26 almas bonitas sostienen, como voluntarias, la tienda de ‘Madre Coraje’ en Antequera

«Un foráneo en el paraíso» | ChLL para atqmagazine

En un local céntrico y con historia, en la calle Merecillas donde el tránsito de personas suele ser rápido y distraído, ocurre algo extraordinario cada día. Basta cruzar el umbral de la tienda de ‘Madre Coraje’ en Antequera para entender que allí se practica una forma solidaria y generosa de entender el mundo.

Este engranaje humano lo coordina Lourdes Rojas en Antequera. Ella es quien armoniza tiempos, motiva, escucha y sostiene, junto con otras veinticinco almas bonitas también voluntarias, este «granito de arena» que consiguen que el mundo sea un poquito mejor.

Algunas mantienen turnos fijos; otras acuden cuando sus circunstancias lo permiten. No hay rigidez, pero sí compromiso. No hay obligación, pero sí una convicción compartida. Cada una aporta lo que puede, tiempo, energía, experiencia, alegría… Y juntas construyen algo que no se mide en horas, sino en una generosa entrega que, a mí personalmente, me impacta.

Nombres que no suelen aparecer en titulares, pero que construyen tejido social con una constancia admirable: Lala Pascual, Pepa del Pozo, Ángeles Hidalgo, Rosi Campos, Genoveva G. Calleja, María Ramos, María Rojas, Concha Ruiz, Conchi Maeses, Lola Acosta, Encarna Prados, Ana Romero, Teresa Becerra, Carmuchi Muriel, Paquita Muriel, Lucía Pablo, Rosario Barranco, Elena Gallardo, Susi Guerrero, Araceli Moreno, María M. Gayá, M. Carmen Cerezo, Rosa M. de Bartolomé, Tere Ruiz, Isidora Jiménez y la propia Lourdes Rojas… Clasifican, ordenan, escuchan, acompañan, atienden al público… Transforman un gesto cotidiano en una experiencia solidaria consciente.

En esta tienda donar y adquirir suponen dos caras de una misma ética, y el funcionamiento de la tienda se sostiene sobre un equilibrio muy sencillo y a la vez muy poderoso. Por un lado, la donación. Personas que deciden dar aquello que ya no necesitan, pero que aún tiene vida. Por otro, la adquisición. Clientes que compran; algunos por precio o utilidad, otros también por conciencia.

Entre ambos gestos, las voluntarias actúan como puente. Clasifican, ordenan, atienden, aconsejan. Transforman lo que podría ser un simple intercambio en una experiencia con sentido.

En el resto de Europa ya se entendió hace tiempo que lo usado no tiene ya la connotación que tenía. Durante mucho tiempo, el concepto de “segunda mano” estuvo rodeado de prejuicios en España. Asociado a la necesidad, a lo que se ocultaba.
Pero esa mirada está cambiando, alineándose con una cultura europea donde reutilizar es un acto de responsabilidad y, también, de estilo de vida.

La tienda de Madre Coraje en Antequera encarna ese cambio. Aquí, lo usado es sinónimo de oportunidad. De sostenibilidad. De inteligencia colectiva. Comprar una prenda reutilizada no es renunciar, es elegir reducir residuos, ahorrar recursos y formar parte de un modelo de consumo más respetuoso con el entorno.

Foto prestada por Frank Tejada

En Madre Coraje, donar no es desprenderse, es confiar en que alguien podrá utilizar algo que tú ya no utilizas y disfrutar de ello.
Comprar no es aprovechar, es contribuir.
Y aquí, lo usado es sinónimo de valor.
Valor ambiental, porque reduce residuos y alarga la vida de los recursos.
Valor social, porque contribuye a proyectos solidarios.
Valor humano, porque aumenta la empatía social conectando a las personas a través de gestos sencillos.


Lo que ocurre en este espacio no se limita a lo visible. Hay mucho valor también detrás en lo invisible, las voluntarias de Madre Coraje en Antequera representan otra forma de estar en el mundo. Más consciente. Más humana. Más solidaria… Más pensando en los demás, porque cada euro recaudado se convierte en ayuda humanitaria, en proyectos de cooperación, en apoyo a comunidades vulnerables.

Había escuchado alguna vez a Lourdes Rojas: «Me gusta Madre Coraje porque une el cuidado del medio ambiente con la reutilización de las cosas y el comercio, que lo llevo en la sangre por mi familia. Tuve un buen maestro, mi padre«.
Así que quise hablar con ella como coordinadora de esta realidad en Antequera, buscando entender el motor de todo esto. Buscando las manos que sostienen el sentido. Y su respuesta fue muy clara, muy reveladora, tajante…
Con humildad, casi apartándose del foco, lo expresó así: el valor no está en mí. Mi papel es uno más dentro de un engranaje mucho mayor. El verdadero valor (insistía una y otra vez) está en el equipo. En cada una de las voluntarias que dedican su tiempo, su esfuerzo y su cuidado a hacer posible este espacio. Somos todas quienes mediamos entre quien dona y quien adquiere. Quienes convertimos objetos en oportunidades. Quienes hacemos que cada gesto tenga sentido. Y es esa suma de pequeñas acciones la que permite que, desde un lugar concreto de Antequera, se genere un impacto que va mucho más allá.
Comprar aquí no es comprar. El visitante lo percibe casi sin darse cuenta. Llevarse una prenda, un libro o cualquier objeto no es solo una transacción. Es participar en un circuito de ayuda que transforma realidades. Porque cada aportación contribuye a proyectos sociales en España y a iniciativas de cooperación internacional en distintos lugares del mundo. Ese es el verdadero alcance.

El compromiso social no siempre requiere grandes gestos, en este caso donar o adquirir ya es suficiente. Pero quiero resaltar lo meritorio del esfuerzo de quienes están ahí al pie del cañón, no es poco ( el cansancio y la renuncia personal a un tiempo suyo dedicado a los demás en lugar de a sí mismas…), su dedicación y sus acciones sostenidas en el tiempo, la fuerza de lo colectivo… en una sociedad que a menudo mide el éxito en términos de rapidez y beneficio… tienen sin embargo efectos gigantes.

Es muy difícil hacer coincidir a todas las voluntarias en el intento de hacerles una foto. Es lo que menos les importa. Así que Frank, que es un hombre de conciencia social demostrada, a quien le pedí que pasara un ratillo por allí, quiso regalarme unas tomas al menos en uno de los cambios de turnos:

Foto prestada por Frank Tejada. | Son todas las que están, pero no están todas las que son.

En Madre Coraje, donar no es desprenderse, es confiar en que alguien podrá utilizar algo que tú ya no utilizas y disfrutar de ello.
Comprar no es aprovechar, es contribuir.
Y aquí, lo usado es sinónimo de valor.
Valor ambiental, porque reduce residuos y alarga la vida de los recursos.
Valor social, porque contribuye a proyectos solidarios.
Valor humano, porque aumenta la empatía social conectando a las personas a través de gestos sencillos.


Cuando entré en la tienda de Madre Coraje, observé con mis propios ojos algo que desmonta, sin esfuerzo, uno de los prejuicios más arraigados, porque vi prendas con etiqueta, sin estrenar, perfectamente dobladas, esperando una oportunidad. Otras, prácticamente nuevas, conservando intacta su forma, su textura, su esencia. Limpio. Cuidado. Higiénico.

No parece haber rastro de abandono en estos objetos. Hay una segunda vida que, a menudo es la primera. Hay respeto. Hay un proceso silencioso y meticuloso detrás de cada artículo que llega a tienda. Las voluntarias seleccionan, revisan y acondicionan cada pieza con un criterio claro: ofrecer dignidad, no caridad. Y eso cambia por completo la experiencia.

Y además de la ropa, que abarca desde bebés hasta adultos, pasando por tallas especiales o vestidos de ocasión, la tienda despliega un catálogo que refleja la vida, una diversidad que habla de hogares, viajes, infancia y cotidianidad. Hay juguetes que esperan nuevas risas. Hay bisutería que ilusiona volver a brillar. Libros que aguardan nuevas lecturas. Cochecitos, tronas o sillitas que volverán a acompañar los primeros años de una vida. Maletas que aún no han terminado su recorrido. Cortinas o mantelerías que volverán a vestir una casa. Menaje de cocina que volverá a reunir a familias en torno a una mesa.. Objetos de decoración que aguardan un nuevo espacio donde cobrar sentido… Y cada una de estas cosas forma parte de un ciclo que no se rompe, que se renueva para una segunda vida.

Foto prestada: Frank Tejada
Foto prestada: Frank Tejada

Foto prestada: Frank Tejada

Foto prestada: Frank Tejada

Foto prestada: Frank Tejada

Foto prestada: Frank Tejada

Pero lo que sucede entre estas paredes no se queda aquí…

Reducir este espacio a un comercio de segunda mano sería no haber entendido nada. Madre Coraje lleva décadas trabajando en cooperación internacional, acción social y educación para el desarrollo. Su labor llega a países como Perú o Mozambique, donde impulsa proyectos que mejoran el acceso a la educación, la salud o los medios de vida.
También ayuda en España, apoyando a personas en situación vulnerable y promoviendo un modelo de consumo más justo y sostenible.

La tienda de Antequera es, en realidad, un eslabón de esa cadena global. Cada donación que llega, cada objeto que se adquiere, cada gesto cotidiano que parece pequeño, forma parte de algo mucho mayor. Porque cada euro recaudado en esta tienda se transforma en cooperación internacional, acción social y oportunidades para quienes más lo necesitan.

Tuve el honor de poder hablar también con José Mª Laza en Málaga, fundador de la Delegación de Málaga, él es soporte de mucho bueno que ocurre gracias a su dedicación, es una persona volcada desde hace años en crear estructuras que funcionen para conseguir esos objetivos de ayuda social. Me informó de lo que hacen en España y en el mundo. Te cuento algunos datos pero ya verás que no soy capaz de resumir dos horas de conversación ni siquiera en un artículo exclusivo sobre ello, me gustó lo que me habló, así que te animo a informarte mejor en la página web de Madre Coraje ).

José Mª Laza puso énfasis en que la obra de Madre Coraje trata sobre la Justicia, no solo la caridad, impulsada por la creencia de que «El amor es el motor de todo.

El engranaje de Madre Coraje funciona con una precisión silenciosa. Lo que empieza con una donación local termina convirtiéndose en apoyo a comunidades vulnerables, en oportunidades educativas, en mejora de condiciones de vida. Desde Antequera… al mundo.

Foto prestada: Frank Tejada

Foto prestada: Frank Tejada

La invitación está hecha. El mensaje es claro, directo, casi inevitable:
Antes de cerrar esta página, creo que merece la pena una pregunta sencilla:
¿Cuántas cosas hay en tu casa que ya no utilizas y, sin embargo, siguen estando en buen estado?
Ropa limpia, libros olvidados, juguetes, objetos que un día tuvieron valor, y quizá aún lo tienen, pueden iniciar un nuevo camino.

Acércalos a Madre Coraje, en calle Merecillas 30. Porque lo que ya no forma parte de tu vida puede convertirse, para otros, en una oportunidad. Y ahí, en ese gesto, empieza algo mucho más grande.
Donar no es vaciar. Es elegir. Elegir que aquello que ya no usas siga teniendo vida.
Elegir que lo que está bien cuidado continúe siendo útil.
Elegir formar parte de algo más grande.

Ese gesto, sencillo pero consciente, es el inicio de todo lo que ocurre después.

A veces empieza así.
Con una prenda limpia.
Con un objeto cuidado.
Con un grupo de personas, aquí en Antequera, veintiséis almas bonitas que, sin buscar protagonismo, están haciendo mucho bien… aquí y en el mundo
.

Fundador: Antonio Gómez Moreno (un ingeniero de Segovia que trabajó en Puerto Real).
El catalizador: Mientras trabajaba en Perú, Gómez presenció a niños viviendo en vertederos («puntos negros» en las colinas de Lima). Se dio cuenta de que lo que descartamos como desperdicio en otros lugares podría ser la «salvación» para estos niños.
Evolución: Originalmente fundado como el «Comité de Solidaridad con Perú», fue renombrado como Madre Coraje en honor a María Elena Moyano, una activista peruana asesinada en 1992 por Sendero Luminoso que luchó por los derechos de los empobrecidos.

Actividades clave y logística Madre Coraje opera con un modelo de economía circular donde el reciclaje financia ayuda humanitaria.
1. Reciclaje y tiendas de segunda mano Clasificación: Los artículos pasan por un riguroso proceso de clasificación en dos pasos. Artículos de alta calidad se venden en sus «Tiendas Solidaridad», por ejemplo, en Málaga y provincia Muelle 1, El Palo y la exitosa tienda Antequera ( para José Mª Laza, la tienda de Antequera es punta de lanza en generar fondos. Está contentísimo de su funcionamiento).
Ayuda directa: Los artículos que no se venden suelen enviarse como ayuda humanitaria o entregarse a familias locales necesitadas mediante derivaciones sociales.
2. Cooperación internacional
Destinos principales: Principalmente Perú y Mozambique.
Tipos de proyectos: * Gestión del agua: Mejorar el riego y restaurar hábitats degradados (por ejemplo, el proyecto del río Huancavelica).
Agricultura: Apoyar a los «alpaceros» (agricultores de alpacas) en Perú y ayudar a las comunidades a recuperarse de las inundaciones en Mozambique.
Respuesta de emergencia: Proporcionando ayuda rápida durante catástrofes, como los tifones en Mozambique.
3. Educación: «Transformación»
Aprendizaje y servicio: Un programa que va más allá de la teoría para cambiar actitudes.
INVIEZ: Una herramienta especializada desarrollada junto con la Universidad de Málaga para evaluar cómo la formación cambia las actitudes personales hacia la justicia social y el medio ambiente.
Formación profesional: Construir escuelas estratégicas (electricidad, gestión hotelera, agricultura) en zonas aisladas para ofrecer a los jóvenes un futuro más allá de la subsistencia.

De la reunión organizativa reciente. Convivencia del voluntariado a nivel nacional en la central de Jerez