El agua ha acompañado al ser humano desde sus orígenes, ya sea porque no solo ha sido necesaria para su supervivencia como especie, sino que también porque hizo posible que se constituyeran como sociedades organizadas.
A lo largo de los siglos se ha comprobado que ha sido un bien preciado y codiciado por las civilizaciones y que su control ha sido una muestra de poder; además, ha actuado como motor de desarrollo urbano, motivo de belleza y expresión artística.
Las ciudades pueden ser valiosas por muchos motivos: la fisonomía de su urbe, el carácter de su gente, sus tradiciones y costumbres, o la historia que atesoran sus monumentos. Pero también debería tenerse en cuenta la belleza de su mobiliario urbano y espacios públicos. Las fuentes deben cuidarse no solo desde el punto de vista ornamental y estético, sino también por la forma en que contribuyen y se integran en el paisaje urbano, para el uso y disfrute de las actuales y futuras generaciones. Hacerlo incrementa aún más su patrimonio histórico-artístico.
Antequera cuenta, en sus plazas céntricas y en lugares de especial interés turístico, con un amplio e interesante conjunto de fuentes, así como otras que forman parte de rotondas de acceso a la ciudad o de jardines públicos. El funcionamiento de estas embellecería notablemente los espacios en los que se ubican y mejoraría la experiencia sensorial de vecinos y visitantes cuando transitan por estos espacios.
Al menos algunas parecen estar ya en funcionamiento; esperemos que continúen dándole vida a cada uno de estos espacios. ¿A quién hay que rezar? ¡Qué belleza! Es lo que exclamamos cada vez que visitamos ciudades como Málaga, Granada, Córdoba o Sevilla; son solo algunos ejemplos, donde encontramos fuentes plenamente operativas que cumplen con la función para la que fueron concebidas.
¿Cuál es el problema que encontramos en nuestra ciudad para no tener agua en nuestras fuentes? Contamos con un nacimiento de agua, situado a los pies del Torcal: el Nacimiento de la Villa, un manantial natural que abastece en gran medida de agua potable tanto a la ciudad de Antequera como a localidades cercanas. De él nace el río de la Villa, que recorre varios kilómetros hasta llegar al núcleo urbano y que, siglos atrás, a lo largo del curso de este río, tuvo su máximo apogeo la industria textil antequerana. No estamos hablando de abastecer de agua potable a las fuentes, ya que existen circuitos cerrados que garantizan un uso eficiente, sostenible y continuo de agua sin necesidad de desperdiciarla. Entonces, ¿dónde está el problema?
También se menciona la casuística de los palomos en las ciudades como motivo por el que las fuentes no tienen agua. ¿Ocurre solo aquí? Antequera es la ciudad de las iglesias y sus torres, que constituyen, a su vez, el hábitat natural de los palomos, como ocurre en otras ciudades con poblaciones de estas aves. Tal vez deberíamos plantearnos que el problema radica en el cuidado y mantenimiento regular de todos esos edificios y de los espacios colindantes.
Por otro lado, no podemos obviar un tema importante: el clima. Las ciudades actuales están cada vez más sometidas al efecto de las llamadas islas de calor, provocado por el abuso del asfalto y superficies que acumulan altas temperaturas. Por eso es tan conveniente el mantenimiento de las zonas verdes, ya que también, con sus fuentes a pleno rendimiento, contribuyen y refrescan el ambiente, reduciendo así la temperatura del entorno y mejorando notablemente la sensación térmica de quienes habitan y transitan por esos espacios.
Los árabes tenían un concepto bastante definido de lo que era un verdadero jardín: “Para que un jardín sea un jardín, necesita tres cosas: el canto de los pájaros, el olor de las flores y el murmullo del agua”. Como muestra fehaciente de ello, nos han dejado un gran legado que perdura hasta nuestros días.
Recuperar el funcionamiento de las fuentes no es un capricho, cuestión de gestión, costes o prioridades. Es una apuesta por el patrimonio, por la sostenibilidad y la calidad de vida.

Ester Cortés Romero es brillante (Carlos L.| editor).
Diplomada en magisterio y Licenciada en Publicidad y RRPP. Enamorada de la Historia, del Arte, de la Cultura, de los libros, y de su ciudad, Antequera, dando valor a muchas otras del resto del mundo -en especial Sevilla y París-.
Una persona JASP (acrónimo de Joven Aunque Sobradamente Preparada). Con capacidades enormes de documentalista, puede dedicar el esfuerzo de horas “de ratón de biblioteca” hasta encontrar un dato fidedigno para dar rigor a sus escritos y a todo lo que hace, porque a ella no le vale cualquier cosa. Su capacidad didáctica descriptiva es otra de sus virtudes, a la que une la pasión por contar a los lectores cosas interesantes de su Antequera natal donde ha sido y es feliz.
Genial conversadora, culta, inteligente, actualizada, sencilla, familiar, deportista practicante, excelente persona…






