Los Urban Sketchers de Antequera reconquistan la ciudad a lápiz muchos fines de semana

«Un foráneo en el paraíso» | ChLL para atqmagazine


El domingo 30 de agosto, el Coso Viejo volvió a llenarse de gente maravillosa que, en lugar de hacer una fotografía, decidió dibujar. Eso ya es una manera bastante más comprometida de mirar.

Había cuadernos abiertos, lápices, rotuladores, acuarelas y esa concentración mental tan particular de quien está intentando meter un edificio, una plaza, una sombra y quizá hasta el alma de una ciudad dentro de una hoja de papel. Los Urban Sketchers de Antequera habían vuelto a reunirse en Antequera por segunda vez desde hace poquitas semanas.

Y esta vez ya da la sensación de que están consolidando la costumbre. No parece ser solamente una quedada o una visita esporádica.
-Sara, cuándo os volveréis a ver?
– No sé, esto es democrático.
Preguntó al grupo, dijo fecha, pidió manita arriba y votaron quedar el próximo domingo 20 de septiembre en la plaza de San Sebastián.

La mayoría de la gente normalmente salimos por la ciudad a pasear, a tomar algo, a hacer fotografías… a explicar a alguien que Antequera tiene muchísimo patrimonio. Para trasladarnos de un sitio a otro…
Los Urban Sketchers hacen otra cosa. Se sientan delante de una mirada y la pintan.

Bueno, no es tan fácil. A veces… una torre demasiado alta para el papel. Una perspectiva que no termina de encajar. Una sombra que cambia mientras se dibuja. Una fachada que parecía sencilla hasta que uno intenta reproducirla…
Pero es ahí es ahí donde empieza lo interesante. Porque dibujar en la calle obliga a mirar durante un rato largo aquello que normalmente vemos durante unos segundos.

El sábado había quien dibujaba con una seguridad que delataba muchas horas de práctica y quien parecía estar descubriendo, como todos hemos hecho alguna vez, que un edificio puede ser bastante más difícil de dibujar que de fotografiar.

Y entre unos y otros estaba quizá lo más bonito de la jornada: no hacía falta saber mucho. Solo había que sentarse y entregarte a disfrutar…

Mientras observaba la reunión, me preguntaba cuánto de nuevo tenía realmente aquello. Pensaba si estas reuniones tienen memoria.
Semanas atrás hablé con Sara Morán ( que derrocha energía dinamizando el grupo) y me comentó que hace años había un grupo organizado que después se fueron diluyendo. Que a raíz de la convocatoria de Urban Scketcher Málaga en los Dólmenes, ella misma, con Rita Montejo, Sebastián del Pino y Pedro Trujillo decidieron ir creando un grupo actual. Sebastián me dio la pista de que Rita estaba metida hace años en un impulso de la Academia, así que decidí preguntarle a la Condesa de Montejo por esa historia anterior.

Rita Montejo

Y para conocerla hay que retroceder hasta 2017. La Real Academia de Nobles Artes de Antequera ya había puesto entonces en marcha Dibujando Antequera, una iniciativa que invitaba a agrupaciones de dibujantes urbanos a utilizar la ciudad como modelo. En febrero y marzo de aquel año llegaron a Antequera distintos grupos, hubo una charla del arquitecto y dibujante Luis Ruiz Padrón y, el 25 de marzo, una nueva quedada de Urban Sketchers.

Rita Montejo estuvo allí. Pero entonces no estaba pensando en convertirse en dibujante urbana. Fue invitada por Félix J. Jiménez Zurita a aquella conferencia del 23 de marzo y seguía el trabajo de Luis Ruiz Padrón. Dos días después regresó al Coso Viejo. Esta vez acompañando a sus hijas, Lucía y María, que tenían entonces 13 y 8 años. Estuvieron con Félix, Sebastián del Pino, Luis Ruiz Padrón, Marcos Reina Segovia y otros dibujantes.

Entonces ( 2017 )
(Fotos prestadas por Rita Montejo)

Si uno quisiera buscar una fotografía de los antecedentes de lo que estaba ocurriendo este sábado 28 de agosto de 2026, podría empezar perfectamente por aquella reunión .

Hubo conversaciones, contactos, un grupo de Facebook creado por Félix, más de un centenar de personas alrededor de aquella comunidad virtual, dibujos que iban y venían, información sobre otros grupos, técnicas, encuentros y hasta conversaciones para organizar actividades formativas.

Me contó Rita que ella y sus hijas comenzaron a desplazarse a las quedadas de Urban Sketchers Málaga. Allí descubrieron algo que, visto desde fuera, quizá sea lo más sencillo y a la vez lo más revolucionario de este movimiento: para dibujar una ciudad no hace falta ser artista. Hace falta mirarla.

En su caso particular un día alguien le preguntó: «Rita, ¿Y tú no dibujas?» Le prestaron una lámina, un lápiz, una goma, un rotulador y unas acuarelas. Su primer dibujo fue en la Alcazaba. Y la primera pregunta artística de Rita fue bastante más terrenal: «¿Dónde está el color ladrillo?»

Es difícil imaginar una mejor iniciación. A partir de ahí nació una idea que tardaría años en llegar nuevamente a las calles de Antequera. La pandemia puso todo en pausa, pero no consiguió borrar la idea. Y ahora, nueve años después de aquella primera experiencia, la estamos viendo de nuevo sobre el terreno.

Continúa el sueño de tener aquí un grupo propio que es el que se está iniciando con el empuje organizativo especial de Sara y con el apoyo de Rita, de Pedro Trujillo, Sebastián del Pino… a los que se están uniendo los y las artistas (ellos dicen que no son artistas, yo digo que sí) que veis en las fotos más abajo captadas en la actualidad..

Pero tampoco conviene equivocarse. El sábado no fue un homenaje a 2017. No fue una reconstrucción arqueológica. No era un grupo de personas intentando resucitar una fotografía antigua. Era gente ilusionada compartiendo ese rato tan bonito y dibujando ahora.

Actualidad. Felices. Disfrutando esta nueva etapa. Abiertos a ser más.

Quienes se han sumado a esta nueva etapa están consiguiendo que aquella semilla encuentre otra vez nuestras calles donde crecer. Y eso tiene algo de círculo que se cierra, aunque quizá sea más exacto decir que se abre.

Una de las cosas que más me interesan de los Urban Sketchers es precisamente esa ausencia de solemnidad. Aquí caben el que dibuja extraordinariamente bien y el que acaba de descubrir que las ventanas no son tan fáciles como parecían. Caben niños y mayores. Profesionales y aficionados. Antequeranos y gente que viene de fuera. Personas que conocen cada piedra de la ciudad y otras que todavía necesitan preguntar dónde está el color ladrillo.

Y Antequera tiene una ventaja evidente, tiene mucho que mirar. Aunque quizás no sea esa la verdadera cuestión porque en este caso hay que ir un poco más allá; Antequera es una ciudad para dibujarla.

El patrimonio monumental está ahí y también las fachadas que pasan desapercibidas, los comercios, las plazas, las personas, las perspectivas imposibles, los rincones que hemos dejado de ver precisamente porque los tenemos demasiado cerca.

Foto prestada: Urban Sketchers Antequera

Un movimiento como este puede hacer algo que no consiguen todos los discursos sobre patrimonio: convertir la contemplación en una actividad. Sentarse. Observar. Equivocarse. Volver a mirar. Dibujar. Y compartirlo.

Por eso la reunión del sábado me pareció más importante de lo que sugería su apariencia. No porque hubiera una multitud. El que los dibujos me parecieran extraordinarios tampoco era la razón fundamental. Ni porque Antequera necesitara otro acontecimiento en su agenda. Me pareció importante porque, poco a poco, puede estar ocurriendo algo mucho más bonito, como es el hecho de que un grupo de personas empiece a apropiarse de su ciudad de una manera diferente. A lápiz. A Pilot. A Acuarela…

Quizá todas las ciudades tengan proyectos que llegan demasiado pronto. Ideas que encuentran a las personas adecuadas pero no el momento adecuado.
Iniciativas que se quedan a medio camino y que, años después, reaparecen con otros nombres, otras manos y otra energía.
Lo importante de esta historia es que nadie parece empeñado en fingir que esto empieza hoy.
Hay memoria. Está Félix. Está aquella primera visita. Está Luis Ruiz Padrón. Está Málaga. Está aquel grupo de Facebook. Está Rita. Están Lucía y María. Y están ahora Sara, Sebastián, Pedro y todos los que el sábado sacaron sus cuadernos al Coso Viejo. Pero, sobre todo, está el presente. Porque el patrimonio no se conserva solamente guardándolo. A veces también se conserva aprendiendo a mirarlo.

Y el sábado, durante un rato, el Coso Viejo fue exactamente eso, una plaza llena de personas aprendiendo a mirar Antequera. Con lápices. Con acuarelas. Con bastante paciencia. Y, por lo que pude comprobar, con ganas de volver.
Quizá esa sea la noticia. No que Antequera haya sido dibujada otra vez. Sino que empieza a haber más gente maja dispuesta a quedar para dibujarla.
Foto prestada: Urban Sketchers Antequera

John Howes y Adrienne (artistas versátiles)