«Un foráneo en el paraíso» | ChLL para atqmagazine
La excepcional artista Maribel Alonso, santanderina y malagueña, expone hasta el 20 de septiembre en el MAD de Antequera una colección retrospectiva que es una auténtica maravilla cromática.
La retrospectiva reúne cerca de ochenta obras y permite recorrer décadas de trabajo de la artista malagueña.
Nada más cruzar la puerta de la sala desde el patio maravilloso de la antigua casa señorial de los Colarte (en esta ocasión el recorrido es el inverso al habitual) lo primero que llama la atención es el color. No es un color que se impone, parece salir al encuentro de los que entramos a ver.
En esta ocasión la exposición se inicia en la entrada del primer patio interior.
Las paredes del MAD se han llenado, para estos meses, de jardines, ciudades, interiores y paisajes que pertenecen al mundo de Maribel Alonso, un lugar reconocible y, al mismo tiempo, ligeramente desplazado de la realidad cotidiana.
(Mi cámara no hace justicia a la vivacidad del colorido. En directo es una preciosidad)


Y siendo una exposición retrospectiva, sin embargo, más que una sucesión de etapas, la sensación es la de entrar en una conversación que la pintora mantiene consigo misma desde hace años. Los temas cambian, pero la mirada permanece.
Flores, plantas e insectos conviven en composiciones llenas de detalles. Son cuadros que invitan a acercarse. Desde lejos ofrecen una imagen completa; de cerca revelan pequeñas historias. Da la impresión de que siempre queda algo por descubrir en ellos.
Unos pasos más allá, los jardines ceden el relevo y frente a algunos de sus cuadros urbanos, la vista se eleva casi de forma automática. Las escenas aparecen contempladas desde arriba, como si el espectador hubiera adquirido por un instante la perspectiva de un pájaro curioso. Las calles, las plazas y los edificios pierden parte de su rigidez y adquieren algo de juego, de maqueta soñada. No hay prisa en estas escenas. Todo parece dispuesto para ser mirado con calma, la misma que te transmite el observar cada detalle.

El color acompaña constantemente el recorrido. Rojos, azules, verdes y amarillos construyen espacios luminosos y acogedores. No se trata de una explosión gratuita de pigmentos. Cada tono ocupa exactamente el lugar que le corresponde, dando equilibrio a unas composiciones que, pese a su riqueza visual, nunca resultan abrumadoras.
Mientras avanzamos por la exposición aparece otra constante, la capacidad de Maribel Alonso para encontrar interés en lo cotidiano. Una estancia doméstica, una planta, una ventana o un bodegón dejan de ser simples objetos para convertirse en protagonistas pintados con detalle y precisión. La artista parece detenerse en aquello que solemos pasar por alto y nos invita a hacer lo mismo.

Quizá sea ahí donde mejor se entiende el título de la muestra. El realismo mágico que propone Maribel Alonso no nace de lo extraordinario, sino de una manera distinta de mirar lo ordinario. Sus cuadros no cuentan historias fantásticas; sugieren que la realidad ya contiene suficientes misterios para quien se toma el tiempo de observarla. | ChLL
A medida que avanza el recorrido, se hace evidente que estamos ante una creadora que ha construido una voz propia. Maribel Alonso ha permanecido fiel a un lenguaje reconocible, elaborado con paciencia y sin concesiones a la moda.

Cuando llega el momento de abandonar la sala, queda la sensación de haber visitado un lugar amable. No una exposición que busca deslumbrar a toda costa, sino una que invita a detenerse, mirar y disfrutar. Quizá por eso muchos visitantes reducimos nuestro paso sin darnos cuenta y nos encontramos ensimismados delante de un cuadro. Los de Maribel Alonso tienen esa virtud poco frecuente, consiguen que dediquemos más tiempo a las cosas.
Para quienes hemos seguido la trayectoria de Maribel Alonso desde hace años, y yo he tenido la suerte de esa coincidencia en varios momentos en Málaga y en Marbella, hay además un componente personal difícil de evitar cuando se recorre esta retrospectiva. Nos reencontramos aquí con cuadros que forman parte de nuestra propia memoria visual. Algunas de estas obras las vimos en galerías, en exposiciones anteriores o reproducidas en catálogos que han pasado por nuestras manos más de una vez. Volver a encontrarlas reunidas ahora produce una sensación parecida a la de abrir una caja de fotografías antiguas donde no solo reaparecen las pinturas, también regresan los momentos y las circunstancias en las que las contemplamos por primera vez. Esa es una de las virtudes de las retrospectivas bien planteadas, que permiten descubrir la evolución de un artista, pero también nos recuerdan cómo hemos cambiado nosotros mientras convivíamos, casi sin darnos cuenta, con su obra.
Aquí puedes ver el catálogo de la exposición
https://atqmagazine.es/wp-content/uploads/2026/06/catalogo-web-maribel-alonso-p3.pdf







