EL DILUVIO UNIVERSAL | Por Carmen Menjíbar

EL DILUVIO UNIVERSAL

 Entre sabanas de coralina de tacto aterciopelado me metí en mi cama escuchando la melodía prodigiosa de la lluvia al caer.

  

Con un plic, plic, plic  las gotas suaves se deslizaban sobre la ventana siguiendo un ploc, ploc, ploc al chocar en el suelo y un tic, tic, tic con ráfagas de viento golpeando en mi ventana me quedé dormida viajando como Gulliver en el reino de Liliput. Aparecí en un lugar con un día azul maravilloso, un sol que deslumbraba con sus potentes rayos y un calor abrasador me hacía sudar.

─ ¡Qué delicia! Aquí viviría siempre. ─Grité a los cuatro vientos.

 Paseando me adentré en el campo y observé como un grupo de hombres se burlaba de un señor que estaba construyendo un gigantesco barco. Él y su familia ignorándolos seguían su trabajo.

Uno de ellos le dijo con una voz potente y cruel.

─Noé estás más loco de lo que pensaba. ¿Cómo es posible que con la sequía que llevamos años padeciendo digas que va a caer un diluvio y construyas una barca?

─Dios me lo ha dicho y confío plenamente en Él. Si me hicierais caso os podríais salvar todos de la inundación que se acerca.

─Ja, ja, ja reían todos sin parar.

Levanté mi mano y le dije:

─¿Noé puedo ayudarte? Yo confío en Dios y en ti.

─Adelante, una ayuda siempre es bienvenida. No te he visto nunca y vistes con un atuendo raro, tu aspecto es muy distinto al nuestro, pero quien soy yo para juzgar a nadie.

Estuve cortando madera, sellando con alquitrán y colaborando en todas las tareas. En cuanto terminamos, el cielo comenzó a oscurecerse. Truenos y relámpagos aparecieron por doquier, el juego de luces en el cielo parecía el punto final de una feria de pueblo.

─Deprisa, deprisa busquemos a los animales que ha llegado el diluvio─ dijo Noé preocupado.

 Y allí, como por arte de magia, se presentaron una pareja de cada especie de animal, macho y hembra, y comenzaron a subir a la barca. Noé y sus hijos iban tachando en una lista cada pareja que subía, mientras las mujeres de la familia y yo los acomodábamos en el lugar destinado para ellos dentro del arca.

 Cerramos la puerta tras el último animal. Nos costó un gran esfuerzo porque la lluvia caía incesantemente con una fuerza aterradora y el viento soplaba con ráfagas de cien kilómetros hora. Miramos por una de las ventanas al ver el agua cubriéndolo todo, olas de diez metros moviendo la barca y la gente asustada, gritando.

─¡Socorro! ¡Socorro!

Justo cuando la angustia me desbordaba y empezaba a llorar… sonó el despertador.

         Carmen Menjíbar

Nacida en Archidona (Málaga) en 1969, Carmen Menjibar, ha residido en Cuevas de San Marcos durante más de cuarenta años y desde 2021 vive en Antequera.
Mujer emprendedora, tenaz y sensible, es diplomada en Filología Inglesa y se considera maestra de vocación. Imparte clases en el CEIP Ciudad de Belda, donde disfruta enseñando y orientando a sus discentes. Pertenece al ‘Taller de Escritura Creativa’ y al ‘Club de Lectura de Antequera’.
 Desde su infancia ha escrito en la intimidad familiar y más tarde como didáctica para su alumnado, recogiendo historias de su abuela y experiencias de la vida misma.
En 2010 abre su alma al mundo participando en un concurso con un poema que quedó finalista y fue publicado en la antología poética Amanecer solitario. 
En 2023 publica al ser seleccionada en varios concursos de la editorial Diversidad Literaria.
Su primera incursión en el género novelesco vino de la mano de la obra, Huellas del Genil, que ofrece a los lectores una historia de principios del siglo XX centrada en una familia, un cortijo y un misterio.
Recientemente ExLibric ha publicado su segunda novela El eco de tus pasos