Una joya bibliográfica que guarda el alma alfarera de Antequera

«Un foráneo en el paraíso». | ChLL para atqmagazine

A veces la suerte se viste con lomo de papel y tacto de imprenta amable. Uno llega a este rincón privilegiado del mundo (este paraíso que me acoge día a día y que jamás deja de asombrarme) con la curiosidad intacta del foráneo que busca descifrar la esencia de lo que contempla… Y ocurre el milagro.

Cae en mis manos, casi como un regalo inmerecido de la providencia cultural, un volumen que no solo se lee, que se disfruta con la vista, se ve con la mirada del recuerdo y se siente: La alfarería de Antequera, la obra que Juan Manuel Arjona Bueno publicó en el año 2012 bajo el amparo, discreto pero imprescindible, de la Real Academia de Nobles Artes.

Sostener este ejemplar es saborear un privilegio. Yo, que también soy pasto de mi prisa digital que devora mi memoria, aprecio mucho los libros sobre artesanía tradicional porque se convierten en especies en extinción. Sumergirse en este caso en las más de doscientas páginas de Arjona Bueno es atracar en un puerto de rigor, pasión y respeto absoluto por la identidad de esta tierra.

Uno pudiera pensar, desde la ignorancia del recién llegado, que un tema tan esencial para la historia viva de la ciudad habría generado ríos de tinta posteriores. Que tras el minucioso trabajo de Arjona en 2012, la imprenta habría dado a luz nuevas monografías, revisiones o tomos que continuasen la estela de los alfares. Nada más lejos de la realidad. Así que este libro tiene también el valor incalculable de una investigación sin réplica

Desde 2012 no se ha vuelto a editar en España ningún otro libro monográfico dedicado en exclusiva a la alfarería antequerana. Por lo que he ido viendo y preguntando a entendidos, existen artículos dispersos en revistas especializadas, aproximaciones arqueológicas puntuales o catálogos de exposiciones del Museo de la Ciudad (MVCA), pero la obra definitiva, el faro al que hay que acudir si se quiere entender cómo el agua y la tierra moldearon la vida de Antequera, sigue siendo ( y creo que será por mucho tiempo) este volumen de Arjona Bueno.

Para mí que esa orfandad editorial posterior no hace sino agigantar la figura de Juan Manuel ( no le conozco en persona y ya siento por él la cercanía de las buenas gentes) y convierte a su libro en una auténtica joya bibliográfica de culto.
He intentado encontrar algún otro ejemplar para regalar a algunos de mis familiares enamorados de la alfarería y de la cerámica. No lo encuentro ni en las mejores plataformas de antiguo ni de usado. Mucho menos en el mercado librero actual.

Con prólogo de Jesús Romero y presentación de Gabriel Calvo, basta con desplegar el índice de la obra para comprender que no estamos ante un mero recopilatorio folclórico o una mirada sentimental al pasado. Arjona Bueno ha trabajado este libro con la precisión del cirujano (como suelo decir cuando algo es un reflejo de exactitud y mimo) y la paciencia del artesano. La estructura del libro habla por sí sola, es un índice con arquitectura de catedral:

Me gusta que Arjona Bueno no se limita a analizar vasijas; desciende al archivo, se empapa del Catastro, repasa padrones históricos y documentos recaudatorios para rescatar la genealogía exacta de las familias alfareras. Le pone rostros, apellidos y linajes a quienes encendían los hornos. Tiene la dignidad de poner nombre al barro…

Y qué decir del capítulo séptimo, una lección magistral de arqueología urbana donde Juan Manuel
analiza los hallazgos en los embovedados de los grandes conventos antequeranos: Remedios, La Magdalena, San José o Santa Clara de La Paz. Puede ser ahí donde el libro adquiere un valor patrimonial estratosférico, conectando la alfarería doméstica con la arquitectura espiritual de la ciudad.

Como foráneo que contempla esta tierra con devoción, celebro haber tropezado con este texto. Juan Manuel Arjona Bueno firmó en 2012 un acto de amor y rescate cultural que hoy, más de una década después y sin ningún sustituto en los anaqueles, se erige como una lectura preciosa, noble y definitiva. Un libro para guardarlo en la estancia más querida de la biblioteca y dar gracias a quien dedicó su tiempo a salvar del olvido la memoria de todas esas manos que modelaron el barro.

Juan Manuel Arjona Bueno, a quien no conozco personalmente, pero después de leer su libro tengo hacia él mi consideración más distinguida.