LA CASA NARVÁEZ EN ANTEQUERA
Antequera se mantuvo sobre el recinto árabe durante 77 años como Ciudad de Frontera, con bastantes privaciones y faltos de apoyo por parte de la Corona de Castilla, no hubo integración de razas y religiones, todos se marcharon quedando solo los castellanos que se limitaron a ocupar las viviendas y a resguardarse tras sus muros de los posibles ataques granadinos.
Los primeros Alcaides los Narváez, gobernaron y defendieron la Ciudad bajo el signo del heroísmo, una ciudad medio derruida debido a las embestidas de los propios castellanos durante los días del asedio. Años más tarde los de Aguilar, lo hicieron bajo el signo de la expansión y organización interna, desde una Alcazaba de fuertes murallas y recios torreones.
Los Narváez proceden del antiguo Reino de Navarra en un lugar próximo a la frontera francesa, su nombre es considerado una derivación del apellido Narbona, siendo Sancho Ruiz de Narváez el primer Señor de la Casa.
Llegan a Antequera a principios del siglo XV, en los años de las campañas cristianas contra el reino nazarí de Granada. Tras la conquista de la Ciudad de Antequera por el Infante Don Fernando, nombrados como Alcaides (1410), señores de Bobadilla (1630), condes de Bobadilla (1692), patronos de los conventos de San Agustín y de Santa María de Jesús, además de principales promotores del famoso “Pleito de los 30 Años” entre los años 1588 al 1618 y que enfrentaron a las órdenes de franciscanos y dominicos, así como a las familias Narváez y Chacón. Residirán entre la calle de Caldereros y calle Pasillas, viviendas ya desaparecidas.
A partir del establecimiento en la Ciudad de los caballeros castellanos que intervinieron en su conquista, junto a los nuevos pobladores llegados años después, se efectúa una configuración del territorio que aunque sujeto por un lado a los avatares de la propia guerra, como fueron las campañas contra las ciudades de Archidona y Loja, también mantuvo disputas frente a las jurisdicciones cristianas de Lucena y Estepa.
El primer Alcaide Don Rodrigo de Narváez y Padilla (+1424) había nacido en San Juan de Pie de Puerto en Navarra, hijo de Hernán Ruiz de Narváez y de
María Sánchez de Padilla. De niño fue llevado a la Cámara del Infante Don Fernando, destacando por su buen porte, moralidad y talento, en las armas también destaco por su arrojo y energía. Ya por el año 1407 participó en expediciones por tierras de Jaén, en el año 1408 por las de Zahara y Grazalema, y posteriormente en el gobierno y defensa de la Ciudad de Antequera.
Como Alcaide destacó por su prudencia y valentía. Casó con Beatriz de Monsalve y tuvo dos hijos, Pedro y Fernando, el mayor de los cuales sería su sucesor al morir el 20 de noviembre de 1424. Durante su mandato se da la leyenda de amor entre Abindarraez (Ib Al-Arraez), joven Abencerraje hijo del wali de Ronda y la joven Jarifa, hija del wali de Coín. Bajo el título de la “Leyenda del Abencerraje y la hermosa Jarifa” novela morisca anónima de entre los años 1561 al 1565.

En la Batalla de la Matanza, del Chaparral ó de los Cuernos el 3 de mayo de 1424, el Alcaide Rodrigo de Narváez y su tropa caen por sorpresa sobre el ejército granadino de Ben Zulema (1.500 jinetes y 5.000 peones). Los granadinos venían desde tierras de Écija y Osuna con todo el ganado confiscado por delante, seguido por los cautivos apresados. Esta hazaña bien pronto se difundió por todo el reino, celebrándose una función religiosa de acción de gracias bajo la enseña del Pendón de Antequera entregado por el Infante Don Fernando.
Falleció Don Rodrigo en esta ciudad de Antequera el 20 de noviembre de 1424, sus restos mortales tras rendirles los mayores honores, se situaron dentro de un sarcófago en el interior de la Iglesia de San Salvador, pasando posteriormente a la Iglesia de Santa María la Mayor y a la Iglesia de San Sebastián hacia el año 1856 donde en la actualidad reposan.

Le sucederá su hijo Don Pedro de Narváez y Monsalve (+1438) como segundo Alcaide de Antequera, destacado por ser una persona de impetuoso espíritu que le arrastraba a las más difíciles y temerarias empresas. En unos momentos de gran indefensión y falta de apoyo de la plaza de Antequera, obligaba a su Alcaide a organizar constantes “razzias” para poder lograr el sustento de la población, a la par que alejar al enemigo siempre al acecho de la Ciudad. Su primera proeza, rodeado como estaba de una Archidona defendida por Ibrahim Abad, en Loja El Aliatar y en Ronda Hamed El Zegrí, será desde Antequera y con una pequeña fuerza compuesta por 200 de a caballo y 150 de a pie, se dirige al Castillo de Belda (actual Cuevas de San Marcos) cerca de la antigua fortaleza romana del mismo nombre en el valle del Genil, atacándola por sorpresa y poniendo en fuga a sus defensores que se refugiaron en otras poblaciones.
Participa en varias expediciones junto a los ejércitos reales, hacia la Serranía de Ronda junto al Comendador Mayor de Calatrava Don Juan Ramírez de Guzmán, a las órdenes del Condestable de Castilla Don Álvaro de Luna por toda la Vega de Granada y en la Batalla de la Higueruela el 1 de julio de 1431, con 50 de los suyos, estando el ejército castellano a las órdenes del propio Rey de Castilla Juan II, una gran victoria que no se supo aprovechar por los castellanos que se replegaron hacia Córdoba. Así es como en una ocasión que volviera el Alcaide de una excursión por tierras malagueñas, donde había recabado gran cantidad de botín y de ganado, se vio rodeado de un numeroso grupo de contrarios. Fue la llamada Batalla de Jaboneros el 21 de marzo de 1438, donde enfrentados ambos bandos se luchó con heroísmo y desesperación, pero el mayor número de los contrarios les hizo perder posiciones a los del Alcaide, quedando rodeado y caído, terminada la lucha pudieron recuperar su cadáver que fue llevado a Antequera y recibido con pesar por sus méritos y virtudes.
Nombrado Don Hernando o Fernando de Narváez y Monsalve tercer Alcaide de Antequera, se vio imposibilitado de realizar incursiones por el reino de Granada, debido a que los pactos y acuerdos entre castellanos y granadinos les atenazaban. Llegando al extremo de recibir en el mes de marzo del 1446, mandato del propio Rey de Castilla Juan II del abandono de la Ciudad al no poder atenderla, cuestión que no fue aceptada por la población.
Se sucedieron por espacio de más de tres años múltiples incursiones y cercos a la Ciudad, que ante el estado de necesidad se recurrió al mismo Cardenal Arzobispo Don Juan de Cervantes en su sede de Sevilla, solicitándole socorro y ayuda. Se recabaron recursos y se alistaron hombres, llegando a la Ciudad las ayudas requeridas que hicieron mejorar el acoso granadino.
Este hecho alentó a los antequeranos y a su Alcaide que organiza una expedición por Loja y Archidona, a su regreso estando descansando a la altura de la Peña de los Enamorados se verán sorprendidos por sus perseguidores, el Alcaide tuvo que huir acompañado por los pocos que le pudieron seguir, momento que aprovecharon los envalentonados granadinos para llegar hasta las mismas puertas de la Ciudad, con la sorpresa de ver sus murallas defendidas por valerosas antequeranas, vestidas de guerreros y asomadas a las torres de la fortaleza que le hicieron desistir de su ataque.
Hacia el año 1470 la comitiva del rey Enrique IV pasara por Antequera camino de Archidona donde tenía pendiente de celebrar una conferencia con el wali de Málaga, Alquizut. Le acompañaba el ambicioso Don Alonso de Aguilar representante de la Casa de Córdoba, que intentaba aprovechar la presencia del rey para hacerse con la alcaldía antequerana. Sin embargo las puertas de la Ciudad no se abrieron, se abrió un pequeño postigo para dar paso al Rey y a quince de los suyos, dejando en las afueras al de Aguilar con el resto de la comitiva. La historia lo describe como “Leyenda de las llaves de la Ciudad”.

El rey Enrique IV se fue sin poder cumplir su propósito. En las afueras el de Aguilar intentó por la fuerza entrar en la plaza, cosa que le fue del todo imposible, teniendo que desistir de su empeño.
Dos años más tarde en el año 1472, la Casa de Aguilar se hizo con el gobierno de Antequera después de los 62 años de gobierno de los Narváez. Será Don Alfonso Fernández de Córdoba y Herrera (Alfonso de Aguilar) su cuarto Alcaide. Le sucederá como quinto Alcaide de Antequera, su hijo Don Pedro Fernández de Córdoba quién fue herido en el enfrentamiento de Sierra Bermeja. Siendo el último Alcaide de Antequera de la Casa Aguilar Don Lorenzo Suárez de Figueroa y de Córdoba, Conde de Feria y Marques de Priego.
Estos gozaron de la alcaldía antequerana de forma nominal, siendo sus lugartenientes los que residían en la Ciudad. Los señores Gómez de Figueroa, Gonzalo de Santisteban, Luis de Zayas y Eslava, así como Alonso Pérez de Padilla en el desempeño de la gestión encomendada.
En la Cédula del 8 de marzo de 1529 dada por el Emperador Carlos V, vuelve la alcaldía de Antequera a la Casa de los Narváez, siendo nombrado para ella el Comendador de Castilla Don Rui Díaz de Rojas y Narváez.
Don Rui Díaz de Rojas y Narváez (1465-1535) nació en Antequera en el año 1465 y murió en Túnez en el año 1535. Alcaide de Antequera y Alcaide Regidor de Orán. Hijo de Fernando de Narváez, capitán de los Reyes Católicos en la conquista de Granada y de Beatriz de Rojas y de Dª Inés Fernández de Córdoba. Casa con Elena de Zayas de su matrimonio nacieron Pedro y Diego que pronto siguieron los pasos de su padre en la lucha contra los musulmanes y los franceses, además de Rodrigo, Fernando, Luis y Magdalena. Muere en plena campaña militar, en los días previos de la gran victoria del Emperador Carlos V en el Norte de África.

Don Rui Díaz de Rojas y Narváez. Alcaide de Antequera y Regidor de Orán.
Les sucederán como Alcaides de Antequera:
Don Diego de Narváez y de Zayas (+1555). 8º Alcaide.
Don Rodrigo de Narváez y de los Cobos (+1580). 9º Alcaide.
Don Diego de Narváez y de Ávila (+1608). 10º Alcaide.
Don Rodrigo Manuel de Narváez y Mendoza (+1629). 11º Alcaide. Don Rodrigo de Narváez y de Carvajal (+1648). 12º Alcaide.
(Primer Señor de Bobadilla en el 1630)
Don Pedro Ruiz Díaz de Narváez (+1661). 13º Alcaide.
Don Luis Manuel de Narváez. 14º Alcaide.
Don Pedro Jacinto de Narváez y de Rojas. 15º Alcaide.
(Primer Conde Bobadilla en el 1692)
El Condado de Bobadilla es un título nobiliario español creado por el rey Carlos I por carta de 6 de marzo de 1543 a favor de don Pedro de Narváez y Rojas, Señor de Bobadilla, Alférez Mayor de Antequera, Comendador de Castilleja de la Cuesta en la Orden de Santiago, El Real Despacho fue extendido el 7-I-1692 a favor de Pedro Jacinto Rui Díaz de Narváez y Rojas Argote y Guzmán, Alférez Mayor Perpetuo y Regidor de Preeminencia de Antequera, Señor de las Villas de Bobadilla, Las Rozas y el Cambrón.
LA CASA AGUILAR EN ANTEQUERA
En el año 1472, la Casa de Aguilar se hizo con el gobierno de Antequera después de los 62 años de gobierno de los Narváez. Siendo Don Alfonso Fernández de Aguilar y Herrera (1447-1501) su cuarto Alcaide, hijo de Pedro Fernández de Córdoba y de Elvira de Herrera, casó con Catalina Pacheco hija del Maestre de Santiago. Su hermano menor Gonzalo Fernández de Córdoba, El Gran Capitán. Entre sus antecedentes Diego Fernández de Córdoba, primer señor de Baena, quién acompañó al Infante Don Fernando en el sitio de Antequera.
Bien pronto se sitúa en la primera línea de la nobleza cordobesa y andaluza, así como de la alta nobleza castellano-leonesa. Desde la plaza de Antequera presta servicios en la línea de sus antecesores, firmando por encargo del rey Enrique IV treguas con los musulmanes. Pero sobre todo destacara por su activa y constante participación en la campaña por la Conquista del Reino Nazarí de Granada bajo las órdenes del rey Don Fernando.
Por estos años la Ciudad de Antequera se convertirá en almacén y arsenal de los ejércitos castellanos quienes participaran en la campaña sobre Granada. Mientras que los reyes castellanos se ocupaban del gobierno de Aragón y Valencia, se suscitaran luchas internas entre el rey Muley Hazán y su hijo Boabdil en el reino de Granada. En el año 1482 en respuesta a la toma de Zahara por los ejércitos de Granada al mando de su rey Muley-Hacén, los ejércitos castellanos se dirigen a Alhama con Don Rodrigo Ponce de León Marques de Cádiz, siendo acompañado por su cuñado en su primera intervención, Don Alfonso de Aguilar.
Tras la visita a Antequera del rey Don Fernando le acompaño igualmente al primer sitio de Loja, destacándose el Alcaide Don Alfonso de Aguilar en la conquista del cerro de Abul-Hacen. De Antequera saldrá en el mes de marzo de 1483 la expedición sobre la Axarquía Malagueña al mando del Gran Maestre de Santiago Don Alonso de Cárdenas que resultó todo un fracaso. Aunque en el mes de abril de este mismo año, se tomó la plaza de Lucena con gran intervención de Don Alfonso de Aguilar en el arroyo de Martín González, siendo importante por la captura como prisionero del propio rey Boabdil.
Se sucederán diferentes campañas con la participación del Alcaide de Antequera, sobre la vega malagueña con el Maestre de Santiago, sobre la vega granadina con el rey Don Fernando, en la toma de Cártama y Loja con el Maestre de Santiago en el mes de abril de 1486, sobre la marcha sobre VélezMálaga preludio de la conquista de Málaga en el mes de agosto de 1487, y en la Campaña de Granada a partir del año 1490 hasta el 2 de enero de 1492.
Como consecuencia de su relevante intervención en la conquista del reino nazarí, recibe el 23 de junio de 1492, los señoríos de Armuña, El Sierro, Suflí y Lúcar; extendiendo así su señorío hacia estas tierras almerienses. A partir de ese momento, Don Alfonso de Aguilar vivió, sobre todo, en sus dominios, interesado por la administración de su patrimonio, que experimentó un importante incremento durante su titularidad, y por la buena marcha de los asuntos internos de la Casa de Aguilar.
Los días finales de Don Alfonso de Aguilar vendrán dados en plena batalla, en torno a la sublevación morisca. A la de las Alpujarras sofocada por su hermano Don Gonzalo Fernández de Córdoba, le sucederá la de la Serranía de Ronda y más concretamente en el enfrentamiento con los moriscos de Sierra Bermeja, cabalgando junto al Conde de Ureña y su primogénito Pedro Fernández de Córdoba, sufre una emboscada en la que cae mortalmente herido el 18 de marzo de 1501. El suceso de su muerte fue inmortalizado en romances populares, en los que se alude a la trascendencia de su fama, quedando como recuerdo el pendón conmemorativo que se conserva en la Ciudad de Priego.
Le sucederá como quinto Alcaide de Antequera, su hijo Don Pedro Fernández de Córdoba y Pacheco (1470-1517) quién recibió de los Reyes Católicos el título de Marqués de Priego en el año 1501, por su intervención junto a su padre en el episodio militar de Sierra Bermeja, en donde fue herido y su padre muerto por las heridas recibidas.

Durante su mandato su tío Don Gonzalo Fernández de Córdoba “El Gran Capitán” eligió la Comarca de Antequera como lugar de alistamiento y preparación de un potente ejército, sufragado por el rey Don Fernando que debería embarcar en el puerto de Málaga en dirección de la vecina Italia, en defensa del Papa de Roma que se veía acosado por el rey de Francia. Ante la cantidad de hombres y efectivos reunidos a los que se le dio oportuna propaganda, las agresiones procedentes de Francia quedaron en suspenso y con ello la Campaña, ganando El Gran Capitán la que sería la última de sus batallas, eso sí sin celebrarla. Dando motivo a la leyenda sobre las famosas
“Cuentas del Gran Capitán” al requerirle el rey Fernando las cantidades enviadas a cuenta de la Campaña y contestarle Don Gonzalo como habían sido gastadas, en haberes de los soldados y avituallamientos de los mismos.
Tras la conquista de Granada en el año 1492, la Ciudad de Antequera inicia un crecimiento de población que no se verá interrumpido a lo largo de todo un siglo. En poco más de veinte años se pasó de una economía de subsistencia y autoconsumo, a la producción agrícola y la exportación de los productos de la Vega. Se roturaron nuevas tierras y empezó a proliferar un prospera artesanía.
En el año 1494 el repartimiento de tierras señalaba una población de 371 vecinos, de los cuales 221 eran naturales y 150 nuevos. En el año 1496 aparece la cifra de 549 vecinos distribuidos entre las tres parroquias, lo que nos daría un total cercano a los 3.000 habitantes.
Desde el recinto amurallado se pasa a ocupar los nuevos Arrabales. En el año 1508 se solicita por el Consejo de la Ciudad la construcción de dos plazas extramuros, una en el Portichuelo y otra en San Sebastián. Así como el ensanchamiento de la Plaza Alta junto a la Puerta de la Villa en el año 1502, iniciándose las obras de la Audiencia y la Casa del Cabildo.
Será el último Alcaide de Antequera de la Casa Aguilar Don Lorenzo Suárez de Figueroa y Fernández de Córdoba (1560-1607), de gran encumbramiento social y político, II Duque de Feria y Marques de Priego. Con fama de galante y pendenciero, hasta el punto de ser arrestado por dos veces y por orden del Rey. Sirvió a los reyes Felipe II y Felipe III, embajador extraordinario en Roma y Francia, virrey de Cataluña y Sicilia.
Estos Alcaides gozaron de la alcaldía antequerana de forma nominal, siendo sus lugartenientes los que residían en la Ciudad. Los señores Gómez de Figueroa (III Duque de Feria), Gonzalo de Santisteban, Luis de Zayas y Eslava, así como Alonso Pérez de Padilla en el desempeño de la gestión encomendada.
En la Cédula del 8 de marzo de 1529 dada por el Emperador Carlos V, vuelve la alcaldía de Antequera a la Casa de los Narváez, siendo nombrado para ella el Comendador de Castilla Don Rui Díaz de Rojas y Narváez.
El siglo XVI en Antequera fue un siglo de expansión y renovación, pasando de ser un puesto militar de frontera a todo un centro agrícola, comercial y cultural. De los 2.000 habitantes entre sus muros a los 15.000 habitantes en el llano, y todo ello en menos de 25 años.
Con el crecimiento demográfico y la expansión urbana, llegaron las nuevas formas de ocupación y explotación del espacio. En donde desarrollan sus actividades los nuevos moradores y todo ello fuera del recinto amurallado, en evitación de sus estrecheces e incomodidades.
Se irá configurando una nueva Ciudad, moderna y cristiana, frente a la anterior medieval e islámica. El crecimiento urbano de Antequera comenzó por la Puerta de Málaga y el barrio del Henchidero, Portichuelo y Albaicín, bajando a la plaza de San Sebastián como encrucijada entre la ciudad Alta y Baja.






