Nuestra Peña de los Enamorados no es solo un gigante de piedra que vigila la vega de Antequera; es un símbolo que, en 1492, sirvió de brújula emocional y visual para Cristóbal Colón al divisar las costas de Cuba.
Recientemente, el explorador de campo y fotógrafo Fernando del Pino ha completado una expedición histórica para documentar este vínculo atlántico, y ha presentando sus hallazgos en una sesión informativa en la Agrupación Fotográfica Antequerana (AFA).
Bajo el amparo de una beca de la Universidad de Málaga, Fernando del Pino se convirtió meses atrás en un «a modo» de embajador de la universidad malagueña en las Antillas.
Fernando, que a la sazón puede ser quien más veces ha subido a la Peña de los Enamorados, que la mima en su historia y en todo lo que a ella se refiera, al punto de ser además el creador de una plataforma especial en Facebook con visibilidad mundial, viajó en diciembre a la provincia de Holguín (Cuba). Su misión: comprobar en persona la relación entre nuestro icono local y la Silla de Gibara, la elevación que Colón describió en su diario de navegación.
El viaje, desarrollado entre el 2 y el 12 de diciembre de 2025, no fue solo una exploración geográfica, también un despliegue de diplomacia cultural. Acompañado por el Premio Nacional de Medio Ambiente de Cuba, Cosme Casals Corella, Del Pino llevó consigo la exposición fotográfica “Cristóbal Colón. De la Peña de los Enamorados a Bariay”, tendiendo un puente entre los Dólmenes de Antequera y los paisajes caribeños.
Le cabe el orgullo de ser el primer europeo que ha comprobado in situ aquellas palabras escritas en el Diario de Navegación de Cristóbal Colón y que ha sido el objetivo de esta expedición de estudio amparada por la Universidad de Málaga.
La clave de esta investigación reside en las palabras que el Almirante escribió (y que Bartolomé de las Casas transcribió en 1493) al llegar a la Bahía de Bariay el 28 de octubre de 1492:
«…Tiene sus montañas hermosas y altas como la Peña de los Enamorados y una de ellas tiene encima otro montecillo a manera de una hermosa mezquita…»
Esta mención convierte a la Peña de los Enamorados en uno de los primeros referentes europeos utilizados para describir la geografía del «Nuevo Mundo». Fernando del Pino pudo constatar cómo la señalética oficial en Cuba aún hoy rinde homenaje a esta descripción, manteniendo viva la conexión con Antequera.
Este viaje ha supuesto, según nos contó en su exposición en la sala AFA el viernes pasado, un legado de intercambio académico, porque más allá de la anécdota histórica, el paso de Fernando del Pino por la Universidad de Holguín y diversas instituciones culturales cubanas ha reforzado una relación que comenzó en 2017.
Durante su estancia, se celebraron Conferencias magistrales ante estudiantes de Turismo sobre el patrimonio de los Dólmenes, la Peña de los Enamorados y el Torcal. Inauguraciones artísticas en el Museo de Historia Natural Carlos de la Torre y Huerta. Encuentros institucionales que buscan el hermanamiento entre las facultades de Turismo de Málaga y Holguín… y variadas actividades de exploración y estudio que completaron una agenda repleta de interés académico y de conexión con nuestra roca del alma.
A unos meses de su regreso, y después de haber entregado conclusiones en la propia Universidad, Fernando se acercó a reflexionar en la sede de AFA sobre el valor de lo que ha vivido para conectar memorias compartidas. Su viaje no solo ha servido para recoger datos científicos para la Universidad, también para reafirmar que la Peña de los Enamorados es un patrimonio universal que, hace más de cinco siglos, ayudó a un navegante a explicar la belleza de lo desconocido y que «Este diálogo entre Antequera y Holguín no es un hecho aislado, sino la continuidad viva de una relación que convierte la historia en experiencia compartida».
Y aquí tienes la exposición citada ante los asistentes a la sede de AFA el pasado 30 de abril.







