando del Pino.