Foto de portada: modificación de fondo sobre retrato del gran pintor Felipe Sánchez
«Un foráneo en el paraíso» | ChLL para atqmagazine
Es cierto que sucede, hay momentos en los que un libro te sale al encuentro y, sin previo aviso, te cambia la velocidad del pulso. Una de esas veces me pasó en julio de 2024. Llegué a la Real Academia de Nobles Artes de Antequera, persiguiendo la convocatoria de una presentación literaria.
Allí, sentado, me recuerdo nítidamente, coincidiendo en las primeras filas junto a Lorena Sánchez (de El Sol de Antequera) y el catedrático Juan Benítez, escuché por primera vez a Nicolás Ramos.
Al día siguiente, conmovido, publiqué en estas páginas de atqmagazine una crónica que titulé ¡Vaya recital bonito de poesía!.
(pero léelo luego, ahora no te vayas de aquí, por favor)

Desde entonces, me convertí en un rastreador a paso lento, pero incansable de su obra ( las cosas importantes de la vida hay que hacerlas a paso lento, talvez sin pausa, eso sí; pero sin prisa). He buscado sus cuadernos descatalogados, he preguntado en círculos literarios y he intentado acercarme el misterio de un poeta que, a sus camino de los 65 años, es uno de los tesoros mejor guardados y más deslumbrantes de las letras andaluzas e hispanas ( no lo digo yo, lo dicen los entendidos, yo solo entiendo de disfrutar de la poesía y la suya es fascinante).
Si sigues un poco su trayectoria poética (y es digna de ser seguida) verás que su poesía tiene la capacidad de devolver a la palabra común su pureza original y una utilización muy cuidada a la hora de estructurar, organizar y modelar cada verso en sus poemas.
Quiero contagiaros este hallazgo. A ver si soy capaz de contaros la importancia de Nicolás en el panorama de la poesía contemporánea andaluza.
Frente al ruido, las prisas y los egos inflados en las redes sociales, la poesía de Nicolás Ramos llega como el silencio fértil que queda en el aire tras la campana de las doce, que ya no sé distinguir si pican desde San Sebastián, desde el Reloj, desde Catalinas o Encarnación; pero que elevan el ánimo para recordarnos que no estamos solos y dejan la «alfombra» puesta al minuto después, para el regocijo interno en esa metáfora de silencio con la que Nicolás sabe jugar en sus versos.
Él no es un poeta de escaparate; es un auténtico clásico vivo. Como me repite frecuentemente el catedrático, y sabio indiscutible, Juan Benítez: «En Antequera hay dos poetas vivos que sobresalen de los demás. Uno de ellos es Nicolás Ramos».
Voy a intentar contaros por qué.
Cuando uno empieza a buscar la trascendencia de Nicolás Ramos en la Poesía andaluza contemporánea, se da cuenta de que su relevancia no es un espejismo local. Su nombre aparece con letras de oro en los índices de Piedra del Molino (con sede en Arcos de la Frontera, Cádiz), uno de los últimos y más inexpugnables bastiones de la poesía de alta calidad en el sur. Las presentaciones académicas en esa revista y los agudísimos textos críticos de filólogos como Francisco Ruiz Noguera analizan su obra con el respeto que se le tiene a los maestros. También la prestigiosa revista literaria de Aguilar de la Frontera lo ha radiografiado como uno de los creadores más dotados de nuestra era.
Su voz es el eslabón definitivo que une la herencia de los grandes del siglo XX con el siglo XXI. Conecta de forma directa con la exigencia estética del grupo Cántico de Córdoba. El mismísimo Vicente Núñez vio en Nicolás a un alma gemela en el respeto al silencio y bendijo su capacidad para «custodiar la belleza». Y otro de los mismísimos, Pablo García Baena elogiaba su «pulcritud sin aditamentos», esa rara destreza para heredar el barroquismo del sur pero pasándolo por un filtro de luz limpia. A este aplauso se suma el de críticos, por ejemplo de la talla de Manuel Arce, quienes ven en su obra una auténtica «lección de resistencia cultural».

Al indagar en la biografía para entender de dónde sale esa perfección que te deja admirado, uno choca con el pudor de Nicolás y con que no se prodiga en las redes sociales; no le interesan. Tampoco el marketing personal que otros poetas persiguen. Si quieres enterarte, has de intentarlo preguntándole directamente.
Desde aquella cita cultural en la Academia, habíamos hablado tres o cuatro veces y solo por teléfono. Últimamente con ocasión del homenaje a Juan Alcaide de la Vega, a quien él también admira eternamente y participa en el recuerdo de la publicación próxima que atqmagazine pondrá en el aire ya mismo, habíamos tenido más ratos hablando, de lo bien que utilizaba el lenguaje el propio Juan.
En uno de esos hilos, sellamos una entrevista en directo, me interesaba mucho preguntarle algo más de lo que leía en sus libros. Nos pillaba a mano «el Juanchi» en calle Estepa y quisimos «ilustrar» nuestra entrevista con gazpachuelo y porra, (antequerana ¿es que hay otra?), exquisitos ambos platos; además de alguna otra delicia gastronómica de este mítico lugar de sabores caseros y encanto de camareros.
Nicolás protege su intimidad como un santuario, pero sus versos lo delatan, alguien que escribe así tiene que ser grande también como persona.
Y a alguien, que es muy considerado con la intimidad ajena, como soy yo, no se le pueden negar algunas respuestas a preguntas tan respetuosas.
Así que pude apreciar en nuestra conversación que su impecable arquitectura moral y también la literaria, le viene de sus padres.
De su padre heredó el sentido del deber, la rectitud y la disciplina. Esa seriedad métrica donde Nicolás no se permite un solo fallo es el reflejo de un hombre que valoraba el trabajo bien hecho.
De su madre se contagió de la conexión con la sensibilidad. La atención minuciosa y detallista a los rincones de la casa, al patio encalado o al aroma de la canela que son ecos de la calidez y la observación silenciosa que ella le transmitió.
Ese equilibrio entre orden y sentimiento se terminó de fraguar, por supuesto en su recorrido escolar por el Colegio María Inmaculada, el Instituto Pedro Espinosa, y en un escenario espartano, el célebre Colegio San José de Campillos. Estudiar en aquel internado de horarios rígidos significaba someterse a una disciplina de hierro. Sin embargo para el Nicolás adolescente, aquello no fue una cárcel, supuso una escuela de libertad. En Campillos aprendió que la inspiración no es nada sin el oficio metódico de un artesano. Las dificultades galvanizaron su autodisciplina metódica literaria.
El secreto de la músicalidad de sus poemas
Como lector, lo que más me fascina de Nicolás es su oído, cómo suenan las palabras, el ritmo, la rima, la arquitectura de sus versos…
En sus poemas, juega con frecuencia con el endecasílabo, que actúa como una columna vertebral que aporta tono elevado y serenidad mística, recordando estilo de Garcilaso o Fray Luis.
Los entendidos dicen que su gran golpe de genio es cómo lo combina con el heptasílabo «para darle aire, ligereza y el ritmo del oleaje. Al mezclarlos sin un esquema rígido de rima, se corona como un maestro absoluto de la silva, la fusión libre de las once a las siete sílabas es tan fluida que no percibes el andamiaje, solo una armonía perfecta».
Es un poeta de «partitura» y un lector severo. Me dijo: la poesía, o es música o no es poesía.
El aval de los maestros. Lo que dicen de él otras grandes plumas
Para comprender el calibre de Nicolás Ramos, hay que escuchar lo que los grandes arquitectos de la palabra escrita han dejado dicho (y firmado) sobre él. En el sur, donde el elogio no se regala, su figura ha cosechado una unanimidad asombrosa:
El magisterio de Cántico (García Baena y Vicente Núñez). Quienes vivieron aquellas noches de versos y complicidad recuerdan cómo Pablo García Baena elogiaba la «pulcritud sin aditamentos» de Nicolás, esa capacidad suya de heredar el barroquismo andaluz pero pasándolo por un filtro de total claridad. Vicente Núñez, con esa lucidez mística y afilada que le caracteriza, veía en nuestro poeta antequerano a un alma gemela en el respeto al silencio. Núñez llegó a bendecir esa capacidad de Nicolás para «custodiar la poesía», entendiendo que sus versos no buscaban el aplauso fácil, sino la permanencia.
La mirada de Manuel Arce y los críticos: Desde las páginas de publicaciones especializadas y suplementos culturales, críticos de la talla de Manuel Arce han destacado que la poesía de Ramos es una «lección de resistencia cultural». Lo consideran un poeta insólito hoy en día, porque en un mundo lleno de prisas y textos inacabados, él defiende el poema como una pieza de orfebrería donde cada acento cuenta.

El bastión de la calidad. Su paso por «Piedra del Molino»
Si hay un lugar donde la figura de Nicolás Ramos Pérez ha sido desmenuzada con el rigor que merece, ese es la revista literaria Piedra del Molino, con sede en Arcos de la Frontera (Cádiz). Dirigida por el poeta Jorge de Arco, esta publicación es considerada por los expertos como uno de los últimos y más inexpugnables bastiones de la poesía de alta calidad en el sur de España. Entrar en sus páginas es recibir un sello de autenticidad.
La presencia de Nicolás en este santuario gaditano es recurrente, y lo es por partida doble:
Como autor fundamental. Sus poemas han aparecido en sus cuidadas ediciones impresas, sirviendo de ejemplo de cómo se puede mantener viva la herencia clásica (la estrofa perfecta, la musicalidad interna) sin perder un ápice de frescura contemporánea.
Como objeto de análisis académico. Las presentaciones y estudios críticos firmados por académicos de renombre en Piedra del Molino, así como los agudos textos analíticos de Francisco Ruiz Noguera, suelen radiografiar la obra de Nicolás con bisturí de cirujano. Los profesores y filólogos que escriben en esta plaza destacan su «arquitectura del silencio». Analizan cómo Nicolás es capaz de construir todo un universo filosófico y amoroso basándose en la brevedad del heptasílabo, y cómo sus silencios editoriales (como esa década que pasó entre Las flores altas y El universo amante) no son vagancia, sino el tiempo necesario para que la uva se convierta en vino noble.
Para la comunidad académica que rodea a revistas como Piedra del Molino, Nicolás Ramos no es solo un poeta que publica libros; es un modelo estético. Es la demostración viva de que la gran tradición lírica andaluza (la que duele, la que ilumina, la que se mide con precisión) sigue viva, con buena salud y habitando en el corazón de Antequera.
El despertar de una amapola (1978). Con dieciséis años, su icónico poema nació sin saber nada de métrica, demostrando que el ritmo estaba ahí antes que la técnica. Volcó su melancolía escribiendo sobre una flor que moría contra la piedra:
«Cantaba primorosa una amapola,
porque el viento la quería.
Era tal su amor que ni la acariciaba
por miedo a herirla.
Cantaba primorosa cuando
el duro vientre de una piedra
le quitó la vida.
Fue para siempre marcada
la piedra asesina.
Con sangre primorosa,
con lágrimas que el viento derramó
cuando triste lloraba,
cuando triste se mecía».
Su profesora leyó el texto en clase, conmovida. Y sus compañeros le pidieron fotocopias. En ese instante humilde nació su conciencia de autor. Su padre, que no había valorado hasta entonces su valor poético en la infancia, quedó asombrado de su capacidad, siendo ya adolescente. Antequera supo entonces que tenía un poeta antes de que el propio Nicolás se lo creyera. Fue un fenómeno de «red social analógica» en el instituto.
En la conversación, Nicolás me contó que su padre, al ver su inclinación, no lo fomentó activamente de inicio, pero fue el propio peso de poemas como este lo que terminó por convencer a su entorno de que había una voz distinta.
Preguntándole por su método, descubrí un detalle entrañable. Nicolás compone a mano, en hojas sueltas. Me dijo que escribía estas piezas en cuartillas, que para él eran como folios sagrados, pero necesitaba pasar sus poemas a una máquina de escribir tradicional en otros tiempos. Ahora también necesita ver el verso en letra de imprenta, tocar el objeto físico, para poder corregir, y que luchaba con las máquinas de escribir antiguas donde «se enganchaban las teclas si escribías demasiado rápido por la inspiración».

Si quieres, lector, lectora, acercarte a su obra y adentrarte en sus libros, te dejo este mapa para recorrerla (1978 – 2026). Nicolás lleva más de 45 años de creación «ininterrumpida» desde sus textos iniciales en 1978. Y su trayectoria es una ruta de fidelidad a sí mismo. El lector debe entender que su obra es fruto de periodos de silencio y observación, no de una producción industrial. Escribe cuando el poema «está en él», no por obligación.
Azulada sal (1995): Editado por el Ateneo de Málaga; una ópera prima con una marcada sensibilidad mediterránea.
Transparente celosía (1999) y Mare (2000): Editado este último por el Ayuntamiento de Antequera, donde el agua y la luz se vuelven los ejes del poema.
Ahora que nadie nos ve (2004): Un cuaderno íntimo, centrado en el secreto y la confidencia.
Promesa de la mañana (2005): Antología fundamental que recopiló su producción inicial junto al poemario La luna en el tejado.
Las flores altas (2015/2016): Su consagración académica. La verticalidad de la naturaleza sirve como metáfora de la elevación espiritual.
El universo amante (ExLIbric 2024): Publicado por la editorial antequerana ExLibric tras una década de silencio editorial de libros (que no de creación y colaboraciones en revistas). Una obra cósmica, de agradecimiento y madurez mística.
Las flores altas — Poesía reunida (ExLibric 2026): Una maravillosa edición integral, recién salida de imprenta, que recoge parte de la esencia poética de su vida dedicada a la palabra e incluye preciosos poemas inéditos.
Toda esta producción se complementa con su constante aparición en antologías de poesía andaluza contemporánea, sus cuidadas colaboraciones en los Pliegos de la Academia editados por la institución antequerana, y sus ensayos y piezas de crítica literaria en revistas especializadas.
Para ganarse el pan, este genial poeta siempre ha logrado una situación laboral muy bien posicionada, hoy día en la costa malagueña dirigiendo sus llamados «hoteles horizontales» (complejos vacacionales en la zona de Málaga y Torremolinos). Está en posesión del carnet de director de Establecimiento de Empresas Turísticas.
Tiempo atrás fruto también relacionado con sus estudios superiores de Turismo, le ofrecieron dirigir algún Parador, frenando su aceptación su propia negativa a la movilidad geográfica en pro de la tranquilidad matrimonial recién celebrada. Optó entonces por aceptar otra propuesta de los cazadores de talento hacia su enorme capacidad de gestión… la Televisión local de Málaga.

Me consta que su ética es intachable, aplica el mismo rigor y la misma honestidad al atender a un cliente que al pulir un heptasílabo.
Compruebo que es un hombre que prefiere el honor a los honores.
Fundó hace treinta y tres años Las lecturas de la canela, esa bellísima cita que aún hoy reúne a poetas en Antequera con la organización actual de Juan Benítez en la Real Academia de Nobles Artes de Antequera, y firmó el histórico Manifiesto de Antequera por la dignidad de la cultura.
Abandonó voluntariamente la Real Academia de Nobles Artes de Antequera (donde hoy consta como ex-Académico) por pura coherencia espiritual propia. No le interesan los currículums ni los puntos universitarios: «Si lo que yo he hecho vale algo, sale y crece … como un roble».
«Mantener la mirada», es parte del honor. Y se define como «antinada». No guarda rencor a las instituciones, simplemente elige dónde estar y dónde no.
Quise seguir explorando sobre él preguntándole directamente. Si antes dibujé un mapa de la trayectoria de sus libros, ahora querría hacer un croquis a modo de mapa de la filosofía de sus versos.
Si tus poemas tuvieran que vivir en un estado físico de la materia antes de ser escritos, ¿cuál elegirían?
Sólido. Porque dentro de la piedra canta el agua.
¿Cuál es el «pecado capital» que un poeta nunca debe cometer frente a la hoja en blanco?
La falta de honestidad para sangrar cuando el poema lo requiere
¿Qué pesa más cuando construyes un poema?
El ritmo, es la música interna que dicta la palabra.
Ante la tiranía de la rima, ¿cuál es tu postura?
La rima ayuda al ritmo. Y ambos a la memoria.
¿Cuál es tu herramienta de precisión favorita al corregir?
Ver el poema impreso en letra de imprenta.
«El verso en la máquina» Nicolás Ramos me confiesa una manía de autor: aunque el poema nazca en el desorden de una cuartilla, no lo da por terminado hasta que no lo ve escrito a máquina. Necesita ver la estructura limpia, el esqueleto del ritmo sobre el papel blanco, para saber si el poema es, de verdad, un poema.
En tu obra, el tiempo parece detenerse. ¿Qué es para ti la nostalgia?
Un lugar de visita obligatorio, pero del que hay que saber volver.
Define la «poesía» con una sola imagen rápida.
No sabría definir la poesía… La poesía es un misterio.
¿Crees que la poesía debe ser «útil» socialmente o un fin en sí misma?
La poesía es útil para el ser humano porque es conocimiento y comunicación.
¿A qué hora del día el lenguaje se vuelve más dócil contigo?
No tiene horario, la poesía es caprichosa en su acontecer.
Cuando terminas un poemario, ¿qué sensación predomina en tu espíritu?
Una paz profunda, similar al deber cumplido.
¿Cómo prefieres que se acerquen a tus libros: con la mente de un analista o con el pecho de un amante?
Con el silencio absoluto del que no busca nada y lo encuentra todo.
Si pudieras robarle una metáfora a otro poeta de la historia, ¿a quién saquearías?
Se la robaría a José Ángel Valente por el silencio y la condensación de sus versos.
¿Qué libro de poesía rescatarías de un incendio si solo pudieras llevarte uno?
Una antología de los clásicos del siglo de oro.
¿Te sientes más «creador» o más «traductor» de lo que ya existe?
Un náufrago que lanza mensajes para que alguien los lea.
Si la ciudad desapareciera y solo pudieras salvar un verso tuyo para reconstruirla, ¿cuál sería su esencia?
El rumor cotidiano de su gente cruzando por la calle principal.
¿El poema se termina o se abandona?
El poema se termina.
¿Escribes para que te quieran, para entenderte o para que no te olviden?
Escribo porque no sé no hacerlo.
Una palabra que te obsesione por su sonoridad
Al-fa-hua-ra. («El agua salía de la alfahuara fresca y clara.»)
19. Un color que defina tu actual etapa creativa
El color turquesa
20. ¿Qué hay después del último verso de tus libros?
El final del libro

Al lado y dentro ( no detrás) de este creador que conoció la prisa de la vida, está el anclaje de Carmen Bouderê, una excepcional mujer y una prestigiosa profesional, Abogada y Graduada Social, su mujer, su balsa y su norte (se le nota colado por ella). Y soy de los que piensa que en la felicidad de una pareja se aporta como vasos comunicantes, desde ambos lados de la entrega. Nicolás me reconoce que ella es el pilar fundamental en su vida, esposa y compañera maravillosa de vida constante. Es la persona que está a su lado en los momentos cotidianos, en los viajes y en el desarrollo de su vida tanto personal como artística; quien le anima a escribir…
Carmen tiene presencia en su entorno creativo, no es una figura ajena a su mundo literario; la cita como una parte esencial del espacio y el tiempo donde él mismo encuentra el silencio y la estabilidad para escribir. Mencionada varias veces durante nuestra conversación en el Juanchi, trasmitiendo sobre ella un profundo amor, respeto, y una complicidad de años, y retratándola como su compañera de camino indispensable.
Gracias a ese equilibrio en su vida, con esa filosofía serena y vitalista, Nicolás puede permitirse el lujo de ser un poeta pudoroso y agradecido en la transmisión de su vivencia. En sus libros no te contará los rincones de Campillos, ni las penumbras de la vida en un internado en verano; pero te hablará de una «luz de patio y de clausura, donde el saber pesaba como el mármol» para que sientas en el pecho el frío de la soledad fecunda.
No busques en Nicolás Ramos al intelectual frío. Busca al artesano que, ante el incendio del mundo, salvaría el rumor de sus vecinos cruzando la calle Infante Don Fernando.
Al cerrar su Poesía reunida, Las Flores Altas, su último libro, puede que experimentes, como yo, la paz del que ha encontrado, en el silencio absoluto de un libro, todo lo que ni siquiera sabía que estaba buscando. Hazte un favor: léelo. | ChLL
Y ahora no te pierdas esto. Desde aquí te llevo a que le escuches. Esto es un regalo para los sentidos Como te he dicho que su poesía es música y que Nicolás es un extraordinario poeta para «oírlo», no te quedes solo con mis palabras. Tienes que escucharle a él. Te dejo el enlace directo para disfrutar de su arte declamando. Te vas a emocionar, te lo aseguro:
Haz clic aquí para escuchar la voz y el arte declamando de Nicolás Ramos







